Capítulo 2

_ прывітанне, Літва (*)…

El bielorruso, arrodillado en el suelo y apoyando sus brazos sobre la cama de la chica, mirándola fijamente con una expresión de indiferencia y aburrimiento total y absoluto.

_ ¿¡N-Nikolai!?

La joven lituana sintió como su cuerpo se agitó dando un pequeño respingo al verle allí, apoyado en su cama mientras la miraba fijamente con esos preciosos ojos azules que tanto la atraían. Helena se sentó sobre el colchón y miró un par de veces a su alrededor para asegurarse de que estaba en su casa. Se encontraba un poco confundida. Quizás aún seguía en casa de Anya, quizás no le habían concedido esos días de descanso, quizás todo el viaje a Lituania había sido un sueño. Sin embargo, cuanto más miraba a su alrededor, más cuenta se daba de que aquella era su habitación. Esas eran sus paredes de color blanco impoluto, sus cuadros con paisajes de hermosos campos verdes y flores de vivos colores, su cama de sábanas rosáceas, su tocador lleno de productos de belleza y varios frascos de perfume, su armario abierto… Un momento, ¿abierto?

Nikolai se había levantado hacía un par de minutos dejando que Helena saliera de su estado de "shock" y se había puesto a curiosear por su dormitorio. Lo primero que decidió investigar fue su armario. No es que fuera algo novedoso, después de todo, él había estado en casa de la chica en varias ocasiones y conocía de sobra su vestuario, sin embargo quería saber si la lituana había comprado algún "trapito" nuevo.

_ E-estoy soñando… ¿Verdad? _Preguntó la chica mientras se pellizcaba uno de sus brazos. Puede que la realidad se hiciera patente y no dejara duda de que aquello no era un sueño, pero la imagen de Nikolai en su casa era demasiado perfecta para que fuera de verdad.

_ No. No lo estás. _ Contestó el de manera escueta mientras miraba con detenimiento algunos vestidos del armario.

_ Entonces estás aquí de verdad, e-en mi casa. Conmigo… En mi cuarto… A s-solas… _ En cuanto se dio cuenta de la situación en la que se encontraba sintió sus mejillas sonrojar levemente mas rápidamente agitó su cabeza un par de veces disipando aquellos perversos pensamientos que se comenzaban a formar en su traviesa mente_ ¿Qué haces en Lituania?

_ Quería el desayuno. Estonia no cocina bien, Letonia huye en cuando me ve y está claro que no voy a molestar a mi querida hermana para que me haga el desayuno. No me ha quedado más remedio que venir a verte. Así que… ¿a qué esperas? Hazme el desayuno.

Helena no podía creerlo. No podía ser cierto que el chico hubiera pagado un billete de avión y hubiera pasado unas horas en el mismo solo para ir a su casa a pedir comida. Pero lo era. Nikolai era así de impulsivo, si algo quería era capaz de hacer lo que fuera para conseguirlo exactamente como él precisaba en su retorcida mente. Incluso colarse en su casa burlando todas las medidas de seguridad, entrar en su dormitorio y quedarse allí por a saber cuánto tiempo esperando a que despertara. Todo por un desayuno.

_ ¿Cómo has logrado entrar? Tenía cerrada la puerta de entrada con llave… _ Preguntó mientras se frotaba los ojos procurando desperezarse.

_ ¿No te gusta que esté aquí?

_ ¡N-no es eso, no! _Exclamó rápidamente_ No me malinterpretes, me encanta que me vengas a ver. Solo tenía curiosidad.

_ Fue fácil. Si he conseguido abrir las cerraduras de la casa de mi hermana, ¿cómo no voy a ser capaz de abrir las de tu casa? Apenas tienes medidas de seguridad. Un cerrojo no es nada para mí. _Dijo Nikolai mientras examinaba lo que parecían ser nuevas prendas que había comprado la chica recientemente. Eran vestidos muy distintos a los que usaba en casa de Anya. Estos eran coloridos, ligeros, tenían estampados alegres, la tela era fina, eran más cortos… Sacó un vestido de color rosado y con bastante vuelo y se lo mostró exigiendo explicaciones sobre él.

_ Oh, ese me lo regaló Polonia. _Contestó olvidando el hecho de que se había colado en su casa, ya estaba acostumbrada a las locuras del chico. No iba a hacer un drama de ello, además, no es que la molestara que estuviera allí. _ Solo lo uso cuando estoy aquí porque cuando estoy en Rusia no sería muy cómodo para trabajar. Y como cuando estoy en Rusia siempre estoy trabajando para la señorita Anya… N-no me merece la pena llevarlo.

Nikolai simplemente asintió y siguió revolviendo hasta que encontró un conjunto bastante interesante: Dos piezas, un corsé y una falda muy ajustada de cuero que más que falda parecía un cinturón ancho. Todo de color negro brillante, extremadamente revelador. Le recordaba a uno de esos trajes que usaban algunas parejas para "jugar" en el dormitorio. Lo sacó y se lo mostró a la chica mientras levantaba una ceja.

_ Sabía que eras un poco masoquista, pero no tanto.

_ ¡N-no mires eso, no mires eso, no mires eso! _Exclamó la chica muerta de la vergüenza mientras se levantaba rápidamente de la cama e intentaba arrebatarle el provocador conjunto, aunque sus esfuerzos resultaban un poco inútiles ya que Nikolai la superaba en altura y en fuerza.

_ Pervertida.

_ ¡N-no lo soy! E-es... ¡Un regalo indeseado!

_ Mentirosa.

Nikolai decía todas estas cosas mientras portaba una pequeña y maliciosa sonrisa en su rostro que pasó inadvertida por la lituana ya que se encontraba ocupada intentando coger la prenda. Ciertamente el chico sabía de sobra sobre los gustos de su compañera, había encontrado "sin querer" en su armario látigos, esposas... Al principio no sospechó nada, pero pronto comenzó a imaginarse por qué tenía todos esos objetos escondidos en lo más profundo de su armario.

En defensa de la lituana, había que decir que Helena jamás había usado esos objetos, solo sentía cierta atracción y curiosidad por ellos. Era demasiado vergonzosa como para usarlos realmente.

Tras un par de minutos finalmente logró arrebatarle el conjunto al bielorruso, rápidamente lo metió en el armario de nuevo y cogió el vestido rosado que antes había sacado el chico. Eso sería lo que se pondría ese día. Cerró el armario y apoyó su espalda contra las puertas ahora cerradas para impedir que el joven volviera a abrirlo, al menos en su presencia.

_ E-esto... ve al salón. En un momento voy yo y preparo el desayuno, en cuanto me prepare. P-puedes ver la televisión si quieres. _Ofreció la chica aún conservando el sonrojo en sus mejillas.

Nikolai hizo lo que le decía y caminó despreocupadamente hacia el salón manteniendo las manos en los bolsillos de su pantalón. Helena respiró algo más aliviada cuando le vio salir. Por su parte ella se encaminó hacia la ducha para comenzar a prepararse.

Una vez que sintió el agua caliente acariciando su cuerpo se sintió mucho más relajada, el suceso ocurrido anteriormente quedó prácticamente olvidado gracias a la grata sensación del agua limpiándola, purificándola.

La chica adoraba las duchas de agua caliente de larga duración, pero no podía disfrutar de ellas en muchas ocasiones, así que se podían considerar un lujo. Bajo el agua tenía tiempo para reflexionar, pensar en cosas triviales y fantasear. Esta vez su mente decidió hacer esto último. Sin embargo era una fantasía inocente. Se imaginó a ella misma vestida y peinada como un ama de casa de los años 50, cocinado mientras tarareaba alguna cancioncilla alegre y esperando la llegada de su marido a casa. El bielorruso, portando un traje con corbata y un maletín de empresario bajo el brazo, entraría en su casa clamando un sonoro: "Cariño, ya estoy en casa" Y ella, con pasos gráciles iría a recibirle con un abrazo y un beso. Luego hablarían del día de ambos, se casarían, tendrían hijos y vivirían felices para siempre... Lástima que solo fuera una fantasía.

Mientras tanto el bielorruso se sentó en el sofá y encendió la televisión poniendo un canal al azar, con lo que no contaba era con que todos los programas y películas estaban doblados en lituano, un idioma del que él solo conocía un par de palabras. Suspiró y decidió entretenerse mirando las imágenes, mejor eso que nada.

Unos minutos después, Helena salió de la ducha ya vestida y terminando de secarse el pelo con una toalla. Se dirigió al salón y encontró al chico con cara de aburrimiento mientras veía una película.

_ ¿He tardado mucho? Espero que no te hayas aburrido...

_ No entiendo la televisión. _Dijo el chico sin molestarse en mirar a la lituana mientras ella se sentaba a su lado en el sofá. Helena rió un poco al entender que no lograba comprender el idioma.

_ Deberías haber aprendido lituano cuando eras pequeño, cuando estuviste en mi casa.

_ Era un idioma difícil y no quería darte la satisfacción de convertir tu idioma en el idioma oficial de mi país.

_ Y-yo nunca pretendí eso... Cuando estuvimos juntos en el gran Ducado te dejé que conservaras tu cultura, costumbres e idioma... Solo pensé que sería bueno que aprendieras. _Respondió la chica un poco decepcionada al saber la mala imagen que tenía de ella.

_ Hazme el desayuno. _Dijo simplemente Nikolai tratando de evitar el tema. Estaba claro que ella tenía razón. No le había obligado a aprender nada ni le había hecho renunciar a demasiadas cosas, tenía que admitir que había sido bastante feliz en la casa de la chica por aquellos tiempos, además, gracias a ella se había desarrollado y había crecido como nación muchísimo. Claro que esto jamás se lo diría a la cara. Era demasiado orgulloso para hacer eso, y, a parte, debido a que él estaba en el Gran Ducado de Lituania, no había podido estar con su amada Anya. Así que todas las cosas buenas quedaban en nada dado el hecho de que le "torturó" prohibiéndole ir con su hermana Rusia.

La chica asintió dejando el tema de lado y se levantó del sofá dispuesta a hacer el desayuno. Cuando se levantó, Nikolai la miró discretamente. Era increíble lo cambiada que parecía la muchacha ahora. El vestido le quedaba muy bien y resaltaba su figura haciéndola esbelta. Parecía más femenina, más grácil, alegre... más guapa. En definitiva más feliz.

Lituania preparó un desayuno sencillo ya que no quería hacer esperar mucho al bielorruso. Preparó café con leche, dos vasos de zumo de naranja natural y unas tostadas untadas de mantequilla y mermelada de melocotón. Un desayuno sencillo y dulce, justo igual que ella.

Ambas naciones se sentaron a la mesa y se dispusieron a comer. El bielorruso tenía que admitir que adoraba la cocina de la chica, bueno, esa la razón principal por la que estaba en su casa, ¿no? Así que comió con ganas y saboreándolo todo muy bien. Estaba centrado en la comida hasta que algo más llamó su atención, y ese algo era la propia Helena, concretamente su pelo: Lo llevaba suelto. Normalmente la chica lo recogía en una trenza a un lado de su cabeza, hacía mucho tiempo que no la veía con el pelo suelto. Le daba un aspecto más libre. Esa era la palabra adecuada.

_ ¿P-pasa algo? _Preguntó la chica al notar que Nikolai la miraba demasiado, cosa que era extremadamente rara.

_ No, nada. Que llevas el pelo suelto. _Dijo mientras cogía suavemente un mechón de pelo de la chica para soltarlo delicadamente un par de segundos después. Este dulce gesto hizo ruborizarse a la lituana.

_ O-oh, es eso. Cuando estoy aquí lo llevo suelto. En casa de la señorita Anya resultaría molesto para el trabajo. A-además, ella me dijo que o lo recogía o me lo cortaba. Así que tampoco es que tuviera otra opción. _Comentó riendo nerviosamente al recordar las severas palabras de la rusa. _ ¿Me... me queda bien?

_ Supongo. No te queda mal. _ La joven sonrió al recibir esta respuesta y se lo tomó como el cumplido más romántico del mundo. Nikolai, que se dio cuenta de la reacción de Helena, rápidamente rectificó. _ Pero Anya es más guapa.

_ B-bueno... Es cierto que Anya es más llamativa. Es rubia y tiene los ojos de color violeta... Supongo que eso gusta más a los chicos. _ Comentó la chica suspirando y notando cómo la alegría que había sentido antes desaparecía por momentos. Por un momento deseó ser Anya.

Una vez que acabaron de desayunar, Helena recogió los platos y los lavó. Cuando terminó se dirigió hacia el bielorruso de nuevo.

_ Nikolai, ¿quieres ir a dar una vuelta por la ciudad? Aquí en casa nos aburriremos.

_ Está bien. Pero no se te ocurra llevarme a ver ningún museo. No me apetece escuchar a un estúpido guía hablando sobre cosas que ya sé de sobra.

_ No tenía pensado llevarte a un museo. _Dijo la chica riendo ligeramente. _ Pensaba ir a la playa.

En cuanto la joven mencionó la playa, Nikolai pareció animarse del todo. Sus ojos comenzaron a brillar de pura emoción e incluso, el mechón de pelo que sobresalía en su cabeza, comenzó a moverse como si se tratara de la cola de un perro a punto de salir de paseo. Ante esta imagen Helena no pudo evitar reír con algo más de fuerza. Sabía que en Bielorrusia no había playa y que Nikolai disfrutaba mucho del mar cuando iba a su casa, así que, ¿qué mejor lugar para llevarle?

Dicho y hecho, ambas naciones salieron y se dirigieron a la playa. No tardaron demasiado ya que la casa se encontraba relativamente cerca de ésta. Lituania podía presumir de tener las playas muy limpias, desde muy temprano había organizado varios programas para concienciar a sus ciudadanos de que aquellas zonas eran pequeños paraísos que debían ser cuidados. Todos podían disfrutar de la playa y del mar siempre y cuando dejaran el lugar limpio. Nada de colillas de cigarrillos gastados, ni plásticos, ni juguetes abandonados, latas de refresco… Los habitantes afortunadamente cumplían las normas, así que la playa era un lugar maravilloso en el que pasar la tarde.

El Sol brillaba en el cielo, sin embargo corría una brisa fría característica de la estación primaveral que apenas comenzaba. De este modo decidieron que no era el mejor momento para bañarse, pero eso no les impidió pasear cerca de la orilla del mar.

El primero en acercarse a la orilla fue el bielorruso, que corrió en dirección al mar cual niño pequeño en una tienda de caramelos. Rápidamente se agachó en el suelo quedando casi sentado y acarició el agua salada mientras cerraba los ojos. La sensación del agua fría rozando su piel y el sonido de las olas le relajaba de sobremanera. Era una sensación simplemente maravillosa.

Helena caminó con más lentitud hasta llegar hasta donde se encontraba el chico. Se arrodillo junto a él en silencio no queriendo interrumpir su pequeño momento de tranquilidad.

_ ¿No echas de menos en mar cuando estás en Moscú? _Preguntó Nikolai ya abriendo los ojos tras un par de minutos en el más absoluto silencio.

_ No realmente. T-tú me recuerdas un poco al mar de mis tierras, a-así que no. _Contestó tímidamente la chica. Ante la mirada de confusión que le dedicó el chico decidió ser más precisa. _ B-bueno, tus ojos son azules, del mismo color que el mar. Así que si tengo nostalgia simplemente tengo que mirarte a los ojos.

_ Acosadora.

_ N-no es acoso, es un halago. _Dijo Helena bastante nerviosa tras haber realizado aquella romántica confesión.

Ciertamente Nikolai había dicho aquello un poco en broma. Después de todo él no era el más indicado para hablar sobre lo que era acoso o no ya que se pasaba la mitad del día persiguiendo a su hermana e instándola a casarse con él, vigilándola, siguiéndola a escondidas a cada lugar al que iba, llegando incluso al extremo de colarse en su habitación y mirarla mientras dormía. Pero para él todas estas acciones no eran acoso, era simplemente que "velaba por la seguridad de su amada hermana".

_ Mmm… pues tus ojos… _Dijo Nikolai casi en un susurro mientras agarraba a la lituana por los hombros y se acercaba peligrosamente a su rostro, llegando a estar a un par de centímetros de sus labios. Helena por su parte estaba sonrojada a más no poder, un leve movimiento de cabeza y se estarían besando. Su corazón aleteaba en su pecho cual colibrí, a punto estaba de salirse de su pecho. Nikolai continuó hablando._ Tus ojos son verdes.

Ante esta respuesta toda aquella emoción que sintió la chica se evaporó rápidamente y mentalmente se golpeó la frente con la palma de su mano. De verdad que pensaba que Nikolai la iba a besar. Se dijo a sí misma que debería fantasear menos con cosas que resultan imposibles.

_ Qué romántico… _Susurró ella casi para sí misma.

_ Ya sabes que no. _Contestó el bielorruso burlándose un poco de ella mientras se separaba y soltaba los hombros de la chica.

Tras este pequeño "momento romántico" el bielorruso clavó su mirada en el suelo y se dispuso a escarbar en la arena en busca de conchas. Enseguida encontró varias de ellas y, tras reunir un puñado, se dedicó a clasificarlas quedándose con las que estaban enteras y desechando aquellas que tenían grietas o que estaban rayadas.

Helena por otro lado se sentó sobre la arena y jugó con ésta haciendo pequeños dibujos sobre la misma intentando calmar su corazón, el cual aún estaba un poco acelerado.

Estuvieron alrededor de una hora disfrutando de la playa, más o menos hasta que al bielorruso le entró hambre. De este modo Helena decidió que lo mejor sería coger algo para comer por el camino ya que si no tendría que ir al supermercado a comprar algo de comer y luego ir a casa y cocinar, lo cual llevaría demasiado tiempo y no quería hacer esperar a Nikolai.

Tras pasar por un puesto de comida rápida y pedir algunas hamburguesas y un par de porciones de pizza se sentaron en una pequeña terraza que tenía vistas al mar y allí acabaron de comer.

_ Esto es comida capitalista, no me gusta. _Dijo Nikolai aludiendo a la compra de las hamburguesas en un famoso restaurante de comida rápida americano. A pesar de la crítica seguía comiendo.

_ L-lo siento, si hubiera sabido que vendrías hubiera hecho algo mejor, algo típico de mi país.

_ … Es que te quería dar una sorpresa. _Dijo el chico a sabiendas de que la lituana llevaba razón. Ella simplemente rió levemente y negó un par de veces con la cabeza. _ ¿Luego qué vamos a hacer?

_ Había pensado en alquilar una película para verla esta noche.

_ Vale.

Estando de acuerdo con el plan las dos naciones acabaron de comer y se dirigieron a casa pasando por un videoclub que había de camino. Entraron y comenzaron a buscar alguna película buena para ver. Lamentablemente Helena y Nikolai no tenían los mismos gustos en cuanto a cine se refería, así que Helena cogió una película de género romántico y Nikolai una película gore, o lo que es lo mismo, sangre y vísceras por todos lados.

_ ¿¡Q-quieres ver esa!? _Preguntó la chica al ver la clase de película que había elegido el joven. Ya sentía repulsión con solo ver la carátula de la cinta.

_ Sí, es muy buena. Sale sangre, chicas guapas y chillonas y un asesino en serie que mata con cuchillos. _Comentó Nikolai con una sonrisa macabra en su rostro. _ ¿Tú cuál quieres ver?

_ O-ojos negros (*)

_ ¿Romance? No pienso ver una película de esas.

_ P-pero es una película rusa, justo el país de Anya. _Dijo la chica intentando convencerle mencionando una referencia a su hermana. Y parecía dar resultado ya que el chico empezaba a dudar un poco.

_ No. _Contestó finalmente. Helena comenzó a entrar en pánico ya que seguro la tocaría ver aquella película sangrienta y visceral. Maldijo la hora en que propuso ir al videoclub. Nikolai se dio cuenta del nerviosismo de Helena, así que cambió de película y cogió una de terror psicológico. Todavía daba miedo, pero no salía tanta sangra ni las escenas de muerte eran tan explícitas. _Pues cogemos esta. Creo que los fantasmas asesinos de esta película eran amantes, así que esta película está en un término medio.

Helena aún no estaba muy segura sobre escoger una película de terror, pero era mejor eso que una sangrienta. Se dirigieron a la caja y, tras alquilarla, marcharon a casa.

Cuando empezó a anochecer decidieron poner la película. Ambas naciones se habían cambiado de ropa y se habían puesto sus respectivos pijamas para estar así más cómodos. Helena llevaba su habitual camisón de color celeste, no demasiado corto pero tampoco excesivamente largo, le llegaba un poco por encima de las rodillas, así que estaba bien. Nikolai por su parte llevaba algo muy simple, una camiseta de manga corta de color gris y unos pantalones de color negros.

La joven puso la película en su reproductor de DVD y se sentó en el sofá junto al bielorruso, ya denotaba nerviosismo, y eso que aún no había empezado la película. En cambio Nikolai permanecía impasible ante la idea de ver una película de terror, más aún si era terror psicológico.

Poco a poco pasaban los minutos, la noche avanzaba y el ambiente se tornaba cada vez más frío y terrorífico. La lituana se encontraba abrazándose las rodillas en el sofá mientras su cuerpo se tensaba enteramente, al contrario que Nikolai, que parecía bastante interesado en el argumento de la película y permanecía muy atento. Llegó uno de los momentos cumbres de la historia, fue ahí cuando Helena soltó un pequeño grito mientras daba un respingo. Nikolai notó esto y la miró de reojo.

_Creía que al vivir un tiempo con la capitalista ya estarías acostumbrada a estas películas. ¿No jugabais a juegos de terror?

_ S-sí, yo creía que también estaría acostumbrada a estas alturas. _En ese momento la chica no pudo evitar cerrar por un par de segundos los ojos, ante la aparición de una figura fantasmal en primer plano. _P-p-pero se ve que no.

El bielorruso hizo rodar los ojos al ver lo tremendamente asustada que se encontraba la chica y decidió pasar uno de sus brazos alrededor de los hombros de la lituana palmoteándola torpemente, intentando consolarla.

Helena se sorprendió enormemente al ver que Nikolai estaba siendo considerado con ella. ¡Con ella! Sintió como ahora estaba más cerca de él, lo cual hizo que en sus mejillas apareciera un ligero rubor y que se olvidara por completo de lo terrorífica que le estaba resultando la película.

_ Solo es una película, Літва (*).

_ Y-ya lo sé… pero asusta.

_ … No pienso dormir contigo solo porque pongas la estúpida excusa de que tienes miedo. Que quede claro.

_ Que mal pensado, no pensaba hacer eso… _Mintió la chica, eso era exactamente lo que pensaba hacer, pero ahora sus planes se habían frustrado. Lástima.

La película avanzó hasta finalizar. Helena ya no había vuelto a sentir miedo debido al cálido abrazo, bueno, casi abrazo del bielorruso. Es más, había dejado de prestar atención al argumento, se había dedicado a recordar su día con el chico. Había sido un día maravilloso. A pesar de que ella había ido a su país a buscar paz y tiempo para sí misma, esta situación no la cambiaría por nada del mundo. Ella y Nikolai solos por primera vez en mucho tiempo. Simplemente perfecto.

Cuando salieron los créditos Nikolai se levantó del sofá y se estiró. Estaba cansado, tras ver la película le había entrado sueño aunque pareciera irónico ya que se había tratado de una película de terror.

_ Ha estado bien. _Comentó el chico. _Pero le hacía falta más sangre.

_ Y-yo creo que así daba suficientemente miedo.

_ Pues has estado muy tranquila en la última parte.

_ Oh, eso ha sido por… porque comprendí que solo se trataba de una película. Nada es real. _Dijo mintiendo la chica, no quería admitir que no había estado prestando atención.

_ ¿Ah sí? Pues aquí dice que está basado en una historia real.

_ ¡N-Nikolai no me asustes!

_ No lo hago. Te asustas tú sola. _Dijo el chico riéndose internamente a costa de la lituana. Tenía que reconocer que verla temblar había sido divertido. _Ahora a dormir.

Helena asintió y le condujo hasta una habitación que había preparado para él. Había cambiado las sábanas y había retirado algunos trastos que tenía por allí ya que las habitaciones de invitados las usaba como trasteros provisionales. Afortunadamente de esa habitación solo había tenido que sacar un par de cajas que estorbaban.

Tras darse las buenas noches cada uno entró en su dormitorio y se dispuso a caer en brazos de Morfeo.

Helena, a pesar de la película y de lo nerviosa que había estado, no tardó en quedarse dormida ya que se dedicó a pensar en cómo Nikolai la había calmado, la había abrazado… Se había preocupado por ella, por su bienestar. Esos dulces pensamientos la envolvieron en una suave aura que le permitió conciliar el sueño con facilidad… al menos fue así hasta que pasó la media noche.

Pasadas las doce, Helena comenzó a sentir sobre su cama peso extra. Y sintió frío, como si alguien estuviera retirando las sábanas de su cuerpo. Aún medio adormilada abrió los ojos y, al ver una figura aparentemente desconocida sintió pánico. Aún más cuando, estando a punto de gritar, la figura en sí cubrió su boca con la mano. Helena cerró los ojos fuertemente comenzando a recitar sus oraciones.

_Shh… no grites. _Oyó la chica susurrar.

La joven reconoció esa voz en la oscuridad y abrió los ojos lentamente. Nikolai estaba posicionado sobre ella, en una postura no muy decorosa, mirándola a los ojos fijamente, pareciendo devorarla con la mirada.

Continuará…


Notas de la autora

(*) прывітанне = Hola

(*) Ojos negros = Película del director ruso Nikita Mikhalkov, de género romántico/drama. Basada en tres cuentos del escritor Chejov, relata la desgraciada vida sentimental que un italiano, Romano Patroni, cuenta a un caballero ruso a bordo de un barco. Patroni, a pesar de su origen humilde, consigue terminar la carrera de arquitectura y se casa con una rica heredera. Algunos años después, conoce en un balneario a Ana, una joven rusa de la que se enamora y a la que persigue por toda Rusia. Se trata de una historia de amores frustrados e ilusiones perdidas.

(*) Літва = Lituania