¡Aquí os dejo el segundo capítulo! Muchísimas gracias por todos los comentarios, ya sabéis que me encantan y que incrementan mi motivación!

Ah, respondiendo a algunas personas que han preguntado, la hermanita de Damon también murió :(

¡Espero que os guste y gracias por leer! :)

CAPÍTULO 2

POV ELENA

Mis pies siguieron por mí a aquel hombre que me conducía al camarote del capitán. Mi mente, en cambio, estaba muy lejos de allí. Solo pensaba en las vidas de todas aquellas personas, todos esos buenos hombres que estaban a punto de ser asesinados por haber intentado salvarme y haber querido llevarme a mi destino sana y salva. Caminé por la cubierta de aquel enorme navío, uno tan grande como jamás hubiera visto, cargado de asquerosos piratas que transportaban todo lo que habían saqueado del pequeño barco en el que viajaba y se hacían dueños de cada cosa que en él se encontraba, festejando a la vez por aquello que habían robado. Vi incluso a varios hombres cargados con mis propios arcones, sin absolutamente nada de valor en ellos, a no ser que buscasen vestidos de mujer y alguna pequeña joya con solo gran valor sentimental.

Finalmente, me detuve ante una puerta y el pirata que me había acompañado me instó a entrar. Yo dudé. Mis pies se negaban a dar un paso más, mi subconsciente solo gritaba para que corriera de allí y me alejara lo más rápido posible. Cuando alcancé el pomo de la puerta, me di cuenta de que temblaba tan incontroladamente que incluso me castañeaban los dientes.

Cuando entré en el camarote, éste estaba vacío. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la escasa luz que desprendían unas pocas y solitarias velas que se encontraban separadas estratégicamente entre ellas para repartir la luz por la habitación. Agradecí que las voces, los ruidos, las armas, todo aquello se hubiera acallado cuantiosamente y utilicé aquel escaso momento de paz para pensar.

Sabía lo que me ocurriría en cuanto aquel pirata entrase por la puerta. Me utilizaría como se le antojara y después… después solo Dios sabía. Si tenía oportunidad de elegir, prefería morir a que aquel hombre me pusiera una mano encima, pero también sabía que no sería mi elección. Además, era consciente de que mis oportunidades de escapar se habían agotado. Podía intentar alcanzarle con la pequeña daga que escondía en un bolsillo de mi abrigo, pero las consecuencias de que la cosa saliera mal podrían ser terribles para mí y ya iba a sufrir lo suficiente para que la cosa fuera a peor. Lo único que podía hacer era aceptar lo que me iba a ocurrir y quizá así dolería menos.

La puerta se abrió de golpe y se cerró con tanta fuerza que yo di un respingo, asustada por la sorpresa. Los tacones de unas botas resonaron por la habitación, moviéndose cautelosamente a mí alrededor, haciéndome saber que estaba observándome. Yo seguía con la cabeza agachada, con el sobrero cubriendo mi rostro, ocultándolo. Él se acercó a mí por detrás y yo me quedé tan quieta, tan recta, que un punzante dolor comenzó a extenderse por mis huesos debido a la presión que estaba ejerciendo sobre ellos.

- Tengo que reconocer que me tienes más intrigado de lo que pensé.- Dijo una voz que reconocí como la del hombre que me buscaba cuando yo estaba a salvo en mi barco, la del capitán.- Me lo habéis puesto demasiado fácil.- Siguió hablándome mientras yo trataba de no respirar con demasiada fuerza. Lo oí reírse.- Y lo digo enserio. Esa salida repentina del colegio donde te encontrabas en Francia y el viaje a Inglaterra… ha sido como quitarle un caramelo a un niño.- Continuó, su voz volviéndose más oscura a cada palabra que decía.- Aunque casi te me escapas… pero por fin estás en mi poder.

Él dio un paso hacia mí y yo instintivamente me moví hacia atrás. Solo podía ver sus pesadas botas negras y un par de piernas musculosas cubiertas por unos pantalones negros. Se quedó quieto unos segundos y después, volvió a acercarse a mí, ésta vez más despacio, intentando no asustarme más de lo que ya me encontraba.

- Déjame ver tu rostro.- No fue una pregunta, más bien fue una advertencia para que me estuviera quieta mientras él se deshacía de las prendas que me cubrían.

Sentí como el sombrero abandonaba mi cabeza y como el pelo, que había sido estratégicamente recogido, se había desenroscado sobre sí mismo y había caído hasta mi cintura seductoramente, extendiéndose por mi espalda. Y no sé de donde saqué el valor necesario para alzar la mirada, pero lo hice.

Me encontré con unos ojos grandes, brillantes y profundos que me observaban. La fascinación se quedó prendada de su mirada un escaso segundo, fue tan corta aquella sensación que pensé que me la había inventado. Yo estaba tan sorprendida que ni siquiera me atrevía a respirar. Aquel hombre no parecía un pirata, sino todo lo contrario. Parecía todo un caballero, a excepción de su pelo, que lucía largo y sensualmente descuidado, que incitaba mudamente a enredar los dedos en él. Sus pómulos, altos, fuertes y rectos. Las pestañas tan largas y negras como su pelo. Y su boca… la palabra pecado acudió a mi mente en cuanto la miré. Me di cuenta de que había estado observándole embobada como una tonta y aparté la mirada rápidamente, avergonzada.

Su mano tocó mi barbilla y me revolví. Un calambre había cruzado de su piel a la mía, poniéndome los pelos de punta. Volví a mirarle y él, sorprendido, miró su mano y luego de nuevo a mí. Una corriente eléctrica traspasó todo mi cuerpo cuando me toco. Y él también lo había sentido.

Su cara cambió al instante y su mirada asombrada desapareció. Sus ojos habían cambiado a desprender un odio profundo y oscuro que no supe de dónde venía ni por qué se dirigía hacia mí con tanta fuerza.

- Bien. Ahora tendré que encontrar otra forma de hacerlo.- Dijo con la voz envenenada. Yo di otro paso atrás, como si aquello pudiera impedir que me hiciera daño. Mi mano se aferró al puñal que escondía en el bolsillo.- Tendré que quedarme contigo más tiempo del que había pensado.

Mis dientes chirriaron con fuerza. Dios, no sentía ninguna parte de mi cuerpo. Que hiciera lo que quisiera conmigo deprisa y que dejara de torturarme de esa forma. Lo vi sonreír, una sonrisa tan malévolamente irresistible que dejó ver unos dientes blancos perfectamente alienados. En verdad, no parecía un pirata. No era sucio, ni mal hablado. Hasta juraría que tenía modales.

- Oye tranquila, relájate. No voy a hacerte daño, no al menos como estás pensando.- Dijo divertido. ¿Y qué quería decir con eso de que no me iba a hacer daño? Estaba claro lo que quería hacer conmigo y obviamente que de una u otra forma, dolería.

Cometí el error de volver a mirarlo a los ojos. El rencor seguía impreso en ellos, pero yo no sabía a qué se debía. La verdad era que aunque pirata, ladrón y asesino, no había visto a un hombre más apuesto en la vida. Y se me ocurrió que quizá, si yo le daba lo que quería sin tener que arrebatármelo, no opusiera resistencia y me entregaba voluntariamente a sus caprichos podría salvar muchas vidas, así que tenía que intentarlo.

- No tienes que forzarme.- Hablé por primera vez, sintiendo la garganta tan seca que tuve que carraspear. Ni siquiera sé si llegó a oírme.- Me entregaré voluntariamente y haré todo lo que quieras si dejas que mi tripulación se marche con vida, te doy mi palabra.

Lo que no me esperaba, fue su reacción. El pirata comenzó a reírse. A reírse a carcajadas. Reírse de mí. ¿Qué había dicho que le parecía tan gracioso? ¿Tan cruel era que pensaba matar a todas esas personas por protegerme? Le miré furiosa por su burla y él terminó con su momento de diversión y me miró seriamente. Creo que incluso con repugnancia.

- No pienso tocarte.- Respondió. Lo había dicho con asco. Lo había visto, lo había notado.- No voy a ponerte una mano encima. Nunca.

Por una parte, me sentí alivia al escuchar sus palabras. Pero por otra me sentí horriblemente mal conmigo misma. ¿Qué pasaba conmigo para que no quisiera… tocarme?. Como había dicho, no me tocó cuando alcanzó el botón superior de mi abrigo y lo desabrochó, despojándome de él.

- No les hagas daño, por favor.- Mi voz era un susurro. Tiró de la prenda y me acercó a él. Yo no sabía que me ocurría, pero aunque estaba aterrada, tampoco quería que aquel hombre, pirata, asesino y ladrón dejase de prestarme atención.- Por favor.- Repetí, intentando distraerme de lo que estaba haciendo y convenciéndome de que si accedía a lo que quisiera hacer, serviría para algo.

El abrigo que llevaba cayó al suelo y sentí su escrutadora mirada quemando cada porción de piel por la que pasaba, mirando mi cuerpo medio desnudo con deseo y yo lo único que hacía era en sentirme asquerosamente sucia por dejar que aquello me gustara. Y por primera vez en mi vida desee que alguien me besara. Que fuera él el que lo hiciera.

- Y tampoco eres mi tipo.- Dijo volviendo a herirme una vez más. Me di cuenta de a qué era lo que se refería con aquello de que no me haría daño como yo pensaba. No era daño físico el que me estaba provocando.- Estás demasiado flacucha para mí y seguro que eres demasiado estirada para dejar que te hiciera mía.- Miré al suelo, sin saber cómo encajar lo que me acababa de decir, ni cómo responder.

- Si no me quieres a mí entonces… ¿Qué es lo que quieres, un rescate?.- Pregunté, tratando de ocultar con mis brazos mi cuerpo herido por sus palabras.

- No princesa, no es eso lo único que quiero de ti.- Él se agachó. Lo hizo delante de mí, tan cerca de mí que hizo que me tensara. Y me congelé cuando sentí su respiración caliente sobre mi vientre. Volvió a ponerse a mi altura y me pasó el abrigo que me había arrebatado sobre los hombros. Y no me tocó, ni siquiera un leve roce.- Y no voy a soltarte hasta que lo consiga todo.

- Entonces olvídate de él.- Me atreví a decirle.- Mi padre no podría pagarte. No tiene nada. Está arruinado.- Me miró seriamente y me encogí entre los pliegues de mi abrigo.

- No me gustan las mentiras y si es eso lo único que vas a decir, cierra esa pequeña boca que tienes antes de que te la parta.- Me sobresalté al oír esas rudas palabras. ¿Por qué tenía que tratarme así? N0o me esperaba una alfombra roja y flores arrojadas por donde pisara, pero no tenía por qué hablarme así.

- No estoy mintiendo.- Repliqué, defendiéndome. Nunca en la vida había dicho una mentira y no iba a empezar ahora y menos a un pirata que haría conmigo lo que quisiera dijera lo que dijese.- Por eso mismo volvía hacia Inglaterra.- Comencé a explicarle. Si dinero era lo que quería y se daba cuenta de que no lo tenía, quizá me dejaría libre.- Iba a casarme para que mi padre no per…

- No me interesa lo que fueras a hacer.- Me cortó.- Eso es lo que me ha facilitado llegar hasta a ti y es lo único que me importa.

No sé qué quiso decir con eso, pero tenía que convencer a ese pirata de que me soltara. Si llegaba a oídos de mi prometido que unos piratas se habían hecho conmigo… él no querría casarse y mi padre lo habría perdido todo, estaría arruinado. Al igual que mi reputación. Y ya no habría salvación para ninguno.

- Por favor.- Le supliqué.- Mi familia hace mucho que no posee nada de valor. Ni siquiera yo soy valiosa. No pagarán nada por mí, ni me buscarán. Tienes que creerme.- Rogué, intentando sonar todo lo convincente que podía.

- Pagarán.- Contestó secamente.- Pagarán por todo.

POV DAMON

Creo que fue incluso divertido. La dejé sola para que se fuera haciendo a la idea de que ella se iba a quedar con unos ruines piratas una temporada y que hiciera lo que hiciese no iba a dejarla escapar. Su repentina salida hacia Inglaterra me había hecho cambiar de planes, algunos de mis hombres iban a ir a por ella, ya habíamos hecho todos los planes para que la cosa funcionara, pero repentinamente la chica vino hacia nosotros, poniéndonos en una posición de bastante ventaja frente a ella. La suerte me sonreía y me ponía las cosas más fáciles, todo más a mano para que pudiera hacer y deshacer a mi antojo. De todas formas, ¿a quién se le ocurría montar a su hija en un barco de carga sin apenas protección y mandarla a un viaje donde estaría sola durante todo el trayecto? Eso no era ser muy precavido.

- Capitán.- Me llamaron, distrayéndome.- ¿Qué hacemos con la tripulación?

- Ya os lo he dicho. Matadlos.- Contesté fríamente, retomando mi camino.

- ¿A la mujer también?.- Volvió a preguntar, haciéndome parar nuevamente. Acordarme de la mujer me hizo cambiar de opinión, quizá ella me sirviera de algo. Podría ser ella quien le hiciera llegar el mensaje a aquel cabrón.

- No.- Dije.- Ella acompañará a Tyler hasta Londres.

- ¡A la orden!.- Respondió, caminando de nuevo al pequeño barco que habíamos abordado.

- ¿Tenéis a la chica, capitán?.- Subí al alcázar y comprobé los daños. Alaric, mi segundo al mando, llegó hasta mí con un gesto nada contento.

- Sí, es ella.- Contesté evasivamente. Ya sabía lo que opinaba sobre el tema y cuanto menos hablásemos sobre él, menos discutiríamos.

- ¿Y ya estás contento?.- Preguntó inquisitivamente, como si aquello no fuera más que el principio.

- No. Nunca estaré lo suficiente.

- Ya veo…- Me dijo, enfadado.

- ¿Daños?.- Pregunté, sintiendo su mirada quemar mi nuca.

- Leves, capitán. Algún rasguño, nada más.- Respondió con rapidez. Noté que no quería seguir hablando conmigo y se marchó.

Esperaba que el secuestro de la estúpida cría no me trajera problemas, ya tenía suficiente con la voz reprochadora de Alaric, como para que también la tripulación se me amotinara por tener una mujer a bordo.

Nunca había visto a la chica anteriormente y mi mente no me había dejado pensar en ella más que como un instrumento. Antes de hacerme con ella, no me había atrevido a imaginarme qué ocurriría si la chica… no me lo ponía fácil. Y a fácil me refería a que ella me ayudara a repudiarla más de lo que ya lo hacía, pero no había sido el caso. Mi cabeza no había estado preparada para una situación como ésta. Y eso solo empeoraba la situación. Habría sido más sencillo si no la hubiera visto cara a cara. Era demasiado bonita, demasiado hermosa para su propio bien y para el mío, tenía que llegar a puerto deprisa antes de que tenerla a bordo me buscara un problema con la tripulación. Yo no podía permitirme pensar de esa forma y menos con ella. Para mí, ella solo es la estúpida hija malcriada del hombre que asesinó a mi familia y destruyó mi vida y solo era un móvil para cumplir con mi venganza… después la mataría. A ella y todo lo que amaba.

POV ELENA

Cuando me dejó sola, me moví por la habitación sin saber qué hacer. Intenté abrir la ventana y aunque no me apetecía nada lanzarme de cabeza a aquellas oscuras aguas, lo habría hecho si se me hubiera dado una oportunidad, pero el cerrojo estaba malditamente cerrado. Me desplomé sobre una silla y miré a mí alrededor. Tuve que reconocer que aunque pirata, aquel hombre tenía buen gusto. La habitación estaba decorada con varios colores que se repetían, las sábanas de la gran cama, las cortinas e incluso una alfombra que había en el suelo, todas en púrpura y negro. Incluso había un estandarte que no reconocí tallado en madera, repartidos por la habitación. Me pareció raro que un pirata llevara consigo algo así, ya que aquello pertenecía a grandes familias, gente con poder. Mi familia ni siquiera tenía una.

Mis pensamientos tomaron un rumbo que no quería. Ahora mi vida dependía de ese pirata. No sabía qué hacía allí y él no quería decirme qué era lo que quería de mí ni por qué estaba allí. Si al menos me diera una explicación, me dijera qué era lo que quería, podría intentar defenderme de alguna forma, tener un poco de ventaja sobre él, pero no me atrevía a preguntar. Ahora no podía hacer más que esperar.

En aquel momento, completamente sola, más de lo que había estado jamás, solo me preocupaban las vidas que había dejado atrás y mi padre. Todas aquellas personas que habían intentado protegerme morirían por mi culpa y yo no podía detener nada de aquello.

Las lágrimas por primera vez en toda la noche eligieron ese momento para salir al recordar a Liz, la mujer que siempre había cuidado de mí, a la cual consideraba una segunda madre y que moriría por mi culpa.

Además, mi prometido no se haría cargo de las deudas de mi padre y él acabaría solo y arruinado… y si alguna vez conseguía escapar, me repudiaría a mí también. Nadie querría volver a saber nada de mí después de haber sido secuestrada por una horda de piratas. Sería una mártir en el momento en el que pusiera un pie fuera del maldito barco.

Me limpié las lágrimas con la maga del abrigo y decidí que tenía que ser fuerte y que no iba a ponerle nada fácil a aquel pirata conseguir lo que fuera que quería de mi o de mi padre. No iba a esconderme, ni a llorar más, mantendría la cabeza fría y utilizar todas las oportunidades que pudiera para librarme de él y escapar.

La puerta volvió a abrirse y cerrarse y toda la determinación que había sentido, todo aquello que me había propuesto, se esfumó en cuanto le miré a los ojos. Me levanté para quedar a su altura y no sentirme inferior, sentirme algo que buenamente podía aplastar con la mirada si se lo proponía. El pirata sonrió de medio lado, provocando que llenara mis pulmones con todo el oxígeno que éstos podían abarcar. Era condenadamente sexy. Y me odiaba por pensar así.

- ¿No vas a ponerte cómoda?.- me preguntó altanero.

- ¿Cómoda?.- Pregunté yo, moviéndome para mantenerlo lejos de mí.

- Bienvenida a tus aposentos, princesa.- Dijo divertido señalando a su alrededor.- Disfruta del viaje.

- ¿No es este tú camarote?.- Él se giró, supuse que volvería a irse y dejarme sola, pero se detuvo cuando pregunté y volvió a mirarme.

- Lo es y por desgracia, será el tuyo también.

- No pienso compartir la cama contigo.- Dije alarmada, saltando hacia atrás cuando caminó hasta mí. Mis piernas tocaron la gran cama de cuatro postes y casi caí en ella. Él me miró, miró la cama y volvió a sonreír cuando, intimidada, caminé lejos de ella. Mis mejillas quemaban.

- No es ningún placer para mí tampoco, así que no te preocupes.- Confesó, mirándome de nuevo a los ojos, enredándome en su hiriente mirada.- Como ya te he dicho, no pienso tocarte.- Dijo con repugnancia, mirándome de pies a cabeza como si fuera un bicho, un bicho asqueroso.

Me di cuenta de que tenía un pendiente en su oreja izquierda, un diamante pequeño y brillante, algo que aunque no quisiera aceptar, le daba un aire rebelde y seductor. Yo no me moví y tampoco habría podido si así lo hubiera querido. Solo trataba encontrar la salida de aquellos ojos que amenazaban con tragárseme. Intentaba evitar mirarlos directamente, pero era como un imán para mí, uno que tiraba con fuerza y que me hacía dudar de mi cordura.

Él frunció el ceño y entrecerró los ojos observándome, la verdad era que hubiera dado lo que fuera por haber sabido lo que pensaba, pero tampoco me quedaba nada, o nada que él quisiera puesto que ya tenía todo lo que me pertenecía.

- No pienso dormir aquí, ni dormir contigo.- Hablé calmadamente, controlando mi respiración.- Y me gustaría que me soltaras y llevaras a Inglaterra, porque no vas a conseguir nada de mi familia, ya te he dicho que no tenemos nada.- Él sonrió de nuevo, una pícara sonrisa que me enfureció.

- Aún mejor.- Dijo misteriosamente, retomando el paso y caminando a mí alrededor.- Si no quieres estar aquí, ve hacia la bodega. Tienes total libertad para hacerlo.- Comenzó a explicar tan cerca, que podía sentir su respiración en mi nuca.- Allí.- Continuó.- Encontrarás las camas de mi tripulación, puedes quedarte una. Quizás prefieras su compañía a la mía.

- Quizás lo haga.- Me enfrenté, dándome la vuelta y quedando cara a cara con él.- Seguro que no son ni la mitad de desagradables que tú.

- Bien. A ver lo que duras allá fuera sin mí…- Dijo estallando en risas, alejándose y llegando hasta la puerta.- Solo déjame recordarte princesita, que no han visto una mujer en semanas y aunque tú no seas gran cosa.- Repitió, volviendo a mirarme con repulsión.- Seguro que se conforman.- finalizó, dando un portazo al salir de la habitación, dejándome de nuevo sola, aterrada y dolida.

¡Gracias por leer! :)