Capítulo 1: Pesadillas
Washington D. C.
Diez años más tarde
14 de octubre de 2005
1:30 PM
— ¡Fox... Fox! ¡Despierta, Spooky o llegarás tarde! — Le despertó una vocecilla que odiaba demasiado como para seguir durmiendo.
— "Krycek, hijo de la gran..." — Pensó furiosamente pero se resignó a contestarle adecuadamente. —¡Piérdete!
No hubo ninguna conversación ni palabra más entre esos dos muchachos. Le odiaba con toda su alma pero tenía razón en una cosa; que llegaría tarde. Se vistió con una camisa a cuadros de color blanca junto a unos pantalones tejanos azul oscuro y unas deportivas de marca cara. Se peinó el cabello hacia atrás como siempre y salió al mundo en el que vivía con el portátil en la mano mirando las noticias más recientes que daban sobre la guerra.
Cerca de la costa de Washington D. C. se estaba librando una batalla entre los Dann y los humanos. Los Dann eran la escoria de la humanidad, desechos que no sirvieron para sus fines y que luchaban por hacerse un lugar en el mundo a pesar de lo que ello conllevaba. Había un solo estado que permitía vivir conjuntamente mientras respetaran las leyes de dicho país. Dicho lugar se encontraba en medio del mar y era tan extenso como para albergar dos ciudades como Nueva York. El trozo de tierra que se hallaba ahí se llamaba Kotzen y la ciudad era nombrada como "Boyums, la capital del comercio y la tecnología".
Sus edificios no eran muy grandes pero lo eran los complejos académicos y armamentísticos. Fox Mulder paseaba por las calles de dicha ciudad a paso tranquilo y bostezando; de todos modos a la primera clase no llegaría así que se tomó su tiempo y fue en dirección contraria. Las noticias no decían nada que no supiera ya y apagó su ordenador. Lo guardó en su mochila negra y marrón y continuó su camino inmerso en sus propios pensamientos hasta que algo -u alguien- le sacó de sus cavilaciones. Cuando quiso darse cuenta de lo que había ocurrido se levantó y ayudó a la muchacha que había chocado contra él a levantarse. Al mirarla a los ojos se quedó mudo.
El cabello de ella era pelirrojo y le llegaba hasta los hombros, sus ojos azules contrastaban con su piel blanquecina. Su camisa a cuadros dos tallas más grande que ella y los pantalones tejanos ajustados junto a unos zapatos de poco tacónno dejaba ver su verdadera figura. No era mucho más alta que él, le llegaba a los hombros y era de cuerpo esbelto a pesar de que la ropa dijera lo contrario, por sus facciones dedujo que tenía casi la misma edad que él. Ninguno de los dos se movía hasta que un pitido lso alertó de que estaban en medio de la calle.
— Lo siento, no sabía por dónde iba y... — Comenzó él sin saber el por qué de su nerviosismo.
— No, la culpa es mía... iba distraída pensando en mis cosas... — Ninguno de los dos podía dejarse de mirar a los ojos.
— Mi nombre es Mulder, Fox Mulder pero puedes llamarme Mulder, no me gusta mucho mi nombre.
— Me alegro de haberte conocido Fo... Mulder. - dijo antes de cometer, lo que ella pensaba, un grave error.-Soy Dana Scully, pero llámame Scully.
— De acuerdo... Scully. Parece que te has perdido, ¿qué buscas? — Le preguntó gentilmente par abrir una conversación pero la verdad es que quería saber más de ella.
— Busco la Universidad de Karite, ¿sabes por dónde queda?
— Por supuesto, yo estudio allí. — Le sonrió y con un gesto le dijo que le siguiera.
La muchacha no quería confiar en él pero no tuvo más remedio que hacerlo; se tranquilizó cuando la dejó en la mismísima puerta de la Universidad. Mulder se preguntaba qué hacía una chica como ella queriendo adentrarse en el mundo de la tecnología para el ejército pero no era nadie para cuestionar a otros, ni siquiera a él mismo. Cuando le enseñó la clase a la que tenía que asistir el hombre sonrió.
— Parece ser que seremos compañeros de clase... — Pero fue interrumpido por esa voz que nunca quería escuchar.
— Vaya Spooky, ¡por lo menos has llegado! — ¿Nunca le dejaría en paz?
— No pienso hablar con alguien que traiciona a sus compañeros descaradamente, así que piérdete. — El otro muchacho se marchó molesto no sin jurar vengarse antes de que desapareciera por la esquina del pasillo.
Se preguntaba qué hacía Krycek fuera del aula pero le restó importancia, de todos modos ni uno ni otro podían entrar a clase y aprovechó para aconsejarle métodos de supervivencia. Scully cada vez parecía más maravillada por el lugar. El timbre sonó anunciando el final de la primera clase así que la charla quedó interrumpida por ese molesto ruido que muchos odiaban. Cuando sus compañeros vieron a entrar a Spooky junto a una mujer hermosa se quedaron boquiabiertos. La profesora le ordenó a Mulder de mala manera que se sentara en su sitio y presentó a la nueva compañera de clase. Los murmullos no tardaron en salir mientras iba caminando por el pasillo central pero ella no hacía caso ni a los silbidos. Se sentó al lado de Mulder y éste arqueó una ceja.
— Bueno Mulder, parece que eres el único en quien se puede confiar... — Él se rió.
— Al contrario de ti, yo no confío en nadie. — Y antes de que pudiera decirle algo la clase comenzó.
Cinco minutos más tarde Mulder se hallaba completamente dormido encima de sus brazos apoyados en la mesa. La profesora ni siquiera se molestaba en despertarle porque era imposible hacerlo. Antes de que terminara la clase apareció un hombre vestido de traje preguntando por Fox Mulder. Cuando le indicaron dónde estaba y rodó los ojos, suspiró y lo despertó lentamente.
— Vaya, John Byers. Qué honor.
— Venga Mulder, quieren verte. — Resignado recogió sus cosas y se despidió con un silencioso saludo de su compañera, el hombre atractivo pidió perdón por interrumpir la clase y se lo llevó de allí a toda prisa.
Cuando se hubieron alejado un poco, byers redujo la marcha, le explicó que le necesitaban en la fábrica para que comprobara unas cosas y si estaban mal, corregirlas. Casi nadie sabía la verdad sobre él; tan sólo las personas que le obligaban a trabajar para el ejército gratuitamente y personas muy selectas. Byers era una de ellas y sintió pena por ese chico. Fox Mulder sabía que no podía escapar de su destino, ni lo quería intentar.
Entraron en un pasadizo secreto sin ser descubiertos y caminaron a lo largo de las anchas paredes recubiertas de acero, bajaron unas escaleras y detrás de aquella puerta de hierro se hallaba el secreto mejor guardado del gobierno de Kotzen: su complejo armamentístico tenía la tecnología más puntera del mercado y los materiales eran únicos. Casi nadie conocía esta fábrica de robots para uso exclusivo del personal del país y él, era el encargado de que se pudieran manejar a la perfección.
Se sentó delante del terminal que él conocía muy bien y comenzó a comprobar que todo estuviera correcto. Más de una vez deseó decirles una mentira y que se espabilaran pero ello tendría repercusiones muy grandes en él así que desechó la idea y corrigió algunos fallos del sistema. El Sistema Operativo que estaba creando lo podía utilizar cualquier persona capacitada para ello, con unos niveles de intelecto más grandes que los demás y que estuvieran dispuestos a matar y morir por su patria.
— "Fútil" — Pensó Mulder para sus adentros.
No sabía por qué no le gustaba ese lugar, algo le decía que huyera lejos y que no volviera. Cuando terminó de programar el soporte para las funciones vitales lo comprobaron en una máquina virtual y pasó el test correctamente, lo comprobaron en un Mobile Suit y funcionaban perfectamente. Le ordenaron que se dedicara exclusivamente a ello a partir de ahora y que hasta que no lo tuviera terminado no volvería a clases.
— Venga Mulder, ya te queda poco. — Le animó Byers mientras lo llevaba de vuelta al complejo Universitario. — Será mejor que te vayas a casa y lo termines cuanto antes, así podrás salir con esa chica que se sentaba al lado tuyo esta mañana.
— Me la encontré de casualidad por la calle, Byers. Apuesto a que Flohike se enamorará de ella si la ve.
— No te quepa duda, Mulder, tendrás dura competencia. — Pero no era eso lo que le importaba.
No recordaba nada de su pasado anterior a los doce años, era como si su mente lo hubiera borrado por completo y sentía que debía de ser mejor así. Lo acompañó hasta su casa y lo dejó solo. Casi no había decoración y el piso estaba bastante desordenado, se estiró en el sofá y conectó su portátil a la corriente y comenzó a teclear rápidamente las operaciones necesarias para terminar con esto cuanto antes, mejor.
