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-Mami, ya.- pronunciaba con vocecita cargada de pena el pequeño Ian mientras intentaba zafare del abrazo y los besos chillones de su rubia madre. Rose río, sin importarle en lo absoluto aquella pataleta y volviendo a besarle las mejillas y el cuello, llenándolo todo de labial rojo.

-¿Cómo que ya? Tengo derecho a besarte.- objetó, soplando su cuello, haciendo un sonido de pedorreta. Ian estalló en carcajadas, resignándose y comenzando a competir también en la batalla de besos, incorporando en ella un intento de cosquillas en el pecho de su madre. Rosalie abrió mucho los ojos, sosteniéndolo a un brazo de distancia mientras su hijo aguantaba las ganas de carcajearse. Ella lo miró como si aquella acción fuera la cosa más prohibida en la faz de la tierra. -¿Con que quieres cosquillas?- pronuncio seriamente, haciendo que el niño abriera los ojos tanto o más que ella misma en sorpresa. –¡Te daré cosquillas!

No!- chilló el pequeño, pero era demasiado tarde para ser salvado. Ya su madre lo acorralaba entre sus piernas, recostado en la alfombra y atacándolo con sus dedos, sacándole carcajada tras carcajada mientras ella lo imitaba. Amaba escuchar ese sonido.

Bella miraba la escena desde el sofá cerca de la chimenea encendida mientras amamantaba a la pequeña Renesmee.

-Aprovecha ahora.- le aconsejo con una sonrisa agridulce -Tony no deja ni que lo toque- rodó los ojos, medio en broma medio seria, con algo de nostalgia. Crecían tan rápido. Desvió la mirada a su pequeña, acariciando con cariño los rizos castaños de la adormilada bebe en sus brazos.

-Tu no dejas que te toque y tendremos serios problemas- Rose se detuvo, bajando su rostro lo suficientemente cerca del de su hijo, juntando sus narices para hablarle seria, en tanto, él respiraba agitado y soltaba pequeñas risas remanentes de las cosquillas. -Te besaré hasta que tengas arrugas y canas.- sentenció, para comenzar a comérselo a besos nuevamente.

-¡Mami!

-¡Yo también quiero ser besado hasta que tenga canas!- la voz gruesa de Emmett McCarthy llenó la pequeña sala, haciendo a todos los presentes girar sus cabezas. Ian, como pudo se escabulló de los brazos de su madre, aprovechando la distracción para correr a enroscares en las piernas de su padre.

-Para tu desgracia ya tienes canas, hermanito.- se burló la morena desde el sofá, riendo y haciéndole señales a Edward, que entró tras Emmett, para que tomará a Renesmee y la subiera a la habitación. En el mismo instante Anthony atravesó el lugar como una bala, llegando hasta su madre y saltando de un pie a otro. Bella lo miró, conocía aquella expresión a la perfección.

Mami, ¿¡puedo ir con papá al desfile!? ¿¡Puedo, puedo, puedo!?- pidió, mirándola con ojos de petición y con las manos juntas en plegaria bajo su barbilla. Bella alzo una ceja sin saber de qué estaba hablando.

-¿Qué desfile?

-El de los monstruos, mamá.- le respondió de manera obvia. Ganándose una mirada de ojos entrecerrados por parte de ella. Tony y sus terribles siete estaban siendo un dolor de cabeza. Para todo, absolutamente todo tenía una respuesta, una objeción, una negativa o una mala cara.

-No, Tony. Después no puedes dormir.- le dijo calmada, pasando con cuidado a Renesmee a los brazos de Edward, cuidando de no despertarla.

-¡Pero mamá!- gritó. Empuñando las manos en sus costados. Bella lo miro en advertencia cuando su hermana se removió del susto.

-Bajá la voz y he dicho que no.- sentenció. Le importaba un comino si hacia la pataleta del mundo, tenía que aprender por las malas que no podía hablarle de ese modo.

-¡Papá!- lloriqueó hacia su progenitor, pero éste ya se escabullía escaleras arriba.

-Déjalo ir, Bella. Estaremos al pendiente.- se ofreció el moreno, sosteniendo a Ian con un brazo y robándole un beso a Rose mientras le rodeaba los hombros con el otro.

-No eres tú el que tendrá que dormir con dos niños en medio de la cama todo lo que resta de las vacaciones, Emmett.- apuntó la castaña, mientas le sostenía la mirada ceñuda a Tony.

-¡Yo no duermo con ustedes!- la acusó con aquellos ojos verde esmeralda. Bella se desesperó. ¡Dios! Ella pensaba que ese tipo de pataletas se harían presente en la adolescencia, no a los siete años.

-¿¡A no!?- cuestionó ofendida. Todos los consejos de su madre, de que no debía ponerse al nivel del niño tirados al caño cuando la hacía perder los nervios –Además, estas castigado por el comportamiento que estas teniendo últimamente.

-Déjalo venir, Bella.- la interrumpió Edward, bajando las escaleras -Sólo estaremos un par de horas-. Ella lo fulminó con la mirada. Se suponía que debía apoyarla y sostener su negativa, ella estaba cansándose de ser la mala de la película y que él siempre acabara como el súper héroe -Ya el año pasado no lo dejaste ir, creo que ya está bastante grandecito. ¿Cierto campeón?

-El machismo no te va, Edward.- se cruzó de brazos hacia su marido, quien rió de su expresión. Amaba verla enojada y en el fondo él sabía que no debía premiar a su hijo por su comportamiento pero Bella también se pasaba de estricta a veces. Haciéndole una señal a su hijo, lo llevó lejos de los presentes donde le dio una pequeña charla, para la tranquilidad de su madre.

-¡Yo también quiero ir, papi!- chillo Ian feliz. Dándole la sonrisa de hoyuelos más adorable del mundo. Él le alborotó el cabello rubio afirmándole con la cabeza, pero la cabeza de Rosalie hizo el movimiento contrario. Ganándose una cara de perrito de parte de sus dos hombres. Ellos nunca jugaban limpio.

-¿Por qué no vienen con nosotros?- propuso Edward. Intentando encerrar a su mujer en un abrazo del cual ella se escabulló. Edward hizo un puchero y por más que lo intentase una sonrisa se asomó en sus labios, rindiéndose. Él se acercó dándole un tierno beso en los labios y ella respondió, sumándole al beso un empujón en su pecho como reprimenda. Un minuto después se unió Anthony al abrazo, pidiéndole disculpas por haberle respondido mal. -Le venía diciendo a Emmett que llamara a Jane para que se quedara con Nessie y así salíamos todos juntos.-Bella arrugo la nariz.

-Hace mucho frío para salir.- negó ojeando hacia la ventana -Vallan ustedes- los alentó, acariciando el cabello de Tony. –Además, llegan tus padres y Jasper.- le recordó, mirándolo.

-Cierto, alguien tiene que recibirlos.- la secundó la rubia.

-¿Entonces… Puedo ir mami?- inquirió Tony, dudoso, más tranquilo y con cara de culpa. La morena estuvo a punto de decirle que no, pero le ganó la expresión de niño bueno y el "mami" pronunciado con aquella voz suave. Era un testarudo que la haría envejecer antes de lo previsto pero era su pequeño testarudo.

-Iras, solo si prometes no hablarme nunca más de esa forma tan grosera.- lo apunto, a lo que el niño negó frenéticamente -Porque si no yo misma te llevaré con los Krampus* por comportarte de ese modo, ¿De acuerdo?

-Sí, mami.

-¿Yo puedo ir, mami?- fue el turno de Ian de unirse a la petición, imitando la cara de Anthony de un minuto atrás. Rose lo miro enternecida.

-¿No prefieres esperar al tío Jas?- trató de persuadirlo. No le gustaba que su bebe participara de ese tipo de desfiles en donde hombres vestidos de demonios se paseaban por las calles. A ella no le atraían para nada las fiestas de pueblos que incluían rituales antiguos. Y mucho menos cuando estos hablaban de secuestros y desapariciones de niños sin rastro. Claro que todo aquello eran historias de pueblos y nunca se había confirmado nada pero igualmente de que volaban volaban -¡Seguramente te trae muchos chocolates!- sonrió, pero el pequeño no estaba muy convencido de aquella propuesta, así que se aferró al cuello de su padre quien rió divertido.

-Estaremos aquí antes de que lleguen, cariño.- ella lo miro dudosa, mordiéndose el labio. Tenía un mal presentimiento o quizá era todo consecuencia de que estaba un poco sensible últimamente.

-Está bien.- se rindió. Ian saltó a sus brazos, feliz y ella lo abrazó fuerte. Respirando su aroma de shampoo de bebe, airé fresco y algodón. Dios, amaba su olor. -Cuidalo, Emm.- le pidió por lo bajo. Ese bebe lo era todo para ellos. Habían tenido un embarazo de alto riesgo debido a su hipertensión arterial heredada. Habían sido meses y meses de médicos, inyecciones, reposo absoluto y muchísimos sustos por amenazas de abortos y, aunque él ahora estuviera con ellos, sano, completo y creciendo como cualquier otro niño, el miedo de la rubia de perderlo no la dejaba.

Emmett beso sus cabellos, sabiendo todo lo que pasaba por la mente de su esposa. Él tenía que ser fuerte por ella, el siempre seria fuerte por ella.

-Siempre, lo prometo.- le susurró amoroso.

...

Rosalie miraba con nostálgica la ventana, más específicamente el rastro de las ruedas que había dejado la camioneta en el lodo después de la partida de los hombres de la casa una media hora antes. Hacía una tarde gris, triste y extrañamente silenciosa, quizás nevaría esa noche.

Apretó la taza en sus manos, calentándolas con la porcelana tibia y absorbiendo el aroma del té de canela. Hasta ahora era la única cosa que no hacía a su estómago revolverse.

-Tu estas demasiado pensativa.- argumentó la morena sentada en la alfombra frente a la chimenea. Comenzaba a preocuparse de ver a su cuñada distante, distraída y silenciosa desde que había llegado. Aquello no era para nada normal en ella.

Desde qué se conocieron en los años de universidad Bella había entendido que Rose era lo opuesto a ella. Mientras la morena se caracterizaba por sus momentos de silencio y ratos pensativos, Rosalie era de esas personas que les encantaba hablar, de cualquier cosa. Desde compartir un discurso banal sobre las labores de ama de casa hasta discutir acaloradamente sobre arte moderna y arquitectura renacentista. Y si, por extraño que pareciera se habían llevado muy bien, vuelto buenas amigas y terminando siendo cuñadas con las vueltas de la vida.

-No es nada, Bella.- contestó la rubia, restando importancia luego de un rato de silencio. Algo no andaba bien, no entendía que era o que significaba el cosquilleo desconocido en su estómago, pero estaba segura que algo la tenía nerviosa.

-¿Quieres qué llame a Esme? Tal vez estas así porque no sabemos nada de ellos desde que salieron de Milano.- propuso, dándole un sorbo a su té.

-No, pienso que no han llamado porque la recepción de camino es horrible.- Rose imitó su acción, soplando un poco el líquido ámbar y volviendo la vista a la ventana. -Deben de estar aquí para la cena. Son unas cinco horas de carretera.- le sonrió a medias, para tranquilizarla. –Además, sabes que tu suegro maneja con mucha precaución.

-Demasiada.- afirmó ella, haciendo un gesto con las manos, como si estuviera ahorcándose lo que causo la risa de Rosalie que se apagó unos segundos después. –No de verdad, dime ¿Qué te pasa? ¿Sucede algo con Emmett? ¿Te hizo algo ese orangután?- la voz de Bella iba creciendo con cada pregunta. Sabía que Emmett era incapaz de hacerle algo a Rosalie, ella más que nadie estaba segura de lo loco que estaba su hermano por esa mujer y por su familia en general, pero si se le hubiese ocurrido hacerla enojar ella lo iba a tirar de las bolas.

-Creo que estoy embarazada.- soltó la rubia cuando llegó al sofá y se sentó frente a su cuñada, quien se quedó unos segundos en blanco, analizando la noticia. Rose rió de su expresión. Estaba segura que esa sería la misma cara que tendría Emmett si le hubiera dicho de sus sospechas. La boca abierta, los ojos amplios, y la cara de incredulidad, pero aún no era nada confirmado, eran solo eso, sospechas de mujer, sexto sentido o intuición femenina.

-¿¡Que!?- casi grito la castaña, saliendo de su estado de impresión y saltando de su puesto a una posición de pie con una mano en el pecho. –¡Rosalie McCarthy tengo casi una semana aquí y me lo dices ahora!.- Ella estaba ofendida.

-No es algo confirmado, Bella.- dijo de manera tranquilizadora. Palmeando el lugar vacío a su lado para que la morena se sentara. Esta lo hizo de manera lenta, aun sin creerlo -Eres la primera en saber de mis sospechas.- le hizo saber con una pequeña risa.

-¿Por qué sospechas? ¿Has tenido algún síntoma?- se apresuró a preguntar. Con voz cargada de emoción, era una hermosa noticia.

-Solo la falta de mi periodo pero como sabes, nunca he sido muy regular.- se encogió de hombros –Me he estado sintiendo extraña últimamente. Sensible, cansada. Pensé que se debía a la altura, pero haciendo cuentas puede que sea real.

-¿Por qué no has hecho una prueba?- cuestionó sin entender.

-Es aún muy pronto para saberlo por una prueba de farmacia, Bells- rodo los ojos hacia ella. Tenía dos hijos ¡Como podía no saberlo! -esperare a regresar a casa e iré al doctor.- culmino de manera tranquila, aunque en el fondo estuviera muriéndose de miedo. Sus antecedentes de Hipertensión no la dejarían jamás disfrutar de una noticia tan hermosa como un nuevo bebe, no cuando ella o él podían morir en cualquier momento del embarazo y eso ella no se lo podía permitir, no cuando tenía un hijo por el que velar. Suspiró. Sus padres no pudieron haberles heredado algo que no les fastidiara las vidas a ella y a su hermano.

-¡Ah no! no vamos a esperar nada.- negó Bella, rotundamente -Mañana mismo vamos a comprar una prueba. ¡Yo no voy a esperar hasta el año próximo para saber si seré tía!- chilló exasperada, aunque a través de su actitud de fingida traición estaba preocupada, sabiendo lo que había pasado para tener a Ian. Ella sabía cuán difícil era para la rubia no poder tener la enorme familia que deseaba. Viniendo de un matrimonio de hijos únicos y de la muerte de sus padres era algo comprensible. No quería ver a su príncipe crecer solo y ella tenía tanto amor para darle a muchos hijos más pero todo cambiaba de perspectiva cuando su vida estaba de por medio.

Al ver la mirada caída de la rubia, se acercó encerrándola en un abrazo

–Todo saldrá bien- la consoló –Aunque sabes que deberías de ir mañana mismo al médico. Aun cuando sean sospechas debemos evitar riesgos.

-Lo sé, quería esperar a Carlisle para ver que me decía.- dio un trago a su té ya frio.-confió mas en él que en cualquier medico de aquí.- Bella asintió. -De todos modos yo sigo tomando mi tratamiento.

-Te va a regañar por no cuidarte y por no haber ido al médico desde que comenzaste a sospechar- la observo Bella, apuntándola con un dedo segurísima de que eso sucedería -Luego te pedirá disculpas por regañarte y te abrazará.- Sonrió ella, recordando a su suegro y su incapacidad de no poder tratarlos como pacientes normales -Y luego regañará a Emmett por no haberse dado cuenta y le prohibirá hacerte enojar y a Jasper molestarte.- Rosalie soltó una risa bufada. Ella también sabía que eso era lo que sucedería. A pesar de que no estuviera unida a los Cullen's por un ligamen sanguíneo, ellos los habían aceptado como tal y al final eran su única familia, incluyendo a su hermano Jasper. Querían, tanto a Carlisle como a Esme como unos padres, esos que perdieron en su adolescencia.

-Tengo miedo.- confeso la rubia en un hilo de voz, ella más que nadie sabía los riesgos de un embarazo en su condición, los médicos se lo habían advertido, la presión arterial es una enemiga silenciosa que puede estallar como un volcán en cualquier momento, poniendo, tanto la vida del bebe como la vida de la madre en riesgo. -Ian está muy pequeño. Necesita a su madre activa- decía, tratando de no pensar lo peor.-No puedo pasar otros nueve meses en una cama, Bella.- Si era cierto que estaba embarazada jamás interrumpiría el crecimiento de una nueva vida dentro de sí, aun con todos las complicaciones que trajera consigo. Pero también jamás se perdonaría el no poder darle la atención necesaria a su pequeño ángel. No era nada fácil estar en esa situación.

-¿No se estaban cuidando?- preguntó la morena, cautelosa. Rose la miró de manera divertida, era ridículo verla ruborizarse todavía al hablar de sexo, pero era tan divertido.

-No tienes 13 años, Isabella. ¡ Y tienes dos hijos!- apuntó, mirándola como si estuviera loca. Bella la fulminó con la mirada.

-Tengo dos hijos, sí.- afirmó ésta -Pero es muy diferente si me hablas de las relaciones sexuales de alguien que no conozco a que lo hagas cuando mi hermano es el que va encima en esas relaciones sexuales, Rosalie.- se estremeció asqueada ante el pensamiento, era demasiado imaginarse a la persona con la que creciste en ese tipo de actos. Era como pensar en sus padres teniendo sexo, era algo asqueroso.

-Tu hermano casi nunca va encima.- le respondió, Rosalie de manera inocente pero con toda intención.

-¡Cállate!- grito a ella, lanzándole el primer cojín que encontró. La rubia rio, despreocupada. -No hay que pensar lo peor, Rose.- acaricio su brazo brindándole una sonrisa -¡Tendrás un bebe!

Aquello tenía que ser una pesadilla. Se repetía Emmett una y otra vez en su cabeza. Era imposible que todos sus más grandes miedos se estuvieran materializando ante sus ojos en una misma noche. Perder a su hijo y a su esposa, era su peor pesadilla. Secó una lagrima de su mejilla de manera brusca mientras miraba sin ver la puerta doble de cristal de la sala de espera. ¿Cómo demonios habían terminado allí?. De estar rodeados de felicidad, disfrutando de su familia y de sus vacaciones navideñas a rodeados de dolor e incertidumbre en un abrir y cerrar de ojos. Su hijo y sobrino perdidos, quizás helándose por la tempestad de nieve que se acercaba y su mujer, en una cama, conectada a mil máquinas y al borde de un infarto al miocardio a sus treinta años.

Miro el teléfono en sus manos, esperando que entrase alguna llamada que le confirmara que habían dado con los niños y así amainar un poco la desesperación que sentía. Ese momento no sabía qué hacer, quería partirse en dos para ir a colaborar en la búsqueda de su hijo pero él tenía que estar allí para Rosalie también. Tenía que ser fuerte. No podía perder la cordura, no cuando sus dos tesoros más preciados lo necesitaban lucido y en pie.

-¿Signore, McCarthy? (Señor, McCarthy?)- escucho una voz a lo lejos. Rápidamente se giró en busca de ella.

-Sí, sono io. (Sí, soy yo) - se levantó de un salto, llegando hasta donde se encontraba una mujer de mediana edad de cabello castaño claro y ojos increíblemente azules. Endosaba una bata blanca y gafas de pasta gruesa.

-Piacere, sono la Dottoressa Negrelli (placer, soy la doctora Negrelli)- le tendió la mano, la cual él sacudió firmemente -sto tratando a sua moglie(Estoy tratando a su esposa).

-¿Lei sta bene?(Ella está bien?)- fue la primera cosa que preguntó. Las manos le sudaban y su rostro era la viva imagen de la preocupación.

-Lei potrebbe stare meglio (Ella podria estar mejor)- informò ella con aire profesional y serio. Algo que Emmett no necesitaba en ese momento –Sua moglie ha soferto una crisi ipertensiva. Chiamata anche innalzamento brusco ed eccessivo della pressione arteriosa. (Su esposa ha sufrido una crisis hipertensiva, llamada también alzamiento brusco de la presión arterial)- él no dijo nada. Limitándose a oír cada palabra para traducirlas a la velocidad de la luz en su cabeza –Per fortuna per lei, il suo cuore ha resistito (Por fortuna para ella, su corazón ha resistido)- ella le dio una mirada estudiada, practicada y profesional. La que usaban todos los médicos cuando daban noticias de ese tipo.–Purtroppo il bambino...(por desgracia el niño…)- ella no lo dijo, pero Emmett lo entendió todo, sintiendo como si le hubiesen dado una patada en el estómago. Llevo las manos a su cabeza, poniéndose de cuclillas, sintiendo que en cualquier momento las piernas le fallarían -Aveva poco piu di due settimane. Magari non sapevate neanche eravate in cinta. (Tenía poco más de dos semanas. Tal vez no sabían ni siquiera que estaban embarazados)- culmino, mirando al hombre agachado frente a ella de manera triste. Era imposible no sentir el dolor en su llanto, tanto que hasta sentía ganas de abrazarlo, pero su ética profesional no se lo permitía.

-No, non sapevamo nulla.- fue lo que respondió al encontrar su voz. Poniéndose de pie y tomando una bocanada de aire intercalado.

-Mi dispiace (Lo siento)- Dijo ella, suavizando la mirada. Emmett asintió, sin ganas de decir palabra -Lei prendeva qualche medicina? Chiedo, perche no abbiamo una storia medica (Ella tomaba alguna medicina?, pregunto porque no tenemos una historia medica)

-Si, ha un tratamento permanente per regulare la pressione (Si, tiene un tratamiento permanente para regular la presion)- Interrumpio otra voz masculina la conversacion. Emmett no tenía ni que girarse para saber quién era, conocía esa voz muy bien. Un momento después unos brazos lo abrazaban maternalmente, era Esme. –Io sono il suo médico, lei puo chidermi tutto. (Yo soy su médico, usted puede preguntarme todo)- continuo Carlisle, dirigiéndose a la doctora. Esta asintió hacia él.

-Mi segua (Sígame)- Señaló el camino hacia el mostrador más cercano.

-La posso vedere? (La puedo ver?)- pregunto Emmett, con voz quebrada. Ella se giró dándole una leve sonrisa de aliento.

-Tra un po una infirmiera lo portara da lei. Restara qui la notte, per controlare eventuali conseguence (Dentro de un momento una enfermera lo llevarà con ella. Se quedará aquí esta noche, para controlar eventuales consecuencias)

-Grazie (Gracias).- sin más, ella se alejó. Carlisle le dio un leve abrazo al moreno antes de seguirla, susurrándole un "Todo saldrá bien". Esme en cambio no lo soltaba. Sabía que en ese momento no existían palabras que pudieran aliviar el dolor, la pena o la angustia que pudiera estar sintiendo. Luego de unos minutos de silencio él le devolvió el abrazo, apretándola fuerte.

-Emmett- susurro Esme, sintiendo las lágrimas del hombre resbalar por su cuello. Alice le acaricio la espalda de manera consoladora. La pena grabada en su rostro de hada.

–¿Cómo está ella?- preguntó cuándo sintió que se había calmado un poco.

-Tuvo una crisis hipertensiva- dijo –Lo que le causo un aborto -informó con el alma quebrada, soltando a Esme y limpiándose los ojos con el dorso de las manos. Las mujeres presentes cubrieron sus bocas por la noticia. La mujer lloraba en silencio –No sabíamos nada del bebe.- culmino en un hilo de voz. Aquello no podía estar pasando.

-Oh cariño.- murmuro la mujer de ojos verdes, limpiándole las lágrimas silenciosas con el corazón arrugado. Le dolía verlo así, ella lo amaba como a un hijo.

-¿Saben algo de los niños?- preguntó él.

-Los policías estaban en la cabaña cuando llegamos. Al parecer alguien llamó para avisar que habían visto algo a unos tres kilómetros del pueblo.- informó Alice, con voz cargada de esperanza -Los chicos se fueron con ellos. Bella se quedó en casa porque no pudieron localizar a la niñera.

-¿Signore, McCarthy?-lo llamó una enfermera mayor, sosteniendo una tabla de metal en sus manos, donde al parecer tenía la información de los pacientes. Era baja y de cabello gris. Emmett asintió hacia ella, rogando porque no fuera alguna mala noticia, no otra. -Mi acompagni, per favore (Me acompaña, por favor)- le pidió con una leve sonrisa, señalando el corredor opuesto a la puerta de cristal.

-Grazie- susurró. Alice le dio un corto abrazo antes de que se encaminara tras la mujer anciana con paso vacilante. Las piernas le temblaban sin saber cómo iba a encontrar a su mujer. ¿Qué podía decirle luego de haber perdido a su hijo? Incluso luego de haberle prometido que lo cuidaría siempre ¿Qué? ¿Con que cara la vería?.

Carlisle venia saliendo de la habitación cuando llegaron a la puerta. La enfermera le informó que solo tenía un par de minutos y luego se retiró. El rubio lo abrazo, ya que no había tenido la oportunidad antes.

-Acabo de verla- dijo con una mueca, separándose. Sus ojos azules se dejaban ver tristes y apesadumbrados –Está despierta. Está bien, dentro de lo que cabe.- informó –Debemos mantenerla al margen de futuros golpes emocionales, sino corremos el riesgo de un paro al miocardio o algún problema cerebral.- Emmett se quedó estático. ¿Cómo haría para mantenerla al margen cuando su hijo estaba desaparecido?. Carlisle supo lo que se estaba preguntando debido a su expresión –Solo abrázala. Es lo que ambos necesitan ahora.- le aconsejo, abriéndole la puerta. Dio dos pasos vacilantes, sintiendo como la puerta se cerraba tras de él y el corazón se le arrugo al ver a su esposa, sentada entre sabanas y almohadas blancas tan pálidas como ella. Sus ojos eran de un rojo intenso, producto de las lágrimas silenciosas que se escurrían de ellos, esos ojos que solo reflejaban dolor, como los suyos. No tuvo el valor de acercarse, no cuando él fuera el culpable de que su esposa se hubiera convertido en un fantasma de mujer.

-Lo prometiste.-fue la única cosa que profirieron los labios de la rubia luego de minutos interminables de palabras no dichas y lágrimas silenciosas por parte de ambos. Emmett empuñó las manos en los costados, Esas palabras dolían más que ser atropellado por un camión. –Lo prometiste- repitió, con voz neutra, privada de emoción alguna. Aunque en el fondo ella se estuviera muriendo por dentro.

Sin decir más ella se acurruco en la camilla, abrazando sus piernas. Quería dormir y no despertar nunca más a ver si así desaparecía el dolor que no la dejaba respirar.

-Lo prometiste- fue lo último que se escuchó en aquellas cuatro paredes blancas y clínicas hasta que un grito agudo y lleno de pánico se escuchó desde el pasillo. Era el grito de un niño, de uno aterrado.


Gracias a todos los que han leído y agradesco infinitamente a Alanaa, por su apoyo y por alentarme a escribir Roseemett ;D gracias bella.

Espero les haya gustado, he querido incorporar diálogos en italiano (visto que están en Italia) y porque es mi segunda lengua asi que espero les haya gustado :D

Espero sus comentarios a ver que tal les esta pareciendo.

Muchas gracias.

*El Krampus: demonios que se llevan a los niños que se portan mal en el centro y norte de Europa. Ellos saben que deben llevar una buena conducta porque si no San Nicolás (Santa Claus o Papá Noel en su dia de navidad no les traerá regalos). Se dice que estos diablos vigilan a los niños malos y se los llevan al infierno como castigo.