-Es que aún no sé en que anotarme- murmuró Elena mientras garabateaba en una libreta para no mirar a Caroline. Sabía lo que vería si levantaba el rostro, y no era lo que necesitaba en ese momento.
-Elena, las clases comienzan el lunes.- su tono hacia parecer que hablaba con un niño y su amiga suspiró levemente irritada.
-Hoy es el último día para elegir asignaturas.- continuo la rubia en el mismo tono.-No puede ser que no sepas que materias tomar. Si hasta hace un par de meses estabas decidida a estudiar periodismo.
-La verdad es que nunca me interesó, pero Stefan insistió tanto en que debíamos estudiar lo mismo o no nos veríamos casi nunca, y podría irme bien…
-No vayas por ahí Elena- la corto la rubia –Es hora de ser Elena, ya no eres una extensión de Stefan.- finalizó haciendo una mueca.
-¿Tú a que te anotaste?
-Tampoco serás una extensión de mi- apuntó Caroline levantando un dedo acusador
-Y yo que ya pensaba teñirme de rubio- trató de bromear, dejando la libreta y levantándose.-Voy a cambiarme y nos vamos.
-Pues no sé a que vamos si no sabes que materias cursar. Además tienes que anotarte en la mañana porque a la tarde nos entregan el departamento.
-Y que sepas que el rubio no te pegaría.- agregó sin poder contenerse.
Elena se colocó unos vaqueros y una camiseta amarilla, se hizo una cola en el pelo y tomó su mochila.
-¿Vamos?
Su amiga la miró de arriba abajo.
-¿Vas al supermercado?- preguntó con notoria desaprobación.- ¿Si te cruzas con un estudiante que este bueno, quieres que piense que eres la limpiadora?
-Car, acabo de salir de una relación y tengo que decidir que hacer con mi vida. No estoy para perder el tiempo con universitarios hormonados.-sentenció.
Caroline bufó y la miró a los ojos.
-Fue algo de menos un año, que acabó hace casi 2 meses. No te vas a quedar de monja por él tonto ese. ¿No?
Elena la miro de tal forma que Caroline supo que la conversación había acabado.
Stefan había sido muy importante para Elena, fue su primer amor, su primer amante y su mejor amigo durante casi 11 meses. Ella se había aferrado a él luego de la muerte de sus padres. Stefan había sido quien le había dado el apoyo y la contención que ella necesitó en ese momento. Y eso hizo que con el tiempo su amistad diera paso a algo más.
Pero de a poco, el joven fue mostrando ser una persona totalmente distinta a lo que aparentaba. Comenzó a interferir en todos los aspectos de la vida de la chica, a decidir a dónde iba y a dónde no, con quien salía, cómo se vestía y que estudiaría. Al principio parecía que todo lo hacía por el bien de Elena como tantas veces él mismo le dijo, pero lentamente fue moldeando a la joven para que fuera otra persona.
Ambas salieron de la casa y se montaron al auto de la rubia sin decir nada.
-Que sepas que el rubio si me quedaría.
-Ya quisieras- dijo Caroline corriéndose el pelo tras el hombro y las dos comenzaron a reír, la tensión desapareció y las chicas hablaron todo el camino a la universidad, de su futura casa y su recién adquirida independencia.
Elena iba extrañar su hogar, a su tía Jenna y a su hermano, pero como estaban tan cerca sabía que se visitarían con frecuencia. Caroline por otro lado no tenía una muy buena relación con su madre así que la distancia tal vez les vendría bien.
Al llegar se cruzaron con un coche azul que salía, lo conducía un joven morocho muy bien parecido y vestido de negro, que cambiaba la radio mientra se colocaba unas gafas.
-Lastima que los estudiantes hormonados, como les dices tú, no luzcan como él- comentó Caroline suspirando, mientras llegaban frente al edificio donde estaban las oficinas.
-¿Como quién?-
-Lo que te has perdido por ir mirando el paisaje- río la rubia- Bueno imagino que ya estando aquí parada, sabrás que vas a hacer al entrar.
Elena se encogió de hombros y entró, en el recibidor vio una cartelera, en ella había una lista de carreras y materias. Cada materia tenía el nombre del profesor y un código para inscribirse.
No pudo evitar sonreír cuando vio que alguien había marcado un beso con labial junto al código de Historia antigua de Europa a cargo del profesor Saltzman.
-¿Sabes algo? De pequeña quería trabajar en un museo.
-Tu si que eres rara –dijo Car –no se me ocurre un lugar más aburrido.
-Es que cuando íbamos a visitar a mi padre al hospital y él demoraba, mamá nos llevaba al museo que está a un par de cuadras. Me contaba historias que no sé si eran muy ciertas, pero me encantaban. Siempre me pregunté si algún día podría aprender todas esas historias. Y cuidar esos tesoros que nos enseñan sobre otras culturas y nos transportan a otros tiempos, como decía mamá.
Una lágrima resbaló por la mejilla de la chica y su amiga la abrazó.
Ya hacia casi año y medio que Elena había perdido a sus padres, pero aún dolía, y no podía evitar que la embargara la tristeza cuando recordaba esos pequeños detalles de su infancia. Esos momentos que creía insignificantes pero que la habían marcado sin darse cuenta, convirtiéndola en la persona que era hoy. Con ese pensamiento tomó una decisión.
-Voy a estudiar Historia del arte.
Se acercó al escritorio y solicitó un formulario.
Se anotó en las materias correspondientes a Historia del arte y como opcional solicitó Historia Antigua de Europa, sabia que era de otra licenciatura, pero tal vez pudiera hacerla igual.
-Esa yo también la curso- dijo su amiga mirando lo que escribía.
Elena la miró interrogante.
-Cuando vine a inscribirme me topé con alguien que me dijo que eran créditos seguros. Que el profe es joven y simpático, y no le gusta reprobar a nadie. Mientras entregues todos los trabajos es un aprobado seguro- se justificó encogiéndose de hombros.
No quiso contarle a su amiga que lo hizo para compartir clase con ese chico, sus hermosos ojos claros y su acento le habían parecido irresistibles.
Elena entregó el formulario, la mujer lo miró y rodó los ojos.
-El año próximo el profesor Saltzman tendrá que dar clase en un estadio- comentó por lo bajo reconociendo el código de la última materia.-Muy bien señorita Gilbert, el lunes a primera hora pase a buscar sus horarios.
Las chicas se miraron sonrientes y salieron del edificio.
Al bajar la escalera se abrazaron y comenzaron a dar saltitos.
-¡Somos universitarias!- exclamo la rubia
-Como todos aquí- respondió alguien que pasaba cortandoles el momento.
Avergonzadas las chicas se soltaron y subieron al auto a toda prisa.
Volvieron a su casa a alistar todo para el dia siguiente, el padre de Caroline pasaría temprano a recoger sus cosas y llevarlas a su nuevo departamento.
Comienza una nueva etapa en mi vida, pensó Elena.
Y cuanta razón tenía.
