Stan sintió como si una descarga eléctrica le recorriera la columna al enterarse que a la mujer a la que acababa de evitarle un robo era Carla McCorkle, la chica de quien en su juventud se había enamorado por completo.

Desde el momento en que ella le preguntó si era de Nueva Jersey, eso debió haberle dado una pista ¿A qué otra chica conocía que fuera de Nueva Jersey? Y con razón le había parecido una mujer muy atractiva en el momento cuando se acercó a devolverle su bolso. Su subconsciente debió relacionar su rostro con el de la chica que conoció en ese entonces. Y ciertamente seguía viéndose hermosa para él. Incluso ahora mismo llevaba un bonito broche en forma de flor en el cabello. Que Stan supiera, solo había una mujer-por la cual siempre sintió algo-a la cual siempre le encantaron las flores, incluso llevarlas en su pelo.

Y no era que ahora no siguiera sintiendo nada por ella, desde luego que lo hacía, pero simplemente el tiempo siguió su curso, y Stan llegó a convencerse de que nunca pudo haber tenido una oportunidad con Carla, y de que lo mejor era dejar de lado esas esperanzas de que ella pudiera corresponder a sus sentimientos por más de que siempre se los demostró abiertamente.

Llegó a pensar que ellos no estaban hechos el uno para el otro y lo dejó pasar. Ocultó esas esperanzas durante toda su vida y las había enterrado en lo más profundo de su corazón para no dejarlas salir de ahí nunca. Pero es que en ocasiones le resultaba imposible no acordarse de ella y de lo que pudo haber sido entre los dos.

Carla fue la primera mujer de la que se enamoró. Fue el amor de su vida que bien dicen nunca se olvida. Fue la primera niña en la que se fijó cuando tenían doce años y desde ahí la consideró un ser hermoso y perfecto.

Aun recordaba varias de las muchas veces en que ambos salían a bailar y se movían al compás de la música de moda en aquellos buenos y viejos tiempos, y lo hacía una manera intachable. Eran la pareja perfecta en la pista de baile. Quien los viera ya no podía quitarles los ojos de encima pues quedaba fascinado con los movimientos de ambos.

Él, siendo un galán entre galanes, y ella siendo considerada la chica más bonita de todo el vecindario; siempre luciendo hermosa con su cabello suelto, su cuerpo envidiable, y usando esos shorts coquetos que estaban de moda pero que tampoco eran tan atrevidos como los de ahora. No la llamaban Carla Hot Pants McCorkle por nada. Muchos decían que formaban una linda pareja, pero no refiriéndose a pareja de baile, sino como algo más.

Y aún seguía recordando también la primera cita que tuvo con ella a los trece. No fue una cita como tal, solo fue una pequeña salida entre amigos, porque al menos para Carla, eso fue lo que fueron siempre, buenos amigos, pero a Stan siempre le gustó llamarle a eso su primera cita. A esa edad no se puede aspirar mucho de llevar a una chica a un lugar elegante, pero bastaba con una ida al cine. Recordaba haberse sentido triunfante cuando al fin logró convencer a su padre de que le diera dinero para poder invitarla a ver la película de la que en ese entonces todo el mundo hablaba.

Varios de estos recuerdos le hacían despertarse a mitad de la noche y sin poder dejarle dormir. No negaría que eran muy buenos recuerdos, pero que solo volvían más latente su falta de una compañera que creyó ya después nunca poder encontrar.

Pero ahora, ella había vuelto. Había regresado a su vida justo en este primer día de verano. Estaba aquí en Gravity Falls, pero Stan no sabía el cómo o el por qué; aunque volviendo un poco a la realidad, lo más probable era porque estaba de visita como turista ¿Qué otra razón podía haber? Y estaba ahí, después de tantos años, parada frente a él, mostrándole una sonrisa en espera de una respuesta suya.

Parecía haberse formado un silencio incomodo entre ambos, o solo era que Stan se estaba tardando en responderle por perderse en todos esos pensamientos, haciéndole creer a Carla que tal vez se equivocó de sujeto, pero sucedía que no sabía exactamente como hablarle. Debía decirle algo para no quedarse callado y parecer un tonto.

-Carla…- Logró decir apenas con voz audible.- ¿Sí eres tú?- No le quedaba ninguna duda de que era ella, pero solo lo dijo para lograr seguir la conversación.

-Sí.- Respondió recobrando la sonrisa.- Sí me recuerdas.- Aseguró contenta.- Oh santo cielo, no puedo creerlo, Stanley.- Se llevó las manos al rostro, sin poder dar crédito aun.- Es un milagro encontrarte aquí, nunca lo imaginé.- Se acercó a darle un abrazo. Fue un gesto que al poco tiempo Stan devolvió. No se lo esperaba, pero fue razón suficiente para ponerlo feliz.- ¿Cuánto tempo ha pasado?- Preguntó para después romper el abrazo.

-Lo…lo sé ¿Es increíble, no?- Estaba nervioso pero hacia lo posible por seguir hablando.

-Sí, yo…- Rápidamente buscó un tema de que hablar con él.- bueno, cuéntame. ¿Qué haces aquí? ¿Qué ha sido de ti? ¿Cómo te ha ido?- Estaba entusiasmada porque le contara todo.

-Oh, si tú supieras como me ha ido…- Vaciló e hizo una pausa rascándose la cabeza.- podría escribir un libro que hablara solo de mi vida y nunca terminaría.- Rio.

-¡No me digas!- Se sorprendió.- Bueno, te entiendo. Yo también he pasado por mucho.- Soltó una pequeña risa, y después cambió de tema.- Entonces dime ¿También viniste de vacaciones a Gravity Falls?- Eso lo confirmaba. Carla estaba ahí para vacacionar.

-Nada de eso. Yo vivo aquí.

-¿Y desde cuándo?

-Desde hace un poco más de treinta años.

-Treinta años…- Carla pareció sorprendida- eso es mucho tiempo…- Ella misma se impresionó al hacer una cuenta mental y quedarse pensando un momento en todos esos años que habían pasado, le parecían toda una vida. El tiempo transcurría tan rápido.- pero me alegro por ti.- Le dijo.- Este parece ser un pueblo muy bello. Nunca antes había venido, es mi primera vez.

-Ya veo, entonces te encantará ver todo lo que tiene para ofrecerte.- Stan comenzó a buscarle con entusiasmo las cosas buenas al pueblo en que había vivido ya por tres décadas y comenzó a enumerarlas.- Como por ejemplo sus paisajes, el lago, la gente… ¡Oh, pero no incluyamos a los ladrones!- Se exaltó.- En serio, no suelen pasar ese tipo de cosas por aquí. Gravity Falls siempre está muy tranquilo.

-Te creo.- Asintió.

- Y digamos que el incidente de hoy fue solo mala suerte.- Intentó ser positivo.

-¿Mala suerte? - Le sonrió de nuevo mirándole a los ojos, lo cual hizo que Stan se sonrojara un poco, pero giró un poco el rostro para que Carla no lo notara.- Yo no le llamaría mala suerte después de haberte encontrado, Stanley.

¿Y así cómo no enamorarse?- Pensó Stan.- Por favor, en serio no merezco que me halagues tanto. De cualquier forma, tú también me ayudaste. Si no fuera por ti, esos policías ya me tendrían detenido en la comisaría.

-No te apures, tenía que hacerlo. Además, no son halagos, yo solo te estoy diciendo la verdad.- Rio.- Pero en serio, este parece ser un buen lugar para vivir. Lástima que yo solo me quede por unos días.

-¿Cuántos días?- Cuestionó.

-Hasta después de que pase la boda.

-¿Boda? ¿C-cual boda?-Preguntó extrañado.

-Oh, sí.- Dijo.- La de mi sobrino. Perdón, debí habértelo dicho antes. Uno de mis sobrinos va a casarse aquí por su novia, y voy a ser la madrina de anillos. En primer lugar por eso me aterró tanto cuando me quitaron el bolso.- Escudriñó dentro de él para sacar las dos típicas cajitas negras donde vienen los anillos para mostrárselos a Stan.- Por eso te estoy tan agradecida de que los hayas recuperado, Stanley. Míralos, ¿Te gustan?- Preguntó emocionada. Carla abrió ambas cajas para enseñar su contenido. Ambos anillos eran de oro, uno más delgado que el otro para la novia y el novio respectivamente.

Stan soltó un silbido al adivinar que eran anillos caros.- Son una belleza. Debieron costarte una fortuna.

-No me molesta gastar tanto cuando se trata de mi sobrino y su boda.- Volvió a guardar los anillos donde estaban- Aunque eso será hasta dentro de dos semanas, pero me adelanté a venir desde ahora para conocer y vacacionar también. Ya necesito descansar de Nueva Jersey un rato.

-Ya veo. Pues les deseo suerte a los novios. Escogieron un buen lugar para casarse.

-Ya veo que sí. Además creo que no solo se casarán, sino que vivirán aquí. Créeme que por lo poco que he visto, los dos han escogido un buen lugar para hacer sus vidas, pero aún me falta conocer más a fondo a Gravity Falls.

-Pues…si tú quieres yo podría…- Se le empezaba a entrecortar la voz. Debía mantenerla firme. Eso le llegó a pasar antes siempre que estaba con Carla.- darte un tour por todo el pueblo. Claro, e-eso solo si tú quieres.

-¿En serio? ¿De verdad lo harías? No quisiera molestarte, yo sola puedo…

-Oye, oye. Hablo en serio Carla, no es molestia.- Se sinceró.- No hay nada que por ti no haría, primor.- Lo último lo dijo sin notarlo. De nuevo aparecía en él su naturaleza seductora y de decirle palabras que la hicieran sentir especial, igual que como hacía antes.

Carla reaccionó a reírse, sintiéndose alabada.- Muchas gracias Stanley, de hecho eso me gustaría ¿Podemos vernos mañana entonces, si es que puedes?

-¡P-por supuesto!

-¡Muy bien! Me gustaría poder comenzar desde hoy, pero ya se está haciendo tarde.- Volvió a buscar algo dentro de su bolso otra vez y sacó una pluma y un bloc de notas adheribles.- Si quieres puedes pasar a buscarme en esta dirección.- Le dijo mientras escribía.- Ahí está el hotel en el que me estoy quedando. Pero si te molesta, podemos vernos en otro lugar.

-No, no, es perfecto. Yo voy por ti.

-Oh, me parece bien.- Stan tomó la notita que Carla le dio.- También te escribí mi número para que me llames por cualquier cosa.

-Claro, te llamo cuando este ahí. ¿A qué hora paso por ti?

-¿Qué tal a las diez?

-A las diez.- Repitió.- Está perfecto.

-Bueno, ya está.- Después le dio en beso rápido en la mejilla y se despidió de él con la mano en lo que se alejaba para tomar su camino.- Nos vemos hasta entonces, Stanley.

-Hasta entonces…- Sonrió. Le devolvió el mismo gesto con la mano mientras la veía irse hasta perderla de vista. Una vez que se encontró solo se dijo a si mismo.- Quiere verme otra vez…eso significa que es... ¿una cita?- Meditó un momento.- Una cita… ¡Tengo una cita!- Gritó con euforia.- ¡Stan Pines tiene una cita!-bSe echó a correr de vuelta hasta donde se había quedado el trafico parado para volver a su auto, y en lo que llegaba hasta allá de nuevo, no dejó de gritar eso ultimo para que todos lo escucharan. Algunos hasta lo vieron raro.- ¡Tengo una cita! ¡Una cita con Carla McCorkle…!

Cuando llegó y al fin pudo hallar su auto entre la fila, se subió, y aún se seguía sintiendo en las nubes. Nada le podría arruinar el día de mañana.

La fila de autos empezó al fin a moverse después de esperar otros minutos más. Stan encendió el auto y se fue manejando apaciblemente hasta llegar a casa.

Ahora él y su hermano Ford vivían en una cabaña igualmente adentrada en el bosque, pero era totalmente ajena a la Cabaña del Misterio. La propia cabaña se hizo gracias a la ayuda monetaria y a la cortesía que su buen amigo Fiddleford McGuccket les había facilitado, casi como si fueran un regalo solo para ellos.

El mismo McGucket se encargó de pagar todo para la construcción y de conseguir buenos arquitectos y decoradores de interiores que hicieran toda la nueva casa a los gustos de Ford y Stan, y en tan solo seis meses la cabaña ya estaba terminada, pues puso a todos a trabajar a un ritmo acelerado para que los hermanos no se quedaran sin tener donde vivir luego de que regresaran de investigar anomalías en el mar.

Aun así, Ford y Stan eran bienvenidos y visitaban la Cabaña de Misterio cuando quisieran. Les seguía quedando relativamente cerca para ver a Soos y a Melody. A ambos les iban muy bien, hacían muy bien equipo trabajando ahí, la gente seguía visitando el lugar y haciendo buenas ganancias. Y cuando se tomaban un pequeño tiempo libre, ellos también podían ir a visitar el hogar de los Pines.

Stan llegó a casa con una sonrisa de oreja a oreja, y en la cocina su hermano Ford ya lo esperaba.- ¿Dónde estuviste toda la mañana? ¿Tienes idea de la hora que es?

-Pfff, tranquilo, seis dedos, tampoco es tan tarde.- Le dijo para calmarlo.

-Bueno, y ¿Se puede saber que te tiene tan feliz?

-Ford ¡Nunca imaginaras a quien me encontré de camino acá!- Ford guardó silencio esperando a que el otro le diera la respuesta.- ¡A Carla McCorkle!

-… ¿Quién?

-¡Carla McCorkle! ¿No te acuerdas? Salía con ella cuando éramos jóvenes.- Comenzó a describirla.- Pelo largo y castaño, Cuerpo perfecto, rostro de ángel…

Ford se tomó un momento para refrescar su memoria.- Ah, sí. Ya la recuerdo. Pero ¿Qué no ustedes solo eran amigos?

Eso Stan lo sintió como un balde de agua fría caerle en todo el cuerpo.- Bueno pero eso puede cambiar.- Dijo.- Mañana tendré una cita con ella.- Comentó con un rostro que parecía lleno de ilusión.

-¿Tú?

-Sí.- Cruzó los brazos en pose de triunfo.

-¿Una cita?

-Sí.- Afirmó muy seguro de nuevo.

-¿Con Carla?

-¡Así es, hermano!- Golpeó la superficie de la mesa con emoción, colocando ambas palmas sobre ella.- Y tú que siempre dices que ya nunca tendría citas de nuevo.- Dijo mofándose.

-Yo nunca digo eso, Stanley.

-Pero lo piensas.- Dijo en su defensa.

-Déjame ver si entiendo…- Se sostuvo el puente de la nariz.- en el tiempo que te fuiste, encontraste a Carla y ella te pidió una cita para mañana.

-¡Sí!...o bueno…-Pensó un momento.- no es exactamente como lo dices, además de que ella nunca mencionó la palabra cita, pero ¿Qué más puede ser? Voy a salir con ella, entiendes el punto.

-¿Y crees que pasarán de ser solo amigos a algo más solo porque mañana tendrán una cita? Stanley, no creo que si eso no pasó hace más de treinta años, vaya a pasar ahora ¿Sabes?

-¿Ah sí? Pues tampoco creo que si tú no dejaste de ser un aguafiestas hace más de treinta años, vayas a dejar de serlo ahora, pero no me importa. Solo no arruines mis ilusiones con Carla, Ford.

-No soy aguafiestas, solo soy realista. Además Stanley, se te olvida que ya teníamos planes para mañana, y que hoy tenemos visitas. No puedes cambiar todo eso y echarlo a la basura solo porque quieres.

-No echo nada a la basura, es solo que…espera, ¿Visitas? ¿Qué visitas?

-¡Los niños!

-¿Los niños?... ¡Oh, los niños!- Los había olvidado por completo por estar pensando en otras cosas. Hasta había olvidado las compras que se quedaron en el auto y eran para ellos. Rápidamente volvió afuera para sacar todo de la cajuela y meterlo a la casa. Se apresuró a revisar que los dulces de Mabel estuvieran bien, pero después de haber tenido que soportar una temperatura alta gracias al calor del sol, todos los chocolates y paletas terminaron por derretirse.- Oh no, esto no es bueno.

De pronto, un par de vocecillas resonaron detrás de él sacándole un buen susto.- ¡Tío Stan!

-¡¿Qué, que?! ¿C-cuando llegaron aquí?- Le sorprendió ver a Dipper y a Mabel frente a él. No solo venían ellos, sino que también trajeron a Pato, el cerdo mascota de Mabel. Stan reaccionó a ocultar los dulces tras de sí para que la niña no los viera.

-Desde hace como media hora.- Respondió el chico.

-Nos extrañó llegar y no verte en casa, tío Stan.- Dijo Mabel mientras le daba un fuerte abrazo que al mayor casi le saca todo el aire de sus pulmones.

-E-está bien cariño, n-no tan fuerte.- Intentó zafársela y ella se apartó para darle su espacio y dejarlo respirar.

-Debí decirte desde el principio que los niños ya estaban aquí.- Intervino Ford.

-¡Oh! Ya sentí que ocultas algo tras tu espalda, tío Stan.- A pesar de los intentos de Stan, Mabel terminó descubriendo los dulces.- ¡Dulces! –Gritó eufórica cuando logró quitárselos.- Y mira, Dipper, también hay algunos comics para ti.

-¡Genial!- Se acercó el muchacho para tomarlos.- ¡Gracias tío Stan!- No perdió tiempo y se fue a su recamara a leerlos.

-Sí, gracias.- Dijo Mabel tomando el empaque de las gomitas de osito dispuesta a abrirlo.

-E-espera, tesoro, no creo que se buena idea si lo abres ahora.- Dijo Stan poniéndose cada vez más nervioso.

-¿Por qué no?- Preguntó sin dejar de intentar abrirlo. Estaba muy bien cerrado. Cuando al fin lo logró, todo el olor de gomitas se sintió en el aire y Mabel se emocionó echando un vistazo al contenido. Su cara cambió al instante al ver las gomitas-. Oh, tío Stan…estas gomitas…- Mabel tomo un puño de ellas y las sacó, mostrando que todas se habían pegado unas con otras por el calor, formando solo una única masa gomosa, ya casi ni se distinguían las formas de osito.

-Mabel, puedo explicarlo…- Se adelantó Stan.

-¡Son de mi sabor favorito!- Sonrió.- ¿Cómo sabías que me gustaba el sabor de cereza?

-Aguarda… ¿Dices que no te importa que estén pegadas?

-No ¿Quién dice que las gomitas pegadas son malas?- El puño de gomitas se lo metió todo a la boca y comenzó a masticarlo a pesar de que era difícil porque eran muchas.- ¡Toma Pato, prueba unas!- Tiró unas cuantas al suelo para su cerdo y él también comenzó a comerlas sin demora. Después abrió el empaque de chocolates y tampoco le importó que se hubieran derretido.- No hay que desperdiciar el chocolate derretido, sigue siendo delicioso.

A Mabel le encantó el regalo del tío Stan, y hasta ella misma se sentía en el paraíso de los dulces.

-Me alegra que te gustara, cariño, pero no te los acabes todos, podría dolerte el estómago después.

-No te preocupes por mí, estaré bien.

-Y, dime Stanley, ¿Seguirás insistiendo con lo de tu cita?- Preguntó Ford.

-¿Cita?- Repitió Mabel.- ¿Qué cita?

-Una supuesta cita que tendrá mañana con una mujer que conoció hoy. La verdad ya la conocía desde mucho antes, pero ahora hmmmpmhp…- Stan le puso una mano sobre la boca para que no siguiera hablando.

-No le hagas caso, cariño, mañana no iré a ningún lado.- Reía para ocultar ese hecho.- Muy gracioso Ford, no digas mentiras, pillo.

Ford logró zafarse de su repentino agarre-. Oh, ahora resulta que el mentiroso soy yo. Sabes que yo nunca miento. Eso no le gustaba a mamá.

-¡Tío Stan, tendrás una cita!- Gritó Mabel.- ¿Puedo ir? ¿Puedo ir contigo? ¡Quiero ayudarte! ¡Quiero conocer a esa mujer! ¿Quién es? ¡Dime, por favor, dime, dime, dime…! ¡Cuéntame todo!...- Saltaba alrededor suyo como loca.

Oh, no.

Mabel se había enterado de la cita.

Oh, no.

Y ahora hasta le pedía a Stan que la llevara con él.

Oh, no.

Eso probablemente arruinaría su día perfecto de mañana.

¡Oh, no!


AAAHHHafgdhdjkf no pude evitar ponenrme melosa desde un principio cuando Stan empezó a recordar todo lo que vivió con Carla w No es muy mi estilo escribir asi, pero esta pareja me sacó todo lo cursi que tenia para dar, hasta me sorprendi a mi misma, no pense que pudiera escribir tanto asi, y cuando vi, ya tenia como una hoja y media de pura cursilería y romance(?) escritas en word xD Todo eso me rompió el kokoro /3 de tan bello que me quedó, y tambien de pensar en tantos años que mi bebé Stan no encontró el verdadero amor y quedó forever alone T.T /3 /3 /3

Hasta aqui el segundo capitulo, ojala les haya gustado n.n lo hubiera posteado desde ayer, pero mis padres ocuparon mi lap para cantar karaoke toda la tarde :'v en fin, gracias por sus reviews, y aunque algunos no comenenten agradezco muchisimo sus follows y favs c: en serio, me ponen feliz -w- y por cierto, ya vimos donde viven ahora Ford y Stan...¡en otra cabaña! :'v bueno, pero me parecio lo mas lógico, ¿no? al menos es un headcanon mio, y McGucket ayudó en eso xD

Si ven errores avisenme para corregirlos

¡Nos leemos hasta la proxima! (Que espero no sea tan tarde)