Los personajes no me pertenecen, solo los uso para esparcimiento y diversión, son propiedad intelectual de su creadora. La familia Volkov por el contrario si es mía.


CAPITULO 2

LA CARTA

Lila y Kenneth se miran entre si y asisten con la mirada. Caminan juntos y tras unos pasos la joven Milda les hace seña para que se acerquen a su cuarto al otro lado del pasillo. Los dos jóvenes atraviesan el largo pasillo que separaba las habitaciones al cuarto de su hermana. Cuando entran Milda cierra la puerta como si se tratara de una fuga de gas y se apoya sobre ella cono si la fueran a derribar.

- ¿Que tramas Mil? – Pregunta Lila sabiendo que cuando comienza con algo así, significaba que era una de sus pocas centradas ideas.

- "Saben muy bien que algo vuela mal en la villa" – Comienza la rubia de ojos verdes. – El nos oculta algo.

- Es "Huele mal en Sevilla" – Corrige Ellen y mueve la cabeza como tratando de restarle importancia – Pero tiene razón, nunca nos ha ocultado nada.

- ¿Pudiste encontrar algo? – Consulta Kenneth al ver que estaba en la computadora.

- Nada en los registros, nada en la historia de Georgia y nada en los archivos de Tokio Cristal. – Responde Ellen mientras seguía buscando algo. – Pero encontré esto.

Ellen gira la computadora y muestra una serie de fotografías del comienzo de la Dinastía Lunar. Eran fotos en la que su padre estaba al lado del Rey Endimión, algunas charlando en los patios del palacio, otras en la misma sala en la que se encontraba el soberano dando una charla o conferencia, pero la última fue la que los asombro a todos. Era su padre con una mujer, más precisamente la mujer castaña de hermosos ojos esmeralda, ambos tomados del brazo, como si de una foto sacada sin permiso fuera, ambos se miraban como si estuvieran ¿Enamorados? Se miraron entre todos sin saber que decir.

- Eso explicaría el porqué no quiere que la lastimemos… pero… ¿Encontraste algo más de esa mujer? – Cuestiona Kenneth aun impresionado por la foto.

- Me temo que si, como nos dijo nuestro padre esas mujeres son las famosas Sailor Scout que están al servicio directo de la Neo Reina Serenity.

- Sigo sin creer que esas viejas débiles sean las famosas guerreras – Se burla Lila a tiempo que Kenneth se refriega los ojos por la afirmación.

- Esas "viejas débiles" como las llamas, son las más grandes guerreras que existen, se dice que su poder se los da sus planetas regentes. – Explica Ellen.

- Aun así no son la gran cosa. – Asegura Lila mirando el monitor encontrando a su "némesis" en pantalla.

- ¡Que linda que es Venus! – Dice Milda – Me encanta su cabello, se ve que lo cuida con muy bien al igual que su figu... – El resto del grupo la mira extrañada y su rostro se tiñe color carmín – Solo decía…

- ¿Sabemos algo de ellas? – Pregunta Kenneth a Ellen menospreciando el comentario de su hermana.

- Solo algo de sus poderes, fechas de nacimiento y algunos rumores de sus vidas, pero nada más. Podría asegurar que todo lo referente a sus vidas ha sido borrado por seguridad. – Afirma Ellen.

- Eso quiere decir que no contamos con mucha información. – Cuestiona el único hombre de la habitación.

- ¿Sentiste algo? – Pregunta Milda a Kenneth.

- No. Nada importante, solo una gran pena en el corazón de la tal Lita.

- ¿No tuviese algún sueño o visión? – Pregunta ahora Lila.

- No, solo los tengo cuando algo malo pasa, nada más. – Responde con tranquilidad.

Todos se quedan pensando un rato hasta que Milda habla de nuevo.

- ¡Entonces son nuestras aliadas! – Afirma con alegría. – Si no, él lo sabría – Asegura muy convencida.

- Lo dudo… En verdad sentí mucho resentimiento por parte de ese grupo hacia nuestro padre.

- Es mas deberíamos seguirlas para ver que hacen y a donde van. – Propone Lila.

- Ya me adelante. – Interrumpe Ellen con una sonrisa de satisfacción. – Cuando llegaron puse un transmisor en su auto y ya cheque los datos de Migraciones. Ellas llegaron temprano en la mañana en un vuelo privado desde Tokio, tenían reservado un Hotel en el centro de Ambrolauri, más precisamente el Parnavazi. Solo dos habitaciones fueron reservadas, las dos mejores y no tienen fecha de regreso. El auto también lo rentaron con anticipación y no trajeron mucho equipaje.

- ¿Como sabes lo del equipaje? – Cuestiona Milda sorprendida.

- Cámaras de seguridad. Es más… – Verifica algo en su computador – Hoy pidieron servicio al cuarto, se ve que no quieren que las molesten.

- ¿Puedes tener acceso a alguna cámara dentro del cuarto? – Consulta intrigado Kenneth.

- No, el hotel no tiene cámaras en los pasillos ni en las habitaciones, solo en el Hall central y en la entrada. – Responde con pena.

- ¿Ese no es el Hotel de Boris? – Consulta Lila. – ¿Uno de los pocos amigos de Steven?

- Si, y de hecho también me adelante a la siguiente pregunta. Antes de que lleguen le pedí que coloque un micrófono en cada habitación, quiero saber que hablan y que es lo que quieren.

- ¡Bien pesado cerebrito! – Dice Milda tocándole la cabeza a su hermana.

- Espero que no se entere… o nos va a salir caro. – Asegura Kenneth.

- ¡No seas aguafiestas! ¿Quieres? – Responde Milda golpeando su espalda con la mano abierta.

- No es eso, no deberíamos hacer esto a su espalda, creo… – Se defiende Kenneth.

- ¿Piensas que nos daría permiso? – Cuestiona la rubia.

- Es seguro que no. – Asegura Lila.

- ¡Entonces está todo dicho! – Dice Milda con satisfacción – Ellen encárgate de grabar todo, y quiero saber qué es lo que comen o lo que hablan. ¡Quiero todo! – Finaliza con un extraño brillo en los ojos y sosteniendo su puño en el aire dejando a sus hermanas sorprendidos por la actitud.

- Bien… pero esto quedara entre nosotros. – Suspira el pelinegro profundamente – Por cierto, Ellen mantente vigilando las cámaras y analiza los vídeos. Milda prepara equipos para combate cercano y Lila ve a descansar, te toca la segunda guardia, tú me relevas. – Todas asisten. – y de mas esta decir que esto queda entre nosotros. – Agrega mirando fijamente a la rubia.

- ¡Mi boca será una tumba! – Dice con un gesto infantil.

Kenneth sale junto con Lila, la cual entra en la siguiente puerta que era su habitación. Mientras la rubia fue a la armería para preparar los equipos correspondientes para sus hermanos sabiendo cuales eran las preferencias de cada uno, en cuanto Ellen, se mantuvo frente a la computadora vigilando a las Sailors que todavía no habían llegado al Hotel.

Horas más tarde, pasada la medianoche, en los patios de la finca una sombra se acercaba a una despreocupada joven que caminaba con algo en la mano. Una figura se para detrás de la joven y antes de que esta haga algo ella le habla.

- ¡Ni pienses hacer lo que tenias en mente! – Dice Lila con cara de pocos amigos – ¡Porque si derramas el café que te traje, no te daré del pastel que prepare!

- ¿Como supiste que era yo? No hice ningún ruido. – Asegura molesto Kenneth.

- Nunca me tomaras por sorpresa, por más que lo intentes Kenneth. – Le ofrece una taza térmica. – Te lo prepare como te gusta, negro y con dos de azúcar.

- Gracias, ya no sentía los dedos. – Agradece tomando la taza y dando un sorbo.

- ¿Algo extraño? – Consulta mirando en rededor.

- En lo más mínimo… solo que la Luna no se deja ver esta noche y eso me inquieta. - Responde mirando al cielo

- ¿Qué es lo que no nos dijiste hace un rato? – Cuestiona la castaña.

- Nada, en lo más mínimo.

- Te conozco bien Kenneth, habla. – Dice cruzándose de brazos.

- Bien, pero no quería inquietarlas… – Suspira y tras unos segundos – Soñé hace unas semanas que un grupo de mujeres nos atacaban, pero que a su vez no eran enemigas… No lo sé, no fue un sueño normal, no fue una de mis mejores visiones – Aclara – Sentí que tenemos una conexión directa con esas mujeres y no estoy seguro de que sean las Sailors, es mas no sé bien que pensar, es confuso… – Finaliza consternado.

- No te preocupes, no siempre es exacto, sabes que no creo mucho en esas cosas, pero ciertamente tienes un don. – Le sonríe. – Tranquilo y ve a descansar, yo me encargo, mañana hablaremos con las chicas para ver que averiguaron.

- ¿Quieres que te la deje? – Dice a tiempo que extendía su fusil.

- Te agradezco, pero traje la mía – Responde mostrando su ametralladora debajo de su poncho para la nieve.

- Avísame cualquier cosa que te parezca sospechoso. – Finaliza caminando hacia la casa.

La noche se transformo en día y una somnolienta Lila entraba en la casa. Cuando abre la puerta se encuentra con Steven que la miro de arriba abajo, este se cruzo de brazos y levanto una ceja esperando una respuesta por parte de la joven.

- ¡Salí a entrenar! – Contesta a la mirada rápidamente – Es una linda mañana para correr. ¿No cree? – Finaliza con una sonrisa.

- No me mientas Lila, anoche los vi hablando con Kenneth mientras le dabas una taza de café. – Dice cruzándose de brazos.

- ¿Dónde estabas? No te sentimos – Responde asombrada – ¡Eres bueno!

- Eso no importa, no quiero que tomes riesgos, para eso está la gente de la guardia. No quiero que se arriesguen de gusto. – Afirma preocupado.

- Pero padre, lo hacemos por tu bien. – Asegura la joven.

- No tienen nada que hacer, se cuidarme y además no tienen que preocuparse, se cómo defenderme de muchas cosas.

- Pero…

- Pero nada jovencita, ve a bañarte que estas congelada – Dice acariciando su helada mejilla. – Acuéstate que te llevare el desayuno a la cama. – Concluye de manera paternal.

Lila sale por las escaleras hacia su habitación y tras un largo baño se acuesta en su cama. Unos minutos después Steven entra con una gran bandeja con chocolate caliente y un trozo de pastel que ella cocino la noche anterior. Lo deja en su mesa de luz y toma asiento a su lado.

- ¿Te sientes mejor? – Pregunta tocando su frente para ver que no tenga fiebre.

- Sí, claro, gracias por el desayuno. – Mira la bandeja y agrega – Mi favorito chocolate caliente con canela.

- Solo lo mejor para mi pequeña. – Responde revolviendo sus cabellos. – Pero hazme un favor. No vuelvan a tomar frió ni arriesgarse por un asunto que es solo mío.

- Lo sé padre, pero nos preocupas, tengo un mal presentimiento con respecto a esas Sailors.

- Alguien anduvo investigando. – Dice con suspicacia – No te preocupes – Agrega al ver su cara descubierta creyendo debelar sus planes sin querer lo que sabía – Ese es un asunto de mi pasado y no tienes que preocuparte. Prométeme algo.

- Lo que sea padre.

- No se arriesguen y cuida de tus hermanos. Ustedes son lo más importante para mí, no lo olvides. – Ella estaba por responder pero pone su dedo sobre los labios de la joven – Confía en mí.

Dicho eso se levanta y sale por la puerta. Atraviesa el pasillo parándose en la puerta del cuarto de Kenneth, tras golpear la puerta entra viendo a su hijo ya levantado. Cuando el joven lo vio, supo por su expresión que nada bueno saldría de esa charla.

- ¿Me puedes explicar porque dispusiste un seguimiento, guardias armadas y un equipo de asalto listo para cualquier contingencia? – Pregunta con tranquilidad mientras se apoyaba en la puerta.

- Padre yo… Creí que era lo mejor en nuestra situación, mas aun cuando esa mujer entro en tu cuarto sin ser notada. – Responde con decisión.

- Agradezco tu esfuerzo, pero no me parece adecuado dejar a tu hermana a la intemperie con la temperatura que hacía.

- Tu pudiste impedirlo temprano. ¿O acaso no estabas vigilándola? – Responde con tranquilidad viendo la sorpresa en su rostro.

- No sé a qué te refieres. – Se defiende.

- A ti no se te escapa casi nada Steven, eso lo aprendí hace años desde que entrabamos en la cocina a robar galletas. – Recuerda con gracia. – Nunca creí que te dijera esto... pero tengo la certeza de que Lila es tu hija. – Asegura cruzando sus amatistas con los negros ojos de su padre.

- Pero que cosas dices… estas equivocado.

- ¿Lo estoy? – El saca una foto que imprimió desde la computadora de Ellen y se la entrega. – Es más, algo me dice que ella podría ser su madre.

Steven miro la foto y sus facciones se desfiguraron, una mirada de miedo con sorpresa que el joven no podía descifrar. Steven lo miraba a él y luego a la foto, cuando pensaba hablar Kenneth lo interrumpe.

- Hace unos cuantos años tuve uno de esos sueños a los que tu menospreciabas para que no me preocupara, pero en uno de ellos te vi con esa mujer en tus brazos, pero no lo ignore, es mas por un momento tuve la esperanza de que salieras con ella y así sabríamos lo que es una madre, pero en vísperas de que ella ya la tiene, quedaría descartada para nosotros. – Finaliza con tristeza.

- Kenneth… no sé qué decir – Suspira con tristeza – Solo te pido que no le digas nada a tus hermanas, en especial a…

- Lo sé, pero tú serás el que se lo diga, ella no se merece esto – Dice apenado – Ella no se merece que le ocultes una cosa así.

- Veo que ahora el hermano mayor que hay en ti está saliendo.

- Si… hermano mayor…

- Kenneth, tu al igual que yo no somos buenos para ocultar cosas que nos interesan. ¿Algo que decirme?

- No nada, solo que la situación es peor de lo que pensaba. Por cierto – Dice cambiando de tema – ¿Son las Sailor Scout nuestras enemigas?

- Ellas no son nuestras enemigas, quizás la corredora y la bruja de la puerta – Aclara con una sonrisa – Pero el resto no lo es. – Asegura.

- ¿Y cuál es tu relación con Tokio Cristal y con sus soberanos?

- Muchas preguntas juntas… – Mueve las manos haciendo gesto que se detenga. – Te prometo que las debelare en su debido momento, solo te pido que no te preocupes y que no preocupes a tus hermanas.

- Bien, pero no aceptare que tardes una eternidad. – Responde poniendo sus brazos en jarra.

- Lo haré hijo, pero eso les traerá más preguntas que respuestas.

- Las esperare…

Steven sale de la habitación y se dirige a su cuarto. En ese momento Ellen y Milda salían al pasillo, tras saludar a su padre fueron a desayunar. Ya en su cuarto lo primero que ve es la carta sobre la mesa. Toma el sobre de su amigo Endimión y tras tenerlo por largo rato en su mano decide abrirlo y leer su contenido.

"Estimado Steven.

Si estás leyendo esta carta, significa que rompiste la carta de Serenity. No te estaría molestando, no después de como se te trato aquí, si no fuera una emergencia.

Sé que no quisieras venir a Japón, pero es necesario que lo hagas, es más te suplico que lo hagas, es algo verdaderamente importante lo que tengo que pedirte. Se trata de mi hija, de la Pequeña Dama. Tú debes entender porque te lo estoy pidiendo. Las Sailors estarán esperando la respuesta y te traerán conmigo.

Espero respondas a este enorme favor que te estoy pidiendo.

Endimion "

El deja la carta sobre la mesa y se pasa la mano por la frente con preocupación. De uno de sus cajones saca una marquilla de cigarrillos y enciende uno, tose luego de la primera bocanada ya que hacía tiempo no lo hacía. Se recuesta sobre el respaldo y cierra los ojos.

Recuerdo.

Steven estaba con su impecable uniforme de la Guardia Especial de Rey, el cual era similar al de Endimion, pero azul y con una capa blanca, caminando por los jardines del palacio, seguía de cerca a la Pequeña Dama, ya que esta estaba sola. Sus padres y la mayoría de sus guardianas estaban en otro planeta tratando asuntos Diplomáticos importantes. Mientras el caminaba no pudo disimular su forma de mirar a la regente del trueno. Ella estaba cortando unas flores para un adorno del cuanto de la niña cuando esta lo saco de sus pensamientos.

- ¿Te gusta Júpiter? – Pregunta la niña de no más de tres años al guardia.

- Ehh…yo… solo somos compañeros en este lugar. – Aclara rápidamente.

- Yo diría que sí. – Dice la niña con tono burlón - Mira ella también te mira.

El levanta su mirada y se cruza con esas esmeraldas que comenzaban a ser su perdición. Ella gira su rostro totalmente sonrojada y sale caminando con rapidez hacia el interior del castillo.

- ¡Te gusta Lita! ¡Te gusta Lita! – Comienza a molestarlo la niña.

- No princesa, no es eso. No diga nada por favor. – Dice muy apenado.

- Solo con una condición. – Accede la niña.

- ¿Y cuál sería su alteza? – Pregunta agachándose para quedar a la altura de sus ojos.

- Que me digas que hay detrás de la puerta que nadie me deja pasar. – Dice en un susurro cuan secreto fuera.

- Ni siquiera yo sé que hay detrás de la puerta Pequeña Dama, me temo que no podre ayudarla. – Responde con sinceridad. Lo que resultaba cierto, solo los reyes sabían lo que estaba detrás de la puerta

- ¡Mientes! – Dice la pequeña y sale corriendo molesta. – Lo veré por mí misma. – Le grita al desprevenido Lord de Svanetia.

Steven sale corriendo detrás de la niña, la cual alcanza a pocos metros de la puerta.

- Ya le dije que la puerta está vedada para todos, solo la Reina es la única que puede atravesar la puerta. ¡No intentes cruzar nunca la puerta! – Le advierto el joven preocupado.

- ¡No es forma de hablarle a la Princesa! – Increpa la regente del Trueno al tiempo que la niña se escudaba detrás.

- Y ustedes no deberían consentirla tanto. – Responde algo molesto.

- Tu solo eres una escolta del Rey, no puedes hablarme de esa forma. - Amenaza la Sailor levantando su dedo indice.

- Tú eres una marioneta de la Reina y nadie le dice nada. – Contesta de mala manera acomodando su capa sobre los hombros.

Ahora sus ojos se cruzaron de mala manera, como si fuera un concurso de quien tenía la mirada más fuerte. A todo esto la Pequeña Dama miraba atónita la situación, pero en realidad la divertía.

Desde ese día las cosas no eran buenas para ninguno, cada vez que tenían oportunidad o más bien cuando Rini tenía la oportunidad hacia lo posible para verlos pelear entre ellos.

Fin del Recuerdo

Apago su cigarro en la copa de la noche anterior y se levanto. Fue hasta la biblioteca y de un falso libro saco lo que parecía un comunicador de pulsera. Lo miro un instante y suspiro resignado. Salió del cuarto y camino hasta el comedor donde sabía que estaban los demás.


Espero que les haya gustado este capitulo...

Kamisumi Shirohoshi: Si muy loca mi idea y si me metí en un chaleco de once balas como se dice por estos lados. Y no lo voy a negar, Lita es para mi lo que Seiya para ti! Gracias y espero no decepcionar!

Al lector anónimo que está por allí, espero que también lo disfrute!

Saludos!