Disclaimer: La idea original de este fic pertenece a Osa Roja (gracias y muchas gomitas de ositos para ti :P ) y los personajes del anime pertenecen a su mangaka, Hiromu Arakawa (los personajes de este fic están basados en el diseño de ella), solo escribo porque creo que hay muy pocos fics de Arslan Senki :D Por cierto, es AU, nada de magos que se llevan a un moribundo Xandes del campo de batalla ni de piratas :3
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PROMESA
La vida da muchas vueltas, pero a veces hace paradas.
Con cariño para 1397L, Bood ErroR y Osa Roja :3
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Era una fría mañana que anunciaba la pronta llegada del otoño, varias nubes cruzaban el cielo empujadas por momentáneas corrientes de viento, cruzando la acogedora sala de la vieja casona había un largo pasillo que daba a un patio en donde la tranquilidad de una fuente con una escultura en el medio fue súbitamente interrumpida por una espada de madera que cayó en el agua.
– ¡Auch! – Un adolescente delgado de blanca cabellera se quejó mientras tocaba su muñeca derecha con la mano izquierda.
– ¿Joven Arslan, se encuentra bien? – Un joven alto de buena contextura dejaba su espada de madera sobre una de las bancas para rápidamente acercarse a revisar la muñeca del muchacho.
– No es nada… ¡Ay! – Arslan intentó minimizar el asunto pero apenas su acompañante le revisó sintió un terrible dolor en la muñeca derecha.
– Parece inflamada, tendremos que llamar al doctor – Inclinándose para hacer una reverencia – Lo lamento, no quise lastimarlo, joven Arslan.
– No te preocupes, Daryun, seguro el doctor dirá que no es nada grave – Arslan volvió la vista hacia la fuente en donde ahora flotaba la espada de madera – Además fui y quien te pidió que me enseñaras, sé que no soy bueno con el kendo, incluso mi padre dijo que debería dejarlo – Había un tono de tristeza en su voz.
– El señor Andrágoras no ha visto sus progresos, joven amo – Un hombre mayor de curiosa barba y mirada amistosa cruzó el patio para acercarse a ellos – Si lo viera seguramente se retractaría de sus palabras.
– Estoy de acuerdo con mi tío – Se apresuró a añadir Daryun.
– Gracias Vahriz, Daryun – Arslan sonrió, seguramente su muñeca dolería algunos días pero luego volvería a intentarlo.
– Es bueno verlo tan animado – Vahriz cambió un poco la expresión de su rostro, parecía algo preocupado – El señor Andrágoras ha pedido que vaya a Ecbatana, al parecer piensan hacer una fiesta para celebrar el cumpleaños de la señora Tahamine – Decir que el rostro de Arslan se iluminó era poco. De pronto el dolor de su muñeca pasó a segundo plano y solo podía sentirse feliz ya que, después de varios meses, podría ver a sus padres y aprovecharía la oportunidad para pedirles algo que deseaba hacer desde hace algunos años.
Después de ser evaluado por el doctor del pueblo quien indicó que tenía un esguince y necesitaría reposo y analgésicos, se apresuró a empacar sus maletas, Daryun se ofreció a ayudarle, era un gran amigo, y aunque era cinco años mayor, siempre lo trataba con respeto. Partieron temprano a la mañana siguiente, Arslan se despidió amistosamente de los sirvientes como hacía cada año, prometiéndoles volver en el siguiente verano, solo que esta vez no iría directamente al colegio internado, sino que vería a sus padres. Estaba tan emocionado que prácticamente no pegó un ojo en todo el camino. No pareció decepcionado cuando al llegar a la mansión de Ecbatana fueron recibidos únicamente por el mayordomo que simplemente les informó que los señores estaban fuera, bastante atareados. Las pocas veces que iba a la mansión de Ecbatana era recibido por el señor Vahriz, Daryun, Narsus o alguno de sus otros tutores, para luego ser trasladado a la casa hacienda. Subió animadamente las escaleras, Daryun casi se desmaya cuando lo vio arrastrando sus maletas por lo que tuvo que dejarlas para que el mayordomo las subiera después, apenas entró en su habitación corrió las cortinas y abrió las ventanas de par en par para sentir el fresco viento en la cara.
– Joven Arslan, el señor Andrágoras le espera esta tarde en su oficina, a las tres – Vahriz contempló al muchacho que tanto había cambiado en los últimos tres años y que pronto cumpliría quince años.
– Bien – respondió Arslan. Su mirada era serena. Almorzó con Vahriz y Daryun en el patio del jardín, imaginando como quedaría la mansión después de los arreglos que seguramente su padre habría pedido para el cumpleaños de su madre. Dieron un pequeño paseo a pie por el centro de la ciudad antes de llegar al imponente edificio en donde se encontraba la oficina de su padre. Arslan vio divertido como todos saludaban con respeto a Vahriz, no por nada era uno de los hombres de confianza del temido Andrágoras, luego a Daryun, para luego pasar a mirarlo con curiosidad, se limitó a sonreír, no era raro que no supieran quien era, después de todo, por mucho esa sería la tercera vez que ponía un pie en aquél edificio. La recepcionista parpadeó perpleja después de leer sus identificaciones, incluso se disculpó muy apenada y se apresuró a anunciar su llegada, después de un par de minutos que parecieron interminables, las puertas se abrieron, Arslan respiró profundo y se armó de valor para dar el primero de varios pasos de lo que sería de ahora en adelante, su futuro.
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Aún era temprano pero estaba tan emocionada por lo que harían en unas horas que casi no había podido dormir. Se desperezó y tras un baño rápido se puso el uniforme y salió corriendo rumbo al vivero. Docenas de cajas se encontraba perfectamente alineadas al lado de las flores que empezarían a cortar para el pedido y otras ya se encontraban embaladas.
– Etoile – Llamó un hombre desde la entrada del vivero – Aún es muy temprano, vamos a desayunar, los demás trabajadores aún no han llegado.
– Ya voy, padrino – corriendo con muchas energías. Desde la muerte de su abuela su padrino se había convertido en su único familiar, y aunque pasaron momentos realmente difíciles, ahora que la florería y el vivero empezaban a tener éxito tenía que poner todo su empeño para ayudarlo. Pasaron casi toda la mañana cortando y acomodando las flores, su padrino, Barcacion, les hizo llegar un refrigerio, una vez que subieron todas las cajas en las furgonetas partieron para hacer la entrega. Era un día espléndido, no hubo mucho tráfico y tras alejarse un poco del bullicio de la ciudad entraron en una zona residencial, donde cada casa parecía estar más lejos de la otra, hasta que finalmente llegaron – ¡Es enorme! – Etoile bajó del asiento del copiloto, "Si tuviera que caminar desde la entrada seguramente me perdería", pensó. Aquella mansión tenía un jardín enorme, había muchas flores, bellas esculturas e incluso árboles ornamentales.
– ¿Son del vivero de Saint Emanuel? – Preguntó un tipo con aire de mayordomo.
– Si – se apresuró a responder Etoile.
– Síganme por favor, el salón principal y el comedor están por este lado – Indicó. Etoile se apresuró a tomar una caja y los otros trabajadores le imitaron y empezaron a seguir al mayordomo. Si por fuera la casa se veía enorme por dentro parecía un laberinto. Etoile miraba todo sorprendida, preguntándose cuánta gente había en esa familia, pues para vivir en una casa tan grande debían ser muchas personas. Al llegar al salón principal se toparon con personas colocando mesas, moviendo muebles, y una mujer muy bella se acercó a ellos.
– Llegan justo a tiempo, mi nombre es Farangis, soy la responsable del evento – Saludó amablemente – Conversé con el señor Barcacion con respecto a los arreglos para los centros de mesa y las columnas de la entrada y los corredores, la temática es…
– Un estilo griego – Se apresuró a completar Etoile – Trajimos todo el material, solo indíquenos por donde empezamos – Notando que ahora ingresaban un grupo de personas con una serie de manteles y forros para sillas. Farangis les indicó que empezaran por la entrada principal. Unas hermosas columnas habían sido colocadas y tras abrir las cajas empezó a acomodar las flores. Etoile tenía mucha habilidad para armar arreglos florales, había sido enviada con otros cuatro trabajadores que también hacían muy bien su trabajo. Todos llevaban el uniforme de la florería que consistía en un mameluco, zapatillas, guantes y una gorra para evitar que algún cabello estropeé alguno de los arreglos. Tardaron casi cuatro horas en completar el armado, pero el resultado era impecable. Farangis les felicitó pues terminaron incluso antes que el personal de servicio, pero como todavía no se había concluido el armado del comedor Etoile decidió quedarse para verificar que las flores se colocaran en el lugar y la forma correcta.
Vio a Farangis regañar al resto del personal, el sol empezaba a ocultarse y los invitados empezaban a llegar. De pronto un mayordomo se acercó a Farangis para susurrarle algo en voz queda. La expresión se la mujer cambió. Respiró hondo y caminó al rincón desde donde Etoile contemplaba todo con curiosidad.
– Sé que esto es repentino, pero ha ocurrido un pequeño incidente con uno de los adornos de la entrada principal, ¿Podrías ir a dar un vistazo…? – Mirando el solapin en el uniforme – ¿Etoile?, en serio te lo agradeceríamos.
– Veré que puedo hacer – Etoile siguió al mayordomo, y pronto oyó voces con disculpas reiterativas. Al parecer uno de los invitados chocó con el adorno con tan mala suerte que terminó hecho trizas, en el piso. Algunas sirvientas se habían apresurado en recoger las flores, pero era un hecho que algunas habían resultado seriamente dañadas y ya no se podrían utilizar, al menos no como parte de un adorno – Vaya desastre – Etoile empezó a pensar en la mejor forma de solucionar el problema, cuando alguien se le acercó.
– Fue un accidente, en verdad lo lamento mucho, ¿Hay forma de arreglarlo? – Se disculpó por milésima vez. Era el cumpleaños de su madre y no quería arruinarlo.
– Creo que puedo hacer algo con las flores que quedan y tal vez tome algunas del otro arreglo, para que no se vea la diferencia – Respondió Etoile, con la imagen mental del resultado en su cabeza, para entonces ponerse de pie para trabajar, solo entonces quedó cara a cara con el causante de aquel desastre.
– ¡TÚ! – Los muchachos gritaron al unísono, mientras se señalaban uno al otro, el mayordomo y las sirvientas miraban la escena confundidos.
– Sigues siendo un imán para los problemas, ricachón – Etoile contempló al ahora adolescente Arslan, seguía viéndose delgado y frágil.
– Solo estaba emocionado, porque veré a mi madre – Respondió Arslan – No fue a propósito, por cierto, no sabía que te gustaban las flores, Etoile – Arslan sonrió y sus ojos reflejaban felicidad.
– N–no es que me gusten, solo trabajo con ellas – Gruñó Etoile mientras le daba la espalda para empezar a trabajar, por un momento los ojos de Arslan le parecieron lindos, pero solo por un momento, porque ahora las hortensias, orquídeas y alstroemerias debían ocupar toda sus concentración.
– ¿Hay algo con lo que pueda ayudar? Por favor – Comentó Arslan. Etoile enarcó una ceja.
– No, mejor ve con los demás invitados, ricachón – Acomodando con mucha destreza las flores que las sirvientas lograron rescatar en un jarrón que acababan de traer – Creo que puedo tomar unos lirios del valle y algunas hortensias del otro arreglo.
– ¿Los lirios del valle no son los que crecían en la hacienda? – Preguntó Arslan.
– Sí… Un momento, ¿Aún sigues aquí? – Etoile se giró a contemplar a Arslan, llevaba puesto uno de esos trajes elegantes, smoking o algo así, que se veía realmente caro.
– Solo quiero ayudar…
– Mejor no – Etoile caminó hasta el otro adorno para tomar unas flores y luego volvió para acomodarlas – Creo que dijiste que verías a tu madre, ¿No?
– Ella aún no ha llegado – Respondió Arslan, como si fuera lo más normal del mundo.
– ¿No se supone que los niños deben llegar con sus padres? Que rara es la gente que tiene dinero – Etoile terminó de acomodar las flores quedando muy satisfecha con su trabajo.
– Pero si mal no recuerdo tenemos la misma edad y tú estás aquí, sólo, trabajando – Arslan volvió a mostrar una sonrisa, a Etoile se le crisparon los nervios – Mis padres están ocupados, eso es todo.
– Mejor voy a ver si pusieron los adornos de forma apropiada, en el comedor – Etoile empezó a caminar pero no avanzó mucho, no estaba segura de qué camino tomar.
– El comedor está por este lado, sígueme – Arslan parecía muy animado, finalmente había encontrado algo en lo que podía ser útil. Etoile dudó un poco pero terminó por seguirlo y no tardaron en llegar al comedor.
– Vaya que conoces esta casa, y eso que es más grande que la casa de la hacienda – Etoile empezó a recorrer las mesas, supervisando el estado de las flores.
– Bueno, algo así – Respondió Arslan, pensó que tal vez no debería decirle a Etoile que ésa era la casa de sus padres – ¿Estas en Ecbatana desde que dejaron la hacienda?
– No – Etoile hizo una pausa, fingió que acomodaba unas hortensias, finalmente decidió hablar – Nos mudamos aquí hace dos años, cuando mi abuela murió.
– Lo lamento, no debí preguntar…
– No tienes que disculparte, no es tu asunto de todas formas – Etoile levantó los hombros y continuó su recorrido – Mi padrino es dueño de una florería y de un gran invernadero, por eso estoy aquí, sólo quería asegurarme que todo sea perfecto – Llegando al adorno de la mesa principal – Misión cumplida – Dijo con gran satisfacción – Es hora de irme.
– Te acompaño a la salida – Se ofreció Arslan, en otras circunstancias se habría sentido feliz por volver a ver a su amigo, pero en esos momentos las cosas estaban cambiando.
– No es necesario, le preguntaré a la señorita Farangis o a algún mayordomo, mejor ve al salón principal, con los demás invitados, ricachón – Etoile pasó al lado de Arslan y le dio una palmada en el hombro – Fue bueno saber que estás vivo, ricachón.
– Etoile, me voy a estudiar al extranjero, ayer mi padre me dio permiso – Arslan tenía sentimientos encontrados en ese momento.
– Increíble, y dicen que los tontos paganos no son afortunados – Reflexionó Etoile – Oye ricachón, quita esa expresión de duda de tu rostro, debes aprovechar cada oportunidad que te de la vida, sino podrías lamentarlo algún día.
– Tienes razón – Repentinamente Arslan le dio un fuerte apretón de manos a Etoile, ella lo miró desconcertada – Etoile, aún no soy más alto que tú, pero hasta que nos volvamos a ver, mantendrás tu promesa ¿Verdad?
La expresión de Etoile era un poema, con algo de brusquedad liberó su mano del cálido agarre de Arslan y se limitó a responder:
– Qué cosas raras andas diciendo, ricachón, dudo mucho que nos volvamos a ver.
– Nos volveremos a ver, estoy seguro – Arslan contempló al que ya consideraba su amigo, sus miradas se cruzaron, azul y miel se encontraron, si tal vez Etoile no hubiera llevado puesta aquella gorra Arslan habría descubierto que había algo en lo que estaba muy equivocado.
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Tadaaaa, lo admito, no hubo mucho de Osa Roja hoy, pero habrá, más adelante :) y estoy segura que les va a gustar, y como diría Osa Roja: "Etoile x Arslan es vida y amor, es una pena que no hallan más fics sobre ellos en español", nos leemos pronto… PROMESA: La vida da muchas vueltas, pero siempre llegamos al mismo destino.
Kisses
Milly–chan
3 de Setiembre del 2016
