Memorias de un elevador
Capítulo. 2
Ese día Candy estaba muy cansada, lo vi por mi espejo de la planta baja. Había decidido tomar el trabajo como el mejor medio para tratar de olvidar el "amor" que Anthony se llevó. Vestía todavía el mono que usan las enfermeras ese de dibujitos y muy holgado.
Su cabello estaba recogido con una mariposa para el pelo y su cara estaba pálida, las ojeras de las guardias seguidas en la semana ya eran justo como las de Clint, su pequeño amigo peludo, un mapache que jugaba con ella allá en Lakewood. Ya habían pasado creo que dos meses y ella cada vez se veía más pálida. Entró y se recargó de mi lado derecho donde están los botones, cuando iba a cerrar mis puertas una mano varonil impidió que sucediera. Ella solo alcanzó a ver unos zapatos de gamuza color miel y el borde de unos pantalones de mezclilla
-Buenos días- dijo el hombre mientras le daba paso a dos mujeres y un adolescente con libros. Ella solo asintió con la cabeza, pero ni siquiera volteo a verlo, lo que si pudo sentir fue un olor penetrante que la hizo marearse y se llevó la mano a la garganta, mientras escuchaba las risillas nerviosas de las chicas que se colocaron tras el hombre rubio y alto. Discretamente Candy se tapó la nariz, pero en el piso 4 subió una pareja de ancianos con una caja de cartón enorme que ocupaba la mayoría del área de mi capacidad, lo que hizo que los ocupantes se hicieran al lado de Candy que quedó en la esquinita sintiendo un poco la opresión del rubio junto a ella. A su lado quedó el adolescente de los libros que le soltó una risilla comprometida ala que ella respondió. Los ancianos presionaron el botón 12, era por demás serían sus compañeros de viaje. Pero El rubio tuvo que moverse un poco hacia la derecha porque las chicas fueron algo atrevidas y sucumbieron a los jeans deslavados del rubio tocando la parte donde termina la espalda. ¡Por favor! ¡Que tiempos los de ahora! El pobre rubio no tuvo más opción que soltar una tímida sonrisa y ver las con asombro, se puso de miles de colores y creyó tener en la chica del pelo rizado un poco de protección. ¡Grosso error! Candy pudo sentir como ese olor entro a sus fosas nasales como invadiéndolas como los hunos a china , llegó y se estacionó en sus senos para nasales y su frente, el cerebro lo visualizó como si fuera una caricatura que se iba congelando con agua helada se inundó completamente de ese insoportable olor. Como consecuencia sintió que todo le daba vueltas, su mismo estómago giraba como la lavadora. Volteó a ver los botones, piso 10
-¡No, por favor! No te vayas a detener- alcanzó a decir con hilillo de voz, ya no lo soportaba. Para poner la cereza en el pastel, si, lo adivinaron, me detuve, por unos segundos, con el movimiento brusco, el rubio cubrió por completo a Candy, deteniéndose con las manos en la pared de los botones. Candy solo vio sobre ella una camisa celeste delgada de algodón y a lo lejos escuchó
-Eres tú, eres tú la chica de mis sueños- dijo el rubio de ojos azul cielo sin siquiera una posee de conquistador, más bien como una afirmación de un niño de 5 años.
-No creó- fue lo único que dijo antes de que su estómago volcara sobre la fresca camisa solamente lo que traía en él, los jugos gástricos, si definitivamente era la loción del rubio la que la puso "descompuesta". Con nervios, trató de limpiarse la boca al sacar un pañuelo desechable de su bolsa, de limpiarle la camisa…de picar mis botones para que me moviera.
El rubio a diferencia de los demás ocupantes, lo tomó como dicen…con filosofía. Le causó risa. Se quitó la camisa para dejar al descubierto su playera interior sin mangas ajustada a su torso, lo que disminuyó el malestar de las mujeres junto a él. Enrolló la camisa y trató de calmar a Candy.
-Tranquila, tranquila…
Candy se llevó de nuevo la mano a la boca, abriendo grandemente sus ojos verdes que brillaban y luego los apretó fuerte para impedir que de nuevo sucediera, pero esta vez, se desvaneció desmayada.
El rubio trató de impedir su caída sosteniéndola por la cintura mientras le pedía al chico de los libros que le picara al botón de emergencia. Para alivio de todos, pude abrir mis puertas y todos salieron como estampida, hasta los ancianos movieron rápidamente la enorme caja, todos bajaron en el piso 10, excepto Candy y el rubio, él presionó el botón de pent-house de nuevo mientras seguía sosteniendo a la chica en sus brazos.
