Discleimer: Estos personajes no son míos. Son de la magnifica Stephanie Meyer
Capitulo 2
POV Bella
Muy lentamente Edward fue deslizando su mano de la mía, como no queriendo romper el contacto; cosa que yo tampoco quería. El roce de su piel con la mía me hacía sentir tranquila, como en casa. Antes de que todo el contacto que teníamos desapareciera, vi en sus ojos aparecer una chispa de determinación. ¿A qué se debería?
—Bella, me preguntaba si…— estaba diciendo cuando nos interrumpió una señora de unos cuarenta años -la cual sabía que era la dueña del local- y una joven de unos diecinueve o veinte años que era muy guapa.
—Joven, Amber se encargará de buscar los libros que me ha solicitado su madre. Sírvase en acompañarla, por favor— dijo la dueña del local señalando a la joven que estaba a su lado, la cual acomodó un mechón de su cabello negro detrás de la oreja, y sonrió con innecesaria calidez.
—Claro, gracias. Bella…espero poder volver a hablar contigo— musitó Edward y, sin mas, se volteó y siguió a Amber hacia la estantería que estaba junto a la que me encontraba.
Estaba impresionada, acababa de ver al chico con el que llevaba meses soñando. ¡Él era real! Me había sentido segura, protegida entre sus brazos.
Todo esto parecía ficción, cuáles eran las posibilidades de que llevara soñando con un chico durante meses creyendo que no era real y, de pronto, él me salvase de un encuentro con el suelo.
Puede que yo hubiera tropezado y al haberme golpeado tan fuerte como para quedar inconciente, ilusionara con estar en sus brazos y perderme en lo penetrante y hermosa que era su mirada.
Eso sólo me podría pasar a mí, creer que ésta vez no era solo un sueño, pero se sintió tan real; esa conexión que tuvimos y la extraña electricidad que sentí cuando lo toqué, era tan poderosa que me negaba a creer que esa sensación podía ser solo una alucinación.
Pero era así, mejor acababa con todo esto de una vez. Pellizqué mi brazo para ver si salía de ésta ilusión, lo que me hizo soltar un gritito por lo fuerte que me pellizqué. Me estaba sobando la zona donde se estaba formando un círculo morado, cuando escuché esa risa… su risa. Observé hacia el lugar donde provenía el sonido y, entre los libros apilados en el estante, pude ver unos ojos esmeraldas que me observaban con diversión. Me guiñó un ojo y luego desapareció de mi vista.
Entonces no fue una alucinación, en realidad, había conocido al chico de mis sueños, literalmente. Casi suelto otro gritito de lo feliz que me sentía, pero, si lo hacía, él podría oírlo.
Comencé a pasar mi vista entre los libros, buscando volver a encontrarme con su mirada, mas no tuve resultados hasta que observé como un libro era sacado de la estantería; también pude ver el brillo de aquellos ojos al encontrarme. Me gustó que se alegrase de verme, ya que me dio a saber que no le era indiferente.
Me divirtió mucho su mirada perpleja cuando saqué justo el libro que estaba al lado del que él había sacado. Lo abrí y me puse a ojearlo, ignorándolo completamente.
No me llevó mucho darme cuenta de que el libro que había tomado era una edición de Romeo y Julieta. Me entretuve buscando una de mis partes favoritas, hasta que la encontré.
—Oh aquí, pondré mi descanso eterno y sacudiré el yugo de las estrellas enemigas…— estaba recitando cuando fui interrumpida por una voz aterciopelada que me hablaba al oído.
—…Quitándolo de ésta carne harta del mundo. Ojos, mirad por última vez. — siguió Edward con su voz cargada de sentimientos que me hacían estremecer.
—Brazos, dad vuestro último abrazo — mientras lo decía, sus brazos crearon una prisión a mí alrededor y, en vez de molestarme, me hizo sentir segura como nunca lo había estado.
—Y vosotros, labios, puertas del aliento, sellad con legítimo beso una concesión sin término a la muerte rapaz. — Al terminar de hablar, pude sentir el delicado rose de sus labios en mi cabeza.
Oírlo recitar a Shakespeare tan cerca de mí, me trajo emociones indescriptibles, no solo por la intensidad que derramaban sus palabras, sino por su cercanía. No había imaginado que él podría estar escuchándome y, mucho menos, que me recitara de memoria al oído aquellas frases que tanto me gustaban. El poder sentir su aliento chocar contra mi oreja al decir cada palabra era hipnotizante. El simple hecho de su voz causaba estragos en mí. Sentir su voz tan cerca, fue como si me envolviera en una burbuja y no hubiera más nada que nosotros dos.
Edward aún no me soltaba -no era que me quejara, claro estaba- cuando comencé a escuchar un molesto sonidito –el cual se me hacía familiar por alguna razón- acompañado de zumbido. Edward dejó escapar un suspiro de resignación antes de comenzar a soltarme.
—Deberías contestar, podría ser importante— mencionó Edward.
Fue hasta que estuve fuera de sus brazos que pude entender que el sonido era producido por mi celular. Me apresuré a contestar dado que imaginaba que llevaba tiempo sonado mientras que yo estaba en trance por la cercanía de Edward.
—Halo, ¿quién habla?— pregunté sin revisar el identificador de llamadas, y volteándome para quedar frente a Edward quien ahora ojeaba el libro de Romeo y Julieta –el cual había tomado mientras yo estaba aturdida- distraídamente.
—El mejor hermano del mundo, que quiere saber si su adorable hermana le podría llevar las nuevas ediciones de su revista de deportes favorita— Con solo oír la potente voz, supe de quién se trataba. Solo alguien como él podría comenzar una plática y no pude evitar rodar los ojos.
—Lo siento, no conozco a nadie con esas cualidades. Revise el numero— contesté queriendo bromear un poco con el cabeza dura que tenía como hermano.
— ¡BELLAAA NO SEAS ASÍ!— el grito que dio Emmett se debió oír hasta China.
Voltee a ver a Edward quien había levantado la vista del libro y me observa con una ceja alzada y una sonrisa traviesa que casi hace que se me pare el corazón.
—Emmett, casi me dejas sorda y así quieres que te haga favores. Menudo hermano eres, prefieres dejar sorda a tu dulce hermana si así consigues tus benditas revistas. — dije simulando estar enojada con mi hermano para picarlo un poco pero tenía una gran sonrisa. Edward entendió lo que hacía y me guiñó un ojo, lo que hizo que mi sonrisa se hiciera mayor.
—Lo siento, lo siento, Bellita— se disculpó susurrando, causándome unas leves risitas—. Ya que estas de mejor humor. ¿Me vas a traer mis revistas?— Preguntó con su voz más tierna.
—Sí el gran oso que tengo como hermano, me lo pide así, déjame pensarlo…— Me divirtió mucho poder oír como bufaba— Está bien Emmett, yo te llevo las revistas con la condición que me ayudes a escapar la próxima vez que a Rosalie se le ocurra torturarme— Ofrecí. No saldría sin nada de éste asunto.
Edward se me quedó viendo con los ojos entrecerrados, así que imité su gesto de hace unos instantes y le guiñé un ojo, haciendo que soltara una carcajada y siguiera con su lectura.
—No sé Bella, estás pidiendo algo muy peligroso. Revistas a cambio de la furia de Rosalie…pero que mas da, luego se me ocurrirá algo para calmarla. Tráeme esas revistas a casa, Bellita tenemos un trato. — confirmó Emmett emocionado. Me encanta tener un hermano como él.
—De acuerdo, nos vemos en casa— dije, luego corté la llamada.
Cuando Edward se dio cuenta que había acabado con mi llamada, fijó su mirada en mí de una forma tan intensa que tuve la sensación de que estaba mirando dentro de mi alma. Yo no pude menos que mirarlo de la misma forma y perderme en él.
—Me resultas realmente fascinante, Bella— Dijo Edward haciéndome salir del embrujo de sus ojos y darme cuenta que ahora se encontraba muy cerca de mí. Su acercamiento y sus palabras hicieron calentar mis mejillas, por lo cual bajé la cabeza avergonzada.
—Me encantaría que, la bella señorita que tiene la osadía de esconder su hermoso rostro de mi, aceptara comer unos helados con éste simple chico a quien le encantaría saber más sobre ella— propuso levantándome la barbilla con su dedo. Al verle a la cara pude ver esa sonrisa que, en estos pocos minutos que llevaba conociéndolo, se había vuelto mi favorita.
—A mi parecer, no tienes nada de simple, al contrario— le dí una sonrisa tímida, lo que hizo que la suya se hiciera más grande si eso es posible, y, que de paso, me deslumbrara totalmente—, me encantaría tomar esos helados en tan buena compañía.
—Si ese es el caso, éste caballero de brillante armadura— no pude evitar soltar unas risitas—, está más que dispuesto en compartir de su buena compañía contigo— Dijo ofreciéndome su brazo y su encantadora sonrisa.
—Antes, oh caballero de brillante armadura, tengo que comprar este libro—dije quitando el libro de Romeo y Julieta que él seguía sosteniendo.
—Pero damisela, yo también tenía pensado comprar ese libro que, de ahora en adelante, me trae muy buenos recuerdos— indicó con una sonrisa pícara. Me sonrojé sabiendo a qué recuerdos se refería.
—Lo siento caballero, pero fui yo quien vio primero el libro, aunque después tu me hayas, pues… distraído cuando…— no encontraba la forma de describir lo que había pasado sin avergonzarme y no ayudaba mucho que Edward se viera de lo mas encantado con la dirección que había tomado nuestra conversación.
—Cuando te recité Shakespeare al oído— completó en susurros acerándose a mí—, pero si vamos a utilizar: "el que lo vio primero se lo queda", ¿eso quiere decir que me puedo quedar contigo?, ya que fui el primero que te vio— expresó a centímetros de mi cara.
Podía sentir como su aliento chocaba contra mi boca. Al decir cada palabra me llenaba con su esencia, volviéndome loca.
