Capítulo 1

El cabello castaño y desprolijo de la joven revoloteaba por el fuerte viento primaveral. Ella sólo lo hizo hacia atrás quitándose unos mechones de sus almendrados ojos. Tuvo que hacer un hueco con una de sus manos para poder encender el cigarrillo, inhaló profundamente el humo disfrutando el sabor del tabaco y después lo dejó escapar quedándose impregnado en la camisa blanca del hombre de ojos grises y cabello negro que estaba de pie a su lado.

-¿Sabías que te puede dar cáncer por fumar tanto?- espetó éste mirándola con desaprobación.

-¿Sabías que me importa un carajo?- respondió ella con el mismo tono de voz y sonrió.- ¿Qué te ha dicho mi padre?- Robert soltó un suspiro y se encogió de hombros.

-Te ha depositado diez grandes a tu cuenta de banco.

-¿Se tragó la historia esa de la maestra y las clases?- él asintió.- Excelente.- exclamó ella dándole otra calada al cigarrillo.

-Escucha Kari, haría lo que fuera por ti siempre, pero dudo mucho que seguir mintiéndole así a tu padre sea una buena idea. ¿Qué tal si le pega por viajar acá para ver cómo estás?

-Para eso te tengo a ti, tonto.- dijo ella abriendo su bolsa y sacando la chequera.

-Pues sí, pero…

-Toma.- le extendió un cheque por tres mil dólares haciendo que los ojos grises de Robert se abrieran asombrados.

-Kari, esto es…

-Es por lo bien que haces tu trabajo.- dijo ella sonriendo alegre. Terminó su cigarro y tiró la colilla apagándola con la punta de su botín.- Ésta noche no dormiré en mi cuarto, aunque claro, eso ya lo sabes.

-Pero llevarás tu celular contigo, ¿verdad?

-Relájate, pareces un bebé lloriqueando así.- farfulló ella algo divertida.- Sí, lo traeré conmigo pero por favor no me marques hasta mañana a las dos, ¿si? Probablemente me dará cruda.- Robert asintió.- Bien, disfruta tu dinero, cariño. Es un placer como siempre hacer tratos contigo.- tras decir esto se puso de puntitas y le dio un beso en la mejilla y sin dar lugar a réplicas se largó de allí. Robert la siguió con la mirada hasta que al girar a la izquierda en la esquina se perdió.

Desde hacía un año y medio que Hikari Yagami entró a estudiar a la Universidad de Columbia en Nueva York, su padre decidió contratar a Robert como espía para enterarse de todas las actividades en las que su hija se involucraba. Pero claro, al heredar ella su inteligencia, no tardó ni una semana en enterarse que era él quien la observaba todo el tiempo y decidió comprar su trabajo dándole el doble de lo que Susumo le daba, a cambio de sus mentiras. Para entonces, Robert se hallaba atado a una deuda con un banco y no pudo resistirse a la oferta pero apenas salió de ésta y fue enterándose del estilo de vida que llevaba la joven Yagami, intentó de muchas maneras persuadirla de que no lo hiciera más y renunciar a ese trato pero ella, astutamente, le conocía el lado débil y sabía cómo comprarlo siempre por lo que él optó por seguir de esa manera para mantenerla cerca y al menos de esa forma poder cuidarla. Después de todo también estaba trabajando para Susumo y ese era parte de su trabajo.

Hikari iba rumbo a Central Park para reunirse con Amanda, una compañera que compró en su clase de Historia del arte y se encargaba de hacer sus deberes e informarle cuándo debía presentarse a tomar algún examen para el cual tenía a Andrew, otro joven que trabajaba en la sala de maestros y se robaba las respuestas de los exámenes vendiéndoselas a ella.

Muchas miradas, especialmente de hombres, se posaban en la hermosa joven que, sin darles importancia, caminaba moviendo las caderas al ritmo de sus pasos por la acera. Acababa de cumplir los veinte, su cabello caía a media espalda y lo llevaba siempre despeinado, lo cual le daba un toque sexy. Usualmente cargaba su maquillaje delineando sus ojos por dentro y por fuera de color negro y utilizaba sombras oscuras, éstos resaltaban y hacían que su piel se viera más blanca. Procuraba llevar medias rotas, minifaldas o short de mezclilla deshilachados. Sus blusas por lo general eran holgadas, a veces ella las rompía de los costados o espalda sin importarle que se viera su ropa interior, que casi siempre era negra o roja. Odiaba los tacones y nunca los usaba. Utilizaba su par de desgastados converse negros o, como en ese día, unos botines que le llegaban arriba del tobillo en color café.

Tras escapar de Odaiba y la opresión que ejercían los medios de comunicación sobre ella al ser la única hija de Susumo, fue que pudo hacer la vida a su manera. Robert nunca fue un estorbo y agradecía el que su padre la amara tanto y le diera todo cuanto quería pues eso sólo le facilitaba el camino.

Junto a un frondoso árbol observó de espaldas a la rubia Amanda que la esperaba desde hacía unos cuantos minutos. Kari no se inmutó al llegar ni hizo por saludarla pues su relación eran puros negocios simplemente.

-¿Y bien?- preguntó la castaña, cruzándose de brazos.

-El día 28, dentro de dos semanas, habrá un parcial de la unidad cuatro.- respondió la ojiverde.- El maestro ha quedado impresionado por tu tarea y te mencionó en clase pero le dije que estabas enferma y por eso no fuiste.- Kari asintió simplemente y sacó un par de billetes de cincuenta dólares de su monedero.

-Con esto será suficiente.- dijo, entregándoselos a Amanda, quien los guardó de inmediato en su bolsa.- Gracias.- susurró simplemente y se fue de ahí.

Encendió otro cigarrillo mientras pensaba en qué se le antojaba para comer ese día. Conocía bien el barrio neoyorkino y contaba con la facilidad de poder entrar a cualquier restaurante que se le antojara sin escatimar en precios. Aunque su favorito era uno vegetariano que preparaba las mejores crepas de verduras con queso que jamás había probado. Su celular sonó dos cuadras antes de que llegara al lugar. Miró el número sorprendida pues casi nunca recibía una llamada de ella.

-¿Si?- contestó intentando sonar lo más calmada posible.

-Yagami, qué placer escuchar tu voz de nuevo.- respondió la otra joven con su tono chillón.

-Me encantaría poder decir lo mismo, Mimí. Ve al grano, ¿a qué me has llamado?

-Relájate Hikari, no tienes por qué ponerte grosera.- la cortó la otra sonando seria.- Llamo para invitarte a una fiesta que daré ésta noche…

-No me interesa.

-¿Quieres escucharme?- inquirió severamente molesta. Soltó un suspiro y siguió hablando.- Tengo trabajo para ti.

-Como te dije, no me interesa.- respondió Kari algo fastidiada. Odiaba a esa chica y la última vez que se involucró con ella, bueno… las cosas no salieron muy bien.

-Por favor, Hikari.- le suplicó Mimí.- Tan sólo pásate por acá y platiquemos, ¿si? Por favor.- la castaña lo meditó unos segundos. Nada perdía con ir a escucharla, además no tenía planes para esa noche y no le apetecía quedarse en su cuarto o rondando por ahí hasta hallar algo interesante qué hacer.

-¿Tienes hierba?- preguntó en voz baja escuchando que Mimí sonreía al otro lado de la línea.

-Toda la que quieras.

-Te veo pasadas las once. Mándame la dirección por un mensaje.- sin querer escuchar más, colgó la llamada.

Prosiguió con su camino y se dispuso a comer sola. Se dedicó a observar en silencio a un grupo de patéticas jóvenes que no dejaban de hablar sobre la nueva línea de ropa de Coco Chanel, las películas más recientes en el cine, los próximos conciertos a los que asistirían en el Hard Rock entre otras cosas banales. Todo aquello le parecía patético y aburrido y personas así llegaban a ponerla de mal humor.

Pagó la cuenta y se dirigió de nuevo al campus en donde, apenas hubo puesto un pie, se topó con Yolei, su mejor amiga.

-Mujer, ¿dónde estabas?- preguntó la joven de lentes.

-Por ahí.

-Quise localizarte pero dejé mi celular en el cuarto. ¿Qué nuevas me tienes?

-Ésta noche iremos con Mimí.

-¿Tachikawa?- inquirió Yolei con bastante asombro.- ¿Por qué?

-Tiene una proposición que hacerme. Una oferta de trabajo.

-No pensarás aceptar, ¿o si?- la castaña esbozó una media sonrisa y encendió otro cigarro.

-¡Kari, no! ¿Estás loca? La última vez casi vas a dar a prisión…

-Relájate, pucheros. ¿Acaso andas en tus días? No le he dicho nada, tan sólo iré a ver de qué se trata.- Yolei se encogió de hombros negando con la cabeza y acompañó a su amiga hasta su dormitorio.

Pasaron la tarde platicando de esto y de aquello. Cerca de las ocho de la noche decidieron ordenar una pizza y esperarla mientras ambas se bañaban y arreglaban para la fiesta.

A diferencia de Kari, Yolei sí asistía a clases, o al menos eso intentaba. No pertenecía a una familia adinerada y contaba con la mitad de beca en su colegiatura por lo cual sus estudios eran muy importantes. Había conocido a la castaña desde el primer día en la universidad y captó su atención pues se hallaba tarareando la canción de una de sus bandas favoritas y que pocos conocían. Desde entonces fueron procurándose y aunque Hikari era reservada en algunas cosas, aprendió a confiar en Yolei y llegó a revelarle algunos secretos personales.

Salieron del campus pasadas las once de la noche. Tomaron un taxi para llegar al antro en el que Mimí había citado a Kari. La entrada de éste se hallaba escondida en un callejón casi a las afueras donde iniciaba el puente que conectaba la ciudad con Manhattan.

El lugar estaba totalmente oscuro y sólo se podía ver por las luces parpadeantes del techo, pero no era la gran iluminación. Yolei se mantuvo cerca de Kari y ambas pasaban entre la multitud de jóvenes que bailaban, se besaban o hacían otras cosas. La castaña buscó a Mimí por todos lados pero era difícil ver con esa luz, finalmente decidió irse al bar en donde pidió una cerveza y otra para su amiga. A su derecha se hallaba sentado un joven, de cabello oscuro y ojos negros y éste sonrió al verla a lo cual ella devolvió el gesto.

-Yagami, no me agrada nada estar aquí.- espetó Yolei al ver más de un par de miradas de hombres borrachos y lujuriosos que casi las devoraban con sus ojos. Hikari volteó hacia la multitud, sin prestarles atención, y le dio una palmada a su amiga en el hombro.

-Relájate, Yolei. No pueden hacernos nada.

Un par de canciones más se dejaron oír antes de que fueran sorprendidas por un joven, bajito, de cabello rojizo y ojos grandes. Su nombre era Izzy y trabajaba como asistente de Mimí.

-¿Hikari Yagami?- inquirió al verla de frente a lo que ella asintió.- La señorita Tachikawa la espera. Acompáñeme.- Yolei se movió también para seguirlos pero Izzy la detuvo.- Lo siento, pero usted no puede venir.

-Pero…

-Quédate aquí.- dijo Kari simplemente y se fue atrás del pelirrojo.

Subieron por unas escaleras que se hallaban escondidas tras una puerta al lado de los baños y salieron hacia un espacio en el que había varias puertas en ambos lados y era fácil adivinar lo que hacían ahí por los sonidos y gemidos provenientes de adentro de los cuartos. Entraron a uno, éste era muy grande, contaba con una cama king-size, su propio mini bar, una sala de piel al centro y en las paredes había varias pinturas abstractas colgadas.

-Tarde como siempre, Yagami.- dijo Mimí, sentada en uno de los sillones, captando la atención de la castaña.

-Ya me conoces.- respondió ésta y se sentó frente a la otra chica.

-¿Te ofrezco algo de tomar? ¿Whiskey, tequila…?

-Así estoy bien.- cortó Hikari cruzándose de brazos. Mimí asintió simplemente y se recargó sobre el sofá. Llevaba puesta únicamente lencería en color rojo y ligueros a juego.- ¿De qué querías hablarme?

-Tengo un trabajo especial para ti. Se trata de Yamato Ishida.- la joven cogió un pequeño control que estaba en la mesita de centro y encendió el proyector que se hallaba colgado en el techo sobre ellas. Con un ademán le indicó a Izzy que apagara las luces y pronto se proyectó una foto de un joven alto, de cabello rubio y ojos azules, en una pared. Kari lo miró detenidamente.- Está a punto de casarse con Sora Takenouchi, es la hija de Haruhiko Takenouchi, el hombre que…

-Que mató a tu padre.- terminó la frase y Mimí asintió tragándose el nudo en la garganta.

-Tu trabajo será bastante fácil, en realidad. Quiero que te encargues de seducir y enamorar a Matt al grado que logres que se separe de ella y cancele la boda.

-¿Sólo eso?- a Kari se le escapó una risita burlona y sacó de su short el paquete de cigarros y encendió uno.- Has decaído, Tachikawa. Ya no juegas tan sucio como antes. Si es tan fácil como dices, ¿por qué no lo haces tú?

-Lo haría pero ya existe un expediente amoroso entre Yamato y yo y no resultó como quería.- Kari exhaló el humo y la miró atentamente.- Es por eso que quiero que los separes. Quiero ver que ella empiece a sufrir tanto o más de lo que yo he sufrido por culpa de su padre.

-¿Y qué harás una vez que cancelen la boda? Suponiendo que eso pase.

-De eso me encargo yo.- sonrió Mimí y nuevamente le indicó a Izzy que encendiera la luz. Después éste se acercó a Hikari y le entregó un sobre amarillo del que ella extrajo algunas fotos y el itinerario de Matt.- Sólo que debes ser muy cuidadosa.

-¿Por qué?

-Porque Yamato es hijo del reverendo Ishida. Es verdad, ahí dice que trabaja como gerente de banco, pero en sus tiempo libre le gusta participar en campamentos, talleres, conferencias y cosas de la iglesia, por lo cual su mundo está girando en eso.

-¿Planeas que me convierta en una buena cristiana para después seducirlo, enamorarlo y destruir su vida?

-Así es.- respondió Mimí sonriendo complacientemente y se inclinó para tomar la copa de whiskey de la mesa y darle un trago.

-¿Y de cuánto estamos hablando?- preguntó Kari viéndola directamente a los ojos.

-Treinta grandes al mes.

-Olvídalo.

-Es una gran oferta, Yagami.

-No hay trato.- dijo la otra y se puso de pie dispuesta a marcharse.

-Bien, te daré cincuenta mil y confórmate con eso.- Kari sonrió, dándole la última calada a su cigarrillo y lo apagó sobre un cenicero de vidrio que había en la mesita de centro.- Tienes dos meses para hacer que esa boda se cancele, ¿me oíste?

-Considéralo hecho.- respondió la castaña altaneramente y, tomando el sobre amarillo, lo guardó en su bolso pero antes de salir de ahí añadió.- Quiero la mitad del dinero para mañana temprano en mi cuenta de banco, te pasaré de rato el número.

Volvió a donde había dejado a su amiga y la halló casi en medio de la pista besuqueándose con un tipo alto al que no conocía. Fue nuevamente a la barra en donde pidió un shot de tequila y justo cuando se lo estaba tomando apareció el mismo joven de cabello oscuro al que le había sonreído antes.

-Hola, preciosa.- dijo éste pegándose por atrás de ella y oliendo su cuello. Kari se dio la vuelta y sus rostros quedaron a escasos centímetros.- ¿Quieres divertirte?- el joven le mostró un cigarro de marihuana que llevaba en la mano y ella sonrió.

-Seguro, guapo. Aunque conozco otras maneras de divertirme.- farfulló mientras acariciaba el pecho bien formado del joven y deslizaba su mano hasta que, por sobre el pantalón, acarició su miembro y pudo sentir que tenía una erección. Sin más tiempo que perder él la jaló del brazo y ambos se fueron a perder en una de las habitaciones de arriba reservada a nombre de Ken Ichijouji.


El martes es mi exámen (hagan changuitos para que me vaya bien :p) que tengan una linda semana! :D