Carmín como el mar
Pasa rápidamente el tiempo cuando no estás con la persona a quien más amas, luego del incidente que tuvimos el día que salimos a tomar con tus amigos, decidí regresar a casa, no quería volver a ver tu rostro por más que mi corazón lo pidiera con pesar. ¿Acaso sabes que te acostaste conmigo cuando el alcohol te había consumido por completo?, tus manos se robaron la inocencia de tu cuerpo y las sucias palabras salidas de tu boca taladraron mis oídos hasta que dejé de escucharlas… los gemidos que soltaba tan dolorosamente junto a mis sollozos callaron todo.
Mis padres decidieron quedarse por varios meses más en su nuevo punto de control de la economía, no los culpo, es necesario cuando la globalización es lo único que define si una empresa sigue compitiendo en el mercado o no; a diario me dejas un mensaje en la contestadora, siempre preguntas si estoy bien, ¿acaso tu cinismo es así de grande?, es obvio que no lo estoy…
Como lo que hay en el refrigerador, cuando es necesario compro en el supermercado algún pote de helado o lo que hace falta en casa, a veces salgo a comer con Hakuryuu o Aladdín, nada fuera de lo común; mis notas siguen siendo las mejores de mi clase, sigo practicando esgrima tres veces a la semana y las otras dos las dedico al licor que consigo en el 24/7 de Kassim, nada puede ir mejor.
Dicen que he bajado de peso, también afirman que me ven decaído y que sufro constantes desmayos; pero yo no le veo problema a eso, son solo un par de consecuencias luego de haber perdido lo que nunca tuviste pero si amaste con cuerpo y alma.
Las películas del fin de semana son aburridas, los primetime son fenomenales pero han pasado semanas desde que los veo, no quiero pasar otras cuarenta y ocho horas pasando de niveles en absurdos videojuegos, eso sería un dejavú doloroso uno que probablemente solo yo tenga que aguantar.
El teléfono suena, con parsimonia me levanto del suelo, camino lánguido hacia él, pateando botellas vacías en el proceso, es tú número, quizá sea hora de contestar.
– ¿Qué quieres? –Pregunté recostándome sobre la pared lentamente, escucho tu suspiro, ¿acaso pregunté algo malo?– ¿para qué me llamas?, Tío Sinbad
– ¿Por qué me has estado ignorando? –No quiero responder eso, no es tan sencillo decir que me partiste mi parte baja cuando no eras consciente de tus movimientos.
– No quiero saber nada más de ti –Es una gran mentira, yo lo sé y tú también– ando ocupado en la escuela y no tengo tiempo como para andar haciendo estupideces
– Alibaba, podremos tener confianza pero eso no implica que debas faltarme al respeto –Niego con la cabeza, eres un maldito, ¿por qué me hablas de esta manera?– tan solo llamaba para avisarte que cuando quieras puedes venir a mi departamento y pasar un fin de semana, al final debes sentirte solo sin tus padres.
Cuelgo, dejo que mi cuerpo se recueste sobre la fría madera y me permito derramar todas las lágrimas que estuve aguantando durante todo este tiempo, la fría soledad carcome mi alma y eres tú el único que logra calmarme, ¿Qué pasa cuando el sol que ilumina a una persona lo enceguece de tal manera que esta solo puede ver oscuridad?...
Me arrastro por varios minutos hasta que alcanzo la puerta principal, salgo rápidamente, aun el clima es conveniente para salir sin abrigarse, tomo el tren, espero media hora parado cerca de una de sus puertas y cuando estas por fin se abren en la estación a la que necesito llegar, salgo corriendo rápidamente, el raciocinio no existe cuando deseas creer en algo.
Salido con una sonrisa al portero y sigo con mi trote por las escaleras, las piernas duelen, mi pecho se quema, solo siento dolor en este momento, ¿acaso esto es un suave aviso para mí?, abro la puerta con delicadeza, quizá con miedo a interrumpirte y en realidad estaba en lo cierto.
Los gemidos llegaron hasta mis oídos como agujas que atraviesan la piel con lentitud, parpadeé incansablemente hasta que logré ver, ¿era necesario volver a llorar?, titubeando me quito los zapatos e inicio el viaje hasta tu habitación; no es necesario terminarlo, ustedes han dejado la puerta de par en par y puedo ver por el espejo como penetras tan delicadamente a Ja'far, ¿no que adorabas profundamente lo rebelde que era ese hombre?, por lo que veo, el rebelde eres tu…
Se besan con delicadeza e instintivamente tapo mi boca al comenzar a sollozar, esto no es justo, no lo es, te ves tan feliz, le acaricias su rostro y le das besos en cualquier lugar de este, ¿por qué conmigo no fue así?, ¿acaso lo hiciste por pesar?, si el mundo está hecho para entregarme a ti, ¿por qué tu no lo haces conmigo?
Sus gemidos de puta siguen haciéndome sufrir, ahora se sostiene de tus brazos y grita tu nombre a cada nada, yo estoy arrodillado llorando, ¿puedo llegar a hacer algo más?, sigo allí, en ese mismo lugar viendo como mi corazón es destrozado lentamente, comienzas a gruñir de manera desesperada y segundos después un te amo, sale de tus labios.
Asiento con mi cabeza, limpio las lágrimas que aun recorren mis mejillas y deseando no ser visto, salgo rápidamente, me largo de ese sucio lugar.
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Llegué a casa destrozado, tomé la última botella llena que encontré, la abrí con desesperación y el líquido de esta quemó por completo mi garganta.
Busqué en mi baño las pastas para mi tediosa ansiedad, esta solo me da antes de los exámenes finales, muy conveniente en realidad… dejé de tomarlas cuando me dijiste que eso mostraba lo débil que era, me gustaría que volvieras a verme así. No sé cuántas había en ese hermoso frasco de cristal, solo sé que hicieron una buena combinación con lo que estaba bebiendo.
No me amas Sinbad, todo mi amor es unilateral, vivo para verte vivir con alguien más, siempre me quedo esperándote en el mismo lugar, ni el dinero, ni la amistad, ni mis padres logran sacarme de esta depresión tan patética, lo supe cuando vi mi reflejo en un espejo; mi vitalidad se fue junto a la virginidad que me robaste.
El cuchillo más pequeño de la cocina me seduce cuando voy a botar las muestras de mi pecado, sonrío, ¿si me corto las alas dejaré de sufrir?
El dolor atraviesa mis muñecas, ese corte vertical en ambas me hace reír, nunca creí que el carmín fuera tan maravilloso junto al color caoba del suelo, ¿acaso puedo nadar sin mar?, comienzo a esparcir ese hermoso rojo por todo el lugar, mi cabeza comienza a dar vueltas y caigo mirando fijamente la puerta.
Esta se abre justo cuando veo a alguien entrar, ¿de quién será esa hermosa voz que me llama de manera tan desesperada?, ¿quizá eres tú?
No lo sé.
¿Quizás soy yo?
Tal vez.
