Capítulo 2 La fiesta más aburrida

"Al diablo contigo" pensó Harry, decidiendo ignorar a su angelito. Diablito miró con suficiencia a su contrario. ¿Qué tanto podía pasar? Sólo iría a la casa de los vecinos, y volvería dentro de un rato. No haría nada peligroso, y nadie tenía por qué enterarse.

Dejó junta la puerta de calle (no tenía llave) y salió detrás de sus nuevos amigos. Había temido que Snape dejara alguna barrera mágica, pero no. Nada ocurrió cuando salió.

La casa estaba llena de gente, con los aspectos más variados. Había mucho humo, muchos vasos plásticos, botellas y latas repartidos en cada superficie disponible. Había música. Una música pesada. La gente se encontraba en grupos, la mayoría sentados en el suelo. Se quedó contemplando el espectáculo, con una sensación extraña de "¿qué estoy haciendo aquí?". De pronto, sintió que le agarraban de la muñeca, y la voz de Sonia cerca de su oído, para que la escuchara por sobre la música.

-Vamos.

Harry se dejó guiar a través de una cocina grande y desordenada. Había una pareja besándose apasionadamente, apoyada en un mesón. Pero a nadie parecía llamarle la atención. Sonia continuó guiándolo hacia el patio de atrás. Había una terraza, con varios asientos y una mesa baja llena de más vasos, botellas, y latas. También había un recipiente con papitas fritas. Había una decena de jóvenes, entre los que estaban Ian y Henry. Varios lo miraron con curiosidad, y un par de tipos se dijeron algo al oído, riéndose. Harry se sintió un poco cohibido, pero saludó cuando lo presentaron. Una chica que dijo llamarse Caty le hizo espacio, y Sonia se sentó al otro lado. Harry fue conciente que era más bajo que cualquiera de las dos. Temió haberse puesto colorado, pero como había poca luz, no importaba mucho.

-¿Así que eres vecino de Sonia? –le preguntó la que se llamaba Caty.

-Si. O sea… más o menos. Voy a estar aquí por algunos días –contestó Harry. Sacó unas papas fritas, para tener algo que hacer con las manos.

-¿Estás todavía en el colegio? –le preguntó Sonia.

-Si.

-Nosotras acabamos de terminar –informó Caty.

-Que bien –respondió Harry, y al instante maldijo el no encontrar alguna respuesta más interesante. Sonia interrumpió sus pensamientos, poniendo un vaso con algo en sus manos.

Harry lo probó. Era alguna clase de trago, mezclado con Cocacola. Lo encontró fuerte, y un poco amargo, pero siguió bebiendo de todos modos.

Las chicas no le siguieron hablando. Se habían metido en otra conversación. Harry comenzó a prestar atención, pero pronto se aburrió. Discutían sobre si un tal Tomás tenía o no cojones para quitarle la novia (una tal Isabel) a un tal Max. Como ninguno de esos tres personajes parecía estar en la terraza, Harry pronto se aburrió. De pronto comenzó a sentirse mareado. Notó que se había tomado casi todo el contenido del vaso. Desde ese momento, concentró todos sus esfuerzos en mantener una actitud digna. Le había dado sueño, cosa que un rato antes había creído imposible. Deseó poder volver a su cama, y olvidarse de esa fiesta aburrida, donde no conocía a nadie. Pero se sentía aprisionado entre las dos chicas, estaba aturdido, y no estaba seguro de si conseguiría desplazarse hasta la casa de Helena. Sentía la conversación lejana. De pronto Sonia se fijó en él. Estaba fumando, y le ofreció su cigarrillo, con una sonrisa.

Harry nunca había fumado cigarrillos, pero lo aceptó de todos modos. Se concentró todo lo que pudo, e hizo como siempre había visto que la gente fumaba. Lo consiguió, tosiendo sólo una vez, y se lo pasó de vuelta a Sonia con un "gracias" un poco ahogado.

Pasó algún tiempo, Harry no supo cuanto. Fue conciente de haberse quedado dormido en al menos tres oportunidades, pero ignoraba por cuanto tiempo. Era como una pesadilla. Deseaba su cama, pero se sentía incapaz de pararse, e irse. Los chicos que lo rodeaban ya no le prestaban atención. En un momento, había escuchado a uno de ellos preguntar qué le pasaba. Oyó como Sonia respondía "Parece que se quedó dormido".

Finalmente, el frío lo despertó. Había menos gente, y escuchó que cantaban algunos pajaritos. Se sentía un poco menos mareado, y se puso de pie.

-¿Te despertaste? –le preguntó Ian, con algo de burla.

Harry tuvo ganas de responder que era obvio, ya que se había puesto de pie. Pero Sonia contestó antes que él, con algo de fastidio en la voz.

-No molestes, Ian.

Harry no tenía ganas de discutir. Sólo quería su cama, y estaba dispuesto a aprovechar que por fin se sentía en condiciones de volver a la casa. Dijo un "Gracias" y un "Adiós" general, y se fue por donde recordaba que había llegado.

Finalmente cruzó la calle en medio de un concierto de pajaritos. La puerta estaba junta, como la había dejado, y al poco rato ya se encontraba en su cuarto. Lo había conseguido.

Se sacó los zapatos, se metió vestido a la cama, y se quedó dormido de inmediato.

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Harry se despertó, sintiendo que alguien lo remecía y decía su nombre. Abrió los ojos, y se encandiló por la cantidad de luz. Se acomodó los anteojos. Había olvidado quitárselos antes de dormir, y se le habían caído hacia la boca.

-Harry, ya va a ser la hora de almorzar. No puedes seguir durmiendo.

Era Edelmira, que lo miraba con cara de preocupada. Harry se sentó en la cama, y se rascó los ojos y la cabeza. De pronto Edelmira hizo algo muy extraño, acercó su cara al cabello de Harry, y le olió la cabeza. Harry, instintivamente, se alejó de ella.

-¿Qué pasa? –preguntó Harry, extrañado.

-Eso me gustaría saber a mi –le dijo Edelmira muy seria, alejando su cara de la cabeza del chico.

Harry la quedó mirando. ¿De qué diablos estaba hablando?

-No me mires con cara de desentendido, Harry –le dijo ella con un dejo de impaciencia. Se sentó en la cama, frente a él-. ¿Por qué tienes olor a marihuana?

-¿Qué? –preguntó Harry, extrañado.

-A mi no me engañas, Harry. Tu pelo huele a marihuana. ¿Y por qué duermes vestido?

Harry gruñó. La mañana estaba empezando muy mal. Miró alrededor de su cuarto. En realidad ya ni siquiera era de mañana.

-Me quedé dormido vestido. Y no huelo a marihuana –se defendió.

-Esto es algo serio, Harry –insistió ella-. ¿Desde cuando la fumas?

-¡Ya le dije que no fumo marihuana! –le gritó Harry, enojado-. No sé qué estará oliendo usted, pero se equivoca.

-Como quieras, Harry –contestó ella, parándose. Lo miró con el ceño fruncido-. Bueno, por favor date una ducha, ponte ropa limpia, y baja a almorzar. La señora Helena a estado toda la mañana esperando que te levantes.

-Si, señora Edelmira –contestó Harry, sintiéndose mal por el modo en el que le acababa de contestar. Decidió mejor disculparse-. Siento haberle gritado.

-Está bien. Entiendo que no me lo quieras decir a mi. Pero no me tomes por una tonta, Harry. Conozco bien el olor que sentí en tu cabeza.

Tras decir esto, la mujer se dio media vuelta y salió del cuarto.

-No sé de qué me está hablando –murmuró Harry, levantándose.

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El almuerzo estaba rico. A Harry le gustaban los ravioles. Pero no los disfrutó mucho. Helena le preguntó cosas del colegio todo el tiempo, y Edelmira en cambio no le decía nada, pero no paraba de mirarlo con cara de "a mi no me engañas". Harry optó por ignorarla, y se tranquilizó pensando "a mi que me revisen". Porque era verdad: podían registrarle cada una de sus pertenencias, y no encontrarían nada para acusarlo de nada.

Al terminar de comer, Harry no tenía muchos deseos de ayudarle a Edelmira, como lo había hecho durante las vacaciones de Pascua. De modo que cuando la señora Helena lo invitó a la sala para "seguir charlando", Harry aceptó de inmediato. Miró a Edelmira, como para disculparse, pero ella ya había desaparecido por la puerta que daba a la cocina.

A la media hora de estar con la señora Helena, Harry ya estaba aburrido. Tal era su tedio, que se dedicó a desenredar una maraña de hilos de bordar de colores que la anciana tenía en una lata que había contenido, alguna vez, galletas.

Con gran paciencia los fue desenredando uno a uno, mientras veía que las manecillas de un reloj que había sobre la chimenea se arrastraban lentamente, marcando el paso de la tarde más larga que Harry recordaba en mucho tiempo.

Edelmira entró en un momento dado, trayendo té y unas galletas que olían y lucían muy ricas. Harry buscó su mirada, sintiéndose un poco mal de que la señora estuviera enojada con él. Pero ella no lo miró en ningún momento. Cuando salió, llevándose la bandeja vacía, Harry estuvo tentado de seguirla.

De pronto, se escuchó el timbre. La viejita se levantó de inmediato para mirar por la ventana quien era, y Harry escuchó que Edelmira atravesaba el vestíbulo y salía.

-¡Es mi niiiño! –dijo la anciana emocionada soltando la cortina, y yendo al vestíbulo lo más rápidamente que su bastón le permitía. Harry dejó lo que quedaba de la maraña de lado, para seguirla.

Snape había vuelo antes de lo previsto. Se veía cansado, pero contento de haber llegado.

-Tía abuela… –le dijo con cariño a la anciana, abrazándola-. ¿Ve que volví pronto?

-Si, mi niño –le contestó la señora-. Más te valía.

-¿Y cómo se portó este malcriado? –preguntó Snape, riendo-. ¿No les dio muchos problemas?

-Ninguno… -contestó la anciana con una gran sonrisa-. Es un verdadero caballerito. ¿Verdad Edelmira?

Harry miró algo preocupado a la señora Edelmira. Pero esta sólo contestó:

-Desde luego señora…

-Harry me ha estado ayudando toda la tarde –dijo la señora Helena con orgullo-. ¿Verdad cariño? –agregó pellizcándole cariñosamente una mejilla.

Snape miró a Harry divertido, mientras Harry trataba de alejar su cara de la mano de la anciana.

-Bueno... me parece excelente –dijo con algo de malicia-. Entonces no lo entretendré más. Ve, Harry. Ve con la señora Helena a la sala, mientras yo subo mi equipaje.

Harry volvió a la sala con la viejita, y se resignó a reanudar la tarea auto-impuesta de acabar con el enredo de hilos. No había pasado ni cinco minutos cuando Snape entró, sonriendo malévolamente. Tenía su cámara fotográfica en la mano, y miró a Harry con picardía. Harry comprendió, demasiado tarde, que Snape acababa de devolverle la broma. ¡Seguro que le había sacado una fotografía con la maraña en las manos!

-Mi niño… -dijo la anciana, emocionada-. Que bueno que ya estés aquí. Siéntate con nosotros. ¡Te he extrañado tanto! Ayer te quedaste tan poco tiempo, ingrato…

-Bueno, tía –le dijo Snape dándole un beso en la frente. Luego le cerró un ojo, y agregó en tono de broma-: ahora me voy a quedar hasta que se aburra de mi, y termine rogándome que me vaya.

-Eso no ocurrirá nunca, mi niño… -contestó la anciana, indignada. Pero de inmediato sonrió-. Ven, siéntate a mi lado.

-Vendré de inmediato, tía. Pero antes voy a hablar una palabrita con Edelmira.

-¿Con ella¿Para qué? –preguntó la señora Helena, extrañada.

-No lo sé. Me dijo que tenía algo importante que hablar conmigo. Ya vengo.

Harry miró un poco asustado al brujo que desaparecía rumbo a la cocina. ¿Sería para irle con el chisme de que fumaba marihuana? Se encogió de hombros. Que lo acusara, si insistía. Total, él no tenía nada de marihuana. Sospechaba, después de lo que Edelmira le había dicho al despertarlo, que en la fiestecita de Sonia había habido alguien fumando eso cerca de él. Pero no importaba: él no fumaba, y de todos modos se había lavado el pelo. Edelmira podía decir lo que quisiera. No tenía ninguna prueba de sus acusaciones.

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AN: Por supuesto... Diablito ganó. ¡Gracias por sus reviews!