Un poco antes de ti.
Segunda parte.
Llegó el cumpleaños de Toshiro y él realmente se quedó para desayunar con ellas por una vez. Le prestó más atención a Shimo que a Karin, pero estaba bien con eso. Solo esperaba que en la noche pudiera tener su propio momento con él. Hace meses que no la tocaba y lo extrañaba muchísimo. Sí él también la extrañaba y aun la amaba, entonces tenía oportunidad de mejorar un poco las cosas hoy.
Le pidió a uno de sus colegas que la cubriera y salió temprano del hospital, fue de compras y consiguió ropa bonita y un poco de lencería nueva. Esperaba que las cosas le resultaran ese día, sí aun la amaba entonces tenía que funcionar. Tenían que superar esto.
Ese día, Hitsugaya dejó el papeleo pendiente a Kira y fue a casa a la hora en la que realmente se suponía que debía ir todos los días, no porque le importara mucho su cumpleaños, sino porque sabía que era importante para su hija y no podía decepcionarla en esto.
Allí ya lo esperaban sus chicas y además Matsumoto y Hinamori, y a pesar de que no tenía ganas de celebrar y se sentía absolutamente exhausto, se sentó con ellas y comió lo que le prepararon y aceptó sus regalos, felicitaciones y charla ruidosa y feliz. Lo mejor fue que, cuando le trajeron un pequeño pastel que sabían que no le gustaba así que era más para ellas, luego de cantar esa odiosa cancioncita, Karin tomó su rostro entre sus manos y lo besó.
El cansancio se esfumó de inmediato y tuvo que contenerse de tomarla en brazos y correr a su habitación para encerrarse allí con ella el resto de la semana. Se besaron profundamente, por un momento olvidando que tenían público hasta que las mujeres mayores comenzaron a reírse de ellos, haciéndolos separarse de inmediato en pánico, solo para relajarse al ver que cubrían los ojos de la niña.
La pequeña fiesta pronto terminó y luego de leerle un cuento a su pequeña el agotamiento regresó a él y prácticamente se arrastró hasta su cama. Se relajó y a un segundo de dormirse oyó el llamado de su mujer, por lo que miró a la puerta de la habitación ya cerrada con ella apoyada allí en nada más que su pijama. Un pijama nuevo… pequeño, ajustado, transparente…
Su cansancio ahora se pulverizó cuando el fuego del deseo y la adrenalina lo recorrieron de pies a cabeza. Karin le estaba sonriendo de un modo al que nunca podía resistirse, lo miraba con los mismos ojos hambrientos que él debía tener ahora mismo, y ese miserable trozo de tela apenas cubría nada.
Fue instantáneo, instantáneamente ya estaba duro y deseoso de entrar en ella, su respiración se salió de control y tuvo que morderse la lengua para no gemir de la pura expectación. Meses. Meses sin tocarla, meses sin probarla, meses sin escucharla gritar su nombre. Le sorprendía no haber enloquecido aún, la deseaba tanto que literalmente le dolía. Y tendría que seguir sin tocarla.
Cerró los ojos y, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad, le dio la espalda y fingió dormir, luchando por bajar su obvia excitación y calmar su respiración y su deseo de ceder a ella y dejarse llevar.
Mañana tenía que ir al juzgado muy temprano, más porque quedaba lejos e incluso en auto sería un largo viaje. Sí tomaba a Karin ahora, no iba a soltarla hasta que ella le suplicara que parara y tal vez ni así, más porque dudaba que quisiera detenerlo, y necesitaba llegar mañana puntual y en las mejores condiciones posibles. Sería un juicio clave para él, no podía arriesgarse a estar medio muerto en el proceso.
Sopesando cuidadosamente sus opciones, decidió que le mejor era fingir dormir y ya mañana o un día donde no estuviera con el tiempo tan delimitado compensaría a su esposa. Confiaba en que esa era la mejor decisión para todos.
Por supuesto, Karin pensaba muy diferente. Vio que estaba despierto y notó que la miraba, creyó que la veía con deseo pero inmediatamente se volteó y se durmió como sí nada. Y ella sintió su corazón hacerse trizas.
¿La había… rechazado?
Eso nunca ocurrió antes. A veces uno de ellos estaba demasiado cansado y el otro claro que lo comprendía, pero en las ocasiones especiales, cuando realmente se esforzaba por seducirlo, nunca antes la rechazó, siempre la hizo sentir deseada y hermosa. Siempre fueron una pareja muy activa en ese sentido y en verdad nunca antes la había…
Sus ojos se llenaron de lágrimas y se abrazó a sí misma, sintiéndose humillada y avergonzada. Se mordió el labio para ahogar un sollozo y corrió al baño de la habitación, mirándose al espejo.
¿Por qué eligió ese atuendo tan horrible? Se veía ridícula. Y ya no era tan joven. Tenía arrugas en la frente y alrededor de los ojos, también había subido de peso. Su cabello era reseco y sin brillo. Sus ojos no tenían ninguna gracia. Sus pechos ya no eran tan firmes. ¿Por qué demonios creyó que él la encontraría atractiva aún después de tantos años? Era repugnante, no es de extrañar que ya no quisiera tocarla.
Las lágrimas se escurrieron de sus ojos mientras los sollozos sacudían su cuerpo, siguió mirándose al espejo, encontrando más y más defectos que realmente no estaban allí, pero se sentía demasiado mal consigo misma como para darse cuenta. Su autoestima estaba por los suelos, justo al lado de los fragmentos de su corazón.
Él no la amaba. Ni siquiera la deseaba. ¿Por qué seguían juntos? ¿Solo por su hija? ¿Él se sentía obligado a permanecer con ella?
Eventualmente tuvo que salir del baño, se colocó ropa más recatada para que en la mañana no tuviera que ver su desagradable cuerpo y se durmió alejada lo más posible de su marido, preguntándose cuánto tiempo podría seguir llamándolo así.
Todo siguió igual de parte de Toshiro, seguía luchando por no hundir su negocio, las cosas no parecían estar cerca de resolverse, y aún no quería decirle nada a su esposa.
En cuanto a Karin, ella cambió ligeramente. Ya no caminaba con la cabeza en alto, destilando confianza en sí misma a cada paso, había perdido la chispa sarcástica y entusiasta que la caracterizaba. Sus amigos en el hospital se alejaron de ella y ni siquiera le importó. Mantenía su cabeza gacha y los hombros hundidos, siempre usaba ropa recatada y evitaba el contacto visual. Ya no comía tanto como antes, se hizo más delgada y débil, aun así luchaba por hacer bien su trabajo y seguir siendo una buena madre para su hija.
Estaba deprimida y con la autoestima tan baja que ni siquiera podía mirarse al espejo sin odiarse a sí misma. Y al ver a su esposo se sentía tan triste y devastada que elegía la furia y la frustración para dominarla en esos momentos.
Ya ni siquiera intentaba darle la bienvenida a casa cada que llegaba del trabajo. ¿Para qué? Siempre la ignoraba de todos modos. Tampoco leía las notas que le dejaba todos los días, todas decían que tuvo que irse temprano y que lo sentía y ese montón de mierda. Se vio tentada a dejar de hacerle la cena, ya que raras eran las veces en las que llegaba a cenar, pero inconscientemente siempre cocinaba para tres, y en el fondo le preocupaba que no comiera bien. Se conformó con dejar de planchar su ropa.
Cuando llegó el cumpleaños de Shimo el mes siguiente poco después del año nuevo, se tomó el día para hacerle una gran fiesta a la que invitó a sus sobrinos hijos de su fallecida hermana Yuzu y tuvieron una pequeña fiesta familiar a la que su esposo claro llegó tarde. Al menos hacía feliz a su hija, pero ella solo podía mirarlo con rabia y tristeza cada vez que lo veía, fue difícil fingir que todo estaba bien en la fiesta de su pequeña, pero sí en algo estaban de acuerdo ellos era en hacer todo para mantenerla feliz aun cuando su mundo se estuviera desmoronando.
Los meses siguieron pasando y las cosas mejoraron un poco para Toshiro, una de sus inversiones rindió mucho mejor de lo esperado y se recuperó de estar al borde de la bancarrota, pudo pagar sus deudas más urgentes, la prensa finalmente estaba más interesada en un chisme más jugoso con otras empresas y el juicio finalmente estaba volteándose un poco más a su favor. Aun así, las cosas con Karin no mejoraron.
Ella parecía molesta todo el tiempo, y cada vez que quería hablarle y pedir disculpas por su comportamiento terminaban discutiendo. Estaba distinta, no era ella misma y no tenía idea de por qué. Todavía tenía que irse temprano y regresar tarde, pero preocupaba siempre pasar al menos una hora con su hija. Y cuando finalmente tuvo tiempo de dedicarle una hora o más a su mujer, esta parecía no poder soportarlo.
Antes de darse cuenta, ese breve periodo de paz pasó y no pudo arreglar las cosas con su mujer. La competencia estaba decidida a aplastarlo y sí flaqueaba el trabajo de su vida se iría al diablo. Tuvo que concentrarse casi al cien por ciento en su negocio, solo dejándole breve tiempo para pasarlo con Shimo y nada para pasarlo con Karin que de todos modos parecía no querer pasar tiempo con él, siempre discutiendo y quejándose por todo.
La otra editorial le estaba dando un duro momento, pasó meses recuperándose del golpe que le dieron y tratando de sobrevivir a las consecuencias del mismo, pero ahora que todo finalmente se estaba resolviendo, solo podía pensar en su esposa.
¿Acaso la había descuidado demasiado? ¿Qué tal sí ella estaba muy enfadada y estaba a un pelo de pedirle el divorcio? No podía permitir que lo dejara, sentía que se moriría sin ella, ni siquiera recordaba cómo era posible vivir sin su Karin. Esta crisis lo golpeó muy duro en muchas formas, pero sobretodo afectó a su matrimonio. No hizo mucho esfuerzo para conservar este, en cierto modo lo dio por sentado y no tuvo muy en cuenta los sentimientos de su pareja, pero ahora que lo veía no podía dejar que todo terminara.
O al menos eso se dijo, pero cuando su trabajo volvió a entrar en otro problema de nuevo se sumergió en la oficina sin darse un respiro para nada más que estar con Shimo. Se dijo a sí mismo que este sacrificio era necesario, que Karin podía esperar un poco más y entonces la compensaría.
Mientras tanto, por el lado de Karin, ella ya estaba resignada a que su esposo no la amaba. Se convenció de que solo estaba con ella por la niña y a pesar de que eso le corroía el alma mantuvo la boca cerrada. A este punto todo lo que le quedaba era suplicar porque él no se apareciera un día con un contrato de divorcio y la dejara para siempre. Mientras siguieran estando casados, mientras siguiera durmiendo a su lado todas las noches, incluso sin tocarla, aún podía fingir que él era suyo, aún podía mirarlo dormir y acariciar su rostro sin que lo supiera, deseando que un día se despierte y vuelva a amarla.
Tal vez era patética por aceptar estar con un hombre que no la amaba, pero lo amaba tanto que no le importaba nada mientras pudiera estar a su lado. A pesar de que muchas veces sentía furia y frustración al verlo, la mayoría de las veces solo estaba triste, tan triste y confundida.
Ni siquiera sabía qué fue lo que hizo mal.
Cuando llegó su cumpleaños, no se sorprendió de no verlo a su lado, era así todas las mañanas. Aun así espero que al menos en su nota le dijera algo, y por primera vez en meses la leyó, solo para decepcionarse al ver que era otra disculpa por irse tan temprano y otro aviso de que llegaría tarde.
Celebró el cumpleaños con su hija, Momo y Rangiku, y las tres preguntaron por el paradero de su esposo, a lo que tuvo que inventar que justo ese día tenía una reunión muy importante para no quedar tan mal. Rangiku trabajaba con Toshiro, pero en esas épocas estaba de vacaciones así que no podría saberlo y la mentira las hizo dejar de preguntar.
La pequeña celebración terminó y después de acostar a su hija se dirigió a su solitaria habitación y lloró por horas, callándose a sí misma cuando escuchó a su esposo entrar. Él se dirigió a la habitación de su hija como siempre que llegaba tan tarde para al menos desearle buenas noches, y cuando entró a su habitación contuvo el aliento, preguntándose sí diría algo, sí al menos le daría un beso, pero él solo se acostó a su lado y se durmió. Y ella volvió a llorar.
Toshiro estaba más estresado que nunca, sabía que el juez estaba a un pelo de fallar a su favor, pero eso solo provocaba que la otra empresa estuviera cada vez más irritante. Todo el equipo ejecutivo estaba desquiciado por acabar con esto, y él era el más ansioso. Para colmo, desde hace semanas que tenía la incómoda sensación en la parte posterior de su mente de estar olvidando algo importante. Muy importante.
Después de un largo día de trabajo, sus ojos vagaron por la habitación y se fijó en su calendario que desde hace meses no tocaba, más confiado en la agenda electrónica que Kira le consiguió. El calendario decía que estaban en abril, lo cual no era posible. Sí no mal recordaba estaban en… en… ¿Junio? Sí, sí, junio.
Para confirmar miró su celular personal que últimamente casi nunca usaba, más pendiente del celular que dedicaba a los negocios, y se dio cuenta de que era el último día de junio. Je, él iba a casarse en esta fecha, sin embargo hubo una tormenta horrible y tuvieron que posponerlo un día, lo cual… lo cual… lo cual significaba que mañana era su aniversario de bodas. Su maldito aniversario de bodas. Y lo había olvidado por completo.
Se llevó la palma de la mano a la frente y maldijo en voz alta.
Mierda, mierda. ¿Cómo pudo olvidarlo? Siempre lo recordaba perfectamente porque todos los años llevaba a su esposa al mismo restaurante y pedía la reservación con casi dos meses de anticipación, casi siempre después de que ella cumpliera años, y esta vez…
El cumpleaños de Karin. No recordaba haberlo festejado este año. Apenas y sí habló con ella. Y fue hace casi dos meses.
-¡MIERDA! ¡MIERDA!- se levantó de la silla tirándola al suelo y le dio un fuerte puñetazo a la pared más cercana.
Olvidó el cumpleaños de su mujer. Y estuvo a punto de olvidar su aniversario de bodas. ¿Qué clase de esposo era?
¿Por qué ella no le dijo nada? A este punto ya debería haberle arrancado la cabeza. ¿O tal vez jodió las cosas demasiado esta vez? Tal vez había rebasado los límites de su paciencia, tal vez ahora mismo esté preparando un contrato de divorcio lista para abofetearlo en la cara con él al próximo error que cometiera.
Salió corriendo de su oficina hasta llegar a su auto. Era tarde, pero quizá estuviera despierta, quizá sí le suplicaba de rodillas ella lo perdonaría, quizá sí volvía a hacerle el amor hasta hacerla perder la razón no lo dejaría. Tal vez aún hubiera tiempo de reparar todo.
Cuando llegó a la casa, sin embargo, se decepcionó al verla ya profundamente dormida. Pero esta vez, a diferencia de las veces en las que llegaba a casa solo a saludar a su hija y dormir, la observó detenidamente.
¿Desde cuándo… se había vuelto tan delgada? Sus muñecas eran mucho más finas de lo que deberían ser, su rostro era demasiado pálido y sus ojeras demasiado marcadas, también tenía rastros de lágrimas en sus mejillas y estaba abrazándose desesperadamente a la foto de su boda.
Sintió un nudo en su garganta. ¿Cuántas veces ella había dormido de este modo y él ni siquiera lo notó?
Acarició su mejilla suavemente y se acostó a su lado, abrazando su cintura y pegándola a su pecho. Se prometió a sí mismo que las cosas mejorarían a partir de mañana.
Continuara...
Holaaa! :D
Aquí tienen la segunda parte! Gracias a Mike, Chintiwiwis y Maria por comentar el primer cap! Ame sus comentarios :'D
Ojala q esta parte les haya gustado, puede q suba la siguiente mañana o pasado y no estoy muy segura de si sera el final o no, aun sigo escribiendo xP
Los personajes de Tite Kubo!
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
