Como tierra mojada
*Capítulo 2: "Abstinencia"
DISCLAIMER: "Hey Arnold!" no me pertenece. Es propiedad de Craig Bartlett y Nickelodeon.
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"Existían muchos lujos que ya no podré darme. Cuando quiera tener una rabieta, me acusarán de ser mayor y, por ende, infantil.
Pero entonces ya no seré una niña. Podré hacer lo que quiera. Incluso, tener una y mil rabietas. Incluso, molestar como siempre. Pero todavía habrá algo de lo que abstenerme..."
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Como ya dije, hallé en cualquier estupidez, la excusa perfecta para mantenerme impostergablemente ocupada. Así se tratara de lanzar opinión alguna, sobre el aspecto de Rhonda durante la jornada que fuera. No pocas veces él había intentado un acercamiento errante, aunque directo. Como si tuviera miedo de que, además de osar hacer lo que hice, yo me atreviera a insultarlo. Bueno, ¿qué puedo decir a mi favor que contrarreste ese concepto? Soy una tipa difícil, sí.
Comenzaba a llamar ligeramente la atención mi comportamiento en apariencia, 'sociable' y no mucho más tarde, lo haría mi indiferencia hacia Arnold. ¡Dios! La parte más complicada, era auto-censurarme. Resistir la tentación de obligarlo a enterarse, a recordar a cada minuto, de mi existencia. Siempre tan densa y dedicada. ¡Si el sujeto supiera que todo mi esfuerzo puesto en atormentarlo, guarda nobles razones, moriría!
Dejando un poco de lado mis revueltos pensamientos, trataba de hacer fuerza mental para no dirigirme a él en absoluto. ¿Cómo podría explicar lo del beso? ¡Cómo! Y aquel beso, nació por ocurrencia mía, no hay coartada que niegue eso. Creo que no me alcanzarían jamás las palabras, para poder describir lo que me significó ir a la escuela al día siguiente... Su rostro, apareciendo como un espectro con cada parpadeo, esperando una respuesta; viéndome con esos ojos tan asombrados, que habían olvidado todo el trasfondo inicial.
La confusión de Arnold era palpable desde el momento en que pisó el salón. Intercambió escasas palabras con Gerald y sentí que moría cuando cruzó mirada conmigo. Automáticamente, desvié la vista hacia Phoebe, para preguntarle cualquier estupidez sin sentido, que ella no supo descifrar o contestar. Pero valió la pena para terminar ese contacto visual atemorizante. Lo siguiente que sucedió, es que literalmente me escabullí de cada clase donde sabía que él estaría. Por algo el dicho dice: "Tiró la piedra y escondió la mano", ¿no?
Conversé con Nadine, Sheena y hasta con el freak de Eugene, solo para no lucir solitaria, por si el cabeza de balón planeaba acercarse. Gracias a Dios, era consciente de que el impacto y su temor, eran más poderosos que la curiosidad y mi justificación. Arnold no se atrevería a encararme.
De esa manera, pasó otro día más en el que mantuve mi política escurridiza, silenciosa y sociable —con todo el mundo excepto Gerald y él—. Aún así, la abstinencia apestaba. Mi mano temblaba sigilosa debajo del pupitre, mientras oía a una vocecita suplicándome que no lo hiciera; que no le lanzara esa bolita de papel tan artera, previsible y provocadora. Porque un solo gesto de ese estilo, proveniente de mí, daría lugar. Le daría derecho y confianza, para perseguirme en busca de respuestas al beso. Pero me detuve a tiempo, una vez. La inercia de mi mano en el pequeño papel abollado, se sorprendió al verlo caminando hacia mi mesa.
Una punzada se clavó hondo en mi estómago; ¡pensé que querría preguntarme algo! El horror hizo retroceder mi misil casero, dándome cuenta de que él estaba casi a un metro. Me miró, lo sé, porque lo espié por el rabillo del ojo, cuando fingí que se me había caído un lápiz y me agaché hacia la derecha. Apenas vino a regresar un libro al armario que estaba detrás de mí, y entré en pánico. ¿Qué sería si lo escuchara decir: 'Hola Helga, ¿cómo estás? Oye, por cierto, ¿por qué me besaste el otro día?'? ¡Ahhhhhhhh!
Arnold se volvió a su asiento, con solemne actitud y la cobardía fusionada negativizando a su intriga.
Otro día más transcurrió, y ahora Rhonda me veía con desaprobación y desconfianza, al colarme en su séquito de seguidoras matutinas, junto a una Phoebe que no disimulaba incomodidad. Mis acrecentadas ganas de tirarle misiles de papel, se desbordaban al tenerlo a cinco asientos de distancia, junto a la chica más dulce del salón asignada en Geografía. ¡Ni siquiera sabía su nombre! ¿Tenía importancia alguna para mí, acaso? Solo sabía que quería tirarle miles de bolitas, más no podía.
Entonces, soporté lo que restaba de clase, mordiéndome de ira. ¿Por qué no era posible no ser una maniática? ¿Por qué no era capaz de decirle lo que siento; de explicar mi bipolaridad, el beso y todo lo demás?
Phoebe fue abducida por la congregación alienígena del cuarteto dinámico Sheena-Rhonda-Lila-Nadine y desapareció en menos de lo que canta un pájaro, tras sonar la campana. Quizás, ella me había avisado que se iría con esas idiotas y no la escuché. Estaba absorta con mis ideas y problemas, como para ponerle atención. La suerte se completó, cuando la profesora me llamó para 'hablar unas pocas palabras' que demandaron valiosos minutos de escape. Dijo algunas tonterías del estilo 'te he visto muy distraída, bla, bla, bla', a lo que asentí y elaboré alguna mentira piadosa para que me deje en paz.
Hasta tanto, todos se habían marchado al recreo.
Todos, excepto ÉL. Todos, excepto la persona de quien huía, con la intención de que olvidara el asunto. ¡Por Dios! ¿Estaba fabricando una mochila nueva, o guardando sus pertenencias en ella? ¿TANTOS SIGLOS IBA A TARDAR?
Caminé en silencio hasta mi asiento, con la mirada en el suelo. La profesora acababa de irse y solo me acompañaba la vergüenza.
Pensé que saldría ilesa. De veras que sí; porque en cuanto recogí mi mochila y me dirigí a la puerta con pasos largamente ágiles, la salida era casi un hecho. Pero no; ahí estaba Arnold, atreviéndose finalmente a encararme. Dispuesto a mantener un diálogo endemoniadamente inquisitorio, donde no tendría escapatoria. Él tenía la mirada esquiva, aunque su voz sonaba determinada. Al girar apenas unos centímetros, supe que sí me miraba.
—Helga... ¿Podemos hablar?
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CONTINUARÁ...
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Hola a todos, queridos lectores, ¡muchas gracias por sus maravillosos reviews; por confiar en una nueva historia y todos los divinos halagos depositados en cada comentario! No pensé que tendría un caluroso recibimiento como este, el fic! *Llora emocionada*.
Espero que les guste el capítulo, y sí, serán siempre así de breves y en primera persona.
Muchas gracias por comentar el primer episodio. Les respondo por PM.
¡Hasta la próxima, Marhelga!
