Gracias a todos por leer mi fic, espero que me dejen reviews para saber como voy en lo de escritura se trata.
Capítulo II: Mañana
A la mañana siguiente...
Toshiro estaba en una cama, cuando miró al lado, dedujo que era su habitación. Siguió observando a su alrededor, con un poco de dolor de cabeza, producto de una resaca, cuando vio a la misma chica que lo arrastró a la fiesta la noche pasa acostada a su lado completamente desnuda. Al percatarse de su presencia, miró su cuerpo bajo las sábanas, para notar que él estaba en el mismo estado que la chica. ¿Qué fue lo que pasó anoche en su apartamento? ¿Estaba borracho y la chica se aprovechó de ello?
—Buenos días, Shiro-kun —el joven salió de sus pensamientos al escuchar las palabras de la chica y sentía el contacto de sus manos en su espalda— ¿Tienes resaca por lo de anoche?
—Momo —dijo Toshiro mientras miraba a la chica con su mirada fría— ¿Me puedes decir que rayos pasó anoche en mi cuarto?
—Hicimos el amor —le susurró en el oído mientras ponía sus manos en el pecho del chico con cabello plateado— Te apuesto que no recuerdas mucho ya que estábamos un poco pasados de copa.
—¿Y cómo TÚ sabes eso? —preguntó con incredulidad.
—Bueno, de los dos... —un poco roja— Yo estaba menos pasadita de copas, pero no tanto —antes de que dijera otra cosa, Toshiro la besó y se posicionó sobre la pelinegra— Aunque... fuiste tú el que comenzaste con esto.
—Pues entonces terminemos con esto, ¿no crees? —preguntó para volverla a besarla y repetir el acto nuevamente...
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En un sitio cerca de la área comercial. Tres chicos estaban en un puente con vista a la zona metropolitana de la capital de Japón mientras una pareja se abrazaban al observar los carros y la gente caminar por las calles. Pero una estaba mirando con la cabeza gacha el panorama mientras que la preocupación se veía en esos ojos color jade. Su largo cabello rosado y una cinta roja se meneaba junto con el viento y las hojas de unos árboles que estaban cerca del puente peatonal.
—Sasuke-kun... —un joven pelinegro la miró al llamar su nombre— ¿Has visto a Naruto?
Sasuke suelta su pareja, una hermosa chica de cabello largo azul marino y ojos perlados como la luna—De hecho, no. Aunque me dijo que iba al apartamento de Toshiro para darle su regalo de atraso.
—Ya veo —dijo la joven para luego meter sus manos en los bolsillos de su abrigo de invierno— Lo voy a llamar —su mano saca un celular. Una vez que lo tiene a su vista, la chica marca los números y espera a que su novio le conteste.
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Afuera de un complejo residencia se encontraba un chico a punto de entrar a los edificios para ir a donde Toshiro. El chico era de cabello alborotado de color rubio y sus ojos eran tan azules y profundos como el fondo de los océanos o algo más cristalino, aun así, se podía reflejar su alma pura en esa mirada cerúlea.
Ya en la puerta del complejo, el joven iba a abrir el portón, cuando escucha el sonido de su celular. Al oírlo, lo saca de su bolsillo y le contesta.
—¿Hola?... Sí, soy Naruto. ¿Quién habla?... ¡Sakura-chan!... ¿Dónde estoy? En la puerta del complejo residencial de Karakura, claro está... Ah, ya veo. Voy para allá —cuelga el teléfono y se va del residencial para ir al puente peatonal.
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Mientras tanto en en interior de los edificios de la compañía Shounen Jump. Dos jóvenes se encontraban tomando un poco de café en la hora de su tiempo libre, que sólo duraba veinte minutos, mientras hablaban sobre algunas cosas sobre sus trabajos como Betas y Artistas Gráficos para el mangaka Masami. Los chicos se las pasaban riéndose, tomando un poco de sorbos de café y uno de ellos tomaban unas galletas de vainilla junto con té. Aunque sabían que ese hermoso ratito solo les duraría por dos minutos, así que se alistaron y fueron a sus despachos para seguir con las pintadas.
—Oye, Kimiko. ¿Tienes los dibujos de Masami pintados en blanco, negro y gris? —preguntaba un joven mientras tomaba un sorbo de café.
—No, Raikuden —dijo la pelirroja para luego cerrar sus ojos— Mi computadora tiene unos fallos y el técnico me dijo que se reparará en una semana. Tengo que hacerlos a mano.
—Ya veo porque tienes que trabajar dos horas de más en la oficina —pone sus manos en su hombro— Si quieres puedes usar la mía. Ya tengo las partes en colores —dijo para luego dar una sonrisa.
—Gracias —dio una sonrisa— En fin, ¿no ha visto a Chihiro-san? Ha pasado tres horas desde que se fue a hablar con Kurumada-san.
De pronto, una chica aparece. Su cabellos largos de color azabache y sus ojos color azul cielo hacían que Raikuden se quedara con la boca abierta y a Kimiko mirarla con indiferencia. En fin, la chica estaba caminando hacia los dos Betas con una pila de papel dibujado en líneas. Una vez que llega al escritorio de la pelirroja, la mujer se los tira en el mismo.
—Bueno, estos son los capítulos del volumen veintiuno y veintidós. Dijo que los pintaras de la forma en las que puso en éste cartapacio —le da una carpeta color negra— Creo que eso es todo.
Kimiko da un suspiro— Gracias, recuérdeme matar a Masami por el trabajo extra, Chihiro —dijo con un tono de fastidio mientras que su cabeza le echaba humos.
—¡Ay, vamos! ¡Todo el trabajo lo hace la computadora y el Photoshop! Yo tengo que ir a recoger los papeles, joderme al subir y bajar las escaleras y soportar a los babosos de Shueisha Co.
Raikuden oye a Kurumada llamarle— Bueno, chicas. Es hora de ponernos serios. Estas pintadas no se harán solas.
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—Éste es el mejor regalo de todos —dijo Toshiro mientras veía a Momo desnuda a su lado y arropado con unas sábanas.
Momo sonríe ante el comentario— Bueno, al menos —se pone roja— Lo aceptaste —vuelve a sonreír.
Ambos se levantan de la cama y empiezan a vestirse para salir a comer un rato y poder disfrutar de la compañía de cada uno.
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En las calles de Tokio se pueden ver a las dos personas que andaban en las calles de Grecia, pero sin capa y aun de espalda, por lo tanto no se podía ver sus rostros. Ambos estaban en el mismo puente donde habían estado los tres chicos para ver mejor el panorama y así poder encontrar a sus objetivos. Aunque se veían normal y no usaban nada raro, la gente los miraba de una forma igual al terror, pero no se podía saber la razón de ello.
—Maestro... Creo que ese es el chico que andabas buscando —señala a Naruto que estaba agarrado de la mano con Sakura mientras cruzaba la calle.
—Entonces, manos a la obra —ambos caminaron para irse del puente y encontrarse con el rubio...
