¡Espero les guste el capítulo, nos leemos en el siguiente!


Segunda etapa: Desmoralización

"No se va a quedar así, el balance será restaurado." Superior Iron Man. #1

Anthony yacía en la silla de piel de su taller, revisando unos cuantos hologramas que le servían como planos para perfeccionar el armamento del navío de S.H.I.E.L.D., había tomado unas buenas vacaciones de H.Y.D.R.A. Luego de que se le cuestionara en busca de información del paradero del ahora desaparecido Justin Hammer.

Él les había quitado un peso de encima y así se lo agradecían. Imbéciles.

Pese a que "ya no trabajaba para ellos", al menos de momento; seguía sus terapias al pie de la letra con el capitán, había firmado un contrato, el tipo le agradaba y gozaban de satisfactorios encuentros regularmente.

Porque claro, después de aquél incidente, decidieron que lo tenían que repetir.

Las perlas de Tony formaron una sonrisa felina, haciéndole ver como el mítico gato del país de las maravillas. Le entraron ganas de que la hora de "sesión" llegara y pudiese quedar nuevamente con el mercenario.

El sonido de alguien que suspiraba con fastidio detrás suyo, le obligó a voltear sin mucho interés en busca de respuestas. ¿Qué querían de él ésta vez?

El teniente coronel le miró alzando una ceja, en espera de que el millonario hablara.

—¡Rhodey! ¿Cuánto llevas ahí parado como gendarme? Te he dicho mil veces que no necesito un guardaespaldas. —El aludido exhaló cansadamente, caminando después para quedar frente al castaño.

—Tony, ¿podrías ponerte algo de ropa? —El excéntrico ingeniero se levantó de su asiento, tomando el vaso de whisky del escritorio, situándose a lado del piloto. Regalándole un gesto desbordante de socarronería. —¿Estás bebiendo otra vez?

—Lo estoy y mucho, por cierto.

—Tony...

—Tengo que ponerme al día por todos estos años perdidos en sobriedad. —Dijo firme, evitando así cualquier sermón que el otro fuera a darle. —Ahora, ¿hay algo con lo que pueda ayudarte, Rhodey?, ¿o acaso has recorrido todo el camino hasta San Francisco sólo para darme miradas de desaprobación?

El genio se abrió paso por todo el lugar hasta dar con una especie de urna de la que recogió una sustancia parecida al mercurio, que al contacto con su piel desnuda se enredó en él, envolviéndole por completo. El moreno le siguió de cerca, tomando una distancia prudente cuando vio a Tony de espaldas.

—¿En qué estás trabajando? —Preguntó sin más, presenciar semejante cosa le dio un mal presentimiento.

—Armadura Endo-Simbiótica, metal inteligente totalmente líquido, se endurece al instante de la conexión. —Giró sobre sus talones para continuar explicándole. —En lugar de confiar en un elemento tecnológico para el proceso inicial de unión, extraje algunos bloques de construcción de un simbionte y lo fusioné con extremis previamente modificado. Así que, el arranque es completamente psiónico.

—Genial, una armadura hecha con simbiontes, eso seguramente no terminará mal. —James rodó los ojos mientras le reprendía sarcástico.

—Además tiene un acabado cromático y se enciende de formas que me complacen. —No pudo evitar recordar la primera noche con Steve en Hell's Kitchen.

—Sutil.

—Es jodidamente sexy. —Tras hacerle un guiño que hizo resoplar al soldado, dejó que el simbionte le cubriera en su totalidad, dándole una demostración gráfica de lo previamente dicho.

—Escucha con atención, porque no lo repetiré dos veces, Anthony. —El hombre de hierro movió su mano en una seña vaga para que prosiguiera. —Carol me envío, se ha percatado de una rara anomalía en el espacio...—Una carcajada estruendosa de parte de su mejor amigo, le impidió terminar con la oración.

—¿Tanto así te dejas mangonear? Rhodey...Sé que quieres mucho a tu mujer, pero ¿no crees que es demasiado que te use de paloma mensajera? —Se mofó de él, como ya era costumbre desde que habría contraído nupcias con la Capitana.

—Tony, el mundo está en peligro y lo único que te preocupa es cómo me trata mi esposa ¿es enserio? —Entendía que no había una sana relación de convivencia entre ambos, dejándole entre la espada y la pared. Rechazando todas las ofertas de Tony, una vez Danvers había presentado su renuncia oficial a Los Vengadores.

—Señor, lamento interrumpir, pero le esperan en la sala de juntas. —La voz robótica de su IA resonó entre las cuatro paredes, relajando a War Machine y sirviéndole a Iron Man como advertencia.

—El deber llama. —Y tras decir eso salió impulsado por sus propulsores, perdiéndose pronto en el cielo. El teniente masajeó sus cienes tratando de calmarse, totalmente ajeno a los feroces ojos azules que le observaban con odio a la distancia.

Algo últimamente me vuelve loco, tiene que ver con la forma en cómo me haces.

Pasaron dos semanas exactamente luego de aquello, después de compartir ese momento juntos se aseguraron de guardarlo como si fuese un precioso tesoro. Cada uno con sus respectivos propósitos, Steve para probablemente rememorarlo en un rato de perversión y en cuanto a Tony, bueno, él le daría un rumbo diferente a cada encuentro posterior a ese.

Porque claro, tal y como era de esperarse habría muchos más de igual o mayor intensidad.

¿Qué podría salir mal?

La trigésima sesión, el capitán decidió utilizar la artimaña del caramelo para comunicarse con Tony, está por demás decir que estaba rotundamente prohibido que se vieran fuera de la vista de los agentes de H.Y.D.R.A. guardianes de la integridad física de Stark.

El punto de encuentro: Aquella vieja bodega abandonada.

Luchar para tener tu atención.

Llamarte trae aprensión

—Una paleta, gesto muy propio de alguien que estuvo setenta años durmiendo en una nevera natural. —El ceño fruncido del rubio le alertó de que no era momento para bromas. —Bien... —Suspiró. —Quítatela la ropa, bonito.

—Tony, tenemos que hablar. —El semblante serio y el tono imponente resaltaron su autoridad ante el más bajo.

—Cuatro pequeñas palabras que pueden arruinarle el día a cualquiera. —Sus hábiles dedos se detuvieron a medio camino antes de terminar de desabotonarse la camisa lila que usaba.

—No puedo continuar con esto. —La ceja arriba, claro signo de confusión en el rostro del playboy, le orillaron a buscar una explicación a sus palabras. —Es decir, Tony... Sabes qué te amo, ¿no?

Textos de ti y sexo de ti,

Son las cosas que no son tan poco comunes.

A Stark le llevó varios minutos recomponerse del ataque de risa que la confesión del supersoldado le provocó. Se limpió las lágrimas que saltaron por tanto reírse para luego dar dos pasos en dirección al rubio y tomarlo de los hombros.

Steve percibió como los irises del moreno centellaban con intensidad. El fresco aliento del otro chocó con su nariz, cuando Tony se acercó peligrosamente a sus labios, abofeteándolo con el olor a menta mezclado con su perfume.

—Por favor, dime que no pensaste que yo querría estar contigo de..."Esa forma". —Haciendo comillas con sus dedos para darse énfasis, observó directamente como el fornido cuerpo frente a él se tensaba, sus ojos muy abiertos, presa de la desesperación e ira.—El sexo siempre es bueno, no lo voy a negar, —alzó los hombros con desfachatez—pero, JAMÁS me involucraría contigo más allá de lo físico, eres muy poco para mí.—El dedo que le picoteaba el pecho pasó a segundo término, ya que nada podía calarle más que la mirada fría y despectiva que le dirigía con esa expresión tan arrogante. Sintió incluso que le veía con asco. —Así que deja de decir estupideces y desnúdate, bonito.

—No.

—Disculpa, ¿qué dijiste?

—No son estupideces, Tony, yo...Me enamoré de ti. —El mercenario le tomó de las manos cariñosamente, el genio torció los labios y se zafó bruscamente.

—¿No vas a rendirte nunca, cierto? —Sus facciones se llenaron de fastidio. —Estás imaginando cosas, es tu cuerpo el que habla por ti, tu pene, para ser exactos.

—Estoy hablando en serio, Stark. —Empujándole contra la pared más cercana, impidiéndole escapar, se cernió sobre su rodilla izquierda, volviendo a tomar su mano. Haciendo con fuerza esta vez, asegurándose de marcar su silueta en toda su extensión. —Sal conmigo.

Anthony se debatió internamente entre mofarse, patearlo y salir de ahí, o tal vez pensarlo y tomar esa oportunidad tan jugosa, sabía que llegaría a este punto tarde o temprano, era justo lo que había planeado después de todo.

Sólo que no lo esperaba tan pronto.

—¿A cambio de qué? —Rogers puso cara de circunstancias, cosa que hizo que pusiera los ojos en blanco. —¿Qué gano yo de esto?

—Haré lo que me pidas, cualquier cosa.

Y la sonrisa galante de Tony resplandecía de maldad.

Lo demás había sido historia, aceptando tener una "relación" tras bambalinas—obviamente—con el asesino favorito de América, Superior Iron Man gozaba de ventajas como era librarse de la competencia sin ensuciarse las manos, los tratos con ciertos inversionistas se cerraban sin problemas, el dinero, las propiedades y los privilegios le llovían, todo gracias a su perro fiel, siempre a su lado. Dispuesto a cumplir toda petición de su parte.

Porque claro, salir con Stark conllevaba ciertas condiciones, entre ellas cerrar la boca y complacerle.

"Ah, el amor es tan divertido, siempre y cuando sea a ti a quien te adoren, claro."

De ser follamigos a ser una pareja, era una línea que Tony nunca estaría dispuesto a cruzar, Steve vivía feliz con su mentira, encerrado en su burbuja, recibiendo malos tratos disfrazados con palabras melosas.

Y ésta, tarde o temprano iba a explotar.

Dime... ¿Por qué me siento indeseado?

El rubio no sólo se había convertido en un adicto a él, sino que al mismo tiempo dependía del extremis para mantener la compostura, aquellos crímenes que por capricho a los que le forzaba a cometer. No hacían más que ametrallar la poca razón que le quedaba, dejándolo perdido las horas siguientes en aquel panorama sombrío que poco a poco se teñía de escarlata.

"Una nueva masacre ocurrió en el centro de Nueva York, el tercer homicidio consecutivo de la semana..."

Una risita escapó de los rosados labios del millonario al conocer perfectamente al responsable, no era de los que les gustara mirar las noticias, pero el simple hecho de que todo hablara de él, de manera indirecta. Lograba hacerlo pavonearse, orgulloso de lo bien entrenada que estaba su mascota.

Terminó de sacarse las prendas y se encaminó con parsimonia a la ducha, dejándose empapar por el agua caliente que se deslizaba plácidamente a través de su piel acanelada.

Su tarareo se detuvo en cuanto una corriente de aire le avisó que alguien había abierto la puerta, sabiendo de antemano que no podía ser otro más que el Capitán, le sedujo para que entrase a bañarse con él, pues había hecho un buen trabajo.

Más, sin embargo, su sorpresa fue grande cuando el cristal opaco de la ducha se movió para darle una mejor vista de Steve, cubierto de sangre con nada menos que la cabeza del coronel Rhodes colgando de su mano. El aura sádica oscurecía sus facciones, volviendo sus gestos totalmente insanos.

Fue en dirección a su amante que le observaba con horror en una esquina del baño, ese no se parecía en nada al lobo que acababa con sus rivales.

El hombre frente a él estaba poseído por la demencia—la sed de sangre inculcada tanto por él como por H.Y.D.R.A.—emergiendo desde lo más profundo de su ser.

Tony...—Con su mano libre lo tomó del cuello, alzándole sin dificultad alguna, privándole del oxígeno con su acción. Los zafiros mostraban motitas carmesíes, ajenos del brillo que su sola presencia irradiaba en ellos, reflejando su imagen ansiosa en sus pupilas contraídas casi en un punto negro, recordándole que muy en el fondo seguía siendo humano.

—S-Ste-ve...—La falta de aire en sus pulmones comenzó a pesarle, nublándole la vista a cada parpadeo, la hambrienta boca del mercenario se abalanzó sobre la suya, en un beso salvaje, extrayendo cada partícula del bendito gas vital. Aflojó levemente el agarre en su garganta, asegurándose de que estuviera consciente de lo que iba a decirle.

—Esto...—Dijo colocando la cabeza de su amigo muerto frente a él, demasiado cerca de su rostro, permitiéndole apreciar la expresión de miedo puro al momento de su muerte. —Lo hice por nosotros.

La fuerza aumentó, cortándole la respiración, sus ojos se entrecerraron enfocando la sonrisa enfermiza en el rostro de Steve mientras se carcajeaba.

Y luego, todo se volvió negro.

Me tienes tropezando, en un amor súper psicótico.

La mente de Steve estaba fragmentada.

Trastorno de identidad disociativa. Resultado del cómo tuvo que adaptarse al nuevo ambiente en el que debía desarrollarse, la primera semana fuera del hielo la pasó fatal. Gente que no conocía, metiéndole agujas aquí y allá. La poca inocencia que le quedaba abandonó su cuerpo junto a su bondad cuando los científicos se declararon bajo el nombre de H.Y.D.R.A. haciéndole ver de golpe la realidad, sí, lo habían rescatado y brindado los cuidados médicos que necesitara, pero...Tenía que ofrecerles algo a cambio, porque nada en esta vida era gratis.

Era normal que lo primero que hicieran luego de restaurarle fuera hablar sobre su nueva labor en su nueva casa,Alexander Pierce se presentó frente a él, para hablarle tanto de la nueva organización a su cargo cómo para darle un breve resumen de lo que se había perdido, la creación de S.H.I.E.L.D. y el acuerdo mutuo para el comercio de servicios. El lugar en la jerarquía sociopolítica que ahora ocupaban.

El pulpo de Red Skull y el águila de Howard y Peggy se habían fusionado.

Él se resistió a acatar semejantes órdenes, ¿dónde quedaba la justicia por la que tanto peleo? El deseo de libertad por el que sacrificó su vida.

"En el fondo del océano."

La superficie recibió de brazos abiertos únicamente a lo que era importante.

El tesseracto y su protector.

Estuvo en completo desacuerdo cuando descubrió la gama de utilidades que tenía cierto cubo mágico. Razón por la cual necesitó ser testigo de su poder.

Grabaciones, películas viejas, memorias alteradas, Bucky siendo torturado, él siendo privado de la voluntad de su propia mente.

Todo aquello le obligó a guardar los estragos de su heroísmo y pureza en su interior, congelándolo, sin ser consciente de la gran ironía que representaba el frío para él.

"Perdición y salvación."

Su personalidad pareció cambiar de la noche a la mañana, luego de una larga semana tras la pantalla y envuelto con las ondas supersónicas de una especie de máquina impulsada por la energía luminosa de lo que parecía ser un cetro, del cual no tenía idea de donde había salido, pero por lo poco que llegó a escuchar venía como un bonus del tesseracto.

El carácter del capitán Rogers se tornó imponente, extrovertido e iracundo, abandonando su dulzura y amabilidad conjunta a su época. Tal pareciera que se había adaptado exitosamente al presente. Siendo rudo y tenaz cuando la ocasión lo ameritaba, viendo por encima del hombro a sus inferiores. Sosteniendo la mirada de su superior con una ceja alzada, actitud cínica y expresión aburrida de tanta habladuría.

En general era bastante simpático...Dependiendo de la definición de cada quien.

Evitando relacionarse con gente inútil, reparó la relación de camaradería con James y su llamativo brazo de metal, tuvieron que luchar unas cuantas veces para olvidar rencores pasados. Luego conoció a Brock Rumlov, sujeto que le enseño el arte de ser mercenario. Clint Barton, una presa más de la varita mágica del espacio. Pietro y Wanda Maximoff, un muchacho hiperactivo y una chica gótica.

En general eran buena compañía, alguno que otro llegaba a exasperarle luego de un rato, Pietro en su mayoría, pero de ahí en fuera, su nueva vida estaba bastante bien.

Hasta que su identidad se volvió fluctuante.

Su primera misión realllegó y sí que la pagó con creces, lo habitual era cargarse a uno que otro idiota en traje, pero ésta en específico involucraba a una compañía completa. Colocar bombas y asesinar guardias no era cosa del otro mundo. Sin embargo, nadie contaba que el constante sonido del gatillo, el impacto de las balas, el choque de las explosiones y los alaridos de desesperación le provocaran sensaciones desconocidas.

H.Y.D.R.A. lo educó para dejarse dominar por lo que ellos llamaban Sed de Sangre. ¿Pero hasta qué punto?

Un equipo de agentes muertos, varios transeúntes mutilados, edificios colapsando y el vehículo donde se le había transportado estrellado en las altas paredes del cuartel general.

Pierce se arrancó el cabello del coraje.

Le mandó encerrar en una cámara de hierro por tres días. Lástima que una vez que salió todo se multiplicó.

El comportamiento del ex hijo de América, seguía siendo hostil, pero manteniéndose alejado de toda forma de vida, encerrándose en su ser, acatando ordenes sin rechistar e intercambiando palabras banales con las chicas con las que se acostaba y sus pocos amigos.

El hacerle enojar estaba rotundamente prohibido, ya que le provocaba una pérdida de control descomunal en la que se volvía una máquina que funcionaba a costa de vidas inocentes, los esfuerzos por mantenerlo en su jaula cada vez que esto ocurría eran en vano. Era como si en cada ataque de cólera se volviese más bestial, salvaje e indomable hasta que saciara por completo sus ansias.

Los episodios se presentaron frecuentemente, convirtiéndose lentamente en una rutina; cuyas consecuencias—si lograban calmarle—era el encierro sin motivo, ya que como era de esperarse nunca recordaba nada de lo acontecido.

Hasta que lo conoció a él.

Anthony Stark, su salvación en traje de negocios y lengua filosa.

Era normal que se encaprichara con semejante hombre tan encantador, tan sarcástico y elegante. De las pocas personas que le valía un comino llevarle la contraria, que buscaba maneras ingeniosas de molestarle y de hacerlo hablar. De presencia hipnotizante.

No tardó mucho en prendarse a tal grado de anhelar más de lo que el otro le regalaba. En espera de la oportunidad perfecta para conseguir ir más allá, su terapista le pidió un favor y de ahí todo fluyó solo.

El navío de posibilidades encontró en ese lugar de mala muerte un puerto en el cual arribar cada fin de semana.

Lo que comenzó como un juego, para el capitán Rogers siempre significó más. Desde la primera vez que sus labios se rozaron—independientes al calor del momento—establecieron una conexión con un lado suyo que ya creía muerto.

Después de Peggy Carter, del amor él ya no supo nada, aquello distaba más de ser un sentimiento a una palabra sin significado, sumando el hecho de que carecía de un contexto en el cual pudiera emplearla. Le era obsoleta.

Nunca se replanteó a voluntad propia el volverla a usar, no hasta que el soldado del invierno confesó que recibía la misma atención médica que él, en cambio, ésta a manos de una sensual ex espía rusa, ahora agente de S.H.I.E.L.D.

Los luceros celestes de Bucky resplandecían a cada palabra utilizada para describir a Natasha Romanoff. James parecía haberse involucrado románticamente con la pelirroja, por otra parte, lo suyo con Stark era meramente sexo.

Y eso era algo que necesitaba cambiar.

Fue entonces que demandó a su dirigente que fuese más permisivo con su persona, que le dejase salir cada que se le antojase sin importar el lugar y sin la molesta obligación de entregarle un reporte a su regreso. Pierce a regañadientes aceptó, aunque se mantuvo dubitativo ante su última petición.

"Stark podrá encontrarse conmigo sin fastidiosas cámaras de por medio. Es mi condición si es que quiere conservar mis servicios."

No es que el nuevo líder de H.Y.D.R.A. no confiara en el Capitán, su temor iba más allá de eso, sino el cómo le manipulaba Anthony sin duda le provocaba una terrible paranoia.

Bastaron unas cuantas horas para que la noticia llegara a oídos del culpable, Tony sonrío en cuanto escuchó la información en voz de J.A.R.V.I.S. no le fue difícil descifrar cuales eran las ideas que atormentaban la mente del rubio.

Tenía que llevar a cabo el siguiente paso de su "maquiavélico plan".

Presuroso, Superior Iron Man arribó en uno de los tantos helipuertos ilegales de Manhattan, había quedado con unos amigables terroristas interesados en comprar armería de su manufactura, tras encontrarse tremendamente desprotegidos luego de un ataque por parte de las fuerzas de Alexander. Stark no hizo más que sonreír mientras acomodaba el pliegue de su costoso saco Armani indicándole con una seña a Steve que bajara del avión y le siguiera. Ambos de traje, Tony con sus características gafas de sol con cristales rojos y Rogers enfundado completamente en negro, un pañuelo escarlata se asomaba de la solapa del bolsillo superior de su americana. El mercenario lucía imponente, despidiendo un aura mortal por donde quiera que pasaba.

Un hombre con cara de pocos amigos les invitó a pasar a una sala bastante apartada de la entrada, una vez dentro, el moreno se aventuró a tomar asiento en uno de los amplios sofás de estilo vintage, no sin antes soltar un chiste cuya referencia hizo que el Capitán gruñera en respuesta por lo bajo. Éste permaneció estático, parado cual farol a lado suyo durante toda la charla con el cliente.

—Tres millones.

—¡¿Estás loco?! La base es una mierda y ¡tú me pides semejante cantidad! Entiendo que tus productos sean de la más alta calidad, Stark, pero no puedo pagar tanto. Incluso aunque no nos hubiesen atacado, dispondría de medio millón exageradamente.

—Podríamos llegar a un acuerdo...El territorio que perdiste, dámelo a cambio.

—¿Qué? ¿De qué te sirve a ti un pedazo de tierra? —El barbudo punk—apodo otorgado por el genio—estaba que no cabía en su ostentosa silla dorada, pasándose las manos por su cabello verde limón en señal de desesperación. El pobre ni siquiera era el encargado, de hecho, ni a eso llegaba, del jefeno quedaba más que la bandana roída que traía en la cabeza—signo que lo diferenciaba de los demás—, muriendo traumáticamente en una de las tantas explosiones del atentado. —No es una zona muy fértil, en realidad el terreno está devastado y...

—Te envié el contrato de compra-venta al e-mail del que me escribiste, tienes veinticuatro horas para firmarlo, de lo contrario Los Vengadores irán a por tu gente. —Exasperado, el castaño le cortó abruptamente, dispuesto a salir de ahí sin ninguna baja, a decir verdad, no le apetecía ver gente morir ese día, algo bastante inusual en su rutina.

—Los Vengadores no asesinan personas, hasta donde tengo entendido...

—No, pero H.Y.D.R.A. sí, ¿o es qué no te bastó con perder a tu...padre? —Escupiendo las palabras casi con desprecio, Tony se levantó horondo, caminando parsimonioso hacia la puerta, el terrorista se enfureció tanto con el comentario que le tomó fuertemente del brazo, gritando una orden en idioma desconocido a sus nuevos subordinados, pronto el millonario tuvo un par de escopetas contra la cabeza. —Steve...Cariño, te toca.

Segundos, no, más bien décimas, en los que los cuerpos de los asesinos cayeron con un golpe seco, azotando el silencio en la estancia. Uniéndoseles inmediatamente los tres sujetos al fondo y un cuarto que vigilaba la salida por el exterior, todos ellos sin vida. El líder por su parte yacía preso entre el fuerte agarre del musculoso brazo del militar, despidiéndose del oxígeno que poco a poco abandonaba sus adoloridos pulmones. El moreno se apiadó de su víctima y con un movimiento de cabeza le ordenó al rubio lo liberara.

Habla ahora o calla para siempre. —Mirándolo fijo desde arriba, ya que el pobre tipo se dejó caer de rodillas en el suelo, luchando por respirar. Cuando hubo recobrado la compostura, alzó la vista enfrentándole.

—Los rebeldes no mentían...Tony Stark e H.Y.D.R.A. son una...Primero mandas a sus perros a herirnos y vienes tú después como una especie de bálsamo... ¿Nunca pensaste que podrían reportarte con Los Vengadores? —La carcajada que resonaba por las cuatro pareces de la habitación le heló la sangre, observó cómo los labios de su captor esbozaban una sonrisa ladina a tiempo que las cerúleas irises del ingeniero centelleaban cristalinas por tanto reír.

Ay, dulzura... ¿Quién crees que me envió? —Tomándole del mentón para apreciar desde un mejor ángulo el terror de su presa, continuó. —Todo esto—Señaló a las figuras inertes, pateando al más cercano, pisando luego su cuello roto, provocando un sonido desagradable. —Se hubiese evitado si no fueras tan ingenuo.

Un jadeo, posible sustituto de un grito ahogado en su adolorida garganta fue lo último coherente que salió de su boca antes de que la seriedad se apoderara del rostro del hombre de hierro y las pupilas de Rogers se dilataran de deseo.

—Mátalo.

Tras un alarido concluyente, desalojaron el lugar rumbo al hangar, en espera del jet privado que los llevaría de vuelta a la mansión Stark, Tony volvió a ponerse las gafas, revisando la fecha y hora de su siguiente cita de negocios en su teléfono, Steve sacó un par de cigarrillos del bolsillo interno de su chaqueta de cuero negro, ofreciéndole uno al más bajo que no dudó en aceptar, luego de prenderle fuego al propio, se acercó para juntar la punta con la de su contrario y encenderlo también, gesto que hallaba sensual, puesto que era algo que al terminar las arduas sesiones de sexo, efectuaban. Unas cuantas caladas y los anillos de humo con aroma a tabaco mentolado aparecieron, sacándole una mueca aburrida a Stark por lo antiguado que se le antojaba eso.

—¿Para qué quiere S.H.I.E.L.D. más territorio? Acaso ¿La mitad del mundo ya no le es suficiente?

—No es para S.H.I.E.L.D. ni para Los Vengadores tampoco.

—¿Entonces? —Cuestionó el soldado con una ceja alzada.

—Digamos que...Quiero expandirme, ¿no te gustaría follar hoy en New York y al día siguiente en Italia? No sé tú, pero creo que es una nueva forma de romper la rutina. —Un guiño y el tono sugerente bastó para que el más alto se acercara y soltara una nueva bocanada, abofeteando como rapé sus fosas nasales.

—Dudo mucho lo quieras para eso, ¿qué planeas, hojalata?

—No es de tu incumbencia, bonito, a no ser que quieras quedarte sin paga. —Amenazó.

—De hecho, no me pagas por hacer esto. —Declaró arrogante, mirándole por sobre el hombro.

—Pero sí que puedo recompensarte, tu monumental trasero en el avión, ahora. —Pidió antes de subir por la pequeña escalera y desaparecer de su rango de visión.

—Creí que no te gustaba que te vieran mientras te parto el culo...—Sus palabras quedaron en el aire al darse cuenta de que nuevamente su chófer sería el piloto automático, otra puta máquina,pensó. Desconociendo la razón, sintió la ira carcomerle las entrañas, ignorando olímpicamente al moreno que de piernas abiertas reposaba en una especie de diván. Era una aeronave de lujo, podría tener ahí hasta una cama, cualquier cosa.

Arrástrame a esquinas oscuras donde las miradas ajenas nos evitan.

Dos horas de viaje trascurrieron para llegar a San Francisco, llenas de incomodidad y tensión a nivel asfixiante, Superior Iron Man bajó, funfurruñando como fiera por semejante ofensa, comportamiento evidentemente actuado, pues Tony Stark siempre planeaba algo, observando por el rabillo del ojo como el Capitán se sumergía en un mar de pensamientos, decidió que un acto de filantropía no le vendría mal, jalándole de la manga y prácticamente correr hasta el corredor que contaba el privilegio de ser un punto ciego para las cámaras de la lujosa torre.

Rogers quiso defenderse, pero su mente al procesar que se trataba del castaño, desactivó toda defensa, rindiéndose antes esos labios hábiles que le devoraban los suyos con movimientos candentes, humedeciéndolos con la lengua que comenzaba a abrirse paso por su cavidad. Percibió como la temperatura se elevaba con cada rose de sinhuesos, embriagándose del sabor metálico de la sangre de Tony al morder sus labios entre beso y beso.

¿Cómo se supone que lo resista?
Enciendes la mecha y pierdes la vela.

Sus manos repasaron expertas los puntos sensibles de cada uno al librarse de las estorbosas prendas, manchando uno de los muros del pasillo principal con la semilla de su pecado.

El pan de cada día con el que siempre era alimentado.