Disclaimer: Los personajes de Shingeki no Kyojin pertenecen a Hajime Isayama. Este Fanfiction es escrito sin fines lucrativos.
Notas del capítulo: En éste se combinan presente y pasado: En el presente, Levi está en prisión y a la mitad del fic ocurre un salto al pasado (psiquiátrico). Palabras altisonantes. Mención a homicidio y brote psicótico (desconexión temporal de la realidad). Temática fuerte. Se recomienda discreción.
Un agradecimiento especial a Jeaninne por tomarse la molestia de mencionar este fic en su comunidad en FB:"Shingeki No Riren/Ereri Fanfics" ¡muy recomendada para los amantes de este bello pairing! Espero que puedan encontrar muchas sugerencias de fics que les agraden, es muy variada.
Bueno, sin más, al fic.
– 2 –
Estaba de pie, con la mirada grisácea perdida en algún punto de la celda. Esperando.
El tiempo corría muy lento en prisión. Casi tan lento como en el psiquiátrico. La diferencia era que, en la cárcel, podía hacerles juegos mentales a otros condenados a muerte cuando se aburría… el último imploró que lo mataran en ese momento. Levi sonrió con frialdad. Parecía que, a pesar de estar encerrado como un animal, no había perdido su toque.
Esa tarde gris, la penúltima antes de su sentencia de muerte, Levi recibió la visita de una psiquiatra inútil que le devolvió la sensación de estar en control: La sensación de dominar a pesar de estar encerrado y refundido en la parte más oscura e inaccesible de la prisión. Hanji estaba tan bien entrenada por el trabajo que ya se sabía todos los pormenores, así que era extremadamente difícil de manejar. Sin embargo, la nueva psiquiatra era presa fácil: Levi estaba seguro de que la podría controlar a su antojo en cuestión de minutos. El azabache podría tomar su mente y transformarla, manipularla o destruirla si quería. Estaba seguro. Sasha tenía un corazón tan blando, débil y ridículo que Levi no dudó de que su plan funcionaría.
Y, al poco tiempo de haber ingresado a la celda para hablar con él, Sasha había salido de la prisión más enloquecida que el mismo Levi.
Tres minutos después.
Eso fue todo lo que el moreno necesitó para dejarla totalmente aterrorizada.
Con el cuerpo temblando, sacudiéndose de pánico y los ojos cafés anegados en lágrimas de terror, Sasha se pegó de espaldas contra los barrotes de aquella celda congelada y tragada por sombras, con una orden maldita y venenosa retumbando en su cabeza:
—Quiero que busques a Eren y me lo traigas. —Le había siseado al oído aquel hombre, en una voz bastante baja, grave y llena de rencor—… Si está muerto, desentiérralo o sácalo de la fosa común, no me importa. Pero si está vivo, vas a convencer a tus jefes de mierda de que me dejen verlo. Te voy a dar ocho horas. Si no, usaré cualquier medio para buscarte fuera de la cárcel y te voy a quemar viva. Y si crees que no puedo hacerlo porque estoy encerrado, no me conoces bien. Me sobra quién me haga el puto favor allá afuera.
Sasha no podía dejar de temblar. Más lágrimas de miedo resbalaron por su rostro.
—Si dices una sola palabra de esto… sólo piensa que vas a adelantar tu propia muerte. Estaba esperando a que vinieras… Alguien afuera ya sabe que te di esta orden y cuándo debes cumplirla; recuerda esto antes de que abras tu puta boca. Ahora lárgate.
Y la dejó en la esquina de la celda, hecha una bola temblorosa y sollozante, llamándole a gritos desgarradores al guardia al borde del llanto y, en cuanto éste le abrió la reja, Sasha salió disparada y horrorizada de ahí. La castaña había insistido en dialogar con Levi ella sola… y eso fue lo que resultó.
Maldición. No quedaba mucho tiempo… La inyección letal estaba lista en un cuarto no muy lejano a su celda. El moreno le había dado tanto odio y tanta crueldad al mundo, que todo el mundo lo quería muerto…
Suspirando, Levi apoyó la espalda contra un muro e inconscientemente mordió su anillo de bodas varias veces; el único tic nervioso que tenía desde que se casó. El anillo gemelo del que usaba Eren. Era la única joya que poseía, la que se había quitado y guardado en un lugar estratégico de su cuerpo en cuanto supo que lo iban a arrestar. Ese anillo que sólo usaba cuando estaba completamente solo como en ese momento. Todo su cuerpo estaba a la espera de Eren, hundido en recuerdos del psiquiátrico y del castaño, jugándole una mala pasada como un fantasma.
El jueves era el único día en que Eren y Levi se veían. Se sentaban en el mismo escalón por dos horas a contemplar la tarde. Ese día, Levi escuchó la historia de Eren y cómo había terminado ahí, mientras que el moreno contaba muy poco de sí mismo, por no decir casi nada.
En algún punto del relato, Levi tocó las gasas gruesas en las muñecas de Eren y, cuando el pasillo se despejó, le susurró:
—Tu vida es mía ahora. Si mueres, será porque yo así lo quise, pero no volverás a intentar algo como esto.
Eren bajó la mirada. No sabía si lo que el moreno le estaba ofreciendo era amor, pero a una parte de él le gustaba ser de Levi. Eren también quería conservar una parte de ese joven, marcarlo, aunque no sabía cómo.
Sintió que Levi se pegaba contra él, bajando la voz mucho más. Eren se paralizó al verlo tan cerca, y sintió su mano blanca y fría por debajo de su camisa, colocándole un papel doblado que Eren no pudo ver. Tenía que disimular.
—Estúdialo. Come y duerme lo mejor que puedas. Cuando escuches un estruendo de la nada, sal de tu cuarto. Esto será complicado y necesito que tengas energía.
—¿Eh?
Entonces, Levi se levantó al notar a los enfermeros acercarse a ellos. Las dos horas de esa semana habían terminado. Casi sintió una punzada en el pecho al sentir la ausencia del moreno, pero no hizo nada más que ver cómo se lo llevaban. Era el momento de la semana que más odiaba.
Cuando el castaño llegó a su cuarto y se quedó solo, vio que el papel era un plano del hospital trazado a mano, con una tinta marrón que olía extraño.
Eren se alarmó. ¿Esa tinta era sangre?
En el plano, el moreno había completado la parte subterránea, las plantas baja y alta de la clínica, el jardín, e identificó las cámaras y los senderos menos vigilados. Era la víspera de Año Nuevo: Levi incluso había tomado en cuenta la distracción con los fuegos artificiales y que había menos gente en el hospital trabajando en esa fecha. Había pensado en todo.
Y, más que nunca, Eren se sintió completamente encantado y obsesionado por él. Por ese hombre tan brillante.
Esa noche, la huida tenía que ser rápida y definitiva. Eren estaba pronto a que lo dieran de alta pero, si se escapaba con el moreno y fallaban juntos, la vigilancia sobre ellos sería exhaustiva. Pero no había manera de que se fuera y dejara a Levi. El escape tenía que ser un éxito al primer intento. No habría una segunda oportunidad.
Y así, al primer estallido de la noche, los dos locos se fugaron mientras el cielo oscuro se pintaba de chispas de colores y humo y se oían los gritos de la gente extasiada, como una comedia de humor negro. Aunque los persiguieron y el hospital estalló en caos, ninguno de los vigilantes tuvo la fuerza ni el hambre de libertad que tenían los dos dementes. Esa hambre feroz de una vida nueva que los hizo correr hasta que sus piernas agarrotadas no dieron más y se derrumbaron en un callejón apestoso y desconocido, donde Eren, con la cara raspada y manchada de lodo, admitió por primera vez que amaba a una persona… que amaba a Levi, y sintió un apretón fuerte en su mano como respuesta, mientras escuchaba los explosivos y veía las chispas en el cielo. Jamás se había sentido tan feliz y tan pleno en su desequilibrada vida.
El infierno del hospital se había acabado, ya sólo les quedaba enfrentar al mundo real.
Pasaron casi una semana sin comer, sin bañarse, sin un techo. Sin embargo, tenían que seguir, de alguna manera sobrevivirían. El más inconforme con la situación era Levi, quien se volvió mucho más loco en la calle que en el psiquiátrico debido a las condiciones inhumanas de suciedad, puesto que dormían en un callejón entre los animales enfermos, brutales y hambrientos y el olor fétido de los contenedores de basura.
Una semana después, consiguieron un techo: Levi tenía algunos contactos y había "cobrado una deuda", aunque Eren jamás supo a qué tipo de deuda se refería. Sólo supo que compró comida y llegaron a un cuartucho de hotel que, aunque había cucarachas, termitas y gusanos por las paredes en descomposición, les servía para cubrirse de la lluvia y que no los mordieran las ratas cuando intentaban dormir, además de que podían bañarse. Levi estaba viviendo el verdadero tormento y Eren lo sabía: No había nada en el mundo que Levi odiara más que la maldita suciedad.
Cada semana cambiaban de hogar. El segundo tenía agua caliente y pocas cucarachas, el tercero incluso estaba amueblado. Fue en ese tiempo en que Eren le ofreció a Levi mudarse a casa de sus padres.
—Es muy arriesgado. Será el primer lugar donde nos buscarán. —Fue toda su respuesta, cuando Eren se lo propuso insistiendo en que quería ayudar de alguna manera— Puedes venderla. Hay una manera.
Eren lo miró con confusión.
Si había algo de lo que Levi conocía, era del bajo mundo: Él sabía todo sobre estafas, negocios torcidos y corrupción, y decía que todo el mundo tenía un precio. Eren vendió su casa de la manera "ilegal" pero "segura" a los ojos de Levi: Primero la donó a un "prestanombres" —el moreno le explicó que era un sujeto con buen crédito que fingía ser el dueño legal de una propiedad y pagaba los impuestos, cuando, en realidad, el comprador y dueño era otro, y Levi aseguró que esta técnica se usaba mucho en los negocios ilícitos—. Dijo que era muy arriesgado que Eren la vendiera con su nombre, que la policía se iría sobre ellos inmediatamente.
De esa forma, Eren consiguió el dinero por su casa y compraron otra, impresionado por lo rápido que estaban avanzando: Apenas habían pasado tres meses desde su huida y ya tenía una propiedad que compartía con el moreno. Por primera vez, sonrió satisfecho.
Empezaban a vivir la buena vida… o, más bien, la vida no-tan-jodida.
Entre la huida del psiquiátrico y el arresto de Levi, pasaron dos años. Dos maravillosos y tormentosos años, dulces y amargos… pero Eren fue feliz; y, en su corazón, esperaba que Levi también lo hubiera sido.
Cuando se mudaron juntos, Eren seguía tomando medicamentos y viendo a un psiquiatra particular, puesto que quería recuperarse. Se sentía bien y creía que era porque no había dejado el tratamiento: Había recuperado su vida normal, podía estudiar, no se sentía tan alterado todo el tiempo y tenía más control sobre sí mismo. Pero Levi era todo lo contrario.
Levi había vuelto a lo mismo y había dejado los medicamentos definitivamente. Antes mataba por trabajo, pero ahora lo hacía incluso por placer. Eren le pedía que fuera cuidadoso con ello, normalmente cuando el moreno lavaba los trastes de la cena y Eren lo abrazaba por detrás y besaba su pelo. Levi le decía que no lo molestara.
En el caso de Eren, él continuó sus estudios de medicina bajo otro nombre, en la nueva ciudad a la que se habían mudado. No supo por qué, pero un día le llamó la atención trabajar con niños y, desde entonces, no pudo sacarse la idea de la cabeza. Eren sabía que, en su niñez, muchas veces deseó que alguien lo ayudara, lo escuchara y lo guiara, mientras su madre estaba en coma y su padre lo criticaba por no ser perfecto. Hubiera sido genial tener a alguien en aquel entonces, y pensó que él quería ser ese "alguien" para otro niño con algún trastorno psiquiátrico; con ese pensamiento en mente, empezó a esforzarse en ello.
Entendía que Levi matara, pero eso no era lo que Eren quería hacer. Él quería ayudar.
… Hasta aquella noche.
Entre las penumbras del cuarto, la luz de la luna le dejó ver entre las sábanas a un joven al lado de Levi. Ambos estaban vestidos, aunque probablemente no por mucho. El estómago de Eren se enfrió al ver la escena, su mente suspendida. Y, de ahí, todo fue borroso. Sólo tenía partes de ese recuerdo, pedazos sin mucho sentido como recortes de una película.
Al mirarlos, lo primero que hizo fue buscar una de las armas de Levi en un cajón de la cocina, cargarla, subir al cuarto y disparar. Tres. Cinco. Diez. Doce. Quince veces. Cuando se acabó las balas, le preguntó a Levi en dónde las guardaba porque "quería más". Levi lo miraba como si le hubiera explotado la cabeza.
En el siguiente recuerdo, estaban en un metro hacia una dirección desconocida. No supo qué pasó con el cadáver, pero jamás volvieron a esa casa.
—¿No te acuerdas de nada?
—No, sólo del cuarto… y el metro…
Esa noche, rentaron una habitación donde quedarse. Levi se lo quedó viendo, sin creerle.
—¿Tampoco recuerdas lo que me dijiste?
—¿De qué?
El moreno guardó silencio un momento.
—Después de que me pediste más balas, te dije "ya, Eren, está muerto" pero no me escuchaste y seguiste buscando. Mientras lo hacías, decías que tenías ganas de dispararle hasta desfigurarlo y que no me metiera. Estabas como en otro lado. —Explicó— Y… esto lo tienes que recordar. Lo último que dijiste.
Eren sólo viró los ojos, sin idea. Levi suspiró con fastidio.
—"Cuando quieras hacerlo con alguien, puedes traer a todos los que quieras… pero los mataré uno por uno. Ése es el precio por tocarte".
El castaño lo miró sin caber en su asombro. Una vez había pensado eso, pero estaba seguro de que nunca lo había dicho. Sin embargo, sabía que Levi no mentía. Esas palabras sonaban exactamente a como Eren se sentía.
—¿Eso es lo que sientes por mí? —Le preguntó el moreno, seco e impasible.
Eren se quedó quieto, para luego asentir lentamente como un niño descubierto en una travesura y recién regañado por su madre.
—No quiero que nadie te toque. Que nadie te mire. Quiero que me pertenezcas. —Admitió el castaño, en voz baja.
Levi lo miró sin expresión.
—Lo hice por trabajo, sólo tenía que distraerlo. —Le explicó.
—… Si lo hiciste por dinero, yo puedo darte todo el que quieras. Pero no quiero que nadie te vuelva a tocar. Si alguien se atreve, lo destrozaré. Te juro que lo haré pedazos… —sentenció, cabizbajo— Eres demasiado importante, Levi. Lo más importante.
Un brillo de interés recorrió los ojos grises de Levi. Acto seguido, el moreno se le acercó y le susurró:
—Entonces, deja de tomar los medicamentos.
Eren parecía confundido.
—Pero-
—Me gustas más sin ellos. —Agregó.
La duda se paseó por los ojos de Eren. Le había costado mucho trabajo superar o, más bien, calmar el problema. Sin medicación, estaba seguro de que empeoraría, no sabía si se iba a poder controlar. ¿Qué tal si intentaba matar a Levi y luego no lo recordaba?
—No quiero hacerte daño… —comenzó Eren, preocupado, agobiado por la posibilidad, sufriendo por el solo pensamiento de perder a Levi por sus manos, o por cualquier otra manera.
—No lo harás. Yo puedo controlarte.
Sabía que Levi era un hombre fuerte, pero Eren no quería causarle problemas con su locura. No quería ser una molestia.
Ésa fue la tercera razón por la que eligió psiquiatría. Eren padecía de brotes psicóticos combinados con arranques de ira desde los trece años. Tenía alucinaciones perversas y actuaba. Sintió tanto miedo…
—Quiero casarme… pero con el Eren que está loco.
Eso fue todo lo que Levi tuvo que decir para que Eren aceptara de forma absoluta e inmediata, completamente aterrado, pero irremediablemente enamorado de él.
Fin del capítulo 2.
Notas: ¡Hola! Muchas gracias a quienes leen este fic. Al principio, me gustaba con el capítulo uno, pero quise intentar una continuación, ojalá no haya quedado tan terrible (?)
Muchas gracias a quienes han marcado este fic en favs/follows y a quienes se han tomado el tiempo de hacerme saber su opinión, lo aprecio mucho, sus comentarios me inyectaron mucha energía. He respondido algunos reviews vía PM (siento mucho la tardanza) y contesto los de modalidad guest por acá:
Nitarin-ko: ¡Hola! Muchas gracias por compartirme tu opinión n.n Qué bueno que te gustara la temática, espero que te agrade el desarrollo de esta historia, aunque esté rara o.o Jajaja sería genial que se casaran en Las Vegas; todo puede pasar c:
Nana19: ¡Muchas gracias por tu comentario! :D Espero que te agrade la continuación n.n
Sunmi: Hola~ me da mucho gusto que te haya parecido interesante :D ¡espero tener la oportunidad de leerte nuevamente!
Miyu-chan: ¡Hola! c: Muchas gracias por tu comentario en el capítulo anterior, me dio mucho gusto leerlo ^^ Al principio, Hanji va a hablar con Levi cuando éste está en prisión; pero, en realidad, el "alcance de su locura" no se ve en el psiquiátrico porque está bajo medicamento, pero una vez afuera creo que se volverá aun más raro... Eren tiene otros problemas además de la codependencia; tal vez se vean en el próximo capítulo. Creo que la continuación quedó un poco rara, espero que no te haya decepcionado.
Ara-san: ¡Hola! Cielos, ya corrí a abrir la ventana xD jajaja muchas gracias por tu review y me alegra que te agrade la historia c: ¡Nos leemos!
Janneth. cruz. 988: Muchísimas gracias por tomarte el tiempo de leer el capítulo anterior y comentar, ¡qué bueno que te agradó su locura! Espero no decepcionarte en la continuación. ¡Cuídate mucho y un abrazo!
Espero que esta continuación extraña les haya agradado y que nos leamos en el próximo capítulo.
Besos.
