1987

8:30 am

Era una mañana un tanto soleada en la mansión Kido. Las cosas parecían normales como siempre. Las aves cantaban, los niños jugaban y reían. Todo indicaba que sería un día normal. En ese barrio de Tokio los días pasaban como ríos, seguían su cause sin problemas al menos que algún mont´n de rocas impidiera el paso de algunas corrientes.

-¡Bola!

Como era de esperarse esa tranquilidad se vio interrumpida por los inquilinos de la mansión. Los más jóvenes se encontraban jugando mini golf en el amplio jardín de la mansión.

-¡Seiya! – Cierto peliverde corría en dirección hacia donde Seiya había golpeado la pelota. Se detuvo e inclinó su cuerpo para respirar-. Ya no la veo. Esta es la quinta bola que pierdes en la semana.

Mientras tanto en una de las habitaciones de la mansión, un chico se estiraba en su cama. Su cabello rubio se desparramaba entre la almohada y sus piernas arrugaban las sábanas. El techo fue lo primero que lograron ver los cansados ojos del caballero. Hyoga se levantaba recién o mejor dicho fue despertado por cierto golpe en la ventana.

-Es la quinta vez que me despiertan de esta forma en la semana- Se levanto a duras penas y quejándose. Últimamente no dormía bien, había tenido insomnio durante la última semana, a lo mejor a causa de su último viaje a Siberia el cual fue muy agotador. Se dirigió al baño y se desvistió para tomar una ducha y quitarse esa expresión cansada.

En la oficina de la mansión se encontraba Saori Kido sentada frente al escritorio leyendo algunas correspondencias. Entre las muchas cartas que recibía de bancos, invitaciones a fiestas, cheques y cartas del orfanato se encontraba una con unas letras griegas de color dorado con la firma del Santuario. Le resultó un poco extraño. A pesar de ser la reencarnación de la diosa protectora del Santuario no recibía muchas cartas de este a la mansión. Siempre solía estar cerca presintiendo cuando la necesitaban. Debió ser algo muy importante o una emergencia. Sin mucha prisa pero con cierto interés abrió la carta dejando de lado la demás correspondencia.

Mi querida Diosa:

Como patriarca del Santuario y como el poder se me ha otorgado, les he dado el placer a mis caballeros de tomarse unas vacaciones. Aun no planeamos bien el lugar pero yo les sugerí que fueran a visitarla a su mansión. Sé que es una idea un poco absurda y puede sonar extraño para usted e incluso puede no agradarle o incluso incomodarle pero no estaría mal que ellos fueran por unos días mientras planean donde quedarse. Además podrían protegerla, porque aunque el mal haya cesado su dominio aun queda los peligros cotidianos que acechan a la vuelta de la esquina. Es una sugerencia que le conviene considerar. Piénselo, por favor.

Mis más cordiales saludos.

El Patriarca Shion.

-¿Esto es enserio? –La diosa se puso cómoda en su silla para pensar bien lo que debía hacer-. Los doce caballeros dorados más los bronceados aquí en mi mansión -Lo pensó un buen rato mientras sostenía la carta. Torció su boca y llamó a su sirviente-… ¡Tatsumi!

En menos de cinco segundos, Tatsumi ya estaba en la puerta limpiándose el sudor con un pañuelo, listo para atender las órdenes de su señora.

-¿Qué se le ofrece, señorita Saori?

-Me gustaría que enviaras una carta al Santuario de mi parte. Quiero que estés listo para cuando te pida que la des al correo, ¿entendido?

-Por supuesto. Estaré aquí afuera esperando su llamado –Con una reverencia, Tatsumi se retiró de la oficina de Saori para esperar órdenes.

Por su parte Saori ya estaba con pluma y papel en mano escribiendo la respuesta para el Santuario.

Los bronceados ya se encontraban en el comedor disfrutando de unos deliciosos waffles. Todo parecía normal hasta que llegó Hyoga.

El caballero del cisne se dejó caer a la silla para después cabecear levemente. Los demás lo miraron pero no le prestaron mucha importancia, su viaje a Siberia debió haber sido agotador.

-Aquí tienes tu desayuno, Hyoga –El dragón le arrimó un plato de waffles a un semi dormido Hyoga, el cuál veía el plato mientras su saliva resbalaba por su boca-. ¿Muy cansado?

-¿Ah? –El cisne no había estado poniendo atención a su alrededor, ni siquiera había visto quien le había dado el plato. Estaba demasiado cansado-. Oh, sí, un poco. Llevo como tres días así –Dijo sin mucha importancia para empezar a devorar los deliciosos waffles.

-Deja de dormir tan tarde, te saldrán ojeras –Dijo Shiryu.

Hyoga , quién ya había acabado su desayuno, le dio un empujoncito al plato, tomó el vaso de leche y se levantó de la mesa.

-No duermo tarde, no sé qué me pasa –Bostezó seguido de un estiramiento—y además me duelen un poco los brazos. Debe ser porque no he hecho ejercicio últimamente. Iré a dormir un poco y luego entrenaré en el jardín –Hyoga se dirigió a las escaleras para darse un buen descanso en plena mañana pero lo necesitaba, era extraño que se sintiera de esa forma siendo él un muchacho tan saludable y atlético. Siendo un Santo de Athena.

En ese momento Tatsumi se dirigía a la puerta con una carta en las manos. Pasó a pequeños pasos rápidos. Miró de paso a los cuatro bronceados que quedaban en el comedor mientras les lanzaba una mirada de "Más vale que no hagan desastres, los observo". Seiya, por su parte, sonrió tonta e inocentemente al sirviente.

En la oficina de la mansión, Saori se encontraba hojeando los libros viejos de los estantes. Al menos si alguien entraba daría la idea de que estaba ocupada, no quería quejas o algún otro reclamo en esos momentos. Sacó entre los libros uno que le llamó la atención; un libro blanco sin título ni portada y junto a él unas fotos de su difunto abuelo, Mitsumasa Kido. Las miró un rato y después se puso a pensar en la carta que el Santuario había enviado. ¿Por qué le resultaba tan extraño? No sabía si era el hecho de que los Santos Dorados podrían llegar a la mansión o el hecho de que Shion les haya dado las vacaciones. Ver el libro blanco de nuevo la sacó de sus pensamientos. Lo tomó y lo dejó caer en el escritorio para después sentarse. Lo hojeó pensando que era alguna novela pero las primeras páginas estaban en blanco. Siguió hojeando, ya casi harta, llegó a una página donde se encontraba una fotografía en blanco y negra y algo deteriorada por el paso de los años. En la fotografía se veía un grupo de niños y algunos adultos. Detrás de ellos se encontraba un edificio con un par de torres con campanas.

-¿Qué es esto? –Saori veía la fotografía sin tomarle mucha importancia hasta que de repente tocaron la puerta-. ¿Quién es?

-Tatsumi, señorita Saori. La carta ha sido enviada con dirección al Santuario.

-Muchas gracias por tus servicios, Tatsumi. Puedes retirarte.

El sirviente se retiró después de una ligera reverencia. Saori volvió la mirada a la fotografía y pensó un poco antes de actuar.

-Tatsumi.

-¿Sí?

-Ven aquí un momento.

Éste se acercó al escritorio de Saori y observó curioso la fotografía que sostenía.

-¿Puedes decirme de qué es esta fotografía?

Tatsumi la observó con detenimiento. Entre cerró los ojos y se acercó. Su expresión era algo confusa y después cambió al darse una idea.

-Señorita Saori, ¿su abuelo nunca le contó cómo eran estas calles antes de que se construyera la mansión y el orfanato? –Dirigió su vista al rostro de la chica quien negó con la cabeza-. No me sorprende –El semblante de Tatsumi cambió a uno más serio-. Antes del orfanato que actualmente está construido había otro orfanato del cual no recuerdo el nombre, pero lo demolieron a los 3 años de haberlo construido. La gente decía que entró en bancarrota y los niños fueron enviados a diferentes orfanatos en Tokio. Donde ahora es la mansión antes era un terreno que se usaba para la siembra o eso fue lo que escuché.

Saori se quedó callada unos segundos viendo la fotografía. Al acabar de escuchar la historia puso la fotografía en su lugar, cerró el libro y lo colocó donde estaba.

-Gracias Tatsumi, puedes retirarte.

-Con su permiso.

Un par de días después en Grecia, más exactamente en El Santuario, los doce caballeros de la orden de Athena se encontraban formados en el templo papal frente a la silla del patriarca donde Shion leía una carta que venía desde Tokio, más exactamente desde la mansión Kido. Terminó de leer la carta y la volvió a meter en el sobre.

-¿Y bien? –Preguntó el santo dorado de Aries.

Shion se quedó callado por unos segundos, en realidad disfrutaba el suspenso y más cuando iba dirigido a los dorados. Tuvo que parar con la tortura no porque se hubiese cansado si no por las obligaciones que devoraban su tiempo.

-Si.

-¿Sí? –Preguntó Mu.

-Al parecer Saori aceptó alojarlos en la mansión Kido. Pueden partir mañana en la mañana. No, partirán mañana en la mañana y ese es mi veredicto. Pueden retirarse.

Los 12 caballeros se miraron entre sí. No sabían cómo reaccionar, no sentían exactamente alegría ni amargura ante la respuesta de su diosa. Mu, siendo el segundo al mando ya por costumbre decidió hablar.

-Bien, tendremos que arreglar nuestras cosas. Estaremos algunos días en Tokio vigilando a Saori y luego podremos decidir si quedarnos ahí, regresar o ir a otro lugar, ¿entendido?

Un desganado "Sí" se escuchó por parte de los presentes y así cada uno volvió a su templo a arreglar sus cosas y a prepararse para el viaje que tomarían hacia Tokio.