Agradecimientos especiales a las personas que se animaron a dejar un reviews en el anterior capítulo:

Naomic /–/ Nara Yasmin.

Aunque no lo crean, sus palabras me alientan a continuar está historia.

Sobre los que me agregaron en sus favoritos y follows ¡Bienvenidos sean! Espero mantener sus expectativas hasta el final, así como también gracias por anunciar su presencia :3.

En cuanto los que solamente pasaron a leer, pues les mando saludos.


Pide un Deseo
Por: ChibiFjola.

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CAPÍTULO 2

Welcome

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No entres…

Momo —

No uses tu cerebro vacío…

Momo —

No entres a la obscuridad, no necesitas verlo…

Momo —

¡No entres!

~ (*) ~

Tengo frío…, pensaba sintiendo que su cuerpo se volvía cada vez más pesado, dificultándosele el dar un paso siquiera por lo que se apoyo en el primer árbol que estuvo a su alcance. Recargando su espalda en el robusto tronco gris oscuro que era rugoso y sin hojas en sus ramas. Y cansancio también…, se acomodo lo mejor posible entre las raíces del árbol que sobresalían del suelo y la escarcha producto del sorpresivo descenso en la temperatura de la atmosfera., ¿Qué estoy haciendo?, Se cuestionó alzando el rostro para admirar el cielo nocturno y sin tolerar más el peso de sus parpados, comenzaron a cerrarse al mismo tiempo que sus piernas perdían fuerza para sostenerse y se deslizaba hasta quedar sentada en el suelo., Voy… ¿A morir?

Sus hombros cayeron en relajación, justamente cuando su respiración se volvió más apagada…

Eso parece bastante bueno., pensó por última vez, formándose una débil sonrisa en sus labios que ya ni los sentía por el mismo frío.

— ¡HEY!

Sus ojos se abrieron desmesuradamente al oír ese sorpresivo llamado y como su cabeza estaba echada hacía atrás, lo primero que vio entre las ramas del árbol fue una borrosa silueta de la cual resaltaba una rebelde cabellera de un inmaculado color blanco.

— ¿Ah?

— ¿Quién eres tú?

Ella parpadeo varias veces en busca de recuperar la nitidez en su visión y admirar mejor lo que sea que le esté hablando desde arriba en el árbol. Entonces se percato que la atmosfera fría… había desaparecido junto con la escarcha que halló durante su recorrido, dejando a cambio un ambiente más cálido y agradable con el vivo verdor del bosque.

— ¿Acaso eres sorda, humana?

¿Humana?, se cuestionó extrañada por lo que su cuerpo al recuperar su calor corporal, se levanto del suelo y se alejo del árbol para admirar mejor a esa presencia tan arrogante. No obstante, la presencia dio un pequeño saltó para caer elegantemente detrás de ella… provocándole un escalofrío que la estremeció de los pies a la cabeza y erizándole la piel en señal de alarma…

Por alguna razón su cercanía le inquietaba.

— ¿…O eres muy tonta? —Su voz se volvió más áspera y severa, causando que la adolescente empezara a sentirse nerviosa. — Sí… debes de serlo, ya que los mortales tienen prohibido el paso a estos recintos.

Si anteriormente sintió nervios, ahora Momo sentía miedo por lo que se volteo rápidamente para enfrentar al desconocido: — ¡A-Aguarda yo no sa…! —Guardó silencio al no hallar a nadie en su campo visual… aunque sobresalía desde abajo unos rebeldes mechones blancos por lo que decidió descender su mirada para admirar a un niño que no le calculaba más de diez u once años.

Él le dirigía una mueca infantilmente austera e impertinente pero eso lo ignoraba ya que no podía dejar de ver fascinada el color de su cabello y ojos. Además que desde su temprana edad demostraba ser dueño de rasgos faciales varoniles, finos y encantadoramente hermosos a pesar de su semblante severo más no opacaba su atractivo. Su tez blanca poseía un suave bronceado que tan sólo resaltaba el color blanquecido de su cabello y las gemas turquesas que tiene por ojos.

Y ni hablar del hermoso kimono de seda que usaba que era de color negro con un pañuelo ligeramente largo de brillante azul celeste amarrado a la altura de la pelvis. Aún así lo que destacaba era el diseño del kimono que parecía tener vida propia porque su vestuario daba la ilusión que contuviera un cosmos al tener movimiento y brillar tal cual como lo harían las estrellas. Pero como si no fuera suficiente, en la parte inferior de su kimono tenía un estampado de flores de loto… que flotaban en el vestuario e incluso algunas de ellas florecían…

Espera ¿Qué demonios? ¿Cómo hacía para que el estampado se moviera? ¿Acaso es un truco? ¿Estaba en un show de cámara escondida o qué? ¿…O es que el cansancio finalmente hacía mella en ella y la hace ver ilusiones?

— ¿Qué miras tanto?

¡Argh! ¡Era imposible mantenerse cuerda! Y es que no podía evitar en pensar lo adorable que se veía el infante. Hinamori se agacho para quedar casi a la misma altura de él, apoyando sus codos en su regazo para así situar el peso de su cabeza sobre sus manos empuñadas mientras que observaba con estrellitas en los ojos al peliblanco que empezaba a enfadarse cada vez más y clara señal era que su ceño fruncido se acentuaba más.

— ¿Qué hace un pequeño solo por estos lares? —Varios tic se asomaron en la sien del niño cuando escucho la pregunta. — ¿Te perdisteis?

— No seas insolente. Deberías ser más cautelosa frente a un dios.

La sonrisa de Momo se acentuó dulcemente. — ¡Claaaro~! —Canturreó, extendiendo su mano para revolver la cabellera blanquecina que resulto ser tan suave. Ignorando la mueca infantilmente irritada de él y que su ceja se movía en tic. — Hehehe, mi nombre es Momo, Momo Hinamori ¿Y el tuyo?

— Ya basta.

Él aparto con su antebrazo la mano que acariciaba su cabeza, tan sólo generando la curiosidad en la adolescente que miraba al niño que parecía… ¿Incomodo? Y cuando iba a preguntarle si hizo algo malo…

—…Aléjate del Amo.

— ¿Ah?

Súbitamente hielo comenzó a formarse entre ella y el niño, haciendo como una especie de pared para separarlos pero como si no fuera suficiente el hielo empezó a extenderse en su dirección en grandes e intimidantes estalagmitas de hielo que parecían tener la intención de empalarla viva.

— ¡OW! —Al retroceder para rehuir de las estalagmitas finalmente piso mal y cayó de sentón, tan sólo para ver como de su lado izquierdo apareció un hombre joven y alto entre las sombras que no alcanzaba a iluminar la luna.

Hinamori se intimido al ver que aquel sujeto de largo cabello de color verde aguamarina, vestido con amplias vestiduras de seda al estilo samurái, ojos azules de tonalidad pálida casi dando a blanco y con una cicatriz azulada en forma de equis en el medio de su rostro; la miraba con una expresión gélida.

— Sennen Hyōrō —Recitó el peliverde y extendió su mano (que parecía estar hecha de hielo macizo) en dirección de la adolescente. En consecuencia, por ese simple movimiento se formaron varios pilares de hielo alrededor de ella…

Que él al cerrar su mano, los pilares que medían dos metros; comenzaron a girar alrededor de Momo en el sentido contrario del reloj por lo que insinuaba claramente que iba a ser aplastada viva. Como no veía ninguna manera de huir a una dolorosa muerte tan sólo cerró los ojos a la espera de ella.

— ¡Ya es suficiente Hyōrinmaru…!

Los pilares de hielo se detuvieron en seco debido que una hermosa mujer de larga y rebelde melena rubia que exhibía un pronunciado escote en su elegante kimono de color rojo Valentín: se apareció de la nada al lado del peliverde y prácticamente lo tropezó con sus pechos cuando se situó a su lado.

— ¡Muy mal, muy mal~! —Canturreó la rubia con un aire divertido y pícaro. — Así no se trata a los invitados. Vamos libérala.

— Amo… —Llamo Hyōrinmaru que marco casi instantáneamente una distancia de la voluptuosa mujer ya que sus pechos aplastándose en su brazo le incomodaba. Después de todo le disgusta el contacto físico a excepción del pequeño niño a quien servía devotamente.

Solamente cuando obtuvo la aprobación del peliblanco, el hombre con extremidades y cola de hielo decidió liberar a la adolescente. En consecuencia, todo el hielo que se formo con el fin de capturar a la humana e imponer una distancia del infante, se hicieron trizas por lo que dejaron en la atmosfera revoleteando diminutas partículas de hielo que brillaban en la oscuridad.

— Matsumoto… —Llamó el peliblanco en un siseo de molestia. — Si fueras hecho tu trabajo tal cual como te asigne, nada de esto hubiera pasado.

— ¿Eeeeh? ¿Y qué culpa yo tengo? Fue usted y su dragón mascota que atacaron a la indefensa chica —Le hizo un puchero pero manteniendo cierta seriedad, provocando que la irritación del menor se elevara cada vez más. En cuanto Hyōrinmaru… aunque no se mostró exactamente molesto ni ofendido, pareció de igual modo afectarle el comentario porque pareció pensativo bajo esa careta inmutable.

— ¡ARGH, YA CÁLLATE! —Gritó exasperado sin ya tolerar el cinismo y vagancia de la mujer quien ni se inmuto a su furia, al contrario, pareció en el fondo complacida de fastidiarlo. Siendo la obvia señal la disimulada sonrisita que se dibujaba en sus carnosos labios. — Ahora no tenemos otra opción que dejárselo al Rey de los Dioses —Le dio una fugaz mirada a Momo que aún no salía del impacto que estuvo a punto de morir. — Matsumoto, tráela contigo.

El niño junto con el peliverde se adelantaron a su nuevo destino mientras que la rubia tan sólo suspiraba con una resignada sonrisa para después acercarse a la jovencita que cuando le toco el hombro, salió de su letargo. Dando un pequeño sobresalto y viró su rostro para cruzar su mirada castaña con la azulada.

— Tranquila, mi Amito puede ser un gruñón pero no muerde. Otra historia es su dragón mascota pero tan poco es malo, sólo tiene complejo de Nana…

— ¡MATSUMOTO!

Ambas voltearon a ver dónde provino el grito, siendo el niño que se veía bastante cabreado y llamó en reprimenda a la mujer al no tolerar más sus comentarios… lo cual era bastante imposible que las escuchara porque ellas estaban a varios metros de distancia de él y su acompañante.

— Amo Hitsugaya no se altere —Le aconsejo Hyōrinmaru.

— ¡Hyōrinmaru tiene razón~! —Insinuó Rangiku, alzando la voz lo suficiente para ser escuchada por ellos. — Si sigue arrugando la cara, no tardara en verse como un pequeño anciano. Ya tiene el cabello blanco y lo malhumorado.

— Matsumoto-san no ayuda con eso… —Reprochó el peliverde de manera educada y viéndose por primera vez que su rostro expresaba una emoción, siendo inofensivo disgusto.

El peliblanco lo que hacía era gruñir pero ya verá su subordinada, cuando regresen se va enterar de lo que es capaz. En realidad ni siquiera tenía que esperar para castigar a Matsumoto más no podía porque ahora había asuntos de mayor prioridad…

Su mirada turquesa se situó por reflejo en la adolescente.

— ¡Hablen menos y caminen más! —Interrumpió el ojiturquesa la pequeña disputa entre los dos adultos para después darse medía vuelta y cuando hizo el ademán de avanzar un paso, desapareció en un parpadear.

Hyōrinmaru no tardo en seguirlo, quedando nada más la mujer y la adolescente que se cuestionaba si estaba en una especie de sueño así que se propino un pequeño pellizco… el cual sintió, doliéndole.

— Será mejor apurarnos, tan poco quiero que el Amito quede afónico de tanto rezongar —Tomo de la muñeca a Momo pero antes de retomar su andar, se volteo a verla y con una sonrisa afable le dijo: — Por cierto, soy Rangiku Matsumoto.

— H-Hinamori Momo.

— Muy bien Hinamori, agárrate fuerte. Será un poco agitado…

— ¿De qué…?

Antes de que ella pudiera sospechar las palabras de Rangiku, sintió como fue jalada por está por la muñeca. Trayéndola la ojiazul consigo, rodeándole con un brazo sus hombros y posteriormente la azabache sintió que estaba en una especie de montaña rusa pero en el aire porque sus pies no tocaban el suelo y ante sus ojos pasaban las cosas demasiado rápido por dicha razón se veía todo borroso o difícil de definir. Así que debido a eso, se sujeto a lo único que le brindaba seguridad, siendo la pequeña cintura de la mujer.

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~ …Minutos después. ~

.

En un gran y monumental castillo de estilo oriental, en la entrada principal… aparecieron en secuencia: Hitsugaya luego Hyōrinmaru y eventualmente Rangiku junto con Hinamori que la abrazaba fuertemente mientras que ocultaba su rostro, cerrando los ojos y boca a presión.

— Ya llegamos.

Matsumoto al ver que la adolescente seguía aferrándose a su persona, le miró con ternura y le acarició la cabeza, enredando entre sus finos dedos la corta melena azabache. Pronto Momo ante las acaricias que recibía en el cabello, le brindo confort y seguridad por lo que se animo a destapar su rostro, abriendo los ojos…

— ¡Vaaaya~!

Sólo para encontrarse una monumental construcción, muy lujosa y ostentosa que solamente ha leído en los libros de historia o leyenda sobre los emperadores.

— ¿Sorprendente, eh?

Hinamori alzó su mirada para cruzarse con la afable expresión de la hermosa mujer rubia y… al darse cuenta que aún seguía abrazándola, apenada rápidamente la soltó mientras que se disculpaba. Rangiku tan sólo se carcajeo divertida ante la repentina timidez de la menor, ya que a su opinión, era bastante simpática la humana.

— Continuemos… —Recordó Hyōrinmaru a las femeninas del grupo, recibiendo a cambio que Matsumoto le hiciera pucheros desde su lugar mientras que Momo se ocultaba detrás de está. Ya que el hombre con poderes de hielo le intimidaba mucho luego que intento empalarla y aplastarla viva.

En cuanto al peliverde con su careta calmada e inmutable siguió de cerca a su Joven Amo que se adentro a la estructura. La ojiazul roló los ojos por lo estirados que eran esos dos…

— Vamos Hinamori. Conocerás a Padre Shingekuni…

Ambas avanzaron, adentrándose a la estructura que demostró ser todavía más lujosa por dentro con una decoración tradicional y hermosa de estilo oriental con detalles en la decoración que iban del oro macizo e incrustaciones en su diseño de gemas genuinas.

— ¿A quién?

— Es nuestro Rey y también conocido como "El padre de todos".

Cuando Hinamori fue a preguntar el mote ya que le despertaba curiosidad, una voz masculina la interrumpió al decir:

— Bueno es uno de los tantos nombres que tengo…

La mirada castaña se centró hacía delante del camino para ver a unos veinte pasos a un hombre de la tercera edad con un aspecto venerable y solemne. Sus cejas estaban poblabas que caían a los costados de su rostro, manteniendo sus ojos cerrados. Otro distintivo es que poseía una larga barba canosa que era trenzada con un cordel morado que llegaba hasta la cintura, muy diferente de su cabeza que era completamente calvo y mostrando dos cicatrices en su frente que se entrecruzaban, pareciendo una cruz a simple vista.

En cuanto a su vestimenta, usaba un elegante kimono de color azul añil en el cual poseía un ostentoso y elaborado estampado que era un Ave Fénix a un costado pero lo que hacía impactante en su diseño es que tenía vida propia al tener la capacidad de moverse, dejando una llamarada de fuego que se esparcía aleatoriamente por el kimono cada vez que agitaba sus extensas alas de brillante plumaje de los vivos colores del fuego.

Su vestimenta de seda lo combinaba con un largo lazo de color jade amarrado a la altura de la pelvis, perfectamente anudado en un moño mientras que el resto caía en el suelo al igual que el ruedo del kimono. Además, encima del kimono, usaba un haori blanco de mangas largas que lleva a su espalda a modo de manto, en lugar de vestirlo. El haori poseía en la parte inferior un estampado de color negro de diseño abstracto, rustico pero elegante.

…Y finalmente como accesorio, usaba un grueso bastón de madera del cual se apoyaba. Estando el anciano un tanto encorvado, dando cierto aire desvalido y frágil.

— Su majestad como puede ver un Ryōka ha logrado ingresar a nuestro mundo…

¿Ryōka? ¿Mundo?, cuestionaba confundida Hinamori al no entender nada. Primero se encuentra con un adorable niño rezongón de llamativa cabellera y ojos, luego un hombre con extremidades de hielo que tuvo intensiones homicidas hacía ella con motivos injustificados, y finalmente una hermosa mujer que ha sido la única hasta el momento de tener la amabilidad de explicarle lo que sucede.

— Mmmm… —Pronunció pensativo, centrando su atención en la pelinegra. — ¿Y en que parte la hallasteis?

— Merodeando en los alrededores del Santuario Shinō…

El anciano volvió a mostrarse meditabundo e hizo un gesto con la mano de que la adolescente se acercara. Pronto Momo se aproximo hacía Yamamoto, aunque para la tarea requirió un pequeño empujón de Matsumoto ante la timidez de la joven humana lo cual genero una modesta risita en el anciano.

— ¿Cuál es tu nombre? —Hinamori le contestó, provocando que él abriera uno de sus ojos. Intimidándola un poco. — Ya veo… has sido una jovencita muy traviesa —Sus palabras hicieron que la adolescente se encogiera de hombros, cohibida al sentir que era reprendida ya que a pesar de que el anciano le hablara calmadamente sin alzarle la voz… por alguna razón su presencia le intimidaba.

— Lo lamento… —Se disculpo cabizbaja la ojicastaña, estrujando sus manos nerviosa. — No era mi intención importunar.

— A mi no me importunas. Pero has apresurado tu tiempo… —Le indicó para curiosidad de la adolescente ¿A qué se refería apresurar su tiempo? Y cuando iba a preguntarle, Shingekuni continuó explicándose: — Se supone que los humanos no deberían cruzar a esté mundo sino hasta que llegue el momento de su culminación. Basta decir que tú tomasteis un "atajo".

— ¿Qué hacemos con ella, su majestad? —Intervino el peliblanco.

— ¿Hacemos? Me suena a manada, jovencito —No tardo en manifestar una careta de estupefacción el niño junto con sus subordinados. — Ustedes la encontraron, ustedes se harán cargo de Hinamori.

— ¡¿PERO QUÉ…?! ¡Su majestad! —Exclamó el ojiturquesa un tanto exasperado ¡¿Estaba hablando enserio?! En cuanto a Rangiku no tardo en gritar emocionada y abrazando por detrás a la humana que seguía confundida, causando que el niño se enojara con la voluptuosa mujer por lo que le gritó: — ¡Y TÚ NO TE EMOCIONES MUCHO!

— No sea aguafiestas Amito.

— ¡En primer lugar esto es TÚ culpa!

— Exactamente Hitsugaya-kun. Por la negligencia de uno de tus subordinados eres responsable de los errores que comentan —Ante dichas palabras la gélida mirada turquesa se enfocó en Matsumoto que le recorrió un escalofrío que la estremeció de los pies a la cabeza, prediciendo que después de esta reunión… recibiría un gran sermón con un merecido castigo que no se salvaría ni porque los ángeles le lloren.

— Ahora si no tienen nada más que decir, retírense y alístense para la celebración de la media noche. ¡Ah! —Hizo el ademán de recordar algo, golpeando el suelo con su bastón. — Y también preparen a Hinamori para el festejo.

— ¿Cómo sacrificio? —Insinuó Hyōrinmaru, teniendo una mueca difícil de descifrar al ser inexpresivo. Pero se podría decir que expresaba disgusto e incredulidad.

— ¡¿EH?! —Exclamó espantada Momo ante la palabra "sacrificio" y volteo a ver apremiante tanto a Rangiku como a Yamamoto, suplicando que fuera un mal chiste.

— ¡CLARO QUE NO! —Rezongó el longevo Rey. Al mismo tiempo la azabache exhaló aliviada… — Estos críos de hoy en día y su gran imaginación… —Pensó en voz alta y percibiéndose en su tono de voz su irritación, así como también cansancio. Eventualmente agregó: — Ella irá como invitada, tal vez su presencia le agregue algo nuevo a esté año de celebración.

—…Como desee, su majestad —Dijo obedientemente Tōshirō, aunque no estaba de acuerdo con el capricho de su Rey, debía aceptarlo sí o sí. En parte porque Yamamoto Shingekuni Genryūsai no toleraría ni una sola palabra después de haber tomado una decisión sobre cualquier aspecto y por otro lado porque le tiene respeto al dios más poderoso de los dioses, una de las tantas razones de porque es quien gobierna los cielos y la tierra.

Velando por todas las almas desde mortales e inmortales.

—…Etto…

La atención se centro en la adolescente que se sintió inquieta, repentinamente el semblante de Yamamoto se suavizó y aunque no sonreía exactamente… ella pudo percibir cierta calidez que podría describirlo como el cariño que suelen mostrar los abuelos hacía sus nietos.

— Fue un placer Momo Hinamori, te veré en la fiesta —La aludida rápidamente salió de su letargo y reaccionó haciendo una educada reverencia mientras que sonreía. —…Ah, y lleva esto contigo…—Extendió su mano derecha y de la palma de su mano se formo una llamarada de fuego que se comprimió de manera esférica, rotando uniformemente por varios segundos…

Cuando las llamas se redujeron, dejaron apreciar una muñequera hecha de flores amarilla que irradiaban una suave luz dorada. Además que el tipo de flor eran campanillas que guindaban de la enredadera verdosa y ante la mínima agitación, las flores emitían un dócil tintineo igual al de una campanilla.

La pulsera floto hasta la pelinegra que iba a tomarlo entre sus manos para ponérselo mientras que agradecía encantada por el presente. No obstante no fue necesario porque el propio brazalete se puso solo al flotar hacía la mano izquierda, traspasándolo para ajustarse perfectamente en su pequeña muñeca.

— ¡Es muy bonito~!

— Me alegro que te guste. Ahora vayan arreglarse, la celebración pronto va a comenzar así que hasta entonces…

Rangiku y Momo se despidieron amenamente de Yamamoto con una sonrisa acompañada de una educada reverencia. Muy diferente de Hyōrinmaru y Tōshirō que como siempre se mantenían templados, haciendo una educada reverencia para luego retirarse seguido de cerca por las chicas que ahora se despedían del Rey, agitando efusivamente una de sus manos que fue correspondido por el anciano que le devolvió el gesto pero de un modo más pasivo y también contagiado por la actitud risueña de las chicas.

Ya en la soledad, el longevo Rey emitió un profundo suspiro.

— Eijisai ¿Sucede algo?

Shingekuni sonrió ligeramente al oír el mote con que fue llamado, siendo Sasakibe que acababa de ingresar al salón. Su fiel súbdito a quien estimaba y que la manera de porque lo escogió en aquel entonces fue porque logró herirlo, formando la segunda cicatriz que surca en su frente. Debido a ese evento le dio meritó por su acto osado y de valentía que Chōjirō no se conformo porque después pidió servirle así como también luchar a su lado contra cualquier adversidad hacia la justicia…

— No, nada relevante. Tan sólo pensaba en la Ryoka —Se encamino hacía el balcón del gran salón para ver justamente el momento oportuno cuando la humana salía del palacio, acompañada de las otras deidades.

Chōjirō Sasakibe pronto se situó al lado de su Amo y Señor. Un hombre elegante con rasgos occidentales que no era opacado por sus ropas tradicionales asiáticas, de cabello canoso peinado hacia atrás, su tez tenía un suave bronceado, ojos pardos y cabello canoso con un acomodado bigote de color negro.

La mirada parda de Sasakibe se centró en Hinamori antes de que desapareciera junto con Matsumoto por alguna orden del niño peliblanco. — Hace siglos que no llegaba un Ryoka a Seireitei, sellando su destino.

— Es verdad. Pero para haber llegado directamente aquí en vez de varar en algún otro lugar de Rukongai, eso significa que Hinamori es una humana de "Alta Expectativa".

Pareció sorprenderse por sus palabras por lo que no tardo en cuestionar: — Eijisai ¿Acaso sabe sobre…?

— No lo sé, Sasakibe —Le interrumpió un tanto solemne, centrando su vista distraídamente en el panorama para ver las luces de las otras edificaciones en la ciudadela de Seireitei. — Pero pronto será entendible para todos porque Hinamori logró cruzar a nuestro reino que se supone está prohibido el ingreso a los mortales.

— ¿Cómo?

Los ojos de Yamamoto se abrieron, haciendo acto de presencia una enigmática brisa que meció sumisamente las ramas de los árboles y arbustos de los extensivos jardines del palacio.

— Cuando muera —Viró su rostro hacía su súbdito que guardaba silencio, expectante. — Sólo es cuestión de tiempo, cuando la última de las campanillas se marchite… se revelará la verdadera naturaleza de Hinamori.

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FIN DEL CAPÍTULO 2.


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