Omg... bueno, estoy aquí de nuevo... como fuera, aquí está la continuación, lamento la tardanza, es que... ¡Instituto, ahhg, como lo odio! Bueno, este capítulo irá más o menos de William... en el siguiente explico xP
{Zona de Respuestas:
Karenka! Omg, adoro tus fan fics mujer! Y si sobre es un buen o mal fic, solo puedes decirlo tu x3
Red-Butterfly, yo también creo que Grell se merece amor :3 Y lo mismo que a Kare, si es un buen o mal fic solo ustedes pueden decirmelo ;D
anachan, omg, me haces sonrojar */* Aunque me pregunto si lo hice tan drástico como para hacerte llorar... como fuera, gracias por leer, y no solo a ti, si no también a las de arriba x3 ¡Me dan tanta felicidad-death!~
Evangelin... uh, obviamente lo voy a seguir, aunque a su debido tiempo, si es que el Instituto no me consume... Y además, ¿quién no ama cuando Grell está feliz?
Andan... eh, no se que decir, ¿gracias? xD Y puedo hablar inglés también, pero me daba flojera hacer un fanfiction así~ Jaja xP }
Capítulo I: Willow.
William T. Spears soltó un suspiro y acomodo sus lentes con su death scythe. Se volteo levemente detrás de él para ver la escena de la muerte: el hombre de labios entreabiertos y con una mano de fuerza ida tratando de apretujar su pecho; Gerard Stone, muerto el día 28 de Enero del año 1890 de un ataque cardíaco a los cuarenta y ocho años. Pudo ver como las personas curiosas se acercaban hacia el cadáver, y el shinigami solo suspiró.
Curiosos humanos. La curiosidad les acercaba cada vez más a la muerte.
El shinigami acomodo sus lentes de nuevo antes de soltar otro exagerado suspiro y revisar nuevamente su agenda. Bien, ese día era la última muerte asignada. Solo debía volver a la oficina y archivar los libros de la muerte de las personas difuntas en la zona oficial de la biblioteca y hecho. Y podría, finalmente, si se apresuraba, llegar media hora temprano a su departamento en el horrible y humano Londres. Quizá ahí podría leer algún libro, relajarse comer algo, tomar un té rojo...
Rojo. Suspiró. ¿Desde cuando se había habituado a tomar té rojo? Desde que casi todas las tardes, antes de irse, el shinigami carmesí le traía el delicado té con algunas galletas, porciones de pastel o budines hechos por él. Bueno, hacía, desde el veintitrés de Diciembre. A partir de ese veinticuatro, no solo no trajo más sus anheladas meriendas, si no tampoco su presencia en la oficina.
El muy descarado... Encima que estamos cortos de personal.
William bufó. Le había sido demasiado difícil ubicar al shinigami de rojos cabellos, y cada vez que lo ubicaba, se daba a la fuga. No se presentaba a trabajar, pero extrañamente su agenda desaparecía y aparecía totalmente completa como si una presencia fantasmal estuviera haciendo el trabajo por él. O mejor dicho, por ella, como gustaba ser llamado.
Spears bufó nuevamente antes de abrir el portal hacía el mundo shinigami con su death scythe, seguro de aparecer en su oficina y encargarse de su trabajo. Porque eso era lo que tenía que hacer. Dejarse de preocuparse (porque era preocupante) por el shinigami carmesí y trabajar.
Y apartarlo de su mente. Si. Aunque esa larga ausencia parecía molestarle no solo lo que normalmente debería molestarle. ¿No aparecería más en la oficina solo por su amenaza?¿Le estaba tomando el pelo?¿Se había metido en otro lió?¿Había caído capturado por el horrible demonio ese?
Eliminó la última idea. Nadie podría tener tanta mala suerte.
Pero Grell Sutcliff era un shinigami capaz de no solo atraer problemas, si no de atraer accidentes. Y le daría un poco de seguridad pasar darle una visita a aquel rojo departamento suyo, así podría dormir tranquilo esa noche.
(Pero, ¿porque demonios se preocupaba tanto por ese estúpido shinigami?)
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El shinigami suspiró antes de abrir esa puerta. Personalmente, quería ocultar la esperanza de ver a un despatarrado pelirrojo sobre el sillón de su oficina, con los pies sobre el escritorio y leyendo Romeo & Julieta, obra que comenzaba a gustarle... Quizá quejándose del trabajo, de lo poco divertido, o ideando maneras de cazar y conquistar a el demonio pelinegro, el cual William tanto detestaba. No, no era con todo los demonios, era con él específicamente ese odio.
Pero al abrir la puerta de la oficina del Sr. Sutcliff —obviamente, el Sr. tachado con tinta negra y reescrito debajo Lady Sutcliff— solo vio el patético desorden que había dejado éste shinigami el veinticuatro de diciembre, última vez que se había pasado por ahí. Papeles en el suelo; fotografías en las paredes. Y, sobre un creciente tumulto de papeles, una impecable agenda completa robada de su escritorio.
Si su trabajo esta hecho, ¿porque no se le ve por aquí?
William no pensaba que ese shinigami, amo en destacar, hubiera aprendido a pasar desapercibido. Eso era prácticamente imposible. Con esa única radiante cabellera pelirroja y su ropa saliendo totalmente del uniforme era visible a calles de distancia. Pero la agenda estaba ahí. Aunque al abrirla, comprobó que con una pobre imitación de su perfecta y afilada letra.
¿Perfecta? Solo tiene una letra elegante. Eso es todo, se reprocho mentalmente el shinigami, bufando y acomodándose sus lentes nuevamente. Ojeo aquella carpeta; las cosas parecían estar en un perfecto orden, más de lo que el pelirrojo atendía siempre. Había algún que otro borrón de tinta corrido, pero nada fuera de lo normal. Aunque seguía insistiendo que esa no era la letra del pelirrojo, así como tampoco lo había sido la de las demás carpetas. Observó: las "j" no eran iguales; recordaba que las de Grell tomaban una extraña curva... como la de su delicada cintura... Y las "w" no se doblaban en la misma manera, es más, éstas parecían más pequeñas y escuetas...
William cerró la carpeta y bufó. ¿Desde cuando estaba tan... obsesivo? Era solo su estúpido y extravagante subordinado que quizá había cambiado su letra y no le hacía más la molestia de verlo por ahí. Aunque debía admitir que extrañaba sus meriendas... y su voz torturando sus oídos...
Joder, William. Admítelo: extrañas a Sutcliff. No puedes vivir con él, pero tampoco puedes tenerlo ausente.
El hombre bufó y miró su reloj. Quizá una visita al rojo departamento no estaría mal después de todo...
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El shinigami toco la puerta —roja, ¿cómo no?— suavemente con sus nudillos. Esperó.
Volvió a tocar. Suspiró. Acomodo sus lentes con su death scythe. Volvió a suspirar. Y volvió a tocar, conteniendo el impulso de apoyarse contra la puerta para oír algo.
Oyó una suave risa desde adentro. La puerta se abrió suavemente, pero solo un palmo, dejando la entrada con una cadena y a la vista, un shinigami que no era el carmesí.
Un shinigami de largos cabellos platinados y túnica negra, con tétrica sonrisa en su rostro.
—Undertaker —Spears suspiró, y se preguntó el porque de la presencia del shinigami legendario allí. ¿Estaba cuidado el departamento?¿O estaba de visita?—. ¿Se encuentra Sutcliff?
El shinigami de cabellos plateados sonrió nuevamente de forma tétrica.
—Pues... —su cabeza se escondió dentro de la puerta unos segundos— ¿estás...? Si, ah, vale —su cabeza salio a la vista nuevamente—. No, no se encuentra, je-je-je —terminó riendo de forma cínica.
Spears bufó. No estaba para bromas.
—Pues dígale —murmuro, con tono serio, aquel típico en él—. Que necesito hablar con él. Es urgente —mintió, aunque su tono fue convincente. Lo único que quería era verlo, ¿porque? No lo sabía. Solo quería asegurarse que a ese atravesado no le había pasado nada... grave.
La cabeza del shinigami legendario se oculto nuevamente detrás de la puerta, esta vez, más tiempo. Luego salio, riendo entre dientes.
—Sigue diciendo que "Si no tiene que ver con su cabello no es urgente". Así que, si me disculpa... —y comenzó a cerrar la puerta con lentitud. William bufó y puso el pie en medio de ésta.
—Pues dígale que si abre la puerta, le aumento el sueldo.
Los ojos del shinigami legendario se abrieron bastante debajo de aquel flequillo, y sonrió. Escondió la cabeza detrás de la puerta para informar la nueva oferta a el interior. William suspiró; todo lo que hacía solo por asegurar a aquel pelirrojo. ¿Y porque estaba tan preocupado? Le extrañaba un poco, supuso. Aunque debía admitir que con todo el trabajo hecho no tenía que hacer más horas extras.
William esperó y contó casi hasta el minuto antes de querer derribar la maldita puerta entreabierta de una patada. Pero antes de que hiciera nada, allí, donde antes Undertaker había estado, estaba Grell. Pero noto leves cambios, quizá que su cabello lucía más desordenado que de costumbre, no llevaba la gabardina roja sobre la blanca y arrugada camisa, sus mejillas se teñían en un leve sonrojo y su sonrisa era la más dulce que jamás haya visto en toda su existencia.
El shinigami se regaño internamente: ¿desde cuando reparaba en esos delicados y banales detalles?
—¡Wiiiill! —chilló el shingami carmesí, aún sin abrir la puerta—. Cuanto tiempo, mi vida. ¿Que deseas?
El aludido parpadeo. ¿Solo verlo? Era como si todo dialogo posible se hubiera difuminado de su mente en el momento que se dejo caer en esos cálidos ojos, detrás de unos lentes de marco rojo... los cuales observo estaban rayados en un borde. ¿Porqué? El shinigami no hizo más que suspirar.
—Saber porque no te presentas en la oficina, Sutcliff —su tono serio no dejo a la visión ninguno de los extraños pensamientos que le azotaban interiormente—. Y saber porque la letra de las carpetas que presentas no es la tuya.
La boca del shinigami carmesí.
—¡Oh, Will! Jamás pensé que lo notarías. Pues he estado un poco demasiado ocupada últimamente, así que mi querido Under me ha estado ayudando —la sonrisa del hombre pelirrojo fue radiante—. Espero que eso no te moleste, Will~.
El aludido se acomodo sus lentes, sintiendo molestia por que el otro hubiera llamado "querido Under" al shinigami de plateados cabellos. ¿Le molestaba? No, no mucho, era solo una... opresión en el pecho. Joder, si que le fastidiaba...
—Pues, Sutcliff, que alguien más haga tu trabajo no me molesta. Pero si me molesta el hecho que no muevas un dedo mientras haces trabajar a alguien que no solo te dobla en edad, si no en categoría como si tu esclavo fuera —volvió a acomodarse sus lentes con su death scythe—. ¿Al menos le das algo de paga a este hombre?
Como respuesta, se oyó una sonora carcajada que hizo retumbar el departamento como si de un sismo se tratase. William trató de ver el interior de éste, más Grell cerró más la puerta, logrando imposibilitar esto. El shinigami de cabellos oscuros entrecerró los ojos, tratando de pensar el porque de ello.
—Pues no acepta dinero en efectivo, así que se gana su sueldo a su manera —indico Grell, sonriendo de forma radiante. William inhalo. Sentía curiosidad para saber que era lo que sucedía. ¿Sería que Grell y Undertaker convivían Y quizá era por ello que el sepulturero hacía los trabajos de Grell... y quizá también por eso que Grell le había dejado de acosar. Si, eso era lo mejor.
Sintió nuevamente esa molesta opresión en el pecho, aunque esta vez la ignoro lo mejor que pudo. La curiosidad por aquello le hizo llegar a un método extremo; ¿cuantas veces había negado esa invitación? Pues ahora, debía llegar a lo más básico...
—¿Puedo pasar?
Los ojos del shinigami carmesí brillaron casi con estrellas, aunque pudo ver como mordía su labio.
—No.
El hombre parpadeo. ¿Le acababa de decir que no?¿Justamente él?¿Justamente esa persona que le acosaba hasta el cansancio, le decía que no, que no quería que pasara? Bufó.
—¿Porque no?
Antes de que el pelirrojo tuviera tiempo de responder —observó como su tez enrojecía suavemente— un llanto se oyó desde dentro de la casa. Pero un llanto histérico e infantil, un llanto propio de un bebe, y por el sonido de la voz, parecía ser de una niña. El rostro de Grell empalideció y desapareció de la puerta, dejando esta entreabierta o al menos hasta donde la cadena lo permitía. William no lo soportó; el podría ser paciente, pero cuando jugaban con su paciencia...
Introdujo la mano dentro de la puerta y quitó la cadena, pasando por la puerta que se abrió por el impulso de una... suave y ligera patada, gracias a la impaciencia.
Los llantos cesaron en cuanto la puerta estuvo abierta y el dentro del desordenado departamento; si bien había visto el lugar desordenado antes, nada se comparaba con esta vez. Había mantas por todos lados, y parecía que todas las puntas filosas de cualquier superficie hubieran sido cubiertas con almohadillas. Más a pesar de que el llanto infantil había cesado, se dejo guiar por los ruidos de un arrullo, una suave canción.
La puerta blanca con rosas rojas pintadas estaba abierta, y entro con curiosidad. Sus ojos se abrieron de sorpresa y sus lentes resbalaron hasta la punta de su nariz por el asombro. Allí, Grell Sutcliff acunaba a una niña pequeña, a una bebe de no más de tres o cuatro meses aparentes; supo que era niña, no solo por el vestido rojo que llevaba, si no por sus labios y sus pestañas tupidas, negras, aún con cristalinas lágrimas en ella. Pudo ver que la pequeña tenía un pequeño golpe en su frente, que comenzaba a marcarse como enrojecido. Junto a las pelirrojas, Undertaker miraba sus uñas con expresión de no saber donde meterse.
William quedo allí, parado, sin saber donde meterse, hasta distinguir lo que Grell susurraba al oído de la pequeña.
—Ya, Willow, pequeña Willow, no llores, ¿vale? Mami está aquí, mami está aquí. Ella no dejara que vuelvas a caer, jamás, jamás, te lo juro mi pequeña bebe...
El hombre de oscuros cabellos miro la escena, jamás reproducida ante sus ojos de esa manera, tan extraña y dulce al mismo tiempo, y suspiró.
Sinceramente, necesitaba una explicación.
.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.
¡Y aquí yo otra vez! Lamento que no haya habido mucho de Grell en este cap... y creo que Undertaker me salio un poco fuera de personaje... Como sea, aquí veran que William no es taaaan frío como parece, o al menos, en mi pespectiva =P ¿Que les parece el nombre de la peque? Willow se me ocurrio, aunque en realidad es un apodo, el verdadero nombre es otro más complicado que en el siguiente cap diré~~ Ja-ja! ¿Me reviewizan un poco, queridas? Me sentía tan feliz cada vez que veía un review nuevo *-* *-* *-* Era casi como ver una nueva imagen de Sebas-chan sin camisa xDD ¡Nos leeemosss! x3
xoxo-death~!
