CAPÍTULO II

POR UNA SOLA VEZ

Ese mismo día, Hermione y Draco se aparecían en la isla. En cuanto pusieron los pies sobre la casa, la castaña soltó bruscamente la mano del chico. Se alejó de él, entrando en la cocina. Cogió una manzana y mientras la mordía, se sentó en la encimera.

-¡Malfoy! –gritó a un rubio curioso por descubrir cada rincón de su nuevo refugio.

-¿Qué quieres ahora, Granger? ¿No me vas a dejar ni siquiera inspeccionar mi nuevo hogar? –contestó un Draco molesto mientras entraba en la cocina.

-Antes de acomodarte vas a prestarme mucha atención a lo que voy a decirte –dijo la castaña con tono autoritario.- Si piensas que vas a estar por aquí como si fuera tu casa…

-Vas a poner reglas, ¿no? –interrumpió el rubio, apoyándose en la pared.

-Sí. Y la primera es que no me interrumpas. –dijo ella, frunciendo el ceño.

-Te voy a conceder un par de minutos sin interrupciones, Granger. Pero no te acostumbres. –contestó el rubio con una sonrisa de lado.

-Me desesperas, hurón. –musitó ella, y después de darle otro mordisco a la manzana, siguió hablando.- Aquí vas a tener que obedecerme te guste o no. Dumbledore ha confiado en mí para esto, y no voy a dejar que un crío prepotente como tú lo arruine, ¿entendido? –el rubio asintió- Además, no vas a poder ponerte en contacto con ninguno de tus amiguitos mortífagos ni con cualquier Slytherin del colegio. Ni siquiera con tus padres. Si tu madre quiere algo, se lo hará saber a Dumbledore, él a mí y yo a ti. –Draco asintió de nuevo.- Que tengamos que convivir los dos no me hace ninguna gracia, y sé que a ti tampoco. Y también sé lo mucho que te jode tener que obedecer mis órdenes. Así que si te comportas, todo será más fácil. –ante la fulminante mirada del rubio, Hermione dijo- No te estoy pidiendo que me idolatres, porque es lo que menos deseo en el mundo. Tampoco te digo que seamos amigos. Simplemente, que no seamos enemigos jurados. Si tienes al menos una neurona dentro de esa cabeza sabrás qué es lo que te conviene hacer. Porque, si vas a malas conmigo, ahora mismo tienes todas las de perder. –el rubio se cruzó de brazos, mirándola aún, por lo que ella prosiguió.- Y última regla: tienes terminantemente prohibido entrar en mi habitación o en el baño mientras yo esté dentro. ¿Queda claro?

-Vamos a ver, Granger. ¿Piensas en serio que yo tengo el más mínimo deseo de estar en el cuarto de baño mientras tú estés dentro?

-Vamos a ver, Malfoy –dijo ella, imitándole- A fin de cuentas, eres un tío al que nunca le han negado un polvo y aquí vas a estar sin convivir con otra persona que no sea yo. Así que, llegará un momento en el que tus hormonas te jueguen malas pasadas. Y no me gustaría nada encontrarte con algo entre las piernas que haya aumentado su tamaño.

-¿Qué? –rió Draco.- ¿En serio piensas eso? ¿Que yo sentiría el más mínimo deseo hacia ti?

-En absoluto, Malfoy. Yo no he dicho eso. Lo que he dicho es que aquí no va a haber nadie que te vaya a satisfacer. Así que llegará un momento en el que se te acumulen las ganas de echar un polvo como es debido e irás empalmado por todos lados.

-Eso no va a pasar. –dijo él.- Tengo autocontrol.

-¿Nos jugamos algo, Malfoy?

-Lo que quieras, Granger.

-Cuando pierdas, harás todo lo que en tu gran casita hacen los elfos domésticos. Así aprenderás qué es lo que se siente al ser un esclavo.

-Cuando TÚ pierdas, serás tú la esclava. Y tendrás que hacer absolutamente todo lo que yo te diga. Así te darás cuenta de que los elfos son lo que son y están encantados de obedecer órdenes y servir a los amos.

-Eso no pasará nunca. –murmuró Hermione.

-¿Tienes miedo a perder, Granger? –dijo Draco, con una media sonrisa.

-En absoluto. –contestó ella, bajándose de la encimera y extendiendo el brazo.

-Por una vez estamos de acuerdo, ¿no? –dijo el rubio estrechando la mano de la muchacha.

-Por una sola vez. –contestó ella.

Ambos jóvenes se miraron por un par de segundos que a ellos les parecieron horas. Era la primera vez que estaban tan cerca el uno del otro de forma voluntaria, mirándose como si fuera la primera vez que se veían. Y, de la misma manera en la que se acercó, Hermione soltó la mano del chico y dio media vuelta, dirigiéndose a su habitación con una sonrisa, preparada para hacer que el rubio perdiera la apuesta.