Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.
Capitulo 1
La Noticia
Londres, 8 de abril de 1753
El día había amanecido nublado, algo completamente normal en aquella época y en aquella ciudad. Los dueños de los distintos negocios iban abriendo sus locales, a la espera de que aquel fuese un día provechoso y lleno de ganancias.
Mientras, una joven noble aún dormía profundamente, hasta que los gritos de sus padres discutiendo la despertaron. Se giró en la cama y suspiró, últimamente eso ocurría tan a menudo que ya debería estar acostumbrada. Preguntándose el porqué de la discusión esta vez, llamó a su doncella para que la ayudase a arreglarse.
-Katie, ¿tienes alguna idea de porque están discutiendo otra vez mis padres?-Le preguntó a su doncella.
-No Hermione, no tengo ni la más mínima idea, serán cosas de casados.-Le respondió Katie. Hermione sonrió, le gustaba la manera en la que Katie le quitaba importancia a todo, tal vez por eso le caía tan bien.
Aún recordaba cuando sus padres la contrataron, había sido hacía cinco años, su nana había muerto y Hermione necesitaba urgentemente a alguien que supiese peinarla y prepararla. Katie era apenas una muchacha de catorce años, con el pelo castaño muy largo, y con unos ojos del color de la miel, que había perdido a su madre siendo pequeña y su padre la había dejado con su tía para que la cuidase, pero era tan madura y responsable que la señora Granger no había dudado en contratarla, y al ser sólo un año mayor que Hermione habían congeniado muy bien las dos. Gracias a Katie había conseguido superar en poco tiempo la muerte de su nana y se había ganado a una gran amiga.
Después de unas cuantas quejas por parte de Katie hacia el indomable de su pelo, bajó al comedor, donde estaba Marie, la cocinera, llevando los bollos que acababa de hacer junto con el resto de ricos manjares que había ya sobre la enorme mesa.
-Buenos días, señorita Hermione.-Le dijo alegremente la mujer.
-Buenos días Marie, ¿sabes porque mis padres están discutiendo otra vez?-Le preguntó un tanto molesta, pues desde el comedor los gritos se oían más fuertes, aunque era incapaz de comprender lo que decían.
-No señorita, lo siento.-Le respondió disgustada, por tener que darle una respuesta negativa.
-Oh, no te preocupes.-Le contestó Hermione sonriéndole mientras se sentaba.-Ya me enteraré más tarde.
Terminó de desayunar justo en el momento en el que sus padres salían del despacho. Su madre tenía el pelo recogido en un moño alto, y se podían ver unas pocas canas entre todo el pelo castaño, los ojos avellana, que normalmente resplandecían de felicidad, habían perdido ese brillo y estaban rojos como si hubiese llorado, además llevaba su precioso vestido verde arrugado, como si lo hubiese agarrado con mucha fuerza, pero eso no evitaba que resaltará su bonita figura. Su padre en cambio, tenía cara de aceptación, como si ya hubiese aceptado que algo inevitable fuese a pasar. El poco pelo que no estaba cubierto por canas también era castaño, sus ojos eran de un marrón pardo, vestía unos pantalones y una casaca negros y una camisa blanca, y aún podían apreciarse ligeramente los tonificados brazos que poseía de su juventud. Y es que, a pesar de estar en la cuarentena, ambos se conservaban muy bien.
Hermione se parecía muchos a los dos, había heredado el pelo castaño y con rizos, y los ojos de su padre, mientras que la figura era como la de su madre, ambas tenían una estatura media, un poco anchas de caderas y con la cintura pequeña, todo en proporción. En cuanto al carácter había heredado la inteligencia de su madre y su pasión por los libros, y por parte de su padre el orgullo, la testarudez y el fuerte carácter que más de una vez les había llevado a tener discusiones fuertes, aunque echando la vista a esos días atrás, debía reconocer que su madre también tenía su carácter.
Nada mas mirar la cara de su madre, supo que algo no andaba bien, parecía estar entre enfada, decepcionada y triste, y si Hermione sabía una cosa era que Jean Granger siempre estaba contenta y con una sonrisa en su rostro. Cuando Jean miró a su hija se dio cuenta de que si no se iba a su cuarto le terminaría contando lo que pasaba, pero su marido le había hecho prometer que se lo contaría más tarde, así que, con la intención de no preocupar a su hija se fue escaleras arriba.
-¡Mamá, espera! ¿Qué te pasa?-Le preguntó Hermione muy preocupada.
-No te preocupes.-Le dijo su padre.-Es que, bueno, acaba de enterarse que tuve que vender un broche que le regalé cuando nos comprometimos para poder pagar la cantidad que corresponde este mes de la deuda.-Le mintió.-Y bueno, ¿no ibas a salir con Hannah?
-Si.-Le contestó Hermione todavía pensativa.-Va a venir a recogerme con Neville y con Ernie.
-Oh, vale, espero que lo paséis bien.-Le contestó mientras sonreía.
-Sí, yo también lo espero.-Le contestó ella mientras se contagiaba de la sonrisa de su padre.
Cuando el timbre sonó a las diez en punto, Richard Granger se encontraba en su despacho pensando en lo que había hecho, definitivamente, se merecía que su mujer le odiase y también se merecería cuando su hija también lo hiciese, pero no le había quedado otra solución, no podía permitir que por culpa de sus deudas toda su familia se quedase en la calle. Miró por la ventana y vio a su hija reunirse con su amiga, que iba con su prometido y su primo. No había tenido el valor de decírselo, quería que disfrutase de su último día en Londres, ya lloraría y se lamentaría después.
Cuando Hermione salió, se encontró a una sonriente Hannah nada más verla la abrazó con efusividad.
-¡Hermione! Oh Dios mío, no sabes las ganas que tenía de hablar contigo, no hemos podido hacerlos desde la fiesta de mi compromiso y ya han pasado tres días.-Le dijo Hannah.
-Si primita, pero primero deja que los caballeros saludemos, ¿no?-le preguntó Ernie mientras se adelantaba y besaba la mano de Hermione.-Como siempre es un placer verte Hermione.
-¿Tu un caballero? No me hagas reír Ernie, el único caballero que hay por aquí es mi prometido, ¿verdad que si, cielo?-Repuso Hannah, mirando a su prometido con adoración.
-Sí por supuesto.-Contestó Neville mientras besaba la mano que antes también había besado Ernie.-Me alegro de verte Hermione.
-Yo también, no sabéis las ganas que tenía de salir de casa, es lo malo de que seas de mis pocas amigas todavía no casadas.
-Pero eso no será por mucho tiempo, dentro de cuatro meses seré la Señora Longbottom.-Le contestó Hannah.
Y así se puso a contarle lo que había pasado desde el día que habían formalizado su compromiso ante la sociedad, que si preparativos, invitaciones, el vestido que llevaría... Mientras la observaba hablar, Hermione se dio cuenta de lo enamorada que estaba su amiga de su prometido. Hannah y Hermione habían sido amigas desde pequeñas, un día, cuando ambas tenían quince años, vieron como la muy mayor concesa Longbottom se mudaba desde el tranquilo campo para que su único nieto se pudiese relacionar con la nobleza de la ciudad y esperaba, como ya había alcanzado la mayoría de edad, que pudiese comprometerse. Unos días más tarde los tres habían coincidido en una fiesta que había organizado la condesa para celebrar su traslado y desde entonces se hicieron muy amigos, aunque al final la amistad que tenían Neville y Hanna se había convertido en amor, así que cuando Hannah había llegado a la mayoría de edad le había propuesto matrimonio sin dudarlo.
Neville les había contado que fue criado por su abuela, porque sus padres habían sido secuestrados y utilizados como conejillos de Indias de una máquina de torturas que una demente llamada Bellatrix Lestrange y su marido había construido, finalmente ambos habían sido mandados a Australia como castigo, y los padres de Neville quedaron tan afectados que no reconocían ni a su propio hijo, por lo que no pudieron seguir ejerciendo su papel entre la nobleza y el título de conde había pasado a Neville. Hermione recordaba como las dos habían llorado mientras que a Neville se le escapaban pequeñas lágrimas, y de esta manera, ella y Hannah habían abrazado a Neville dándole su apoyo. Y ahora que les veía a los dos tan contentos e ilusionados con su compromiso, no podía dejar de alegrarse por ellos.
Queriendo dejarles un poco de intimidad, dejó que la adelantasen hasta ponerse a la altura de Ernie. Habían sido pocas las veces que le había visto pues vivía en el campo y pasaba temporadas muy cortas en la ciudad, y sólo para visitar a su prima favorita, como él decía, pero debía reconocer que era un hombre muy simpático y extrovertido, lo descubrió cuando Hannah y Neville les pidieron que fueran sus carabinas.
-Me encanta ver a mi prima tan feliz, Neville es un buen hombre, se que cuidará bien de ella, y además hemos congeniado muy bien.-Le comentó.
-Sí, yo también me alegro, aun me acuerdo de las largas conversaciones que he tenido con Hannah acerca de sus sentimientos y de los de Neville.-Le contestó.
Ambos se quedaron en silencio, Hermione miró hacia adelante y no pudo evitar sonreír, un mechón del pelo rubio de su amiga se había salido de su elegante moño, debido al viento primaveral que soplaba, y Neville con toda su caballerosidad intentaba sujetárselo con una horquilla, cuando por fin lo consiguió, rodeó la cara de Hannah con sus manos y le dio un leve beso en los labios. En ese instante Ernie carraspeó y ambos se separaron muy sonrojados, Hermione se rió mientras sus amigos enrojecían aún más, pero pudo ver el brillo de felicidad completa en los ojos azules de su amiga y el de amor profundo en los marrones de Neville. Hermione esperaba poder estar así de enamorada algún día.
Llegó a casa justo para la hora de comer, según de comentó Olivia, el ama de llaves, sus padres estaba esperándola.
-Lamento el retraso, es que Hannah tenía muchas cosas que contarme sobre su compromiso.-Dijo nada más entrar en el comedor.
-Oh, no te preocupes hija, acabamos de sentarnos a la mesa.-Le respondió su madre, que tenía el mismo aspecto que le había visto esta mañana.
-Mamá, ¿estás bien? No te veo buena cara y esta mañana…-Pero no la dejó terminar.
-Estoy perfectamente, de verdad. Y ahora vamos a comer.-Dijo concluyendo así la conversación.
Después de comer, Hermione se dirigió al salón donde se encontraba en piano que le regaló su padre cuando tenía siete años y con el que había aprendido a tocar una canción entera. Le encantaba tocar, la hacía sentir tranquila, se sentía como cuando leía un libro, sentía que se transportaba a otro lugar, a otro mundo, donde todo era posible y sólo había sitio para ser feliz. En ese mundo feliz se encontraba cuando su padre la llamó.
-Hermione ve al despacho, tenemos que hablar.-Le dijo seriamente.
Lo primero que vio nada más entrar fue a su madre llorando, rápidamente fue hacia ella y la abrazó.
-¿Qué es lo que ocurre? ¿Tiene que ver con lo que ha ocurrido esta mañana? ¡Que alguien haga el favor de contarme algo!-Dijo gritando.
Sus padres se miraron entre sí y entonces su padre habló.
-Verás hija, sabes que por culpa de mi adicción al juego tenemos muchas deudas, y el poco dinero que nos quedaba se ha acabado. Para no perder la casa no me ha quedado más remedio que comprometerte a cambio de una gran suma de dinero.
-¿Comprometerme?-No podía creerlo, su padre había hecho un trueque con ella, la había vendido, se giró para ver a su madre, y pudo comprender porque su padre lo había hecho, no podía dejar a su madre en la calle.-Y se puede saber con quién voy a casarme y cuando.
-Estas comprometida con…- Su padre dudó.
-¿Con quién? ¡Dímelo!-Le suplicó Hermione.
-Con… la Bestia…
