SIMPLEMENTE...AMOR

Por Lady Nadia de Grandchester

CAPITULO II

La noche estaba por caer para dar fin a un día más de su existencia. El agua cristalina del lago devolvía el reflejo de las primeras estrellas que se asomaban con un tímido brillo. Terry se encontraba recostado sobre el pasto y entre sus manos sostenía una pequeña armónica, la poso sobre sus labios y empezó a tocar la melodía que lo acompañaba en sus momentos de soledad y melancolía. Cerró los ojos y a su mente vino un recuerdo, tan conocido como añorado, y sobre todo tan lejano.

-Terry no deberías fumar, toma, es mi instrumento favorito, cuando sientas ganas de fumar, mejor toca la armónica.

-Con que una armónica, ¿es que acaso quieres que te de un beso indirectamente?

-¡Terry!

-¡No te enojes pecosa!...la tocaré para ti, si tú quieres.

-¡Haces y dices cosas imposibles!

Las notas de la armónica se siguieron escuchando, siendo esta melodía el fondo perfecto para la noche que llegaba a cubrir con su manto el lugar. El ruido de un galope veloz hizo que Terry interrumpiera su interpretación. El joven se incorporó para intentar ver de donde provenía aquel ruido y a lo lejos sólo pudo ver la figura de un caballo perdiéndose entre las sombras.

-¡Vaya! Al parecer no soy el único que gusta de cabalgar por estos lugares.

Terry se levantó y montó su caballo para regresar a casa. Había tomado por costumbre el pasar por el frente de la villa Andrew, y, como todas las noches, las luces del lugar estaban encendidas. Pasó de largo frente a la villa y no se dio cuenta de que el jinete que había visto momentos antes, se había adentrado en el interior de los jardines del lugar.

Cuando regresó a casa, se dirigió a la cocina en la que Meg ya lo esperaba con la cena lista.

-Buenas noches Meg.

-Hola hijo ¿Qué tal estuvo la cabalgata? Me alegra tanto el ver que hayas retomado tu costumbre de montar.-La anciana sacó un sobre de entre su delantal y se lo entregó a Terry.- Toma muchacho, te llegó esta carta.

Terry tomó el sobre entre sus manos, y al ver el remitente, simplemente, lo dejó sobre la alacena.

-¿No la vas abrir? Ya perdí la cuenta de todas las cartas que has recibido de esa misma señorita que tiene semanas escribiéndote. Me parece muy grosero de tu parte que no le respondas.- Recriminó la anciana.

-Meg, esa "señorita", como tú la llamas, no merece que desperdicie mi tiempo en leer la sarta de tonterías que escribe...-Afirmó el joven encontrándose ya en el límite de su buen humor.

-Terry…-Meg iba a decir algo más, pero, por la expresión que pudo ver reflejada en el rostro de Terry, se abstuvo de hacer comentario alguno.-Será mejor que te sientes, enseguida te sirvo.

La cena transcurrió en total calma. Fieles a la costumbre que venían tomando desde el regreso de Terry, charlaron animadamente por un buen rato. A Meg le gustaba traer a colación a la charla algunas de las anécdotas de la infancia del muchacho, las cuales Terry disfrutaba de escuchar.

-Todavía recuerdo cuando te escondías en el estudio para leer los libros de teatro que dejó aquí tu madre...-Decía la anciana.-...había una obra en especial que leías una y otra vez. ¿Cómo era que se titulaba...?

-Romeo y Julieta.-Respondió el muchacho.- En esa obra obtuve el papel principal...-Añadió con un dejo de amargura que pasó inadvertido para la anciana.

-¡Pues de mucho sirvieron las horas que invertiste en su lectura!-Agregó la mujer para después disponerse a levantar los platos de la mesa.-Mira la hora que es Terry, ya pasan de las diez. Será mejor que me vaya a descansar, ya estoy muy vieja para trasnocharme.

-Que descanses Meg.- La anciana le pasó la mano cariñosamente por el cabello y se retiró a su habitación.

A los pocos minutos, Terry hizo lo mismo, pero antes de la salir de la cocina, tomó el sobre que había dejado en la alacena. Al llegar a su habitación, se sentó en la orilla de la cama, sosteniendo aquel sobre entre sus manos y después de deliberar por algunos momentos, decidió abrirlo y averiguar de una vez por todas su contenido.

Querido Terry:

Estoy desesperada, te he enviado tantas cartas de las cuales sólo he obtenido tu completo silencio e indiferencia, que temo que mis esfuerzos sean en vano y que nunca logre una respuesta por parte tuya. Sin embargo, no voy a desistir, porque aún guardo la esperanza de que me respondas.

Me avergüenzo tanto de lo que hice esa noche, fui una tonta. Sé que cometí un grave error y estoy arrepentida. Pero Terry, a pesar de lo que tus ojos vieron, debes de estar seguro de que te amo, siempre te he amado y cada día que paso lejos de ti es un tormento.

Espero que puedas perdonarme.

Susana.

Al terminar de leer aquellas líneas que Susana había escrito, se podía apreciar un profundo resentimiento en la mirada de aquel joven. Terry rompió la carta y cada uno de los pedazos de papel quedaron esparcidos en el piso de la habitación, mientras a la mente del actor, regresaban los sucesos acontecidos tres meses atrás.

Era la última noche en que se presentaba la obra Hamlet en Nueva York, obra de la cual Terry era el protagonista. Y como era costumbre, la Compañía Stratford, había ofrecido una fiesta para celebrar la última función ofrecida al público, después de una larga temporada de éxito. A dicha cena, acudieron los inversionistas de la obra, los miembros de las familias más importantes de la ciudad, un gran número de intelectuales, y por supuesto, la prensa.

Esa noche, Terry iba acompañado, como siempre, por Susana Marlowe, quien era su prometida desde hacía tiempo atrás. Si bien Terry no estaba enamorado de ella, había aprendido a representar el papel que le correspondía en esa farsa, ya que si estaba junto a ella era por el compromiso moral que había adquirido en el justo momento en que a Susana se le ocurrió empujarlo para librarlo de una muerte segura. Situación por la cual, la actriz había perdido una de sus piernas y la posibilidad de triunfar en el mundo del teatro. Además de que, como resultado de esa misma situación, se vio obligado a dejar partir a la mujer de la cual estaba perdidamente enamorado.

Después de terminar con la tarea de conceder las habituales entrevistas a la prensa, Terry estuvo charlando con Robert Hathaway, director de la obra y uno de los pocos a quien podía considerar su amigo, además de intercambiar algunas palabras con uno que otro crítico de teatro que ahí se encontraba. Robert no se cansaba de hablar acerca del éxito que había representado la obra y que en gran parte se debía al talento de Terry. Y si algo sabía Terry, era que cuando Robert comenzaba a hablar sobre teatro era seguro que habría conversación para el resto de la velada. Y no es que le desagradara la charla, él también disfrutaba con hablar del tema, era sólo que estar en medio de una fiesta no era lo suyo.

-Señores, ha sido un placer conversar con ustedes, pero tengo que retirarme, es tarde y estoy algo cansado.

-¡Terrence, buenas noches y que continúen los éxitos!

Robert se separó del grupo para poder hablar a solas con el joven actor.

-¡Vamos Terry!-Lo instó a quedarse.- La noche es joven aún, además, a partir de mañana estarás gozando de unas más que merecidas vacaciones.

-Lo sé Robert, pero dentro de dos días emprendo el viaje a Escocia, y quiero tener todo preparado...ya sabes...no me gusta dejar las cosas para el último momento.

-¿Te acompañará Susana?

-Sí y su madre también vendrá con nosotros.

-Por cierto, ¿dónde se ha metido?, no se le ha visto mucho por el salón.-Preguntó y dirigió su mirada para ver donde se encontraba la prometida de Terry.

-Debe de haber buscado algún lugar para descansar...-Respondió el joven también buscándola con la mirada.-... aunque ya esta totalmente acostumbrada a la prótesis, el permanecer mucho tiempo de pie le cansa, será mejor que vaya a buscarla.

-Esta bien Terry, espero verte antes de que te marches.

-¡Claro amigo!, pasare a despedirme.

Ambos hombres se despidieron con un fraternal abrazo, y Terry se alejo para buscar a Susana. Recorrió el salón y no la encontró por ninguna parte. Enseguida pensó que tal vez se encontraría en alguno de los balcones aledaños al salón, por lo que se dirigió al que tenía mas próximo. Tal como se había imaginado, ahí estaba Susana. Pero no estaba sola. Por el contrario, estaba muy bien acompañada y demasiado entretenida en medio de un intercambio de besos y caricias con Mathew Hardy, un actor que representaba uno de los papeles secundarios de la obra que recién acababan de finalizar.

La mente de Terry, regresó a su presente. Después del estreno de Romeo y Julieta, aquella noche de invierno en que le había dicho adiós a Candy, se había esforzado en mostrarse cariñoso con Susana y en tratar de ser, sino el novio que ella esperaba, por lo menos una buena compañía. Sin embargo, esa era una tarea muy difícil de realizar cuando el corazón ya esta ocupado por otra persona que no es precisamente la que se tiene por prometida.

Cuando Susana salió del hospital, Terry tomó por costumbre el visitarla todas las noches, al termino de cada función. Al principio sus charlas se enfocaban a cosas relacionado con el teatro, las funciones y los elogios de los cuales era objeto Terry, por parte de la prensa. Pero, con el paso del tiempo, Susana, dándose cuenta claramente de en que lugar estaba el corazón de Terry, había dejado de ser aquella chica dulce que había conocido cuando llegó a la compañía Stratford. De aquella chica sólo había quedado el recuerdo.

Susana se había convertido en una mujer amargada y resentida que le reclamaba a cada momento su falta de amor hacia ella y que no perdía la oportunidad de recriminarle constantemente el hecho de que aún siguiera pensando en Candy, cuando su deber era con ella, que había sacrificado todo por él. Su vida se había convertido en un infierno y Terry, continuamente se preguntaba si esa era la condena que tenía que purgar por haber dejado partir a la mujer que él realmente amaba.

Visiblemente molesto, Terry se acerco hacia la ventana. Pudo sentir como la brisa, que lograba filtrarse por las hendiduras del marco, acariciaba su rostro y lo refrescaba. Con nadie había hablado de lo sucedido en aquella fiesta y estaba decidido a no responder ninguna de las misivas de Susana. Y así ella le enviará mil cartas solicitando ser perdonada, Terry no daría marcha atrás, había tomado una decisión y no estaba dispuesto a cambiarla por nada.

Continuará...

Notitas de mi:

¡Hola!

Primero que nada quiero agradecer por los comentarios que me dejaron en el primer capítulo de esta historia. Me gusta mucho leer sus opiniones y en verdad, que son la mejor paga para aquellas, que como yo, nos gusta plasmar en palabras las ideas que nacen de nuestra imaginación.

¡Muchas gracias por leer! No olviden dejarme un review.

¡Nos leemos el próximo viernes!