Capítulo 2 La peor sorpresa
Harry se detuvo en el umbral de la puerta, incapaz de creer lo que veían sus ojos. En la sala de los Dursley se encontraban cuatro magos, tres de los cuales conocía y odiaba. En la salita de los Dursley estaban nada menos que el Ministro de la Magia, Scrimgeour, acompañado de Dolores Umbridge. Ambos tenían cara de suficiencia. Junto a ellos, dos aurores apuntaban a Harry con sus varitas. Uno de ellos era Dawlish (lo recordaba del día en que había sido descubierta la ED), pero al otro no lo conocía. Harry sacó de inmediato la varita del bolsillo de sus pantalones. Pero con un rápido accio el auror que no conocía se la quitó, y se la pasó a Umbridge.
-¿Qué significa esto? –preguntó Harry, temiendo la respuesta.
-Usted es todavía un mago menor de edad, Potter –comenzó a explicar Scrimgeour-, por lo que no tiene autorización para hacer magia fuera del colegio.
Harry se quedó paralizado, temiendo lo que iba a oír.
-Hasta el día de ayer, su custodia había sido entregada, por motivos de seguridad, a sus parientes maternos, los Dursley. Sin embargo, dado que dicha protección expira dentro de poco, y que bajo la nueva ley usted continúa siendo menor de edad, su custodia pasa desde este momento al Ministerio de la Magia.
Scrimgeour dijo esto con cara de victoria, y Harry lo odió por eso. Durante todo el año anterior, el Ministro había intentado en vano atraer a Harry al Ministerio. Y ahora, mediante un hábil cambio en la Ley, podían obligarlo. Ahora, Harry se preguntaba si todo ese ridículo cambio en la edad de mayoría no habría sido concebido con el solo propósito de pasarlo a manos de Scrimgeour.
-Dawlish y Gray, procedan –agregó enseguida.
Los dos aurores se acercaron a Harry, quien intentó retroceder. Pero el auror llamado Gray lo sujetó, mientras Dawlish hizo aparecer cinco anillos metálicos. Harry intentó escapar, asustado por el giro de los acontecimientos. ¿Qué le pensaban hacer? No tardó en darse cuenta. Mientras Gray continuaba sujetándolo firmemente, Dawlish le pasó uno de los anillos por la cabeza. Lo sujetó alrededor del cuello de Harry, y de inmediato el anillo comenzó a disminuir de diámetro.
Harry, por un espantoso momento, creyó que estaban planeando ahorcarlo. Pero no fue así. El anillo dejó de encoger sin ahorcarlo, pero Harry estuvo seguro de que ya no podría pasar más por su cabeza.
-¿Qué hacen? –preguntó nervioso-. ¿Qué es esto?
-Esos, señor Potter –respondió Scrimgeour-, son anillos de contención. Ahora son de uso obligatorio para los magos y brujas menores de edad. Impiden que pueda hacer actos de magia involuntaria.
"Bastardos", pensó Harry. Sintió un odio profundo, y deseó lanzarles una maldición a Scrimgeour y a Umbridge. De pronto, notó que el anillo que tenía en el cuello emitió un zumbido y se calentó ligeramente. Vio que Umbridge se daba cuenta de eso, y levantaba ambas cejas con cara de "lo sabía". Supuso que, de no haberlos tenido puesto, SI habría podido hacer magia involuntaria. Si los habría podido maldecir. Si... si. Estaba en problemas.
Dawlish repitió el procedimiento otras cuatro veces, en ambos brazos y piernas. Finalmente, Harry tenía en cada brazo una pulsera, y en sobre cada pie una tobillera. Se sintió como un estúpido. Se sintió como un prisionero. ¿Por qué diablos le había hecho caso a Dumbledore¿Por qué diablos había tenido que volver a casa de sus tíos¡De no haberle hecho caso a Dumbledore, ahora podría estar escondido en cualquier parte!
-Ahora deberá acompañarnos, señor Potter –agregó Scrimgeour-. ¿Hay pertenencias que le gustaría traer?
-Mis cosas están en mi cuarto –contestó Harry, con pesar.
-Escolten al señor Potter a su cuarto, y ayúdenle a bajar sus cosas –ordenó Scrimgeour a los dos aurores.
Harry subió la escalera con Gray por delante, y Dawlish por detrás. Gray tomó la jaula de Hedwig, y con la otra mano levitó el baúl de Harry, que por supuesto ya se encontraba listo. Dawlish en cambio se dedicó a vigilar a Harry, quien pensó que era una precaución sumamente estúpida. ¿Cómo pensaban que podría intentar escapar, sin varita y con esos anillos puestos?
Antes de seguir a Scrimgeour y a Umbridge fuera de la casa, Harry se dio vuelta para ver a sus tíos. Por algunos segundos tuvo la esperanza de que intentarían impedir que se lo llevaran. Pero en sus caras de triunfo vio que no había la más mínima probabilidad de que eso ocurriera.
-Adiós –les dijo.
-Hasta nunca, fenómeno –le dijo su primo.
Sus tíos, ni eso le dijeron.
AN: Harry tiene muy mala suerte... muahahahaaa ;)
