Capitulo II

—Tienes que descansar.

Kagome lo observó sin comprender a pesar de la escasa luz que había en la cueva. Quería buscar en alguna de sus facciones los resquicios de ese enérgico youkai lobo que ella conocía demasiado bien. De ese mismo que propagaba que existía un lazo entre ambos. Ese que decía que ella era su mujer.

¿Dónde estaba ese Kouga?

Tal vez ese Kouga que ella creía conocer se encontraba aún en el último lugar que sirvió como enfrentamiento contra Naraku. En ese lugar se encontraba el lobo que fastidiaba a Inuyasha con sus palabras, con su sola presencia y que siempre intentaba demostrarle que él era mucho mejor en todos los sentidos. No solo porque Kouga sí era un demonio completo sino como protector y guardián de ella misma.

Ante aquel último pensamiento sintió algo extraño en ella, una mezcla de felicidad y dolor. Felicidad porque a pesar de que era egoísta, había una persona que estaba dispuesta a enfrentarse contra todo por ella; y dolor…simplemente no tenía que explicarlo, todo se resumía a una sola palabra, a un solo nombre.

Inuyasha.

—Kouga —lo llamó en voz baja cuando vio como la sombra de él, o mejor dicho él, le daba la espalda y salía de la cueva. No pudo diferenciar si se volteó a su llamado, pero si logró escuchar con claridad que las pisadas dejaban de sonar contra el piso y el eco en las paredes mismas—. Gracias.

Kagome no noto la propia impaciencia que su cuerpo sentía al esperar una respuesta, una respuesta que nunca llego. Sólo obtuvo el sonido de un nuevo caminar, y la figura de él proyectada por completo cuando salía de la cueva dejándola completamente sola.

Sus ojos poco a poco se habían adaptado a la falta de luz del lugar, no era completamente oscuro pero tampoco tenía una visión plena de todo el lugar. Lo único que sabía es que se encontraba sentada sobre una capa incontable de pieles de diferentes tipos y texturas. Dos cuencos, uno con agua fresca y otro con diferentes tipos de frutas que por ordenes estrictas de Kouga las únicas dos personas que quedaban de la manada habían ido a buscar para ella.

No había podido decirle que no, en realidad no había podido decirle nada. El viaje fue en completo silencio, ninguno de los dos soltó alguna palabra. ¿Para qué? No había nada que aclarar, ella necesitaba paz y Kouga se había ofrecido a ayudarla sin preámbulos.

Miró la claridad de la noche que entraba por la entrada de la cueva y esperó con ansias que Kouga apareciera. No quería estar sola, quería estar en compañía, por lo menos por hoy no quería que sus pensamientos se centraran en una sola persona. Todavía todo eran tan fresco que algo le decía que tomaría una decisión apresura y absurda.

Ella dibujó una sonrisa triste y apoyó la cabeza en ambas rodillas.

Siempre…siempre intentaba justificar lo injustificable.

Siempre intentaba justificar los actos de Inuyasha.

Ella era una especie de marioneta en el juego casi perverso en que se había convertido ese amor que todavía aún hoy no sabía cómo había nacido. Poco a poco ella cayó sin darse cuenta, sin objeción alguna, ante él y esperó como típica niña enamorada que su amor sea correspondido con fervor.

Anheló con fervor que eso sucediera.

Pero esta era la realidad y no los sueños que su mente podía tejer cuando soñaba despierta o dormida. Ella, para él, sólo era un detector de fragmentos y hasta en algunos casos un estorbo.

Había renunciado en el pasado a todo por él, a sus estudios, a sus amigos y a su propia familia; para internarse en esta lucha y búsqueda que con el correr de los días parecía eterna. Era cierto que ella era la causante, la culpable, de que la perla de Shikon se rompiera en pedazos; pero ella no había tenido la culpa de cruzar las barreras del tiempo y adentrarse a un tiempo y época totalmente diferente al de ella.

Ella no tenía la culpa de ser la reencarnación de Kikyo, no tenía la culpa de poseer poderes espirituales y mucho menos tenía la culpa de llevar dentro de sí misma en un comienzo la misteriosa y codiciada perla.

Pero a diferencia de ella, Inuyasha sí tenía la culpa. Tenía la culpa de ilusionarla, aunque vagamente pero ilusionarla al fin; de mostrar interés por ella, de celarla como si fuera de su propiedad. Inuyasha tenía la culpa de todo lo que le estaba pasando.

Soltó un suspiro profundo y cerró los ojos con fuerza.

A quién quería engañar, no podía culpar a Inuyasha por ser tan tonta. No podía culparlo por el amor que ella sentía hacia él, pero que no era reciproco.

Todo lo que le sucedía, desde lo más ínfimo, era exclusivamente su culpa.

Se acurrucó como un bebé sobre las pieles, cerrando finalmente sus ojos para, por esta noche por lo menos, no pensar en sus sueños en Inuyasha.

No tenía que soñar con él porque aunque le costara admitirlo sus anhelos estaban rotos.

0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0

Con solo olfatear el aire pudo sentirlo tan claro.

Los aromas de la noche de mezclaban con fuerza pero había un aroma al que él no se permitía perder el rastro. Muchos menos ahora que ella estaba momentáneamente a su cuidado.

No actuaría contra él por no causarle más dolor del que podía ver y sentir a través de ella.

Observó nuevamente el otro lado de la orilla de aquel lago, mientras el aroma inundaba sus fosas nasales. Para él era toxico, era casi tan contaminante y pestilente como el de su peor enemigo.

Volvió a vestirse con ligereza cubriéndose con las pieles, y terminó de atarse nuevamente el cabello de la forma que siempre lo usaba.

El aroma de esa bestia parecía acercarse, pero no lo suficiente como para estar dentro de lo que se consideraba su territorio, sus dominios.

—¡¿Acaso no te pedí que te quedaras con ella?

Hakkaku retrocedió un paso completamente acobardado ante el malestar que presentaba su líder. Tartamudeó varias veces sintiéndose nervioso ante la mirada incesante que recaía sobre él.

—Es..es.. —el nudo que sentía en la garganta le estaba incomodando, además de la mirada de hiel que tenía Kouga sobre él—, la…la señora Kagome.

—¡¿Qué sucede con Kagome? —lo interrumpió cortante levantando nuevamente la voz por sobre su nervioso compañero. El olor se volvía más denso, más pesado.

Poco a poco aquel hibrido estaba llegando.

—Vuelve inmediatamente a la cueva —ordenó Kouga sin darle tiempo a Hakkaku a responder—. ¡Ahora!

Su voz potente se perdió entre la copa de la árboles en esa noche, antes de volver a repetir la orden Hakkaku ya no estaba a su alrededor.

No dejaría que él se acercará a ella, no permitiría que le hiciera más daño. Había soportado suficiente, esta vez el perro rabioso había llegado demasiado lejos.

Nuevamente el olor que delataba a su contrincante lo rodeó. Miro el lugar cerciorándose antes de que sus piernas comenzaran a deslizarse con rapidez sobre humana.

No permitiría que se volviera acercar a Kagome, ya no más.

0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0

¡¿Cómo demonios ella había podido?

Un gruñido casi feroz escapó del fondo de su garganta y resonó en el silencio de la noche. Todo pasaba a su lado a una velocidad sorprendente, sus rápidos reflejos se encontraban alerta escuchando todo a su alrededor.

Entonces pudo olerlo y verlo.

Oler el maldito hedor de ese lobo del demonio, oler atenuando la característica fragancia de ella; y observar el principio de los dominios de ese lobucho. La adrenalina corrió rápida por sus venas, bombeando su corazón de forma continua y explosiva. Su cuerpo se inclinó sólo un poco más buscando la forma más aerodinámica en su corrida y exigiéndose al máximo acelerar la rápida corrida con la mandíbula tensa.

La fragancia de ella se acentuaba cada vez más olvidándose por un momento del aroma de su contrincante sólo para concentrarse en ella. Tronó sus nudillos sonriendo de medio lado cuando vio la entrada de la cueva.

La agudeza de sus sentidos notaron a las dos bestias que acompañaban siempre a Kouga. Se detuvó en seco frente a unos metros de la cueva y justo al frente de ambos youkai.

No sabía cuál era cuál y tampoco le importaba, lo único que quería era llevarse a Kagome de ese lugar y si alguno de ellos dos se interponía en su cometido simplemente acabaría con ellos usando sus propias garras y manos. No eran seres tan poderosos como para enfrentarse al poder de tessaiga.

—No…no —aquel hanyou frente a él no se asemejaba a su jefe, y mucho más por ser de una raza inferior, pero la postura altiva y amenazante que no solo presentaba sino también desprendía lo hacia temer—. No…no puedes acercarte a la señora.

Señora, ¡¿Señora? Kagome no era la señora de nadie y mucho menos de ese maldito, aquella palabra le crispaba los nervios igual que «Mi hembra». Primero prefería morir a manos del maldito de Naraku antes que ver a Kagome convertida en la hembra de ese apestoso animal.

Avanzó un paso soltando un gruñido ronco y con la mirada fija en su oponente, en quienes se convertirían en su nueva presa. A él nadie iba a darle ordenes y mucho menos ese lobo con aires de grandeza.

Hakkaku retrocedió y su compañero lo imitó al sentir el aura demoníaca incrementar con fuerza, ellos no podían contra él a pesar de ser sólo un hanyou; necesitaban a Kouga lo antes posible y si la señora era secuestrada las consecuencias que recaerían en ellos serían terribles, por eso a pesar de saberse en desventaja se arriesgarían por su jefe y por la señora; pero por sobre todo por sus pellejos.

—¿Inuyasha?

Pudo notar como su corazón se detenía aunque sea por un segundo al dejar salir ese nombre por medio sus labios entre una mezcla de asombro y esa ternura que aún le guardaba. Una parte de ella se aferró a la idea de que él se preocupara lo suficiente como para venir a buscarla a pesar de lo mucho que le lastimaba sentimental y anímicamente en este momento su presencia, a pesar de que necesitaba con desesperación aceptar los resientes hechos y ordenar sus pensamientos.

Ahora podía notar que se encontraba conectada a él de una forma que ella desconocía, porque había sentido su presencia aunque le ameritaba aquello a sus poderes de sacerdotisa.

—¡Señora, regrese dentro de la cueva!

Retrocedió un paso en respuesta al gritó de Ginta sin percatarse lo descuidada que había sido por salir por completo del refugio. Esta vez un grito escapó de sus labios cuando vio moverse a Inuyasha abalanzándose sobre ambos youkai lobos que intentaban protegerla por órdenes de Kouga.

—¡Inuyasha! —gritó cortando el silencio de la noche cuando una nube de polvo se alzó frente a ella encerrando un gran perímetro. Sus ojos se movieron sagaces tratando de notar si algún cuerpo se encontraba dentro del lugar, pero no podía notar nada. Todavía no daba crédito a lo que sus ojos le había mostrado solo unos segundos atrás.

—¡Llévense a Kagome de aquí ahora mismo!

Pronto se vio sujeta por cuatro manos, dos a cada lado de su brazo; Hakkaku y Ginta eran quienes la estaban sujetando. Entonces se percató de la presencia de Kouga, la figura masculina de él que se encontraba a unos metras de ella, dentro de aquella nube de polvo observando fijamente a un Inuyasha, que un poco más allá se reincorporada.

Agradeció mentalmente por la llegada oportuna de Kouga, si no hubiera llegado en ese preciso momento un descontrolado Inuyasha, aún en su forma de hanyou, estaría saldando cuentas con los otros dos lobos que formaban parte del clan.

—¡Les dije que se la lleven —rugió Kouga observándolos de reojo, pero concentrando toda su atención en al hanyou que ya había terminado de reincorporarse desenfundando a tessaiga.

Kagome quiso avanzar un paso pero rápidamente Ginta y Hakkaku la detuvieron sin darle tiempo a avanzar siquiera. La impotencia de no poder detenerlo la enfurecía consigo misma, ella sólo podía mirar como ambos se observaban fijamente midiéndose esperando a la expectativa del primer ataque.

Razonaba bien al creer que en este encuentro no habría juegos.

—¿Quieres jugar, lobucho? —preguntó con sorna más para sí mismo que para la figura que se alzaba ante él amenazando con apartar a Kagome de su lado. Aquello jamás se lo permitiría—. Entonces juguemos.

Kagome no había tenido tiempo de reaccionar cuando vio a Inuyasha avanzar con rapidez blandiendo a tessaiga sin dificultad. Ella ahogó un nuevo grito cuando notó que Kouga había sido capaz de por poco esquivar el ataque de Inuyasha. Un ataque certero.

Ni para Inuyasha ni para Kouga aquello era un juego.

Sus manos se cerraron con mayor fuerza en la empuñadura de su fiel espada, sentía toda la musculatura tensa; liberándose como un potente choque eléctrico cuando la adrenalina llegaba a cada extremidad de su cuerpo a la hora de lanzarse sobre su enemigo. Afirmó sus pies al suelo flexionando un poco sus piernas preparándose otra vez para atacar. Kouga lo observaba fijamente también en posición de ataque ya recuperado, algunos cabellos de él habían sido cortados por el filo de la espada. Si el golpe hubiera dado en el blanco ahora, literalmente, la cabeza de aquel desgraciado lobo sería suya.

La muchacha volvió a exclamar un grito ahogado cuando vio a ambos abalanzarse uno contra el otro en el mismo momento. Ginta y compañía volvieron a tironear de ella pero se negaba a moverse.

Tenía que hacer algo antes de que alguno de ellos terminara lastimado gravemente.

La luz de la luna alumbraba lo que era en ese momento el campo de batalla, la pelea de ambas bestias. Un ataque tras otro sin piedad, sin importar que sus cuerpos sean golpeados y sacudidos violentamente. Cada uno de ellos tenía una fuerte razón para volver a levantarse y no permitir darle la victoria al otro, y mucho menos sin pelear.

Un golpe justo logró que Inuyasha soltara a tessaiga volando varios metros y terminando clavada en la tierra. Ambos respiraban laboriosamente y a pesar de tener Kagome la vista disminuida por la oscuridad de la noche era fácil de notar los golpes en cada uno de los cuerpos masculinos.

El grito de dolor de Kouga y la satisfacción en los ojos y la sonrisa de Inuyasha al ver y sentir como sus garras se clavaban y traspasaban las piel del brazo de su contrincante en un descuido, provocó el pánico en la colegiala que aún intentaba entender en qué momento se había recuperado y abalanzado sobre él.

—¡Kouga! —no pudo evitar gritar con fuerza deteniendo el ataque de Inuyasha cuando esta vez y sin preámbulos se lanzaba sobre el youkai lobo que aún intentaba recuperarse.

Las pupilas de él se clavaron en las de ella y la escudriñaron con sorpresa y enfado. Pudo sentir la energía demoníaca aumentar en Inuyasha, misma energía que tessaiga mantenía sellada. Las líneas moradas que surcaban a ambos costados de su rostro la dejaron sin respiración por un tiempo que no pudo prever.

Ella había pronunciado el asqueroso nombre de ese lobo, jamás el suyo.

Una de sus manos se cerró en el cuello de su contrincante apretándolo con fuerza y satisfacción en la mirada que guardaba un destello rojo en su interior. El youkai que habitaba en él clamaba por ser liberado.

Los pies de Kouga dejaron de tocar el suelo ante la fuerza casi nula que Inuyasha hacia para mantenerlo alzado unos metros del piso y poder observar con una sonrisa escalofriante el rostro contracturado por el dolor.

—¡Inuyasha, basta! —gritó nuevamente Kagome escuchando otro grito de Kouga más fuerte que el anterior. Inuyasha lo estrangularía sin piedad. Él no se volteó a observarla—. ¡Por favor ya basta! ¡Detente! —sus ojos se llenaron de lágrimas ante la impotencia y trató otra vez de liberarse de las manos opresoras que la tenían sujeta. Volvió a ser un intento fallido—. ¡Vas a matarlo!

—¡Es lo que deseo, perra!

La voz de Inuyasha había sonado ronca, amenazante, pero con un tinte de satisfacción. Podía notar en sus facciones que le agradaba aquello que estaba haciendo. Le agradaría de sobre manera matar a Kouga.

Kagome tembló y las lágrimas resbalaron por sus mejillas, a pesar de lo mucho que aquellos dos se odiasen jamás se matarían. Ese no era el Inuyasha que ella conocía.

No supo cómo lo logró o si había utilizado algo de su poder espiritual, pero al verse libre de las manos de Ginta y Hakkaku corrió sin importarle nada. Tenía que salvar la vida de Kouga sea como sea.

Sus manos femeninas sujetaron la parte del haori que correspondía al brazo que estaba elevando unos metros a Kouga. Un nuevo grito de Kouga, la mirada de Inuyasha sobre la de ella con odio y aquel rojo amenazante en su iris.

—No lo hagas, por favor —susurró Kagome tan bajo fijando sus ojos en el hanyou. Su susurro fue casi inteligible pero las sensibles y desarrolladas orejas de Inuyasha lo habían captado con perfección—. No eres así, Inuyasha…no lo eres.

Sólo verla ahí y en aquel estado, rogando por la vida de Kouga con el rostro lleno de lágrimas que no intentaba ocultar. Pidiendo por un ser que no era él, un ser que no la había lastimado recientemente como él. La punzada de dolor que sintió en su pecho logró que al fin de cuentas accediera a los ruegos y pedidos de la mujer.

Kouga cayó de forma estrepitosa en el piso y Kagome se agachó a su lado sin importar que sea una trampa y que Inuyasha volviera a atacar, atacando a ella también en este caso.

Ella escuchó como Inuyasha retrocedía, volteó a verlo y ambas miradas se cruzaron; ahora un oro completamente puro y limpio encontró en la mirada de quien le causaba tanto daño. Dejó a Kouga en el suelo, inconsciente, y se acercó al hanyou que volvió a retroceder con la mirada puesta en ella. No quería que se le acercara, no después de que casi se había dejado dominar por completo por su lado youkai.

—¿Por qué…? —ella se tragó las lágrimas y dejó que el nudo que se había formado en su garganta disminuyera un poco para permitirle hablar—, ¿por qué te empeñas en lastimarme?

—Lo siento —siseó él con verdadera pena en la voz. La mujer frente a él se abrazó a su misma y volvió a sollozar—. Perdóname, Kagome.

Ya no sabía cuántas veces, a lo largo de todo el tiempo que la conocía, le había pedido que lo perdonara, esta vez se lo pedía por ambos hechos que recientemente habían sucedido. Ambos sin saber cómo demonios era que había llegado tan lejos.

—Siempre dices lo siento…siempre pides mi perdón —Kagome lo volvió a mirar y una parte de ella pugnaba por salir y darle ese perdón que tanto buscaba, pero esta vez a ella solamente no la había lastimado sino que en un arrebato que no podía entender había intentado de lastimar a Kouga. Y lo hubiera hecho—. Sólo vete, Inuyasha.

La seguridad en sus palabras y la mirada segura que se clavaba sobre él le decía que no era un juego. Ese le causó un dolor indescriptible, un dolor que lo dejaba sin respiración.

—Pero, Kagome...

—Sólo vete —sentenció ella con fuerza en sus palabras dándole una última mirada y voltear definitivamente para volver con Kouga, que se encontraba a sólo unos pasos de ella junto a Ginta y Hakkaku—. Cuando pueda volver a verte a la cara volveré. Ahora vete.

No hubo lugar para replicas, ella contuvo las lágrimas y el dolor que se expandía por su cuerpo. Escuchó como tomaba a tessaiga y luego como poco a poco la presencia demoníaca de Inuyasha se alejaba, llevándose con él una parte de ella.

0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0.o.0

—¡Eres peor que un niño!

Lo miró ceñuda con clara evidencia en su rostro de malestar. ¿Tanto lo costaba permanecer quieto escasos dos segundos? ¿Acaso todos los hanyou o youkai eran hiperactivos y se jactaban de ser autosuficientes? ¡Por Kami-Sama! si se notaba a kilómetros que necesitaba por el momento de su ayuda.

No sabía quién era más cabeza dura si Kouga o Inuyasha.

Hizo caso omiso a sus propios sentimientos que se cernían sobre ella como torbellino cada vez que pensaba en el hanyou de ropajes rojos y a las autoritarias, pero gentiles, replicas del líder del clan de los lobos.

—¡Soy mucho más fuerte que ese chucho, Kagome! —bramó nuevamente y le sujetó ambas manos a la aludida para impedirle que continuara con el trabajo de curación en su pecho. Kagome jaló fuertemente para zafarse del agarre opresor que le impedía continuar con su labor—. Aunque lo intentes toda la vida no conseguirás que te suelte.

Para ambos de pronto el ambiente en que estaban sumergidos había cambiando rotundamente. En un momento estaban forcejeando por medio de palabras el uno con el otro para ver quién tenía la ventaja en este encuentro y al otro momento se volvía un juego por las sencillas palabras y la voz de Kouga.

—No tientes al youkai que habita en toda mujer, Kouga —lo amenazó claramente clavando su vista en él y sin sonrojarse por la forma en que su mirada era devuelta.

Los labios de Kouga se curvaron en una sonrisa sarcástica.

—Será mejor que tú no intentes tentar al youkai que hay en mí.

Una parte de ella gritaba por dejar escapar una risotada que llenara cada recoveco o lugar de la cueva que era iluminada por la mañana, pero la otra; la que conocía a Kouga y a su temperamento, le decía que tenía que tomarse aquellas palabras como una sentencia porque a pesar de haberlas dicho en un momento de juego era sincero en cada una de ellas.

Algo que diferencia a Kouga de Inuyasha era que el primero siempre le había sido sincero en cada una de sus palabras, hasta en las que pudieran considerarse como las más absurdas.

Por fin dejó de sentir la opresión en sus muñecas, lo suficiente para dejarla suelta y que cayera sentada sobre sus rodillas con la mirada perdida en la mismas. Enmudeció completamente cuando una nueva punzada de dolor se extendió y oprimió rotundamente la acción de llevarse una mano al pecho y aferrar aquella zona con verdadero dolor, solo para suavizar poco a poco esa tristeza que aún la dejaba totalmente vulnerable y frágil frente a sus sentimientos.

Al momento unos brazos rodearon su cuerpo brindándole ese consuelo que cada día se le hacia más torturante recibirlo, pero no podía negar que lo necesitaba. Kouga sabía cómo reconfortarla.

Ya había notado que varios aspectos del youkai lobo estaban totalmente cambiados, o por lo menos algo cambiados, pero ésto le parecía demasiado abuso, estaba abusando de él y de los sentimientos que sabía bien él tenia para con ella.

Tenía que regresar, no podía pasar escondida toda la vida al amparo de Kouga hasta que sus heridas sanaran y cicatrizaran por completo en ella. Las heridas del alma siempre tardaban más siempre en cicatrizar, si era que algún día lograban supurarse.

Aspiró profundamente y pensó en su familia, a ellos tampoco podía dejarlos porque el pozo se encontraba en los dominios que estaba cerca a la aldea y por consecuencia al propio Inuyasha que aguardaría su espera.

Su estadía con el clan de los lobos estaba llegando a la semana y con los acontecimientos del enfrentamiento, fresco aín, ente el youkai lobo y el hanyou su mente no tenía lugar para otra cosa que o sea velar por la salud física de Kouga a pesar que sabía, y por experiencia propia, de la mejoría que tenía los cuerpos de los youkai.

Pero dejar de estar preocupara por él era algo que no podía dejar de lado.

Kouga fue el que se alejó de ella con una sutileza que podía dejar pasmar a la Kagome de antaño, se acomodó las pieles mientras se reincorporaba con agilidad y luego la ayudaba a ella a poder estar de pie igual que él.

—¿Cuándo regresaras? —no había querido sonar desesperado en aquella pregunta, pero la compañía de Kagome le era demasiado grata. Entendía perfectamente el lugar que ocupaba en el corazón de la sacerdotisa pero ahora se sentía con mayor derecho y atribuciones a protegerla.

El sol les pegó a ambos de lleno en el rostro cuando salieron por fin de la cueva. Kagome evitó mirarlo, buscando con sus ojos castaños algún árbol, roca o cualquier cosa donde posar su mirada en estos momentos.

—Hoy mismo —carraspeó incomoda y se modio el labio inferior. Volvió a aspirar oxigeno—. Ahora mismo.

Escuchó como él se movía dos pasos, lo suficiente para estar algo más adelanto frente a ella; sólo en ese momento Kagome se atrevió a mirarlo y comprobar que Kouga estaba en la misma posición que hace una semana atrás cuando de noche la había llevado alejándola de su tortura. La misma posición que millones de veces Inuyasha había adoptado para cargarla.

—No, Kouga, aún estás convaleciente.

—Deja de preocuparte un poco por el resto y preocúpate por ti —respondió tajante mirándola por sobre el hombro—. Ahora se una buena sacerdotisa y deja que te alcance aunque sea… —tuvo ganas de reírse ante la mirada de Kagome. Ya sabía completamente que representaba cada una de ellas—, no puedo crees que vaya a decirte ésto, pero te juro no matarlo.

Kouga sonrío y Kagome levantó una ceja.

—No puedo creerte por completo. Hace siete noches casi se matan —omitió el hecho de que casi Inuyasha lo mataba a él, ni siquiera quería recordar aquella primera noche—. Lo quieras o no voy a regresar sola. Tengo que enfrentar ésto por mis propios medios.

El youkai frente a ella volvió a erguir el cuerpo, sabía cuando sus palabras eran convincentes cien por cien o cuando su tinte de voz daba lugar a medias tintas. Algo completamente anormal en ella se había extendido en una ola de calidez, anormal porque nunca lo había experimentado con Kouga, y terminó plantando un fugas, pero significativo, beso en la mejilla de su acompañante.

—Gracias por todo, Kouga.

Él no se movió ni medio centímetro de donde estaba parado y ella agradeció inconscientemente aquello, ya que sus sentimientos eran completamente contradictorios. Aún no podía digerir aquellas imágenes y hechos de solo una semana de antigüedad.

Le sonrió una vez más en forma de agradecimiento antes de darse vuelta sobre sus talones y emprender el viaje con cierto nerviosismo.

Tenía miedo de enfrentarse con Inuyasha, de verlo cara a cara porque en ese momento no sólo se estaría enfrentando a él sino a la verdad que siempre tuvo a simple vista, que leyó en aquellos ojos color ámbar.

La verdad que le gritaba que ella sólo era un simple detector de fragmentos. La verdad que le decía que nunca sería amada por él.

Costara lo que costara sería fuerte, ella era una persona fuerte y lo demostraría.

No quiso voltear hacia atrás, aunque la verdad es que extraña ya la compañía de Kouga. Por raro que le parecía hasta para ella misma, sino fuera por los inconvenientes del momento y la situación que pasaba, ese semana junto a Kouga y su clan era una de las mejores semanas en el Sengoku que recordaba, y hacia tiempo que no sentía, aunque sea por escasos y efímeros momentos, un poco de felicidad.

A pesar de todo sentía en ella una nueva perspectiva.


Holis! Bien subiendo el segundo capi de este fic. Gracias como siempre por los reviews, por ese apoyo incondicional a pesar de no saber a donde termino XP. No tengo mucho que decir, mas que nada que recomendar "Crepúsculo" (Soy fanática jajaja), película y libros.

Ah...se me olvido. Por si el mail no llego: AU es una sigla en Ingles, significa Universo Alterno y es cuando se lleva a los personajes de una determinada serie a un contexto totalmente diferente de donde se desarrolla la historia, cambiando la trama, características físicas (Como por ej en el caso de Inu al ser Hanyou), etc. O también puede ser AU conservando la características de los personajes pero cambiando la trama u otro tipo de cosas. Por eso especifique que este fanfic no es AU, sino cuando es AU los aclaro en el summary. Espero que haya respondido tu duda n.n

Ahora si, besotes y cuidence mucho.

Ya lo saben, pero por las dudas, no olviden que las criticas son bien resididas.

Lis