La habitación ciento seis se encontraba en un estado de caos controlado. Cristina había logrado por fin entubar a la pequeña, mientras Meredith luchaba por separar a la madre de la niña que se revolvía en medio de un desconcierto de sondas, tubos y agujas.

— ¿Qué pasó? —Preguntó con voz agitada Arizona, apenas ingresó a la habitación y echaba una mirada a su alrededor, evaluando la situación.

—Un taponamiento, su presión cayó, presentaba sonidos cardiacos sordos. —Se limitó a informar Cristina. Mientras la madre respondía entre balbuceos desesperados, la pregunta de la pediatra. — Ella… Ella estaba bien. Estaba respirando y de pronto… de pronto…

Meredith tragó saliva con fuerza, había algo en aquella familia que le recordaba a la suya. Quizá fueran los enormes ojos de Emily tan oscuros y tan parecidos a los de Zola o tal vez el estado de impotencia y desesperación reflejadas en la mirada azul de la madre.

Por unos segundos reconoció aquella mirada en sus propios ojos, hacia algún tiempo, ella también estuvo a punto de perder a su pequeña. Por unos segundos, aquellos interminables días se colaron en su mente.

— ¿Mer?

La voz de Cristina la trajo de vuelta a la realidad.

—Emily, mírame estarás bien… ¡Bien, vamos quédate conmigo! —La voz segura de Meredith, llamó la atención de la pequeña, lo suficiente, para que la niña fijara en ella sus enormes y aterrorizados ojitos negros.

— ¡Yang, mantén el ultrasonido justo encima de la efusión! Emily, mírame de acuerdo, sentirás un pinchazo en tu pecho, te dolerá un poco, así que deberás ser muy valiente para no asustar a tu mami ¿de acuerdo? —La niña aterrada, se limitó a asentir en respuesta, intentando aguantar los sollozos.

Una sola mirada por parte de la cirujana pediátrica bastó, para que Meredith entendiera el mensaje. Con una de sus manos tomó la pequeña mano de la niña y la apretó como hubiese hecho con la de su pequeña Zola, mientras con la otra acariciaba los oscuros rizos y le susurraba palabras tranquilizadoras al oído. Antes que una enorme aguja se introdujera en el pecho de la pequeña paciente.

Pudo sentir el dolor de la pequeña en su propio cuerpo, cuando la manita se aferró con más fuerza a la de ella, limpio las lagrimas de la niña lo mejor que pudo y le dio un beso en la frente, antes de susurrarle que ya todo había pasado.

Unos segundos más tarde, el peligro había pasado y la niña volvía a respirar con normalidad.


Los cachorros se sienten seguros dentro de la manada. Tienen más oportunidades de sobrevivir frente a los depredadores, tienen más oportunidades de hallar alimento e incluso de controlar mejor su temperatura corporal. Un cachorro que se aleja de su manada está condenado a muerte.

Como médicos, debemos aprender a ser fríos, a mantener bajo control las emociones, pero hay ocasiones en que la frialdad se vuelve tan solo una teoría y las emociones saltan a flor de piel.


La guardería del hospital no era el lugar más adecuado cuando alguien deseaba estar a solas. Aquellas paredes coloridas, llenas de gritos y canciones desafinadas pondrían los nervios de punta al más curtido de los cirujanos. Sin embargo, en ciertas ocasiones era el único lugar que la Dra. Gray podría considerar un remanso de paz.

La mecedora moviéndose a un ritmo constante, la succión del pequeño en su pecho, las manitas pegajosas de Zola, eran como una canción de cuna cálida y reconfortante, como esa nana que su madre nunca le cantó.

La manita oscura de Zola, aferrándose a su pantalón azul celeste mientras le sonreía orgullosa y le mostraba su última "obra de arte" dedicada a su hermano, la sonrisa abierta de la niña cada vez que ella le daba su aprobación, los pequeños suspiros del bebe cuando lo cambiaba de posición en su regazo. Aquellos gestos tan simples de sus hijos, eran los que la llenaban de paz, los que le infundían valor en un día difícil.

— ¿Te encuentras bien Mer? —Preguntó Cristina, al ver a su amiga salir de la guardería.

—No… si, es que esa niña me recuerda un poco a Zola. —Respondió Meredith, colocándose el estetoscopio alrededor del cuello, mientras intentaba huir del tema caminando a paso ligero, algunas cosas eran mejor dejarlas estar.

—Los niños tienden a trastornar a la gente, esos pequeños seres humanos te llenan de hormonas y te hacen dejar cosas a medias. —Recriminó en un susurró Cristina, a nadie en especial. Sin embargo su comentario no había pasado desapercibido a oídos de su amiga.

— ¿Te refieres al treinta por ciento menos de cirugías que yo no hago y que tú sí? —Respondió con voz reprobadora.

—Creo que si Derek no estuviera a tu lado, serias menos madre y más cirujana… no sé más parecida a ella. — Se atrevió a reconocer Cristina, con sinceridad.

— ¡Crees que sería como ella, que sería como mi madre!

Por unos segundos Cristina no supo que responder. Sabía que sus palabras, de alguna manera, habían herido a su amiga sin desearlo, pero no era natural en ella callar lo que pensaba. Y para ella un hijo, una familia eran algo capaz de detener una carrera, algo que la arrastraría rumbo al fracaso como cirujana.

—No, no, no… no es eso lo que trato de decir Mer, escucha… Derek, tú es distinto…

— ¿En serio? Crees que si Derek fuera un pelele como mi padre, sería igual que ella ¿verdad?

—Sólo digo que hoy te involucraste personalmente en el caso y eso no hubiera sucedido si esa niña y su madre no se parecieran tanto a Zola y a ti. —Intentó explicar con desesperación Cristina, mientras veía enrojecer los ojos de su amiga.

Cristina podía intuir que una tormenta se acercaba y lo que menos necesitaba después de una semana agotadora era una discusión con su mejor amiga. Sin embargo la mirada desaprobadora de Meredith, le dijo que ya era tarde, lo mejor sería dejar que la tormenta pasara e intentar explicarse después o mejor todavía, dejar el tema olvidado, aunque dudaba que su amiga lo dejara pasar.

— ¿Y que si lo hice? Yo nunca te juzgue, cristina. ¡Siempre fui "tu persona"! —Terminó por decir Meredith, antes de desaparecer dentro del elevador.

La última ronda del día tendía a ser la más importante y la más agotadora. Dejar a los internos preparados para las horas que tendrían que lidiar sin los adjuntos, indicarles a los residentes que no intentaran nada lo suficiente estúpidos para hacerse los héroes y con ello matar a los pacientes.

Cristina miró su reloj por última vez aquel día, su turno había terminado. Se colocó el bolso al hombro y salió del hospital sola, sin mirar atrás. Así estaban las cosas y así debían ser, su amor y su vida eran las cirugías, las relaciones de pareja eran algo que ocupaban un segundo plano en su vida, un hijo algo impensable.


Muchas veces el que será líder de una manada vaga solo por el mundo. Unas veces por que fue vencido por un rival más fuerte y se ve condenado a vagar solitario e inseguro hasta encontrar un nuevo rival. Muestra sus cicatrices con orgullo y sigue vagando rumbo al sol. Otros no muestran cicatrices, aún no han encontrado un rival digno de ellos, aún no han encontrado una manada a donde pertenecer.


Los sonidos lejanos de una sirena la tentaban abrir los ojos, sin embargo su cuerpo se resistía a hacer cualquier movimiento. No recordaba nada, mejor dicho casi nada: Ruido de metal al chocar con algo, gritos angustiados, dolor y más gritos que parecían provenir de todos lados.

Intentó forzar a su mente a recordar, nada simplemente nada.

Maldijo en silencio o quizá tan solo lo creyó así. Su brazo derecho debería estar bien, seguramente no tendría más que un par de hematomas, pensó, al sentir un ligero dolor cuando intento moverlo. Su mente la llevó a un quirófano liderado por Callie, antes de sentir un dolor agudo y punzante en el pecho.

Volvió a maldecir, mientras intentaba poco a poco mover cada uno de sus músculos, un grito murió en su garganta, no podía ser… Otra vez no, volvió a intentar mover su brazo izquierdo, pero simplemente no ocurrió nada, ni tan siquiera dolor. Intento gritar, pedir auxilio pero una vez más los gritos murieron antes de poder salir a la superficie, pensó en la doctora de cabello negro antes de sucumbir víctima del dolor.


Gracias a quien me corrigió el nombre del bebe de Meredith, ya está arreglado… Fue un lapsus brutus ;)

Pasado mañana colgaré la tercera y última parte del fic.