Aquel día, Emma se levantó con dos clases de miedo. Uno era el que Garfio recordara o le recordara la noche anterior. El otro era que el resto de ella había logrado pasarlo sin pesadillas. Ni una. Y no sabía cómo interpretar eso. O mejor dicho, no quería.

Pero parecía que la rubia iba a tener suerte. Porque el pirata no sacó a relucir aquel tema en absoluto. Ni comentarios insidiosos ni recordatorios velados, algo que extrañó bastante a Emma. De hecho, se comportó exactamente igual que el día anterior, como si nada hubiera sucedido.

Aquello alivió a Emma, aunque no supo si aquello estaba relacionado con aquel pequeño pinchazo cerca del pecho que notó al recordar lo sucedido. Lo ignoró, no tenía tiempo para aquello. Henry cada día se alejaba un poco más.

Pero cuando llevaban aproximadamente unas dos horas caminando, (horas en las que la rubia se había relajado considerablemente respecto a Garfio), Regina los detuvo.

-Alto.- Ordenó.

-Regina, no tenemos tiempo para...- Comenzó Mary Margaret, volviéndose, pues probablemente al mapa le quedaban horas.

Pero Regina le cortó, con aquel tono suyo que no admitía réplica.

-Precisamente. No tenemos tiempo, y el poco que tenemos lo estamos desperdiciando inútilmente.

-¿A qué te refieres?- Inquirió Emma.

-A que ya hemos pasado por aquí.- Respondió ella.

-Pero eso... es imposible… Llevamos días andando en línea recta.- Replicó Emma. Estaba bastante segura de ello. No podían estar dando vueltas.

Como toda respuesta, Regina señaló un tronco cercano. A primer vistazo no se veía nada, pero si uno se fijaba se veía un grabado en la madera del cual se distinguía una fecha. La del día de anteayer. La rubia comprendió lo que aquello significaba. Si no habían avanzado nada en varios días, no lograrían salir de allí antes de que el mapa se desvaneciera.

-Marqué este árbol hace dos días.- Señaló Regina, aunque ya no hacía falta.- He ahí la prueba.

-Pero no tiene sentido. Hemos seguido el mapa y no hemos caminado más que en línea recta…- David no encontraba el fallo, y a decir verdad, el resto tampoco.

-Es probable que lo que dice Regina sea cierto.- Intervino Garfio, acercándose al grupo, después de haber comprobado la marca.- La Selva Oscura oculta numerosos ardides y éste bien podría ser uno de ellos. No debemos alvidar que esto es Nunca Jamás. Aquí la magia es parte de todo.

-¿Por qué no nos avisaste?- Preguntó Emma, frustrada.

-Advertí de ello, preciosa.- Respondió él, mirándola fijamente.- Mas no sabía qué en concreto nos depararía la espesura.

-Pues bien, ahora ya lo sabemos.- Suspiró ella, abatida, y se dejó caer en algún tocón cercano. Todo cuanto habían hecho no había servido para nada.

El grupo quedó momentáneamente en silencio mientras reflexionaban.

-Mas tiene que haber alguna manera de escapar.- Señaló Mary Margaret de pronto- Garfio, tú conoces la isla. Seguro que entraste alguna vez en este bosque. ¿Qué hiciste para salir?

El pirata se tomó su tiempo en contestar.

-Cuando yo hube de salir de este bosque, Pan me propuso una prueba a superar.- Comenzó finalmente, midiendo sus palabras, como si no quisiera que algo se le escapara.- Claro que la situación era distinta. Probablemente se me planteó un obstáculo diferente al que debéis resolver.

-¿Qué hiciste?- Preguntó David de nuevo. No se fiaba de aquel pirata. Oh, no, para nada. Y no iba a hacerlo si les ocultaba la manera de salir.

-Lo que yo hiciera no tiene nada que ver.- Replicó él, reticente a contarlo.- Ya os he dicho que no fue lo mismo.

-Garfio.- Le llamó Emma, mirándolo fijamente.- Por favor.

Y no supo cómo, pero aquella súplica logró traspasar las barreras que acababa de imponer. En ella venía implícita otra frase, oculta. Una confesión, por otra, decían los ojos de la rubia. Recordándole la noche anterior, las pesadillas. Aquel tema que él no había mencionado a propósito, a sabiendas de que a ella no le gustaría.

Y allí estaba. Ahora no podía negárselo.

-Deseé no hacerlo.- Confesó, reticente pero incapaz de no hacerlo con la mirada de Emma fija en él.

-¿Qué?

-Deseé no salir, ¿de acuerdo?

-¿Ya está? ¿Así de sencillo?- La incredulidad de Emma se le reflejaba en la cara.

-¿Sencillo?- Repitió Garfio, volviéndose hacia Emma.- No te das cuenta de lo que implica, ¿verdad? Vas a tener que abandonar todo propósito, todo deseo de salvar a tu hijo. Vas a tener que dejar atrás la razón por la cual has llegado hasta aquí, preciosa. Vas a tener que enterrar esa parte, tanto que casi no puedas recuperarla. Vas a tener que olvidar a tu hijo.

-No puedo hacer eso.- Susurró Emma.

-Mas debes hacerlo.- Dijo él.- Ha de hacerlo el guía del grupo.

El silencio se impuso un momento.

-Y creo que aquí es bastante sencillo adivinar quién es.- Concluyó.

Emma no respondió. No hacía falta. Lo que no sabía era cómo iba a conseguirlo.

-Emma- La llamó Mary Margaret, pero ella pareció no advertirlo.- Emma, puedes hacerlo.- Trató de animarla.- Confío en ti. Serás capaz, lo sé.

Ella asintió, tragando saliva. Asentó los pies en la tierra, tratando de tranquilizarse. Se concentró firmemente en olvidar todo recuerdo de Henry, de por qué estaba allí. Pero cuanto más lo intentaba, peor era. Su hijo no hacía más que acudir a su mente, más cuanto más trataba de no recordarlo.

-No puedo.- Declaró finalmente, abatida.

-Esto llevará un tiempo.- Señaló Mary Margaret, mirando a Emma.- Creo que lo mejor va a ser quedarnos aquí hasta que seas capaz. ¿De acuerdo?

David asintió. Regina suspiró, pero claudicó. Garfio no dijo nada. Estaba ocupado mirando a Emma.


-Mierda.- Repitió Emma por quinta vez.

No lo lograba, era imposible. Hasta se había alejado del grupo y ahora estaba en un claro cercano, sola, tratando de concentrarse. Sin éxito. No notaba nada especial, nada que la indujera a seguir un camino concreto. Se sentía estúpida, dando vueltas sin parar, sin resultado alguno, cerrando los ojos y tratando de sentir algo que la llevara hacia la salida del bosque.

Tan concentrada estaba que no advirtió los pasos que le habrían indicado que alguien se acercaba.

-¿Necesitas ayuda?

Ella no necesitó volverse para reconocer aquella voz. Se estaba acostumbrando demasiado a ella. Iba a usar una réplica ácida, pero se contuvo a tiempo. Sabía que así podían pasarse horas.

-Puedo sola.- Contestó finalmente. No quería que el pirata la ayudara también en aquello.

-Ya te advertí que no debías mentir a un pirata, preciosa.- Oyó, y esta voz estaba peligrosamente cerca.- Cierra los ojos.

-¿Por qué?- Preguntó ella, visiblemente nerviosa.

-Vaya, eres de las que no se están quietas, ¿verdad?- Bromeó el pirata, y Emma se estremeció al pensar en si era de las que no se estaban quietas y sobre todo cuándo, y en qué momento había sido admitida en ese grupo. 'Emma, cállate' se dijo a sí misma. Mientras, Garfio siguió hablando, ajeno a todo lo que recorría la cabeza de la rubia en aquellos instantes.- Voy a ayudarte a salir de este maldito bosque. Tranquilízate, ¿quieres?

Ella obedeció y cerró los ojos, aunque no fue capaz de relajarse. Se sentía tensa y nerviosa.

-De acuerdo. Estás decidida a salir de aquí, ¿no es así?

Emma asintió.

-Bien. Ahora quiero que no pienses en eso. ¿Serás capaz?

Ella negó con la cabeza.

-Lo suponía. Está bien, Emma, en ese caso, concéntrate en otra cosa.

-¿Cómo qué?- Preguntó ella con el ceño fruncido. No entendía de qué le servía aquello. Casi prefería intentarlo sola, es más, estaría mucho más tranquila si así fuera. ¿En qué momento había cedido?

-Como cualquier cosa, preciosa.- Emma notó que él estaba aún más cerca. Quiso separarse, molesta, pero trastablilló y dos manos la sujetaron.- Creí que habíamos quedado en que tenías que estar calmada.- Señaló, en tono divertido.- Vamos, Emma, lo que sea. Un olor, un color- Repentinamente, el recuerdo de la noche anterior la asaltó, mientras él hablaba.- una persona…- Y mientras seguía hablando, Emma fue plenamente consciente de quién la estaba sujetando. Es decir, lo sabía (obviamente) pero no se había fijado antes en la precisión de la presión de las manos en su cintura, o en el leve olor a mar, sal y algo más que no supo discernir que estaba llegando a su nariz o al timbre de la voz que le hablaba y oh, mierda. Se suponía que estaba escuchando. ¿En qué momento había dejado de hacerlo? Notó un atisbo de mareo. Ahora no era capaz de retomar el hilo. Oía las palabras, pero no sabía qué significaban. ¿Era cosa suya o la fuera con que la sujetaba había aumentado? ¿Se había acercado aquella voz a su oído (y por consiguiente, la boca por la que salía)? Porque no recordaba que sonara tan fuerte tampoco…

De pronto notó un brusco tirón hacia delante, descentrándola de sus pensamientos. Como atraída por un imán, tropezó (otra vez) y estuvo a punto de darse de bruces contra el suelo (otra vez) de no ser porque alguien la sujetó de nuevo. Se giró para echarle en cara a Garfio que le hubiera empujado, indignada, pero antes de poder decir nada, él habló.

-Juraría que no he visto mujer más patosa en todas mis andanzas, Swan, y he visto mucho mundo.- Rió entre dientes el pirata. No la había soltado, y aunque no había presión, sus manos seguían en su cintura.

-¿Te crees gracioso por empujarme, Garfio?- No daba crédito. Menudo caradura. Además de intentar hacerle caer tenía la desfachatez de reírse de ella. En su cara.

Maldito pirata engreído.

-Yo no te he empujado, preciosa.- Replicó él, súbitamente serio. Pero Emma no se fiaba. Conocía sus bromas y no iba a dejarse engañar.

-Oh, no, por supuesto que no.- Replicó en tono sarcástico.- Ha sido una fuerza mágica, ¿no es así?

-Puede.- Dijo él, de repente muy divertido por algo que Emma no comprendía. Y aquello la sacaba aún más de quicio.

Ella abrió la boca para replicar, cada vez más cabreada, cuando se dio cuenta de por qué reía el pirata.

-Oh.- Susurró, notando cómo el calor de la vergüenza subía a su cara. Tonta, tonta, tonta.- Probemos otra vez, parece que funciona.


-¡Por fin!- Exclamó Regina, apartando las ramas que le bloqueaban el paso.- Ya creía que nos quedaríamos allí para siempre.

-No, gracias a Emma.- Señaló Mary Margaret, sonriente. La aludida sonrió levemente, incómoda. La verdad es que el mérito no era todo suyo, pero prefirió callarse.

Sí, mejor callarse antes que empezar a pensar, o mejor dicho, a no-pensar. Lo cual equivalía a distraerse con cosas para no pensar en Henry. Como había hecho antes.

Y prefería no acordarse de ello.

¿O sí?

Por suerte, alguien interrumpió sus pensamientos. No-pensamientos. Lo que fuera. Empezaba a dolerle la cabeza.

-Apostaría mis reservas de ron a que esta compañía necesita un descanso.- Dijo Garfio.- Propongo tomarnos un pequeño respiro antes de proseguir con la marcha.

Emma habría replicado, pero estaba agotada y hacía horas que el mapa había dejado de serlo. Se sentó en un tronco cercano, masajeándose las sienes.

-¿Resaca, Swan?- Preguntó una voz ya demasiado familiar, con un deje de humor y el tono de la diversión impreso en ella.

-¿También esto lo cura tu maravilloso ron?- Bufó ella, cansada. Notaba cómo las sienes le palpitaban. Le apetecía descansar, no una discusión con el maldito pirata.

Él sonrió.

-Así es. ¿Cómo dicen? Ah, sí, un clavo saca a otro clavo. Mas no te veo con ánimo para beber ahora mismo.

-Créeme que no lo tengo.- Confirmó ella, cortante.- ¿Querías algo o me dejas con mi maravilloso dolor de cabeza?

Él preguntó, dejándose de rodeos.

-¿Cómo no pensaste? O, mejor dicho, ¿En qué pensaste para no pensar? Tengo curiosidad.- Preguntó el pirata. A pesar de imprimir un tono neutral a su voz, Emma percibió la expectación en ella.

Ella dudó un momento. Por supuesto, había pensado en nada. Lo que no pensaba decirle era que nada significaba básicamente él. No había sido cosa suya, por supuesto. Había funcionado la primera vez, ¿por qué no una segunda? Además, era lo primero que se le había ocurrido, lo lógico estando con él… Podría haberlo hecho pensando en Mary Margaret, o en David, o incluso en Regina. Por supuesto.

Fuera como fuese, no era asunto suyo. Y eso le dijo.

-¿Y tú? ¿En qué pensaste? –Contraatacó, evadiendo la pregunta.

-Lo siento, pero no voy prodigando secretos por ahí, Swan.- Contestó él, sonriendo ampliamente.

Caradura. Más que caradura. Conseguía sacarla de sus casillas, demasiado fácilmente.

-Pues te quedarás con la duda, Garfio, porque no pienso decírtelo y no vas a averiguarlo.- Contestó ella finalmente, con la voz más firme que encontró y clavando la mirada en sus ojos.

El triunfo brilló en ellos mientras él pronunciaba las últimas palabras, alzando levemente las comisuras de la boca. Con suficiencia. Seguro de sí mismo.

-Oh, puede que sí, Emma. Puede que sí.

Y a aquella frase, Emma no tuvo respuesta.


Nota de autora.

Sé que dije que hasta Febrero nada, pero no he podido resistirme… ¡Aquí está! Vale, he intentado que sea un poquito más largo… no sé si ha salido bien o no xD.

Quería agradeceros los reviews y los favorites. De verdad, no pensaba que tan pronto tuviera. No sé, no me pareció para tanto y era muy cortito… Os lo agradezco mucho. Tener a alguien que espera ayuda a esforzarse para las cosas :3 Ya sabéis, me alegráis el día con ellos. Y me encanta que me deis vuestra opinión.

Espero que os haya gustado, de verdad, y ya sabéis, para marzo más, incluso puede que antes ^^ ¡Viva el Captain Swan!

PD: Quien pille la referencia del título, tiene mi amor eterno jajaja x)

Gracias,

Nhoa.