Razón IV: la ex inolvidable
Cuando se hizo vox populi que salir con Arnold era la mejor forma de vengarse de sus respectivos ex, muchas chicas (y algunos chicos) comenzaron a verlo de manera diferente. Con apreciación, pero disimulando el interés que estaba detrás de todo ese desbarajuste. Arnold no sabía por qué el interés había aumentado de forma tan repentina, pero prefería ignorarlo por el bien de su salud emocional.
—Arnold, ¿tienes algo qué hacer este fin de semana?
—Sí, voy a salir con Gerald a un concierto, ¿por? —Arnold miró con curiosidad a la pelirroja que se le había acercado al terminar las prácticas.
Gerald alzó la mirada y sonrió, sarcástico. La chica alzó las cejas, era evidente en su expresión que no estaba acostumbrada al rechazo.
—Ah… ya, jaja, ¿y qué hay de la siguiente semana?
—Eh… comienzan los exámenes de mitad del término, ¿no? —Arnold arrugó el ceño—. No creo que vaya a ningún lugar más que la biblioteca…
Helga, que estaba convenientemente sentada en una de las gradas junto a Phoebe, soltó un resoplido burlón. Gerald y Arnold la miraron, con irritación el primero y con preocupación el segundo.
—Entonces, —la chica agitó su cabello sin darse por aludida—, ¿hay algún día que estés libre que no sea el próximo año?
Gerald ocultó una risa en una tos. Arnold lo miró mientras terminaba de conectar lo que estaba pasando y soltó un "ahhh" mental de reconocimiento cuando se dio cuenta.
—Eh, ¿el jueves?
La chica lo miró con incredulidad, pero pareció superarlo enseguida porque sacó una agenda rosada de su bolso y comenzó a revisar con cuidado.
—Eh… Alise, ¿querías ir a algún sitio en particular? —Intentó Arnold con amabilidad.
Helga y Gerald comenzaron a toser estrenduosamente y Phoebe rodó los ojos. Arnold decidió ignorarlos.
—Es Alisse, Arnold, con dos 's', —corrigió la pelirroja con amabilidad y volvió su atención a la agenda que tenía en sus manos—, quería que fuéramos a la feria del condado, pero solo la abren los fines de semana.
—Ya veo… —Arnold se sobó el cuello, incómodo y miró a Gerald en busca de ayuda, pero parecía estar teniendo una batalla de miradas con Helga. Nunca se le había dado bien recibir las indirectas de las chicas, prefería tomar la iniciativa, al menos así no tenía que esperar. Esperar era lo peor.
—¿Qué te parece si vamos al museo? —Dijo Alisse con una sonrisa.
—Arnoldo, ¿quién es Gustav Klimt? —Intervino Helga, sorprendiéndolos a todos.
—¿Eh? —Arnold hizo un repaso de todos sus compañeros de escuela, no recordaba a ninguno que se llamara así. Se exasperó cuando se dio cuenta que probablemente Helga estaba fastidiándolo.
Alisse suspiró, irritada.
—Bien, entonces el museo no, —volvió a repasar por las hojas de su agenda.
Gerald movió la cabeza de un lado a otro y Phoebe comenzó a susurrarle a Helga algo que Arnold no podía escuchar.
—Eh, Alise, es decir, Alisse, si quieres podemos decidir ese día… ¿sabes?, a veces es divertido improvisar, —le sonrió para darle énfasis a su idea.
—Eso es muy lindo, Arnold, —ella también sonrió—, pero luego nadie sabrá dónde estamos.
—¿Eh?, ¿eso importa?
—¡Por supuesto!, es la razón por la que te estoy… —se detuvo cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo—, quiero decir, mi papá es muy estricto, si no le digo dónde estoy, se enojará.
—Ah, bueno, claro, tiene sentido…
—Oh por dios, —dijeron Gerald y Helga al unísono, irritados.
Phoebe tosió y Arnold les lanzó una mirada llena de estupefacción.
Alisse arrugó el ceño, concentrada, sin prestarles atención. Arnold era una buena persona y seguramente sería un novio magnífico, pero ella seguía enamorada del idiota de su ex y si para que se muriera de celos tenía que salir con el chico más aburrido de la escuela, lo iba a hacer.
—Entonces, ¿qué dices del acuario…?
—Oh no, Alisse, no… —Gerald se levantó y le pasó un brazo por los hombros a Arnold—. Lo siento, viejo, ella seguro no lo sabe.
—¿Qué…?
—Está bien, Arnold, no te preocupes, yo se lo explicaré, ¿para qué están los amigos? —Gerald aprovechó para empujar a Arnold en dirección a las duchas—. Nos vemos en un rato, ¿no?
—Pero qué… —Arnold lo miró, extrañado.
—¿Se puede saber qué pasa? —Alisse demandó, impaciente.
—Arnold no puede ir al acuario. —Respondió Gerald con una sonrisa.
—¿Por qué no?
—Porque… —Gerald hizo una pausa—, es un lugar con mucha historia. Es un lugar especial para él y su abuela.
Alisse miró a Arnold (que todavía no se había ido) con extrañeza, se quedó en silencio.
—Y para su ex, —Helga intervino desde las gradas, apenas pudo disimular la mirada de incredulidad que le lanzó a Gerald—. Arnold y su ex novia pasaron muchos momentos conmovedores en ese lugar.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Su novia murió, —sentenció Gerald, apurado.
—¿Qué? —Alisse se llevó una mano a la boca.
—La aplastó un bus, fue muy trágico, es muy insensible de tu parte invitarlo al acuario, Alisse. —Helga movió la cabeza en negación y se cruzó de brazos—. ¿No te parece que es muy insensible de su parte, Phoebe?
—Por supuesto, —asintió la aludida.
—¡Oh por dios!, lo siento mucho, Arnold, —Alisse se acercó corriendo a Arnold y lo abrazó brevemente—, soy una tonta, entiendo si me odias, te juro que no lo sabía.
—¡Eso no es cierto! —Arnold no entendía nada, pero el cúmulo de mentiras era tan evidente que no podía pasarlo por alto.
—Será mejor que te vayas, Alisse, es evidente que estás poniendo incómodo a Arnold. —Concluyó Phoebe de inmediato y Alisse aceptó que era la mejor idea. No sabía que Arnold había tenido una novia tan importante en Hillwood, tendría que ir y decirle a las demás que no había oportunidad para ninguna de ellas. Arnold estaba fuera de los límites.
—Nos vemos, —se despidió con una última mirada apenada y salió corriendo del gimnasio.
Gerald y Helga se demoraron un poco en comenzar a reírse, así que probablemente Alisse no los escuchó. Arnold no podía creer el grado de absurdo al que había llegado la situación. Buscó a Phoebe con la mirada para encontrar algo de apoyo antes de empezar el discurso más grande de su vida, pero recordó oportunamente que Phoebe era parte de todo ese fiasco. No entendía por qué, pero Phoebe seguramente debía tener una buena razón para haber participado; aunque no reprobaba el comportamiento de Gerald y Helga, tampoco lo celebraba, así que todo eso era bastante extraño.
—¿Se puede saber qué fue todo eso? —demandó, cruzado de brazos.
—Estás mejor sin ella, viejo, —dijo Gerald mientras terminaba de alistar su maleta, aún riéndose.
—¿Por qué?
—Porque eres un idiota, —sentenció Helga, de buen humor—, un idiota manipulable, simplón y con buen corazón. Es fácil aprovecharse de ti, Arnoldo.
Gerald y Phoebe se miraron sorprendidos, su tono había sido sarcástico, pero había dicho que en general Arnold era una buena persona. Helga nunca halagaba a nadie, ni por error. No supieron muy bien cómo tomarlo y mejor decidieron ver a Arnold, que por primera vez en su vida, parecía haberse dado cuenta.
—Espera, ¿Alisse estaba usándome?
Helga bajó de las gradas de un salto y rodó los ojos; sin embargo, parecía estar bastante satisfecha consigo misma. Se estiró un poco y le lanzó una mirada a Phoebe que le indicaba que iba a marcharse.
—Esta vez no era para ganar el concurso de castillos de arena.
Arnold arrugó el ceño, pero no pudo contestar. Helga le guiñó el ojo antes de salir del gimnasio, muerta de risa.
Ninguno podía asimilar lo que acababa de pasar.
Razón V: es inseguro
Arnold parecía bastante concentrado mientras comía su ensalada. Todos ya sabían sobre su ex y la historia del acuario, así que asumían que su silencio se debía a la profunda reflexión que estaba haciendo sobre su pasado. El consenso general había sido el de mantener respetuosa distancia y dejarlo pensar en paz por algunos días. Incluso las chicas, observaban de lejos y se apenaban del triste pasado de uno de los compañeros más estimados de la escuela.
Se equivocaban, claro. Gerald le dio un mordisco a su emparedado. Si le preguntaran, y prefería encarecidamente que no lo hicieran, él podría decir la verdad. Arnold no había hablado en tres días porque Helga G. Pataki le había guiñado el ojo. Como si fuera para menos. No solo se lo había guiñado, sino que directamente se había reído de él, como si tal, como si Arnold y Helga no fuesen la simbolización de la animadversión escolar. Si él mismo encontraba muy difícil procesar lo que había pasado, no quería imaginar lo que estaría sufriendo Arnold.
—Oye, viejo, ¿estás bien? —Intentó por décima vez, era su deber como mejor amigo intentar oír los posibles traumas que Helga había dejado en Arnold, aunque le llevara toda una vida escucharlo.
—Sí, estoy bien, —Arnold revolvió su ensalada y miró en dirección a la mesa donde estaban sentadas las chicas. Ni Phoebe ni Helga estaban ahí.
Gerald miró hacia la mesa también, distraído.
—Los martes no almuerzan aquí, Helga prefiere abrir uno de los laboratorios.
—Está prohibido usar los laboratorios como comedor, —comentó Arnold, casual, sin despegar la mirada de la mesa.
—Lo sé, —Gerald frunció el ceño—, pero ya sabes cómo es Helga.
—Sí, ya sé cómo es Helga, —había una ligera nota de irritación en la voz de Arnold.
—Viejo, ¿seguro que estás bien?, Pataki probablemente solo ha encontrado una nueva manera de meterse contigo.
Arnold por fin se llevó un pedazo de tomate a la boca y masticó lentamente. Parecía en trance.
—Estoy bien, ya sabes cómo es Helga.
Gerald se encogió de hombros y volvió su atención a su almuerzo, si Arnold tenía algún problema, seguramente se lo diría cuando estuviera listo.
—Ah, pobre Arnold, —suspiró Alisse con melancolía.
—¿Pobre Arnold? —Rhonda alzó una ceja y miró a Nadine—. ¿Quién es nuestra invitada hoy, Nadine?
—Eh, Alisse, ella es Rhonda; Rhonda, ella es Alisse, —Nadine tampoco tenía la menor idea de por qué Alisse se había sentado en la mesa de Rhonda, pero había aparecido de manera tan abrupta que no le dio tiempo de preguntarle qué quería. Rhonda acababa de llegar y no le había encontrado ninguna gracia a la situación.
—Ah, Rhonda, probablemente no lo sabes, pero Arnold está muy deprimido por su ex novia.
Rhonda se molestó por dos cosas: 1) Arnold era SU compañero de infancia, 2) no podía creer que alguien se atreviera a insinuar que ELLA no sabía ALGO sobre su compañero de infancia. Eliminó mentalmente a Alisse de su fiesta de fin de exámenes y sonrió lo mejor que pudo.
—¿A qué te refieres, querida?
—Ah, probablemente no lo sabes porque fue una conversación entre Arnold, Gerald y yo, pero luego de que Arnold me invitara al acuario, vi que se sentía muy triste y pregunté por qué, me contaron que era un lugar muy especial para él y su novia muerta. Ah sí, su abuela también.
Rhonda nunca había escuchado tanta estupidez junta.
—¿Arnold, novia? —Sonrió, burlona—. Arnold jamás tuvo novia en Hillwood cuando éramos niños. No sé por qué, pero no era muy popular entre las chicas. Todo eso fue una broma que seguramente te gastaron, Alice, lo siento.
—Alisse, —corrigió.
—Oh, te gusta el nombre, qué divertido, —Rhonda alzó una ceja y agitó su cabello—. En todo caso, si Arnold está pensando en alguna chica, debe ser Lila, ha intentado salir con ella desde que tengo memoria.
—¿Lila Sawyer?
—¿Hay otra Lila que valga la pena mencionar en este colegio?
Alisse cambió su expresión de compasión por una de indignación.
Arnold estaba apurado. Se había equivocado y en lugar de tener dos horas de estudio en solitario, solo tenía una. Ya había desperdiciado media hora buscando a Park, solo para enterarse que la persona que en realidad estaba buscando, se encontraba en el extremo opuesto de la escuela. Corrió, esquivó, pidió perdón y trató de ignorar las miradas de las animadoras cuando casi tiró al piso a la mascota del equipo cuando chocó con él.
Nunca en su vida había deseado ver a Lila Sawyer con tanta urgencia.
Cuando llegó a la biblioteca procuró relajarse antes de entrar, estaba sudoroso y cansado y algo confundido. La bibliotecaria le lanzó una mirada de reprobación por encima de sus gafas redondas, pero lo dejó pasar sin hacerle demasiadas preguntas. Avanzó entre los estantes con cuidado mientras buscaba a la pelirroja con la mirada. No se demoró mucho en encontrarla. Lila estaba sentada en unas de las mesas apartadas de la sección de ciencias del lugar. Estaba sentada junto a otras tres chicas, Arnold recordó con incomodidad que eran las mismas que le habían estado haciendo preguntas extrañas durante la semana, incluso se encontraba Alisse. Suspiró y pasó su mano derecha por su peinado. Supuso que ya que había hecho todo el viaje por la escuela, no serviría de nada aplazarlo más.
—Buenas tardes, chicas.
—Hola Arnold, —dijeron al unísono, todas con sonrisas grandes y luminosas. La única que no lo hizo sentir incómodo, fue la de Lila.
—Eh… ¿podría hablar contigo un segundo, Lila?
—Claro, Arnold, —asintió la pelirroja sin dejar de sonreir y esperó a que continuara.
—En privado, si no te molesta, —aclaró Arnold, sin mirar las demás chicas.
—Por supuesto, ya había terminado con esta lección de cualquier forma. —Lila comenzó a guardar sus cosas en su mochila y se levantó rápidamente—. Nos vemos en la siguiente hora.
Las chicas se despidieron de Arnold y Lila y no se demoraron en llegar a una conclusión apresurada, pero que parecía ser más cierta que las anteriores.
Arnold no podía decidirse por una chica, las quería a todas. Incluso a sus amigas de infancia.
Razón VI: no es claro con lo que quiere
—¡Hey, Helga!
Helga dio un respingo y alzó la mirada. Ella esperaba encontrar una pelirroja llena de pecas y en su lugar tenía a un rubio con la cabeza en la forma de un balón. Arrugó el ceño de inmediato y miró a su alrededor. No habían rastros de pelirrojos a la vista.
—¿Arnold?
Arnold se acercó y tomó el asiento que estaba delante. Estaban en un restaurante italiano que había abierto apenas unos meses atrás. Se suponía que era el lugar adecuado para tener citas de estudio, pues las mesas eran amplias y la comida era deliciosa. Como todavía no era tan conocido, los dueños no eran tan reticentes a la idea de que las mesas estuvieran ocupadas. La idea había sido de Lila, su compañera de laboratorio desde que Phoebe no se había negado a que el profesor la emparejara con Gerald.
—¿Cómo estás?
—¿Qué haces aquí? —Helga se cruzó de brazos, desconfiada.
—Soy tu nuevo compañero de biología, sorpresa.
—Claro que no, —Helga agitó su mano en el aire—, quiero decir… ¿dónde está Lila?
—Le pedí a Lila que cambiara conmigo, —Arnold también se cruzó de brazos—, imaginé que no encontraría otra oportunidad de hablar contigo.
—¿Hablar sobre qué? —Helga arrugó el ceño—, ¿cómo puedes estar tan seguro acerca de lo que haré o dejaré de hacer, Arnoldo?
—¿Qué fue todo eso en el gimnasio?
—¿Le pediste que cambiara solo por eso?
—Responde, Helga.
—No veo por qué tendría que seguir tus órdenes, Arnold.
—Bien, como quieras, ¿podrías decirme que fue todo eso en el gimnasio, por favor?
—No, de nada.
—Bien, de acuerdo, si no me lo dices le diré a todos que tienes una muñeca para dormir.
—¿Qué? —Helga bufó, descreída—, ¿ahora me espías o qué?
—Así que es cierto…
—Cuando tenía nueve, Arnoldo, ¿se puede saber de qué demonios hablas?
—¿Estás confundida?
—¿Tú qué crees, memo?
—Ahora ya sabes cómo me siento siempre que te tengo alrededor.
—Qué halagador, —Helga rodó los ojos.
Arnold suspiró y descruzó los brazos, sabía que estaba siendo infantil, pero no podía evitarlo. Decidió que el enfrentamiento no era la mejor táctica para que Helga se sincerara, todavía tenía esa mala costumbre de ponerse a la defensiva. Apoyó las manos en la mesa y tamborileó los dedos un par de veces antes de tomar aire y decidirse.
—¿Por qué me guiñaste el ojo?
Helga se tornó carmesí y abrió y cerró la boca un par de veces, sin decir nada. Arnold sonrió.
—¡¿Es eso lo que querías saber?! —exclamó Helga, indignada.
—No… —Arnold suspiró—. No exactamente… quiero decir, entiendo por qué Gerald me ayudaría, pero… ¿se pusieron de acuerdo para decir todas esas mentiras?
Helga todavía parecía bastante agitada, pero Arnold era paciente, así que esperó a que se calmara para escucharla con toda la atención que, al parecer, no le había puesto en los últimos años.
—Fue espontáneo, si eso es lo que te preocupa, —sentenció, apresurada—. Simplemente te ayudé porque la vista era demasiado patética y hubiese tenido que escuchar las burlas de Alisse en el baño de niñas y eso hubiese sido muy bochornoso para todos los involucrados.
—Helga…
—Eh… ¿era mi deber cívico?
—…
—Solo quise hacerlo y ya, ¿por qué tengo que ser cuestionada sobre los motivos de mis actos?
—Solo quiero saber la razón, dijiste que "estaba bien", tú nunca harías algo por alguien que solo consideraras que está "bien"… y me guiñaste el ojo.
—Yo puedo hacer lo que quiera hacer, Arnold. —Helga tenía los puños apretados, se veía nerviosa—. Y… ¡tú me guiñaste el ojo primero!
—¿Qué?, claro que no, —Arnold arrugó el ceño, exasperado.
—¡En el Chez Paris, cuando tuvimos que lavar los platos!
—¿Qué…?, oh… ah… —Arnold parpadeó—. Es cierto, cuando me invitaste a salir.
—¡YO JAMÁS TE INVITÉ A SALIR! —Helga golpeó la mesa con las manos. Los demás comensales se voltearon de inmediato a mirarlos y Arnold comenzó a carcajearse. Helga, por supuesto, no se lo estaba tomando tan bien—. ¡¿Y USTEDES QUÉ DEMONIOS ESTÁN MIRANDO?!
Arnold terminó de reírse mientras Helga le lanzaba miradas de muerte. Todavía eran el centro de atención, pues el restaurante había quedado en silencio, pero al menos los demás estaban fingiendo que estaban bien concentrados en sus respectivos almuerzos.
—Perdón, cuando nos invitaste a salir.
—Fue Phoebe, yo no tengo nada que ver.
—Entonces, ¿me guiñaste el ojo por eso?
—Eh… claro, ¿por qué no?
—Helga…
—No sé qué quieres oír, Arnoldo, pero seguramente no lo vas a oír de mi.
—Helga, lo único que quiero, por una vez en mi vida, es no sentirme confundido contigo. —Arnold pareció perderse en lo que acababa de decir—, aunque imagino que es más fácil de decir que de hacer.
—No te entiendo, Arnold.
—Lo que quiero saber, Helga, es si estarías dispuesta a ir a una cita conmigo el viernes en la noche—, Arnold sonrió de medio lado y agregó despacio—: solo para que no lo malinterpretes, yo sí te estoy invitando.
Notas de la autora:
Quiero agradecerles por apoyar el fic, no esperaba que le dieran tan buena acogida. Siempre que me llegan sus mensajes soy muy feliz. Espero que este nuevo capítulo les haya gustado, retoñitos de mi corazón. El siguiente ya es el final ;), así que esperemos que todo resulte bien. Ya saben que estoy de vacaciones, así que habrán nuevos capítulos antes de que se termine el año, abriré un poll en mi perfil para que voten por el fic al que les gustaría que le diera prioridad para actualizar y de acuerdo a eso iré subiendo los capítulos que faltan (el poll estará mañana). Me he divertido mucho escribiendo este capítulo, espero que se hayan reído un rato con él.
Sé que soy empalagosa, pero lo voy a repetir siempre. El tiempo que se toman para leer y escribirme es algo que agradezco infinitamente, porque sé que no es una costumbre muy popular. Quiero que sepan que leo todos los comentarios y tomo en cuenta sus sugerencias para fics o para capítulos, siempre. Si tienen comentarios o críticas, por favor, siéntanse libres de hacerlas. Los quiero muchísimo retoñitos ;), si desean algún especial navideño, ¡avísenme!, subiré algunos drabbles navideños, así que espero les gusten.
¡Un abrazote de oso para todxs!
Respondí (sí, ya puedo contestar) los reviews por el reply, para mis anónimos no tan anónimos, los pongo aquí en orden de llegada:
Dante34567 ¡Qué bueno que te gustara, cariño! Te agradezco el comentario, espero que te hayas divertido con el nuevo capítulo también.
Sekishi ;x; ¡Muchas gracias, cariño, entonces les llenaré el newsfeed de mis historias, jajaja!
Guest ¡Entonces el siguiente capítulo será kilométrico! ;) muchas gracias por escribir, cariño.
Elimont ¡Ya está, cariño! Ojalá te haya gustado, un abrazote para ti. :)
Por favor, si a alguno no le llegó mi respuesta, avísenme, soy muy torpe con el internet ;x;
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