DISCLAIMER: NINGÚN PERSONAJE DE FF ME PERTENECE. SOLO LOS HE USADO PARA CREAR UNA HISTORIA. GRACIAS :D
CAPITULO II
Estaba frio, sea donde sea que estaba hacia frio, su cuerpo se lo decía. Lentamente abrió los ojos y se encontró en una prisión metálica. Se levantó del duro camarote pero apenas apoyó las manos el dolor se hizo presente. Sus manos estaban quemadas y aún estaban las heridas frescas.
Pudo sentir las lágrimas salir de sus ojos más la pena no.
- ¿Terra?
Terra dejó de mirar a sus manos y miró a la dirección de la voz. Había una silueta, no podía ver bien por las lágrimas. Pero esa voz se le hacía extrañamente familiar.
- Ven Terra – hablo nuevamente la voz suavemente – Vamos a ver tus heridas.
Casi por instinto Terra sintió sus manos moverse y secar sus ojos como pudo. Pero aun así la imagen seguía borrosa. Vio al dueño de la voz, un hombre con un delantal blanco y cabellos rubios. Sus piernas se movieron sin ella dar la orden y corrió detrás del hombre que ha caminaba fuera de la habitación.
- ¿Terra? - escuchó y la silueta del hombre era cada vez más borrosa y menos nítida - ¿Terra nos escuchas?
Dos ojos esmeraldas finalmente se abrieron. Pudo distinguir las siluetas de Duane y Katarin y luego a su alrededor a todos sus hijos.
- ¡Mamá! – gritaron todos.
- ¿Qué ha pasado? – pregunto mientras se llevaba una mano a su cabeza. Aun recordaba la imagen del hombre.
- Has estado más de una semana inconsciente – le revelo el hombre.
- ¿Yo... Me desmaye?
- Si – repitió Katarin – Estábamos asustados. Sarah te llevaba una carta y cuando la leíste te desmayaste.
- ¿Una… Carta?
La mente de la mujer cabellos turquesa no podía procesar bien. Todo le era realmente confuso. Nunca había soñado con aquel hombre. Es más, dudaba que si lo conocía "Pero me llamó por mi nombre. ¿Acaso fue un recuerdo?" Su mente dejó de procesar cuando se acordó de la carta. Oh si, esa carta.
"Te encontré, no te escaparás de mi otra vez…. Mi pequeña mariposa"
No tenía ni idea de quién era el remitente, sin embargo su cuerpo reaccionaba como si lo conociese. "Mariposa…. Mariposa" No recordaba nadie que la llamase así. Pero su mente le hizo ver imágenes.
Estaba al frente de un muñeco y éste tenía marcas de fuego. Tenía varias quemaduras.
- ¡Terra! – escucho gritar una voz detrás ella.
Pero por más que ella quisiese voltearse a mirar no le respondía el cuerpo. Era como si su cuerpo fuera otro.
- ¡Vamos Terra! – nuevamente esa voz enojada - ¡Destruye ese muñeco ahora! ¡Eres débil acaso!
Terra miraba al suelo y podía sentir sus puños apretados. Estaba enojada.
- ¡Déjame! – exclamó finalmente la niña sin voltear. Terra escucho su propia voz. Era una niña.
- ¡Oh vamos! ¿No te pondrás a llorar verdad? ¡Vamos mariposa! – la voz reía malvadamente – ¡Yo te enseñare lo que es quemar de verdad!
Terra sentía calor, mucho calor en todo su cuerpo. Se escuchaba gritar de dolor. Lo podía sentir. La estaba quemando viva. Su recuerdo se veía borroso. Ya no podía ver bien.
- Eso es quemar de verdad mariposa – dijo finalmente la voz. Terra ya no sentía el dolor del fuego. – Con el tiempo aprenderás a quemar para no ser quemado…. Mi pequeña mariposa.
Terra gritó de dolor con sus manos en la cabeza. A pesar de que las imágenes ya se desvanecían. Ella aun podía sentir esas llamas quemándola viva.
- ¡Terra! – Gritaron todos - ¡Katarin! Llévate a los niños de acá. Yo me quedo acá ¡Rápido!
La mujer de cabellos verdosos sentía los pasos de los niños irse. El dolor estaba desapareciendo. Y poco a poco sus gritos iban disminuyendo.
- ¿Terra? – habló suavemente Duane - ¿Estas bien?
- ¿Duane? – dijo Terra mirándolo extrañamente – ¿Do…dónde estoy?
- Estas en Moblitz con tus hijos y nosotros Terra
Ella asintió al mismo tiempo que asimilaba toda la información. Si. Aquellas imágenes eran recuerdos de ellas quedados en el olvido. Por su voz y sus características físicas apenas era una niña. Sin embargo aún no podía recordar aquella voz, pero el efecto era inmediato. Se abrazó de nuevo. Sea quien fuese esa persona, la conocía, la torturaba y lo peor, estaba viva e iba a buscarla.
Sus pupilas se agrandaron al pensar en lo que era capaz aquella persona. "¿Y si viene y tortura a los niños? ¿A Duane? ¿A Katarin? ¡NO!" Rápidamente se levantó ante la mirada asombrada del hombre. Miró a su alrededor. Estaba en su casa. Tomo una pequeña bolsa de viaje de cuero y la llevó a su ropero.
- ¿Terra? – pregunto el hombre pero sin respuesta. Veía a Terra guardar ropa en el bolso - ¿Qué estás haciendo?
- Me voy – dijo casi inconscientemente. Mas como si hablase con ella misma ya que nunca miró a Duane.
- ¿Te vas? ¿A dónde?
- Lejos – Terra iba buscando cosas de un lado a otro – Lejos antes de que él llegue y destruya todo.
Duane no tuvo tiempo de seguir preguntando. Terra ya había salido de su casa y Duane apenas pudo seguirle los pasos.
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Largos cabellos rubios eran mecidos por el fuerte viento de los aires. Edgar intentaba sin resultado ordenarnos de tal manera que no le molestaran. Sabin a su lado, en cambio no tenía problemas, y miraba con risa a su hermano lidiar con su problema.
Celes y Locke estaban al otro extremo mirando desde las alturas. Sus manos estaban entrelazadas. Celes desvió su mirada a su compañero y este también la miro devolviéndole una sonrisa que calmo toda duda en su corazón.
- Tranquila – le dijo acariciando sus cabellos – Ella está bien. Es fuerte.
- Eso espero – confesó – Algo no me gusta de todo esto.
Locke la abrazó y eso fue suficiente para Celes.
- ¿Shadow? – dijo Relm cerca de las escaleras del barco volador. Este giro su rostro hacia la pequeña - ¿Mi abuelo estará esperándonos?
Shadow solo movió su cara afirmativamente y la pequeña sonrió. Extendió sus manos creando un rectángulo con sus dedos.
- Quédate ahí – habló – estas bien para un cuadro.
Y la pequeña empezó a pintar al enmascarado. Incluso él mismo se sorprendía de la confianza que le entregaba la niña. Pero increíblemente no le molestaba, podía incluso decir que hasta le agradaba ver a la niña pintar. Así que se quedó tal cual la niña quería para hacerla feliz.
Mientras tanto en la cubierta de la nave. Los hermanos seguían juntos.
- Edgar – dijo finalmente Sabin.
- Dime – contestó pero sin mirarlo. Al contrario, seguía mirando las planicies del planeta esperando ver su destino pronto.
- ¿Qué paso en la sala de reuniones? – no hubo respuesta - Cuando te ibas, ¿Qué fue lo que paso?
- No te entiendo
- Tu mirada – y finalmente Edgar lo mira – Estabas molesto, claro, como todos. Pero había algo más.
- No sé de qué hablas – contestó finalmente y hubo nuevamente silencio.
Edgar pensaba en lo dicho por su hermano. ¿Tan obvio había sido? Claro que estaba molesto, porque tenían que pasar problemas cuando el mal se había ido. Pero no, eso no le molestaba. No era el tema de la piedra lo que le rondaba por la cabeza. Era Terra. Ella era el porqué de su malestar. Estaba realmente molesto ¿Acaso no era suficiente todo lo que la pequeña mujer había sufrido? "¿Qué estas esperando de ella vida? ¿No te basta todo lo que sufrió, lloró y grito?" Sintió su puño apretarse de rabia.
Sabin lo vio. Si, le había mentido. Sea lo que sea que tuviera su hermano aún estaba presente. Solo esperaría hasta que su hermano se lo confesara.
- ¡Llegamos! – Exclamo Setzer - ¡Moblitz a la vista!
Todos los presentes corrieron al lado de Setzer. Efectivamente. Ahí estaba el lugar de Terra. Se bajaron rápidamente para llegar al pueblo. Todos estaban asombrados de la belleza de las flores en ese pequeño pueblo. Un pequeño niño los vio y aviso a todos los demás.
- ¡Visitas! – gritaba el niño.
Los chicos se quedaron al medio del pueblito mientras veían como se acercaban los adultos del pueblo.
- Bienvenidos – dijeron Duane y Katarin simultáneamente. Y los chicos respondieron el saludo.
- Venimos a ver cómo sigue Terra – dijo Locke. La pareja se miró y todos los chicos vieron sus rostros tristes - ¿Qué? ¿Qué pasó? ¿Por qué esas caras?
- Terra no está – finalizo Duane y todos estaban asombrados.
- ¡¿Qué?!
- Vengan mejor – sugirió la mujer – Hay muchas cosas que deben saber.
Todos los siguieron camino a la casa de los jóvenes padres. Se acomodaron donde pudieron.
- ¿Qué ha pasado? – pregunto Sabin.
- Les contaré del principio – dijo Duane y todos asintieron – como imagino que saben, Terra se desmayó después de leer la carta que les mandé. Estuvo durante semanas inconsciente. Sin embargo… – y fijo su vista en la ventana mirando el exterior –… hubo días que hablaba entre sueños. Pensaba que estaba consciente y la llamaba. Pero entonces me di cuenta que ella no estaba acá. Era como su estuviese con pesadillas.
- ¿Dijo algo especial? – Preguntó Celes.
- Muchas – confeso Katarin – Decía cosas que nos hacen pensar que vivía sus momentos de Ex guerrero magitek, se escuchaba como miedo, hablaba como una niña, suponemos que vivía recuerdos de su infancia.
- Pero hace 4 días finalmente despertó – concluyó su esposo – y creo que fue el último sueño que tuvo lo que la motivo a huir.
- ¿Dijo algo en especial ese día? Alguna pista
- Hablaba como con ella misma. No pude entender a qué se refería. Pero dijo que tenía que huir antes de que la encontrara – Todos se empezaban a mirar entre ellos – que debía irse antes de que llegara y lo destruyera todo. Y cuando se iba se detuvo y me miró diciendo….
Duane miró a su esposa.
- ... es tiempo de que la pequeña mariposa abra sus alas antes de morir en las llamas. – finalizó - Luego de eso no se detuvo más y huyo.
Todos se quedaron en silencio. Se preguntaban tantas cosas de la peli verde. Pero lo más importante era ¿Dónde estaba?
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Terra corría por las praderas. Cansada. Apenas pudo pasar el Bosque Fantasma y aun no sabía a donde ir. Solo que se tenía que alejar lo más posible de sus hijos. Entre el viaje había pensado que podría pasar unos días en Doma con su amigo Cyan.
Llego a las cercanías del castillo de Doma. Sus pies no daban más. Para su suerte uno de los guardias la pudo reconocer y ella sonrió aliviada.
- ¡Señorita Terra! – Exclamó al verla tan cansada - ¡Por favor entre! – y le pidió a uno de sus compañeros que avisara en el castillo. – Le pediré a una sirvienta que la atienda.
La joven solo asintió. No le gustaba causar molestias, pero apenas se sentó sintió el peso de estar viajando sin parar por cuatro días. Una señora joven entró y Terra apenas pudo sentirla. Le trajo comida mientras otras entraban y preparaban cosas. Una amablemente le ofreció si quería un baño a lo que ella extrañamente se levantó rápidamente asintiendo.
Cyan después de la restauración había quedado al mando del pueblo de Doma y todo el mundo estaba de acuerdo por lo que fue nombrado el Rey general de Doma. Estaba en su despacho con un arquitecto viendo planes de la ciudad cuando un guardia entro.
- Mi Rey – dijo el soldado llamando la atención de Cyan – La señorita Terra ha llegado.
- ¿Esta acá? – preguntó con asombro. Nadie le había dicho que vendría.
- Si mi señor – contestó – en estos momentos está siendo atendida por las sirvientas.
- Quiero que le preparen una habitación y que preparen la cena apenas este lista y se me avise
- Si mi señor.
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- ¿Qué estás diciendo? – encaró el menor de los hermanos.
- Que voy a buscarla
- Es lo que todos queremos - respondió Locke al Rey.
- ¡Ya lo sé! – exclamó. Estaba perdiendo la cordura y eso estaba asombrando a sus amigos y a él mismo – Dividámonos
- ¿Estás seguro hermano?
- Si – respondió ya más calmado – Setzer lleva a Locke y Celes a Tzen, quizás cruzó el océano – Luego miro a su amigo oscuro – Shadow ve con Relm a reunirte con Strago, lo más probable es que siga ahí. Sabin irás conmigo, tomaremos unos chocobos e iremos camino a Doma.
Y dicho esto todos asintieron. Nadie se opuso a las palabras del Rey.
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Terra estaba en su baño con el agua tibia y espumas. Todo su cuerpo se había relajado, al punto que estaba durmiéndose.
Estaba en una habitación metálica como todas igual a las demás. Estaba mirando al frente y ahí podía ver de nuevo a ese hombre de cabellos rubios y delantal blanco borroso.
- Bien chicos – contestó suavemente – es tiempo libre. Tienen 2 horas para practicar libremente.
Dicho esto Terra miró a su derecha, el lugar estaba vacío.
- Es una lástima que la palomita no pudiese venir – dijo irónicamente una voz a su izquierda. Terra reconoció la voz – Pero afortunadamente a mí me gustan más las mariposas.
Terra vio como la silueta de un niño de cabellos castaños con unos enormes ojos azules daba vueltas a su alrededor. No podía ver más detalles por más que se esforzase.
- Déjame tranquila – susurró la pequeña.
- Pero mariposa – dijo el niño divertido – Sabes que estamos unidos de por vida ¿verdad? – Terra sintió como sus cabellos eran tocados por aquellos ojos zafiro – Tú me perteneces Terra
- ¡Yo solo le sirvo al doctor! – grito orgullosa la niña.
- Te enseñaré a quien le perteneces – Y enseguida el niño tomo la muñeca de la peliverde y unas llamas azules rodearon el pequeño brazo. Terra sentía como todo el dolor se concentraba en su brazo. La niña lloraba y Terra también. Le suplicaba que parase sin embargo el niño solo sonreía – te dije que eres mía Terra. Esta marca la tendrás siempre que yo esté vivo.
- ¡No! – Gritó Terra desesperada.
Se levantó inmediatamente de la bañera y como reflejo se miró el brazo izquierdo y pudo ver la marca que siempre tuvo. ¿Era realidad o solo una mala pasada de su mente? Salió y se colocó una toalla. Pero de repente empezó a arderle. Y los gritos no se hicieron esperar.
- ¡Terra! – escuchó.
Escucho a alguien que la llamaba. Giró su rostro y vio unos hermosos ojos zafiro. Entonces su recuerdo vino a su mente y tuvo miedo. No podían ser aquellos ojos.
- ¡Terra respóndeme! – exigió la voz.
No, esa no era la voz de sus recuerdos. Era más cálida, pero sentía el miedo en su voz. Vio nuevamente a los ojos y vio unos mechones rubios en su rostro. Era Edgar. Le sonrió, intento hablar y luego todo se oscureció.
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Edgar y Sabin estaban llegando a los terrenos de Doma. Gracias a los chocobos adelantaron muchísimo. Además con las armas del rey y los puños del príncipe no había nada que los detuviera.
- ¡Rey Edgar! – Exclamó el guardia asombrado - ¡Príncipe Sabin! Por favor pasen, no esperábamos otra visita.
- ¿Otra? – ambos preguntaron al mismo tiempo desmontando de las criaturas emplumadas.
- Si mis señores – asintió el soldado – La señorita Terra ha llegado hace ya varias horas….
Edgar apenas escuchó el nombre de la mujer corrió sin escuchar el resto de la información del soldado. Corría por los pasillos. ¿Por qué nadie le decía dónde estaba? Maldecía incontroladamente entre dientes.
- ¿Edgar? – escucho una voz en uno de los pasillos. Edgar volteo.
- ¡Cyan! – exclamó feliz corriendo a su lado y lo abrazó
- ¡Hey amigo! ¡Yo también te extrañaba pero recuerda que soy más viejo! – respondió entre risas – ¡Mis huesos están más viejos eh!
- Disculpa disculpa – se perdonó el rey - ¿Dónde está?
- ¿Dónde está qué o quién? – pregunto confundido Cyan.
- ¡Terra! ¡quien más!
- Está en una de las habitaciones que pedí preparar para ella. Ya debería estar lista para cenar ¡Hola Sabin! – Cyan vio el rostro preocupado del rey - ¿Hay algo que yo no sepa?
Edgar no alcanzó a responder por que los gritos de Terra resonaron por todo el palacio. Edgar reaccionó inmediatamente siguiendo la voz seguida atrás por Cyan y Sabin.
Esos gritos estaban destrozando a Edgar. Odiaba ver sufrir a Terra. El solo pensar en todo lo que tuvo que pasar lo carcomía por dentro. Nadie merecía sufrir lo que ella pasó. Su pasado, su dolor. Muy en el fondo no sabía por qué pero sentía culpa por ello.
Encontró la habitación, una criada miraba horrorizada la puerta cerrada. Edgar ni dudo en empujarla y llegar al baño. Y ahí la vio. Hace dos años que no la veía y podría jurar que estaba más hermosa de lo normal. La vio de pies a cabeza rápidamente. Sus cabellos verde turquesa húmedos más largos que antes, unos labios rosados, con apenas una diminuta toalla que recalcaba sus curvas, curvas que no había visto antes y unas piernas torneadas y blancas como la nieve.
- ¡Terra! – Logró decir apenas intentando despejar su mente.
Ella lo miró confundida. Y sus ojos se toparon. Zafiros con esmeraldas. Edgar no recordaba que sus ojos fueran tan brillosos. Pero ese pensamiento poco le duro cuando vio que el rostro de la peli verde cambiaba a uno de miedo. Estaba realmente asustada y era como si no supiese que era él pues retrocedía inconscientemente.
- ¡Terra respóndeme! – volvió a repetir el Rey. Intentando acercarse a ella.
Miro como nuevamente Terra cambiaba su expresión nuevamente. Si, sus ojos volvían a ser esas brillantes y vivas esmeraldas. Le sonrió.
- Edgar…. – susurró Terra. Edgar sonrió de vuelta, nunca antes había sentido tanta felicidad que lo llamara por su nombre. Y enseguida ella cerró sus ojos.
Edgar reaccionó al ver como perdía la mirada de los ojos de la peli verde y sus piernas se doblaban. Alcanzó a llegar a ella antes de que cayera. Una vez que la tuvo entre sus brazos, se sentó en el suelo y la acomodo en éstos delicadamente logrando que se apoyara en su pecho. Por instinto despejo unos mechones de pelo de la chica y depositó sus labios en la frente de la pequeña inconsciente.
En el umbral de la puerta estaban un príncipe y rey mirando asombrados y curiosos aquella escena frente a sus ojos.
FIN CAPITULO II
