Capítulo 2:

Entendiendo a Blu.


- ¿Qué fue eso? – Dijo Blu respirando agitadamente.

Salió de la jaula y vio sus alrededores. Era temprano y el cielo empezaba a aclararse. Fue a la nevera en busca de algo para comer, pero estaba totalmente vacía.

-Bueno, supongo que esperare a que Linda despierte para que traiga algo de comer. – Volvió a meterse dentro de la jaula y se recostó.

No pudo volver a dormir entonces mató el tiempo pensando en el sueño que acababa de tener. Casi todo le parecía normal, lo único que fue diferente fue el impulso que lo hiso volar y la borrosa silueta que se le apareció.

-Ahora que lo pienso la silueta del sueño me hace recordar a cuando conocí a perla. – Dijo Blu relajado. - ¡Perla!, volví a olvidarme de ella por estar leyendo. –

Blu volvió a salir de la jaula, pero esta vez a gran velocidad. Voló hasta la ventana de la habitación y la abrió. Salió volando y se dirigió al laboratorio de Tulio. Tardó un poco en llegar pues no conocía la ciudad y en ocasiones se detenía a pedirle indicaciones a otras aves.

-Necesito un GPS. – Dijo Blu sin parar de volar.

Llegó a la puerta del laboratorio y la golpeó con su pico varias veces esperando a que alguien le abriera. Pasó un rato y Tulio salió sorprendido por verlo allí. Sin hacerlo esperar lo dejó entrar y lo llevó al aviario.

-Listo, ya estoy aquí, ahora debo buscar a Perla. Le diré que estuve con Linda y que quería pasar tiempo con ella, después de todo me cuidó por mucho tiempo. – Blu se habló a sí mismo. – Si, yo creo que entenderá. –

Recorrió todo el aviario buscándola desde el cielo. La encontró trepada en la rama de un árbol golpeando la reja de un ducto de ventilación, intentaba escapar. Se acercó a ella y la saludó esperando una grata bienvenida.

-Hola Perla, ¿qué estás haciendo? – Preguntó Blu mirando el ducto de ventilación.

-Valla, pero si es la mascota. – Dijo Perla enojada. - ¿A qué viniste?, creí que te habías ido cuando tuviste la oportunidad. –

-Oh, estuve con Linda todo el día, dimos un paseo por la ciudad y compramos algunas cosas. – Dijo Blu bastante feliz.

- ¿Y por qué no te quedaste con ella? – Dijo Perla aún enojada.

-Oh, es que quería verte. La verdad es que te olvide por completo. – Dijo Blu arrepentido. – Me divertí tanto con Linda haciendo cosas de humanos que ignoré todo lo demás. –

-Sigo sin entender por qué prefieres estar con los humanos y no vivir libremente en la selva… que es tu hogar. – Dijo Perla ya un poco más calmada.

-Yo nunca viví en ese hogar. Siempre estuve con Linda, ya te dije antes que ella me encontró y me cuidó. – Dijo Blu con nostalgia.

-Y qué hay del tiempo que pasamos en la selva de noche… o cuando conocimos a Rafael. ¿No sentiste el agradable clima o el sonido del viento mover las hojas de los árboles?, sin ruidos de aparatos o voces humanas. Dime, ¿no sentiste la increíble sensación de libertad? –

-Estábamos huyendo de una maniática cacatúa y de los contrabandistas. No tuve tiempo para prestarle atención a la selva… lo único que deseaba era volver con Linda… y volver a mi hogar. – Blu se tornó deprimido y desilusionado.

-Dale otra oportunidad a la selva Blu. – Dijo Perla intentando convencerlo.

-No lo sé Perla, además no te has recuperado de tu ala. –

-Eso es lo de menos, podríamos caminar o podrias llevarme volando. –

- ¿Y qué pasa si un depredador nos ataca? – Blu se espantó al mencionarlo.

-No nos adentraremos tanto en la selva, de momento nos quedaríamos un poco cerca de las construcciones humanas. – Dijo Perla tranquilizándolo.

-Vamos Blu, di que sí. –

-Bien. – Aceptó Blu forzosamente. – Pero solo cuando tu ala se curé y puedas volar. –

-Bien. – Accedió Perla. - ¿Qué haremos mientras mi ala se cura? –

-Quedarnos aquí no es una mala opción. – Dijo Blu con optimismo.

-No quiero quedarme todo el tiempo aquí. Qué te parece sí vamos a hacer algo en la ciudad. –

-Pero no puedes volar. –

-Eso no importa, ya recorrimos la ciudad sin poder volar. –

-Tienes razón. –

-Ven, vamos a la ciudad. – Dijo Perla tomando una de las alas de Blu con emoción, pero su expresión de felicidad cambió por su adolorida ala.

- ¿Estás bien? – Dijo Blu al verla cubrir su ala. - ¿Tulio no te ha dado nada para el dolor? –

-Antes trató de darme algo, pero no deje que lo hiciera porque tu no estabas. –

Blu se sintió culpable, si no se hubiera ido con Linda, Perla hubiera tomado el medicamento y no le dolería el ala. La llevó con Tulio para que él le administrara el analgésico y cuando lo hizo poco a poco se sintió mejor.

Ya con Perla en mejor estado fueron a la ciudad. Al principio pensaban en usar algún transporte humano para recorrer la ciudad, pero Blu quiso lucirse frente a ella y la cargó mientras volaba.

No tenían un destino fijo, solo iban por todos lados observando el panorama y disfrutando de la agradable y refrescante brisa bajo un día soleado. Mientras volaban vieron que debajo de ellos, en una calle, estaba un buldog correteando a un par de aves. Era su amigo Luis y bajaron para saludarlo.

-Hola Luis. – Dijeron ambos aterrizando.

-Que tal amigos. – Respondió Luis al saludo. - ¿Qué hacen por aquí? –

-Estamos volando por la ciudad. – Dijo Blu. - ¿Y tú que estás haciendo? –

-Estaba correteando a unas aves. – Dijo Luis con una sonrisa en su rostro. – Oh, pero no para hacerles daño, solo quería asustarlas un poco.

-Está bien. – Dijeron Blu y Perla un poco incomodos.

-Fue un gusto verte amigo. – Dijo Blu tomando a Perla y elevándose del suelo.

-Nos vemos. – Gritó Luis antes de que Blu se fuera con Perla. Luego de eso, volvió a perseguir a las aves de antes.

Después de pasear por la ciudad volvieron al laboratorio de Tulio. Blu estaba agotado por cargar a Perla y volar al mismo tiempo. Por otro lado, Perla seguía bastante enérgica y deseaba seguir recorriendo la ciudad, pero al ver a su compañero agotado pensó que ya había sido suficiente.

-Gracias Blu… por llevarme a la ciudad. –

-No hay de qué. – Dijo Blu que se encontraba fatigado.

-No hemos comido nada, iré a buscar algo para comer. – Dijo Perla.

-Espera, no puedes volar. Déjame a mi ir a buscar, tu ve al aviario. –

-No quiero volver a ese lugar. – Dijo Perla frustrada.

-Pero en ese lugar estarás bien, solo quédate mientras tu ala se recupera. – Insistió Blu.

-Bien, haré lo que me pides. – Dijo Perla entrando al laboratorio con Blu el cual la acompañó hasta la puerta del aviario.

Una vez que Perla entró al aviario Blu buscó por todo el laboratorio algo para comer. En la sala donde cuidaban a las aves rescatadas encontró comida para ave hecha por humanos, pero sabía perfectamente que Perla no comería eso.

Estaba a punto de rendirse, no encontraba nada que pudieran comer. Pensó en ir a la selva cerca del laboratorio, pero se acobardo y descartó esa idea. También pensó en ir a alguna plaza cercana en donde tuvieran frutas y otras cosas, pero lo más probable era que se perdiera y no supiera como volver.

Llegó a una sala con un escritorio, una gran mesa, sillas y un televisor, se trataba del lugar en donde descansaban los empleados. En una esquina estaba un refrigerador.

Sin pensarlo Blu fue hasta el refrigerador y lo abrió. Encontró todo tipo de bebidas y golosinas que no había probado antes y que le antojaba comer, pero se resistió a la tentación y siguió buscando comida para compartir con Perla.

Blu volvió con Perla, con sus patas cargaba una bolsa plástica llena de uvas.

-Perdón Perla, no pude encontrar más. – Dijo Blu dejando suavemente la bolsa en el suelo y luego aterrizando.

-No te preocupes, me gustan las uvas. – Dijo Perla con un tono comprensivo.

Ambos devoraron todas las uvas sin dejar ni un solo rastro de su existencia. Luego se quedaron sentados sin decirse nada lo que hizo que se formara un silencio incómodo, aunque Blu era el único que parecía sentirlo.

Blu intentó romper el silencio iniciando un tema de conversación, pero se detuvo al escuchar a Perla hablar.

- ¿Cuándo crees que tarde en sanar mi ala? –

- No te preocupes, no tardara mucho. – Blu miró a Perla un poco depresiva y quiso animarla. – No te sientas mal, sé que quieres volver a volar, pero hay muchas cosas con las que te puedes entretener. –

- ¿Cómo eran tus días cuando no podías volar? ¿Qué hacías? –

-Bueno, primero ayudaba a Linda a levantarse, luego desayunábamos y abríamos la librería. Usualmente me la pasaba en mi jaula leyendo. También tenía autos de juguete y otras cosas, pero casi no los usaba. –

Perla miraba a Blu como si fuera alguien muy raro, apenas lograba entender como un animal podía asimilar tan bien la vida de un humano y sus costumbres. Él seguía hablando sobre su vida con Linda y se veía bastante feliz mientras lo hacía cosa que a Perla le gustó y no lo interrumpió para poder seguir admirando su sonrisa que, por algún motivo que ella desconocía, la hacía sentir tranquila y también la animaba.

Perla se perdió en sus pensamientos mientras miraba a Blu. En ese momento pensó ¿acaso estará bien hacer que Blu viva en la selva?, esa pregunta comenzó a agobiarla haciendo que solo pudiera pensar en ello.

Para Perla la vida en la selva era algo común y que no deseaba remplazar por nada en el mundo, pero para Blu era todo lo contrario. Él tenía razón, la selva no era su hogar, hasta hace poco ni la conocía. Ambos eran tan opuestos, pero ella deseaba estar junto a él.

Si lograba que dejara a los humanos y se fuera a la selva ella se pondría bastante feliz ya que lo tendría a su lado y nunca se separarían, ¿pero Blu también sería feliz? Ver cómo sonreía cuando hablaba de como era su vida humana la hacía dudar y eso la entristecía.

Perla salió de su transe reflexivo cuando Blu dijo "creo que debería volver con Linda, tal vez esté preocupada". Involuntariamente tomó una de sus alas evitando que se fuera volando.

Blu la volteó a mirar bastante confundido. - ¿Qué sucede Perla? – Dijo bastante preocupado.

- ¿No te puedes quedar un poco más? – Preguntó Perla en voz baja evitando mirarlo a los ojos.

-Debo volver con Linda, no quiero angustiarla. –

Perla se enojó mucho, pero disimuló lo que sentía para no tener problemas con Blu. Además, aun dudaba sobre su decisión de convencerlo de quedarse en la selva.

-No quiero quedarme sola, no confió en este lugar. – Dijo Perla intentando que Blu no se fuera.

-Estarás bien, aquí es seguro y no te sucederá nada. – Dijo Blu.

«No puedo hacer que se quede, siempre le da más importancia a esa humana, pero lo entiendo, ella es muy importante en su vida y no puedo negar eso», pensó Perla soltando el ala de Blu.

-Te veré luego. – Dijo Perla caminando lejos de él.

- ¡Perla! – Dijo Blu con fuerza. – Si no te gusta quedarte en este lugar puedes venir al hotel en donde me estoy quedando con Linda.

-Solo seré un estorbo. – Dijo Perla.

-Claro que no. Vamos. – Dijo Blu volando sobre Perla y tomándola con sus patas para luego emprender un rápido vuelo hasta el hotel.

Entraron a la habitación del hotel por una ventana. Blu dejó a Perla encima de la cama y luego leyó una nota que le dejó Linda sobre la almohada la cual decía:

Blu, Tulio ya me dijo que fuiste al laboratorio, a la próxima si vas a salir avísame, me preocupe mucho cuando desperté y no te vi.

Voy a estar afuera hasta tarde, así que cuando llegues no me esperes despierto.

Dejaré la ventana abierta para que entres y cuando lo hallas hecho ciérrala ya que si recibes el frio de la calle mientras duermes podrás resfriarte.

Hay frutas y algunas golosinas en el refrigerador.

Terminó de leer la nota y lo primero que hizo fue cerrar la ventana como Linda se lo solicitó.

-Ponte cómoda Perla, si necesitas algo no dudes en avisarme. – Dijo Blu intentando ser un buen anfitrión.