Disclaimer: Los personajes, exceptuando el OC, y el mundo de One Piece no son de mi propiedad.
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—¿Qué? ¿Piratas?— preguntaba la joven mientras cruzaba el jardín siendo arrastrada por Nathan— ¿Cómo es posible que estén en el reino?
Nathan no contestó. Arrastrar a Madeleine por el jardín y estar al tanto del más mínimo ataque no era nada fácil.
La princesa echó un vistazo por sobre su espalda, en donde el mar se extendía no muy lejos de ellos. Allí podía ver un enorme barco anclado en la costa, y muchas figuras diminutas corriendo en dirección al castillo.
—Mi padre…
—Los guardias lo protegerán.
—Frederick y Chelsea…
—Estarán bien— prometió Nathan una vez que llegaron al pasillo de su habitación, en donde un grupo numeroso de guardias se encontraban armados y listos para la batalla— Escucha, Maddie, pase lo que pase, no salgas de la habitación ¿Entendido?
Ella asintió, deseando internamente que todo esto se resolviera sin ningún herido. Nathan le revolvió el cabello cariñosamente antes de escoltarla al interior de la habitación, prometiéndole que todo esto se resolvería rápido.
Una vez a solas en su habitación, se quitó los zapatos y se deshizo del peinado que Ámbar le había hecho. Los nervios comenzaron a acentuarse. Comenzó a pasearse por toda la habitación, incapaz de mitigar su ansiedad.
Piratas… ¿Qué hacían ellos en su tranquilo reino? ¿Estarían buscando dinero? Bueno, eso era algo muy probable.
Madeleine se sentó en su cama, intentando calmar su acelerado corazón. Nathan era una persona muy fuerte, al igual que el resto de la guardia, seguro podrían con ellos. Pero… ¿Y si no fuese así? ¿Y si eran demasiados? Rápidamente la joven comenzó a buscar algo con lo cual defenderse.
—A partir de mañana, comenzaré a esconder un cuchillo debajo de mi almohada— se prometió mientras revolvía entre sus cosas.
Lo más parecido a un arma, y eso era un insulto a las armas del mundo, era uno de los largos alfileres que Chelsea se había dejado antes de ir al baile.
Genial. Mientras ellos la amenazaban con sus espadas, Madeleine podría arreglar sus atuendos. Sintió la fuerte necesidad de golpearse la frente… ¡Al menos Nathan podría haberle dejado una espada!
Los minutos pasaban mientras ella permanecía alerta, armada con su alfiler. El silencio en el lugar solo servía para aumentar su ansiedad.
Tal vez ya se han ido…
De pronto, los gritos desgarradores inundaron sus oídos. Por debajo de su puerta, se filtraba una luz cálida y resplandeciente.
—Fuego...— murmuró, incrédula. Aterrada, abrió una de las grandes ventanas y se paró en el alféizar de la ventana. Su habitación estaba en el cuarto piso, pero prefería morir en las alturas a morir calcinada.
—Vamos, Maddie, solo salta— se alentaba. Afuera del pasillo se escuchaba el ruido de choque de espadas— ¿Qué es una caída en medio del bosque? Nada, solo unas piernas fracturadas o la muerte— se rió debido a los nervios.
De pronto, escuchó como la puerta de su habitación se abría de par en par. Miró sobre su hombro, esperando encontrar el sonriente rostro de su escolta diciendo que todo estaba bajo control, que no sería necesario cometer ese tonto acto suicida. Sin embargo, la persona que atravesó la puerta la dejó con la boca abierta. Ya había visto ese rostro pecoso, ese sombrero naranja, y ese llamativo collar rojo.
Puño de Fuego Ace.
El pirata la miró con una ceja enarcada y una extraña sonrisa.
—¿Va a algún lado, princesa?— preguntó con un tono bromista.
Madeleine levantó el alfiler a modo de defensa, haciendo que el pirata estallara en carcajadas.
—Déjeme en paz o le juro que lo lamentará...— bien, su voz no temblaba tanto como había pensado. Punto para Madeleine.
Ace levantó una mano en dirección a ella.
—Permítame escoltarla a su nuevo hogar, princesa.
¿Nuevo hogar? ¿Pero qué…?
—Debe estar bromeando— susurró Madeleine. La sonrisa de aquel pirata solo la perturbaba aún más— ¿A qué se refiere con "nuevo hogar"?
Madeleine notó que el silencio comenzaba a reinar en el pasillo. Maldición, y aún no venía nadie a su rescate.
—Le recomiendo que desista de ser salvada— dijo Puño de Fuego mientras se recostaba contra la pared— Mis hombres han acabado con su guardia.
Una sensación de pesadez se apoderó de su pecho. Oh, Dios, Nathan…
—Y en cuanto a "nuevo hogar"— prosiguió el pirata— Mi misión es capturarla con vida y llevarla a bordo de nuestra tripulación. Así que le pido que no haga esto más difícil y venga en son de paz…
Madeleine miró instintivamente el bosque bajo su ventana. Antes muerta que ser capturada por unos piratas. Ace pareció notar las intenciones de la chica. Creyó que no estaría tan loca como para saltar de semejante altura, pero como solía pasarle con las mujeres, se equivocó. En menos de un segundo, Madeleine estaba cayendo en picada.
—Maldición...— dijo mientras se lanzaba tras la chica.
Madeleine cerró los ojos, esperando la inevitable muerte. Sin embargo, sintió una ola de calor acercarse a ella, seguido de un fuerte agarre en su cintura. Al abrir los ojos, notó que estaba recostada sobre el pecho del pirata, con los pies sobre la tierra.
—¿Pero qué…?— se había quedado muda. ¿Cómo era posible que estuvieran a salvo?
—Veo que no eres muy lista— dijo Ace, su ceño estaba ligeramente fruncido— Ahora, sé una buena niña y… ¡Ay!
Buena niña, si, claro. Madeleine le había dado un rodillazo en la entrepierna al pirata y ahora corría en dirección al bosque. Mientras se adentraba al oscuro paisaje, podía escuchar claramente las maldiciones que lanzaba el pirata. Esperaba, mínimo, haberlo dejado sin descendencia.
Corrió por varios segundos por el oscuro paisaje boscoso. Si bien no veía absolutamente nada, conocía el bosque como la palma de su mano. Corrió y corrió por lo que le parecieron años, pero no podía perder el ritmo. No estaba segura si ese pirata la seguía, pero tampoco quería detenerse a averiguar.
Cuando llegó al claro del bosque, sintió que una mano la tiraba del brazo. Como pudo, intentó zafarse, pero el hombre era muy fuerte. En tan solo un movimiento, la tiró al suelo, con él sentado a horcajadas sobre ella.
Los ojos de Ace brillaron, victoriosos, dando la impresión de ser un niño jugando a las atrapadas.
—Me pagarás ese golpe, niña— dijo en tono juguetón. Madeleine intentó moverse, pero él la tenía bien aferrada.
—Escucha, pirata— dijo con el tono más diplomático que pudo conseguir en esos momentos— No sé qué es lo que buscan, pero si lo que quieren es dinero, solo díganme la suma y se las proporcionaré.
Ace enarcó una ceja, preguntándose seriamente si aquella princesita en verdad era idiota.
—¿Qué parte de "capturarte" no ha entendido tu delicada cabeza?
—Si me quieren capturar y con vida, ha de ser porque planean pedir un rescate a futuro ¿Me equivoco?— preguntó con el desafío plasmado en sus ojos azules.
Creo que no es tan tonta después de todo.
—En realidad, te equivocas— una gran sonrisa adornó el rostro del pecoso.
Madeleine frunció el entrecejo, confusa. Si aquellos piratas no la querían para pedir un rescate, entonces…
De pronto, una idea se le cruzó por la mente en cuanto notó la sugerente posición en la que se encontraba: ella tirada en el suelo, con el pirata a horcajadas sobre su indefenso cuerpo. Tragó saliva mientras sentía que el color se le iba del rostro.
—Me quieren como esclava sexual— susurró más para sí, pero Ace alcanzó a escucharla.
El pirata parpadeó, atónito. Retiraba lo pensado… ¡Esta chica era idiota!
—¿Qué? Nosotros no…
—¡No tendrás ni un centímetro de mi cuerpo, pervertido!— gritó mientras se retorcía frenéticamente bajo el cuerpo del pirata— ¡Ayuda! ¡Que alguien me salve!
Ace intentó controlar a la frenética chica, pero esta parecía haber sacado fuerzas ante semejante pensamiento.
—¡Oye! ¡Quédate quieta!— ordenaba Ace, pero ella hacía oídos sordos mientras continuaba gritando— ¡Nadie va a tocarte! ¡Tenemos mejores mujeres como para perder el tiempo contigo!
Madeleine quedó en completo silencio, mirando atónita al pirata. Ace lo notó en cuanto hizo contacto visual con ella: había herido su orgullo.
Una sonrisa pícara adornó su rostro al ver el incipiente enojo en la princesa. Sería fácil molestarla a futuro. Madeleine, por su parte, estaba debatiendo mentalmente la forma de romper esa linda carita pecosa. No es que quisiera que ese pirata se fijara de esa forma en ella… ¡Pero no era necesario tal insulto!
—Ace, yoi— dijo una voz detrás del pirata. El joven de sombrero naranja se giró para encontrar a Marco y a Thatch, ambos exhibiendo divertidas sonrisas— ¿Te diviertes con la princesa?
El joven sonrió al ver a sus hermanos. Sabía que habían escuchado toda la discusión con la prisionera.
Madeleine, al escuchar las voces, intentó ver sobre el hombro del pirata, pero este se levantó rápidamente y la cargó sobre su hombro.
—¿Qué…? ¡Bájame, pervertido!— la joven comenzó a patalear el pecho del pirata, pero este apenas lo sentía— ¡Como me lleguen a hacer algo, juro que tendrán a toda la marina detrás de sus feas cabezas!
—Eso sería interesante— se burló Ace mientras aferraba su mano a la cintura de la joven— Ahora, quédate callada y deja de patearme. Eres molesta.
Pero, por supuesto, Madeleine no obedeció. En cambio, comenzó a gritar aún más alto y a patear con más fuerza. A mitad de camino, Ace se cansó de la ruidosa niña y se la pasó a Thatch, quien encontraba a la joven extremadamente divertida. Marco, en cambio, tenía ganas de ahogarla en el mar.
Mientras bajaban por el camino de tierra para llegar a la playa, los tres piratas comenzaron a notar que la joven princesa permanecía en silencio por primera vez. Ace iba a lanzar una broma para hacerla enojar aún más, pero se contuvo al ver su mirada.
Madeleine tenía los ojos inundados en lágrimas mientras veía su castillo, el cual estaba siendo consumido por las llamas.
—No tenían orden de incendiarlo— dijo Marco al captar lo que la joven veía— Padre estará muy molesto.
Continuaron su viaje con la silenciosa joven en el hombro Thatch. Madeleine, absorta en sus pensamientos sobre sus amigos y familia, no notó que había subido a un barco hasta que sintió que era depositada en el frío suelo de madera.
—¿Dónde…?
—Estás en el barco de Barbablanca— le informó Marco mientras se cruzaba de brazos frente a ella— Espera unos minutos. No tardará en volver yoi.
Los tres piratas se fueron de la habitación, dejándola completamente sola. Madeleine se incorporó, recorriendo la habitación con la mirada. Era una habitación de buen tamaño, hecha completamente de madera y decorada con objetos antiguos. Frente a ella, había un trono mucho más grande que el de su padre.
—¿Quién se sienta en ese trono? ¿Un gigante?— se preguntó.
Los minutos pasaron mientras ella permanecía de pie frente al trono, intentando convencerse de que todo estaría bien. Tal vez ese pirata pecoso solo estaba jugando con ella. Es decir… ¡Por supuesto que pedirán recompensa! ¿De qué otra forma les serviría una princesa? Solo debía esperar a que le pusieran precio a su cabeza, y su padre pagaría su rescate. Después volvería con su familia y esto quedaría en un mal sueño. Si, eso tenía que ser.
El suelo bajo sus pies comenzó a moverse, lo que le dio a entender que estaban partiendo de su isla. Un nudo creció en su pecho. Tranquila, relajate… solo serán unos días. Puedes hacerlo.
Tan ocupada estaba en sus intentos de tener calma que no notó cuando una persona entró a la habitación, sentándose en el trono frente a ella.
—Mantener la calma siempre es buena opción. Incluso me atrevo a decir que es la opción más inteligente.
Madeleine sofocó un grito en cuanto vio al hombre gigante sentado frente a ella. Tenía un bigote largo y blanco, y su pecho estaba conectado a varios cables. Estaba enfermo, pero la determinación prevalecían en sus ojos.
La joven retrocedió un paso, intentando ocultarse de aquella mirada. El hombre la miraba tan fijamente que sus intentos anteriores de mantener la calma se fueron por la borda.
—Quiero volver a casa— murmuró para sí, pero Barbablanca la escuchó perfectamente.
Una sonrisa se extendió por el rostro de aquel hombre.
—Ya estás en casa, pequeña Madeleine.
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¡Bueno, esto ha sido todo por hoy! Sé que es corto pero apenas comienza.
Al fin aparecieron los piratas de Barbablanca. Trataré de mantenerme fiel a sus personalidades, y también de darles un poco más de protagonismo a cada uno.
¡Gracias por el apoyo! Y cualquier cosa, estoy a un review de distancia.
¡Hasta la próxima semana!
