¡Hola! Ha pasado bastante tiempo. Sé que a algunos os habrá extrañado que haya borrado parte de la historia para comenzar de nuevo, pero os explicaré porqué:
-Tras releer la historia me he dado cuenta de que la forma de escribir dista mucha de como escribo ahora. Es decir serán los mismos personajes, la misma historia (Aunque ahora más completa, contando cosas que la primera vez no hice.), pero un poco menos gracioso y algo más serio, ojo, esto no va a ser una historia para poneros a llorar, todavía habrá parte que conservarán su gracia.
-Este capítulo es totalmente nuevo, de arriba abajo, una forma de narrar como se sentía las naciones antes de la guerra. Además, contaré las muertes de las naciones antes, es decir, la muerte de Rusia, China, América e Inglaterra será el próximo capítulo aunque será más largo. Eso y porque me di cuenta de que los muertos no pueden hablar (Facepalm de todos los lectores) (Bueno, en Entre fantasmas, médium y otras series sí, pero no viene al caso.)
-En vez de ser 100 años los que han pasado, serán 50 años (Se supone que para esa época los recursos fósiles se habrán acabado. Además, el mundo habrá cambiado menos en ese tiempo)
Nos vemos abajo ^^
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"Hoy empieza una nueva era. Hoy comienza una época de esplendor para Alemania. Hoy renaceremos para no caer jamás. Hoy ¡Se proclama el IV Reich Alemán!"
"Un mes desde que toda Europa fue sacudida por el temor. Hoy se hace un mes desde la tragedia azotó las principales ciudades europeas, destrozando gran parte de ellas y truncando así la vida de millones de personas. Las autoridades todavía desconocen al autor o autores de los atentados..."
"...A mis espaldas se alza el gigantesco puente de Oresund que enlaza Suecia y Dinamarca. Hoy, este puente se ha llenado de miles manifestantes de ambos países contrarios a las políticas llevadas a cabo por sus gobiernos. Me comunican que no solo provienen de estas dos naciones, muy distintas nacionalidades se han mezclado hoy: Finlandeses, noruegos... ¿Eh?... ¿Pero que?.. Oh... oh... dios mío... El puente... explosiones... ¿Qué está sucedien... No... P-parte d-de la infraestructura ha caído..."
"Y así finaliza la última reunión de los representantes de la Unión Europea. Dando así por disuelta formalmente la Unión Europea"
"Ha pasado una semana desde la tragedia que muchos ya califican como el peor ataque terrorista acontecido a los Estados Unidos. Todavía se siguen buscando supervivientes entre los escombros de lo que una vez fue la imponente Manhattan, pero que ahora solo son escombros. Las víctimas se cuentan ya por más de un millón y medio de muertes..."
"La ayuda ha llegado para China. Como ya saben. Miles de hectáreas en todo el norte y oeste de la nación China han sido afectadas por un extraño contaminante causante de la muerte de más de ciento cincuenta millones de personas, pero se estima que el número podría llegar a doscientos en las próximas cuatro semanas. Más de 500 millones de personas se han visto afectadas y toda la exportación china agrícola ha sido paralizada por el temor a su posible toxicidad. Rusia ya ha firmado un acuerdo para quemar todos los cultivos de sus fronteras y ayudar a China, que según el portavoz "Debemos ayudar a nuestros aliados en sus tiempos difíciles y puedo asegurar que no descansaremos hasta encontrar al culpable..."."
Capítulo 1: Unos meses antes
5:54
Miré fijamente los números marcados en el despertador. Solo faltaban unos minutos para el momento de levantarme, demasiado poco como para dormir otra vez.
5:55
La lluvia golpeaba el cristal con fuerza. Seguramente no pararía de llover. Tendré que llevar paraguas.
5:56
Faltaban unos minutos para las seis, quizás simplemente debería levantarme de la cama. Tanto tiempo con Feli había cambiado mi modo de ser. Unos años antes hubiese saltado de la cama preparado para un entrenamiento, ahora me quedaba junto a él hasta que el despertador sonase.
5:57
A mi lado Feli se acurrucó más cerca de mí, musitando diversas palabras. Como siempre, sin ropa. No es como si tras tantos años juntos, fuese a cambiar su modo de ser. Hasta yo, cuando pasábamos veranos en Italia dormía en ropa interior. Allí el calor es insoportable.
5:58
Solo dos minutos ¿Por qué no me levantaba? Llevaría el traje que me regaló Feliciano hace unos años, sería apropiado para la reunión.
5:59
Un minuto. Feli se aferró a mí con más fuerza, presintiendo que, en unos instantes, me levantaría.
6:00
Ya era la hora.
6:30
Esperé tranquilamente a que la cafetera preparase el café. Miré por la ventana, el tiempo empeoraba cada vez más, si seguía así provocaría inundaciones.
Me pregunté si sería posible aplazar la reunión. Mejor que no, si me habían avisado con tanta urgencia sería importante. Pocas veces se preparaba con tan poca antelación y siempre las causas eran, de un modo u otro, importantes.
Un timbrazo me alertó que el café estaba listo para servirse. Tomé la taza entre mis manos, estaba ardiendo. Sería imbebible en esos momentos.
Esperé a que se enfriara dando vueltas al posible tema de la reunión. Crisis, guerras, atentados... siempre era lo mismo. Desde el primero al último. Una sucesión que se repetía sin cesar.
En los últimos tiempos las relaciones eran tensas entre las distintas naciones, las posturas más radicales, los recursos más limitados, los atentados se sucedían culpándose unos gobiernos a otros de ellos... Las alianzas se estaban formando y ninguna de las distintas personificaciones había sido escuchada, si seguía así desembocaría en una guerra. Y todos recordábamos la última gran guerra. Y yo, más que nadie, me negaba a recrearla. Demasiado se había perdido en ella, no era necesaria otra para recordar a las futuras generaciones todo el daño que provocan.
Alguien se apoyó en espalda, musitando un suave "buongiorno". Feliciano.
-Gutten morgen.- Respondí, mirando fijamente a través de la ventana.- Deberías volver a la cama. Es temprano.
-Solo quería despedirme antes de que te fueras.- Respondió hundiendo más la cara en mi espalda. Solté la taza en la encimera y me giré para mirarle, él nunca se despertaría antes por ninguna razón.
Rodeé su cintura con mis brazos y le atraje hacia mí. Sin oponer resistencia, se apoyó completamente en mí.
-¿Qué ha sucedido realmente?- Tembló contra mí, aferrándose con más fuerza.- ¿Feli?
-Una pesadilla. Un pasillo. Sangre. Después salíamos a un bosque, pero se convirtió en un campo de batalla. Todos luchaban. Yo gritaba que paraseis, pero no me escuchabais.- Se detuvo, dubitativo, sin atreverse a continuar. Le apreté un poco más la cintura, recordándole que yo estaba con él.- Y después te vi, estabas herido. Intentaba ayudarte, pero antes de que pudiese unas manos me arrastraron hacia el pasillo, donde esperaba alguien.
Pesadillas. Al principio eran continuas, levantándose casi todas las noches aterrado, pero en las últimas décadas eran cada vez más infrecuentes. Pero no había sido el único, de un modo u otro, todos habíamos sufrido las secuelas de la guerra. En mi mente, maldije a todos los causantes de la guerra, desde el primero al último.
-Nada de eso es real, Feli.- Borré las lágrimas que caían de la comisura de sus ojos.- Nada de eso volverá a suceder. Nos encargaremos de ello.
-¿Y si sucede?
-Estaremos preparados. No permitiré que te hagan daño. Ich liebe dich.- Besé su frente con ternura. De ningún modo permitiría que le hiriese, haría lo que fuera para impedirlo. Feli era mi vida.
-Ti amo troppo, ve~.- sonreí al oír su tic. Eso significaba que ya se había tranquilo.- Voy a hacer el desayuno.
-Sería mejor que volvieses a la cama.
-No. Quiero que desayunemos juntos. Vete mientras a cambiar, ve~.- Ordenó mientras buscaba en el frigorífico salchichas. Suspiré. Al final siempre hacía lo que quería.
-No me gusta el tiempo de hoy, significa que algo malo va a suceder.- Comentó de espaldas, cortando unas rebanadas de pan.
-Yo también lo creo Feli. Yo también lo creo.
8:00 Berlín
Me removí en una de las incomodas sillas de la sala de espera, en pocos minutos empezaría la reunión. Miré el reloj, de un momento a otro deberían llamarme.
-Ey, West.- Giré la cabeza, Gilbert se dirigía hacia mí. Al contrario que yo, llevaba ropa informal; desentonando con el ambiente serio y estricto que se respiraba. ¿Qué hacía aquí? Aun siendo Alemania del este, desde hacía décadas yo era la personificación oficial de Alemania. Nunca le obligaron a formar parte de una reunión, más bien se lo prohibieron tras un incidente junto con Francia y España (A quienes no les aplicaron la misma norma al ser las únicas representaciones.)
-Bruder ¿Qué haces aquí?
-Ni idea, ayer me llamaron y aquí estoy. Por lo que veo, sin mí mi hermanito estaría perdido, kesese...- Rió con su extraña risa. Suspiré, Gilbert nunca maduraría.
-Entren por favor.- Una mujer, seguramente una de las secretarias, nos indicó que entrásemos a la sala de reuniones. Me levanté de mi asiento y junto a mi hermano entré en la sala.
Todos los asientos que rodeaban una larga mesa se encontraban ya ocupados, por los distintos ministros, el presidente y la canciller elegidos en ese momento, salvo dos asientos. Rápidamente, produciendo el menor ruido posible, nos sentamos en los asientos.
-Muchas gracias por venir con tan poca antelación, pero las noticias son muy importantes; dirigidas al futuro, aunque para ello alla que abrir viejas heridas.- Nos observó atentamente a los ojos, midiéndonos con la mirada.- Ayer noche, los ministros, el parlamento, el venerable presidente y yo acordamos por unanimidad la única medida que se nos ocurre para detener los sucesos que asolan nuestra nación. Una guerra se aproxima y Alemania esta vez no perderá. Combatiremos a los que nos traicionaron, a los que nos vencieron en desigualdad de condiciones.
Mi hermano y yo nos miramos mutuamente, él apretó los dientes y yo fruncí el ceño. Desde hace meses muchas de las potencias estaban en pie de guerra provocado por las continuas tensiones y las acusaciones de unos contra otros. Solo había pasado un mes desde que la unión Europea se había desmantelado, debido a que ningún gobierno quería cooperar. El euro había desaparecido, dando en su lugar a reaparición de las antiguas monedas de cada nación, que había sido, sin precedentes, un desastre económico para toda Europa.
Ninguno de los dos apoyaba la idea de una nueva guerra, es más, ninguna nación estaba a favor de ella. La segunda guerra mundial nos había enseñado a todos que la guerra nunca era la solución, sobre todo una que estuvo dirigida contra civiles en su mayor parte. Desde entonces una calma relativa se había instaurado, desapareciendo cada vez más rápido en los últimos años.
-¿A quién le hemos declarado la guerra?- Preguntó mi hermano, impaciente. Seguramente a Francia o a Inglaterra o quizás a Polonia, los gritos de venganza se podían oír todos los días en las calles de mis ciudades. Me aterraba pensarlo, pero cada vez más mis habitantes se parecían a la Alemania de antes de la segunda guerra mundial.
-Todavía no lo hemos hecho, ese será su trabajo. Vamos a convocar una reunión mundial a las seis en Suiza.- Paró un momento, su mirada fría observándonos analíticamente.- La nación es la república italiana.
L-la re-publ-lica it-taliana. Mi mente se negaba a creer lo que había oído. Luchar contra Italia ¡Mi Italia! Desde hace años que mi nación y la suya mantenían una política conjunta bastante cercana ¿Por qué querrían atacarle? Puede que ellos le atacasen, pero yo me negaría, no levantaría el arma contra Feliciano, no otra vez.
-West... tus manos.- Miré hacia abajo. Había apretado tan fuerte la mesa con las manos que había dejado impresas mis huellas en la dura madera. Solté la mesa, flexionando los dedos; Las naciones tenemos más fuerzas que los humanos normales y, a veces, lo olvidamos. Apreté los puños, sentía que si no liberaba toda la rabia que tenía en mi interior me lanzaría contra todos esos hijos de puta llenos de codicia.
-¿Por qué exactamente tenemos que atacar a mi cuñado?- La voz de mi hermano era cortante aunque intentase mantenerse bajo control. Al igual que yo se contenía a duras penas para no lanzarse contra esos malnacidos.- Es uno de nuestros mayores aliados, sería lanzarse piedras contra tu propio tejado y lo digo en sentido literal ¡Mi hermano está casado con el Norte de Italia!
-Conocemos el estado legal de su hermano, eso no lo dude. Sin embargo, no podemos colocar los deseos de un hombre, aunque sea nuestra representación, por delante de todos los habitantes. Y les convendría recordar que ustedes no tienen derecho a opinar, acatarán nuestras órdenes les gusten o no.
-¡Me niego a dañar a Feliciano!- Estallé. Había prometido que le protegería hasta mi muerte. Si con una guerra lo olvidaba ¿Para qué servía el matrimonio?- ¡Él nunca le ha hecho nada malo a nadie!
-En eso se equivoca, fue nuestro aliado en ambas guerras mundiales y en ambas nos traicionó. Es el culpable de nuestra derrota. Debemos aplastarle antes de que nos vuelvan a traicionar. Ese joven le traicionó dos veces ¿De verdad confía en él?
-Con mi vida.- Contesté simplemente, sin vacilar. En la primera todavía no me había conocido y en la segunda, su lealtad hacia mí le había llevado a vivir un infierno.
-De todos modos, da igual vuestras opiniones. Obedeceréis y punto. Si pienso que nos has traicionado, yo misma buscaré un modo de acabar con Italia, aunque para ello, deba arrasar su nación entera.- Lanzó unos papeles encima de la mesa que se deslizaron hacia mí.- Este es el discurso que debes de leer en la reunión. Se levanta la sesión.
Todos salieron de la sala, salvo mi hermano y yo. No me moví, contando las vetas de la madera de la mesa para tranquilizarme y que no saltase contra esos malditos políticos.
-¿West?- Mi hermano apoyó su mano en mi hombro, llamándome la atención.- ¿Te encuentras bie...?
Me levanté, aparté a Gilbert de un empujón y me dirigí contra la pared más cercana, golpeándola con toda mi furia. Dolió, seguramente me había fracturado la muñeca, pero me daba lo mismo. El dolor físico embotaba todo el dolor, furia e impotencia que sentía en esos momentos.
-Joder, West ¿Eres gilipollas? ¡Te has roto la mano!- Cogió la mano lesionada con las suyas. Aunque no lo pareciese, mi hermano era algo sobreprotector.
-Lo sé, pero era romper la pared o la cara de la canciller y del presidente. La primera opción me pareció más segura.
-Lo sé. Yo habría hecho lo mismo si hubiese sido Roderich.- arqueé una ceja, escéptico. Él nunca había sabido controlarse, habría saltado contra ellos. Si no hubiese sido por la amenaza, no me había contenido.- Quizás no... Pero no hablamos de mí, sino de ti ¿Qué vas a hacer?
-¿Qué voy a hacer? Seguramente matar a Italia con mis propias manos, eso es lo que quieren ¿No?- Mi voz era ácida, desgarradora. Estaba destrozado y ellos lo sabían.- Nunca creí que odiasen tanto a Italia. Y si me niego, le matarán ellos mismo. Dime tú que hago.
-No pienses eso West. No pierdas la esperanza. Una vez pudiste contra nuestro gobierno, podrás otra vez y esta vez, te ayudaremos todos. Puedes estar seguro de ello, nadie va a atacar a mi cuñado, kesese.
Sonreí, era una sonrisa falsa, para calmar a mi hermano. No se lo tragó, pero lo dejó estar. Nada me animaría en ese momento.
-¿Quieres que llame yo a los demás?
-Ja. No voy a encender el teléfono en todo el día.- Si lo encendía, me saltarían varias llamadas perdidas de Feli y sería incapaz de llamarle, aparentar que todo sigue igual mientras hablo sobre cualquier cosa con él. Lo mejor era mantenerlo apagado. Feli no tendría forma de localizarme y era mejor así.- Dile a Kiku que venga una hora antes, necesito reunirme con él antes de la asamblea.
-Puedo leer yo el discurso, no me costar...- Hizo ademán de coger las hojas. Le agarré del brazo, impidiéndole acercarse a ellas.
-Nein. Me lo han encomendado a mí, yo leeré esos malditos papeles.
-¿Estás seguro?- Preguntó, dudoso de mis palabras. Debería agradecerle que me hiciese ese favor. De alguna forma, sentía que era mi obligación. No me escondería detrás de mi hermano cobardemente. Lo leería yo, aunque me hiriese cada letra. Feliciano se merecía, al menos, oírlo de mis labios.
-Ja.- Contesté escuetamente. No tenía ganas de hablar, solo de sentarme en el tren que nos llevaría a Suiza y dormir un poco, si era capaz.
Al final se rindió. Acordamos que en el tren llamaría una a una a las otras naciones y que sería yo quien leyese el discurso.
-Vámonos de esta habitación. No aguanto estar más tiempo en ella.- Le insté, quería salir de la sala donde me habían dado una de las peores noticias de mi vida. Gilbert salió delante, yo le seguí. Los números en mi brazo quemaban, recordándome antiguas promesas.
Beijing China 14:00 (9:00 en Alemania)
-Este té está muy bueno ¿Cómo decías que se llamaba?- Sorbí un poco más del líquido caliente. La taza era demasiado pequeña entre mis manos, demasiado frágil y delicado, como todo en China, incluido él mismo.
-No entiendo tu interés. En China lo tomamos habitualmente, aru.- Acabé mi taza, saboreándola.
-¿Quieres otra?- Yao preguntó, tomando entre sus manos la tetera. Yao siempre tan atento~
-Da. Las tazas son muy pequeñas ¿No podría utilizar una más grande?- Me miró con sus ojos pardos abiertos de par en par ¿Tan malo era lo que había dicho? A mí no me molestaría si decidiese tomar el vodka en estas tacitas.
-No. Es una tradición. Se toma así y punto, aru.- Durante unos minutos se mantuvo algo enfurruñado, pero no por mucho tiempo, después volvió a ser tan feliz como siempre. Me encanta cuando Yao-Yao está feliz~
Una melodía empezó a llenar el ambiente. El teléfono de Yao.
-Discúlpame Iván, aru.- Se levantó un momento a nuestra habitación para responder. No me moví esperando que volviese tomando el té y mirando el jardín de Yao que entre los dos cuidábamos, con algunos girasoles desperdigados entre las plantas exóticas.
-Es Gilbert, aru.- Gritó desde la habitación. Gilbert ¿Qué querría? No solía llamar para nada.
-¿Qué quiere?
-Hay una reunión urgente en Suiza. Tenemos que llegar lo antes posible.- Una reunión de todas las naciones. Con todos los países enemistados sería divertido, echaba de menos las peleas entre el capitalista y yo. Me levanté y llevé la bandeja con las tazas y la tetera a la cocina.
Aun siendo divertido sacar de quicio al gordo capitalista, no tenía ganas de luchar. Por primera vez era realmente feliz en mi vida y quería que siguiese siendo así.
Nueva York Estados Unidos 03:04 de la mañana (9:04 en Alemania)
Mint Bunny, no corras tan rápido, sino me voy a...
¡RIIINGG! ¡RIINNGGG!
Me desperté bruscamente, golpeando sin querer a Alfred en el estómago, quien ni se inmutó abrazándome con más fuerza y murmurando algo sobre hamburguesas. Él sí tenía un sueño profundo.
-¡RIIIINGGG! ¡RIIINNNGG!
-ARRGG Ya voy, ya voy...- Mascullé, aun sabiendo que nadie respondería. Bloody teléfono, esperaba que fuera importante. Me desenredé de los brazos que me aprisionaban y me dirigí al salón, donde se encontraba el teléfono. No entendía como no había instalado Alfred un maldito teléfono en el dormitorio con lo vago que es. Al día siguiente compraría uno, estaba cansado de ser yo el que se levantase por las noches siendo la mayor parte de las llamadas dirigidas a Alfred.
Por fin cogí el teléfono, definitivamente compraría uno mañana.- Hello, May I ask who's calling?
-Soy yo, Gilbert.- ¿Gilbert? ¿Y a qué razón me llamaba a estas horas de la mañana?
-¿Qué quieres?- Le corté antes de que contase alguna absurda anécdota sobre sí mismo, no estaba para una de sus tonterías. Lo único que quería era volver a la cama.
-Solo te estoy dando el placer de hablar con el asombroso yo.- ¿IS IT A JOKE? Como sea así, le mataba ¿Es qué no sabía las horas que eran en América?
-Bloody git, Como sea una broma te juro que...
-No, no, no es una broma. Lo anterior sí. Pero la llamada no.- La voz cambió a un tono más serio. Entonces si era importante ¿Qué había sucedido en Europa? ¿Intentarían reagrupar otra vez la Unión Europea?- Hay una reunión a las seis en Suiza. Tenéis que venir.
-¿De qué trata?
-Es mejor que lo sepas cuando llegues. Tengo que colgar, me quedan bastantes naciones que llamar.
-Muy bien. Avisaré a Alfred.- Accedí conforme. Tendríamos que salir enseguida para llegar a esa hora.
-¿Está dormido? Las tres de la mañana... ¿Y durmiendo? Qué poco aguante, yo y mis cinco metr...
-Goodbye, Gilbert.- Colgué de un golpe. Maldito pervertido, igual que la rana.
Volví a la habitación donde Alfred seguía igual, esta vez abrazando a la almohada y babeando encima de ella. Esperaba que no me babease encima cuando me abrazaba.
-Alfred... Alfred...-Le moví un par de veces intentando despertarle, sin éxito. Como último recurso, me acerqué a su oreja.- Wake up!
Conseguí que se levantara, cayéndose al suelo y tirándome a mí con él.
-Eh... What's happen?- Preguntó soñoliento, un poco confuso.- Iggy ¿Qué hacemos en el suelo?
-Levántate idiota. Pesas. Y prepárate, tenemos que coger un avión a Suiza. Hay reunión.
Madrid España 9:09
Todo iba perfectamente, era domingo, Lovino estaba conmigo e incluso se había levantado temprano (Me había costado bastante, pero no importaba). Ahora, me miraba desde una silla enfurruñado, quejándose de la hora que era mientras yo cocinaba el chocolate y los churros para desayunar; sería más sencillo comprarlos, pero estaban mucho mejor cocinados por uno mismo. Haced la prueba si no me creéis.
Mi móvil sonó y Lovi se levantó para responderlo. Seguro que me vio muy atareado y quiso ayudarme. Lovi es tan amable~
Seguí cocinando tranquilamente hasta que oí gritos viniendo desde... ¿Dónde había dejado la noche anterior el móvil? Bueno, desde allí.
Los gritos no paraban, así que al final opté a ver lo que sucedía ¿Por qué gritaría? Coloqué los churros y el chocolate caliente en un plato y una jarra respectivamente y corrí hasta lovi, guiándome por los gritos.
-...Vete a la mierda, maldito fliggio de puttana ¡Ni se te ocurra volver a decir que somos famiglia o te corto los...!
-Lovi ¿Quién es?- Quise preguntar también que le había dicho quien estaba al teléfono para que dijese tantas barbaridades. Mejor no, no quería que se cabrease conmigo. A estas horas estaba siempre muy susceptible.
-El maldito macho patatas albino.- Me lanzó el teléfono y volvió hecho una furia a la cocina. Esperaba que no estuviese así todo el día.
-Gil ¿Qué ha sucedido? Lovi parece muy cabreado...
-Solo le he dicho de broma "cuñadito". Hoy estáis todos muy susceptibles. Entre Inglaterra y él...
-¿Inglaterra? ¿Qué tiene que ver él con todo esto?
-Da lo mismo. Hay reunión en Suiza a las seis.- Que mala suerte. Tenía pensado preparar el huerto hoy.
-Allí estaremos ¿Después de la reunión nos vamos a tomar una copa Fran, tú y yo? Hace tiempo que no salimos.- Esperé una respuesta, pero no contestaba. Tendría algo que hacer esta noche.
-No va a ser posible. Ah, casi se me olvida. Avisa a Feliciano de la reunión, tengo muchas naciones que llamar.- Colgó antes de que pudiese decir nada más ¿No está Ludwig con él? Sería más sencillo que lo llamase él... Quizás me había confundido. Lo mejor sería que llamase a Ita después de desayunar... ¡Los churros!
Salí corriendo a la cocina, esperando que Lovi no se hubiese acabado con todo como venganza.
París Francia 09:14
Observé como la mantequilla se derretía en la sartén, esparciéndose. Era la temperatura perfecta para cocinar panqueques.
Era un poco tarde para desayunar, pero ayer, yo... Francis... no-nosotros. Me sonrojé al recordar la noche anterior, no habíamos dormido casi nada.
Kumajiro se frotó contra mi pierna, pidiendo mi atención. Le cogí en brazos, sabía lo poco que le agradaba Francis y desde que llegué a Francia la semana pasada le había desatendido un poco (Una conferencia urgente en Quebec me había obligado a estar dos meses lejos de Francis. A él le había sucedido lo mismo, pudiendo visitarme solo una vez en esos dos meses. En esto últimos años las reuniones imprevistas eran continuas, dificultándonos un poco preparar la agenda para vernos). Me prometí a mí mismo que pasaría toda la tarde con él, aunque desconocía si era posible pasear con un oso por París. Se lo preguntaría a Francis cuando saliese de la ducha, había intentado que me duchase con él, pero me había negado. Era muy tarde y todavía no habíamos ni desayunado.
El sonido de un teléfono me sobresaltó. Miré alternativamente a la sartén y al móvil de Francis que vibraba y sonaba en la mesa. No me gustaba alejarme del fuego, pero podía ser importante.
Antes de darme cuenta ya tenía el móvil en la mano. El nombre de la pantalla era Gilbert- Acepté la llamada. Le diría que Francis en ese momento no se podía poner.
-Francis, soy yo Gilbert.- Murmuré un "Allo".
-¿Francis? ¿Hola? ¿Hay alguien?
-Soy Mathew.- Todavía sonó un poco bajo, de alguna forma tendía a difuminarme hasta que los demás se olvidaban de mi existencia. Eso nunca había sucedido con Francis, siempre me veía y nunca me confundía con mi hermano, lo que era un alivio.
-Mathew, habla más alto. No se te oye.- Separé el oído del teléfono, Gilbert gritaba mucho.- ¿Y Francis?
-En el baño duchándose. Tendrás que llamar más tarde.- Volví a la cocina con el teléfono en la mano. No me había olvidado de los panqueques que había dejado cocinándose en la cocina.
-No tenía que hablar con él. Solo tenía que deciros que en Suiza hay una reunión a las 6. No podéis faltar.
-Muy bien. Se lo diré cuando salga.- Nos despedimos y colgué al mismo tiempo que servía los panqueque en un plato. Tendría que preguntar a Suiza si había algún parque para dar un paseo con Kumajiro. Los Alpes tan nevados y fríos le encantarán.
Suecia 09:17
Limpiaba con fuerza los platos, mientras Sue barría. Hace unos minutos habíamos acabado de desayunar y había sido un lío.
Todos los nórdicos habíamos decidido tener unos días en familia (En realidad no todos, pero le pedí a Lukas que convenciese a Mathias para venir), aunque no estamos solos. Peter había invitado a Raivis a dormir, un encanto de niño aunque algo tímido. Emil, a su vez, había invitado a su novio, Xiang quien, a pesar de los años que llevaban juntos, a Noruega seguía sin gustarle demasiado. Lukas siempre había sido un poco protector con Emil, puedo entender que los primeros años le cayese mal. Pero llevaban más de una década juntos. Aun así, nadie había conseguido hacerle cambiar de idea.
Los dos niños y los dos jóvenes se encontraban en el salón; jugando a uno de los muchos videojuegos de Peter. A Mathias le habíamos enviado a por más leña, quedaba poca y Lukas se había vuelto a enfadar con él por algo que había hecho, por lo que había optado por salir de casa. Mientras, el noruego buscaba en los estantes los ingredientes para la comida. Faltaba horas para ella, pero quería tenerlo todo organizado.
El teléfono sonó y Noruega salió de la cocina, en busca de él.
-¿H's 'chado la com'da a Han'tam'go?- Preguntó Berwald, mientras con el recogedor tiraba a la basura el polvo recogido al barrer.
-Sí, le di de comer antes de desayunar. ¿Crees que Mathias está bien? No conoce estos bosques.- Se encogió de hombros, sin importarle. A mí no me engañaba, aunque se llevaban a veces mal, al final éramos familia. Todos nos preocupábamos los unos de los otros, aunque luchásemos entre nosotros.
Abrí la boca para preguntarle algo más, pero Noruega entró en la cocina con el teléfono inalámbrico en la mano.- Hay reunión a las seis.
No pude evitar preocuparme, las tensiones eran cada vez peor. Quedar en Suiza, uno de los pocos países que quedaban neutrales solo podía significar malas noticias.
Viena Austria 09: 21
Pasé la mano delicadamente por las teclas del piano, recreando los sonidos que miles de veces antes se habían propagados por estas habitaciones. Era extraño que hubiese tanta tranquilidad en casa.
La melodía de mi móvil (Algo de Beethoven, su energía me recordaba a Gilbert) interrumpió el concierto. Lo saqué de mi bolsillo, Gilbert había aprendido a no molestarme en mis horas de música. Debía ser algo importante para interrumpirme.
-Gilbert ¿Ya has salido de la reunión?
-Ja.- Contestó, supe que diría algo más. Normalmente celebraría haber salido de cualquier evento que implicase atender algo según él "No awesome".- Pero hay otra a las 6 en Suiza. Todas las naciones debes ir.
-¿Quién la ha programado? ¿Tus jefes?
-Ja.- No dijo nada más, quedándose callado. Era extraño, algo pasaba.
-¿Qué sucede? No digas que nada, ha pasado algo.- Pregunté, impidiéndole retroceder o mentir.
-No sucede nada, señorito. Todo va perfectamente kesese.- Sus palabras sonaban artificiales, incluso la risa, dicha en un momento inadecuado para convencerme de que todo iba perfectamente.
-No mientas.
-No miento, hoy te has levantado con el pie izquierdo porque no estaba yo.
-No digas tonterías. Me he levantado antes que tú. Dime la verdad.
-Tengo que dejarte. Me quedan más de cien naciones por llamar.- Cambió la conversación, desviándola lo más alejado posible de lo anterior. Desistí, fuese lo que fuese, tendría que preguntarlo directamente.
-Yo avisaré a Elizabeth.
-Gracias. Por cierto, Ich liebe dich.- Colgó el teléfono, sin dejarme contestar. Él nunca acababa una conversación por teléfono así, diciendo que me quería. Algo estaba sucediendo.
Me levanté del banco, dirigiéndome a la habitación para cambiarme y reservar un billete de tren. La música debería esperar.
Tokio Japón 03:27 de la tarde (09:27 en Alemania)
Entre los papeles perfectamente ordenados, busqué uno de los tantos mapas que poblaban la habitación. La posibilidad de una guerra en el horizonte había alertado a mis gobernantes. Desde hace meses preparábamos ataques ofensivos y defensivos por tierra, mar y aire; incluso un plan para evacuar a toda la población bajo amenaza nuclear o invasión por fuerzas enemigas. Los preparativos para una guerra que cada vez era más probable que sucediese.
Tecleé en la Tablet unas cuantas coordenadas, la situación de uno de los muchos lugares donde la invasión podría comenzar. Este en particular debía mejorar sus defensas y aumentar el número de guardias en la zona. Un trabajo tedioso y algo aburrido, pero necesario; si entrábamos en guerra esta vez mis jefes no admitirían una derrota y mi pueblo estaba lleno de venganza contra China, la historia se repetía.
El timbre del móvil me sacó de las cavilaciones en las que estaba enfrascado ¿Dónde habría dejado el teléfono?
-Teléfono 582, desvía la llamada a Tablet 363A.-Ordené, esta nueva aplicación era muy útil.
-Japón, Soy Gilbert.
-Prusia-san.- Nadie sabía muy bien cómo llamarle, Prusia o Alemania del Este. Él mismo había optado por Prusia, según él mucho más "awesome".- ¿A qué debo la llamada?
-Hay una reunión a las 6 hora alemana en Suiza. Vendrán todas las naciones.- Contestó.
-Iremos un poco apurados de tiempo, pero estaremos a la hora.- Coincidí. Una reunión, esperaba que no corriese la sangre y no por nuestras naciones, sino por los representantes de cada gobierno que nos acompañaban a cada reunión por miedo a que le sucediese algo a su personificación. Las reuniones no eran lo que habían sido antes, ahora un insulto podía ser una declaración de guerra velada y una amenaza las intenciones de invasión de la otra nación.
-Eso no es todo. Mi hermano me ha pedido que vayas una hora antes que los demás. Es muy importante.
-¿Qué sucede? ¿Están bien Alemania-san e Italia-san?
-Sí, perfectamente.- Me tranquilicé, ambos seguían siendo grandes amigos míos.- Pero debes venir. No puedo decirte nada, pero es muy importante.
Prusia parecía preocupado. Y él no era de los que se asustaban. Algo grave había sucedido, lo suficiente como para pedirme que llegase antes que el resto.
-Estaré allí a las cinco.- Acepté, terminando la conversación. Para llegar a tiempo tendríamos que salir en esos momentos. Sería mejor que despertase a Heracles de su siesta.
Miré a mi Tablet que seguía en mis manos. Abrí la aplicación del calendario para escribir a las seis "¿Guerra?"
Vilna Lituania 10:33 de la mañana (09:33 en Alemania)
¿Dónde estaba Feliks? No estaba en la cocina, ni en la habitación, ni en el baño... Tenía que decirle lo de la reunión. Hace unos instantes había llamado Gilbert para comunicarlo. No le gustaría la noticia a Feliks, aunque a mí tampoco. Ambos teníamos el plan de pasar un tranquilo día sin nuestros respectivos gobiernos instándonos a trabajar más activamente en los preparativos, no para la guerra, claro, ellos no querían guerra. Solo querían protegerse de los ataques de los otros países, pero si les vencíamos nos quedábamos con parte de sus tierras ¡Bienvenido sea! Nuestro destino estaba en manos de las potencias mundiales, en pie de guerra en estos momentos. Si nuestros aliados comenzaban la lucha, nosotros tendríamos que seguirlos. Una completa locura.
Salí al exterior de la casa directo al establo, el único lugar que quedaba sin registrar. Feliks me había pedido hace un par de años construir un establo para su poni. No me negué sabía lo mucho que quería a ese poni, que debía ser tataranieto del poni al que cogió tanto cariño en la segunda guerra mundial.
-...Y lo que tengo preparado, es, como, superideal. A Toris le va a encan...- Oí detrás de la puerta sonriendo. Faltaban meses para mi cumpleaños, pero él ya estaba organizándolo todo.
-¡Feliks! ¿Estás ahí?- Grité, actuando como si no supiese que estaba en el interior. Para él, la fiesta era una sorpresa para mí y no le estropearía esa ilusión, aunque lo supiese desde hace semanas. No era muy difícil descubrirlo, me atosigaba en cualquier momento con preguntas sobre mis gustos si celebrase una fiesta "que no existía" para mi cumpleaños. Todo hipotéticamente.
-Sí, Toris.- Abrió el protón permitiéndome pasar al interior. La mayor parte era de distintos tonos de color rosa junto a blancos, azules claros, rojos y violetas. El caballo de color canela resaltaba entre tanto rosa.- ¿Pero no me habrás oído? Porque eso sería, ósea, totalmente superhorrible.
-No, claro que no.- Le tranquilicé, sabía las ganas que tenía de prepararme una fiesta.- Te estaba buscando. Hay reunión.
-¿Reunión? ¿En serio?- Preguntó incrédulo. Yo tampoco me lo creía, las cosas andaban cada vez peor. Los ánimos no estaban para una reunión.- ¡Pero si están casi en guerra!
-Lo sé. Quizás sea una declaración de paz.- Propuse sin mucho entusiasmo.
-O una declaración de guerra.- Replicó, cepillando el pelaje del poni.- Pero quizás tengas razón. Por primera vez, las naciones estamos en contra de la guerra. Quizás consigamos que se firme una paz, ósea, podremos seguir como en estos últimos años. Todos felices.
Lo exclamó con alegría, como si hubiese alguna esperanza, pero ni él mismo lo creía. Era una quimera, porque en estos momentos, las naciones éramos títeres en manos de nuestros gobernantes.
Suiza 05:00 Ludwig
Caminé por la habitación donde esperaba a Kiku, nervioso. La hora del discurso estaba cada vez más cerca y me veía incapaz de leer esas palabras. Pero mis líderes habían sido claros, si me negaba, Feli sería el que sufriría las consecuencias. Conocía perfectamente el ejército italiano y aunque en los últimos años había mejorado, todavía no se podía comparar al mío. Esperaba que Kiku llegase pronto.
-Alemania-san.- Me di la vuelta. No había oído entrar a Japón tan sumido como estaba en mis pensamientos.- Konichiwa.
-Gutten tag Kiku.- Saludé de vuelta.- Espero no haberte molestado al pedirte que llegases una hora más temprano.
-En absoluto, aunque no vine solo. Heracles-san vino conmigo.- Asentí ante la información. En esta época del año, Heracles solía estar en Japón con él.- ¿De qué querías hablarme?
Tomé aire y le conté lo sucedido en la reunión, esperando su reacción.- Me han obligado a declarar la guerra a Italia.
Japón se quedó parado. No supe que pasaba por su mente, su rostro era indescifrable.- ¿Podría repetir Alemania-san?- Preguntó. Su tono era afilado, con un tinte de peligro. Siempre había sido más cercano a Feliciano que a mí. Algo que agradecía en estos momentos.
-Mis jefes nos llamaron a mi hermano y a mí para una reunión. Según ellos, la culpa de que Alemania perdiese las dos guerras mundiales es culpa de Italia. Es una idea estúpida, pero no quisieron escucharme.
-Niégate a luchar o ayuda a Italia. Ya lo hiciste una vez, no será tan difícil.- Propuso. Si no fuera por las amenazas, no hubiese dudado en unirme a Italia o sabotear a mi propio gobierno (Un gobierno que cada vez más se acercaban al régimen nazi).
-No puedo.- Noté que iba a replicar. Le corté antes de que lo hiciese.- Si lo hago, le matarán. Aunque para ello tengan que bombardear toda Italia.
-Tus jefes están locos. Matar a una nación...
-Eso es lo que te quiero pedir. Eres aliado de Estados unidos y Inglaterra. Debes pedirles que entren en la guerra de parte de Italia. A mí no me escucharán, pero a ti sí. Es mucho lo que te pido, pero hazlo por Italia.
-Aunque ellos acepten, es muy probable que sus gobernantes se nieguen.- Era un sí, unos de los "Sí" de Japón, difíciles de descifrar, pero un sí al fin y al cabo.
-Solo podemos intentarlo.
-Intentaré convencer a mi gobierno de mandar ayuda ¿Italia lo sabe?- Preguntó curioso. Negué con la cabeza sacando los papeles del maletín apoyado en mi pierna. Se los tendí, incitándolo a que los leyese.
-La reunión es para eso.- Los ojeó por encima, releyendo varias veces la sección que no dejaba sin ninguna duda del carácter bélico del discurso.
-El plan es obligar a poner en la mesa todas las alianzas. Están incitando el comienzo de la guerra.- Comentó, apartando la mirada de las hojas.- Podría resultar en la tercera guerra mundial. Si lucháis seréis el desencadenante.
-Lo sé.- Continuamos dialogando, buscando la manera de proteger a Italia, ajenos a la sombra que nos vigilaba, el verdadero responsable de los acontecimientos.
06:00
Miré a la puerta cerrada que en pocos segundos debería traspasar. Al otro lado se encontrarían las naciones, especialmente una, Italia.
-West ¿Estás bien?- Apoyó su mano en mi hombro. Negué con la cabeza, nadie en mi situación estaría bien.- Todavía estás a tiempo. Puedo leerlo yo.
-No. Es mi obligación.- Sujeté con fuerza los papeles. Quería rasgarlos en mil pedazos y lanzar los fragmentos por la ventana, dispersándolos por el aire; pero conocía el peligro que esa acción conllevaría.
Un pitido sonó, alertándonos que ya era la hora de entrar en la sala.
Caminé como un autónoma, moviendo mis miembros de forma mecánica. Mi hermano, a mi lado, no estaba mucho mejor que yo.
No giré la cabeza, si lo hacía vería a todos las naciones que, con el paso de los años, se habían convertido en amigos: Seguramente los hablantes de habla francesa e inglesa discutirían; los nórdicos por un lado, en piña, con la reciente incorporación de Hong Kong; los europeos y asiáticos mezclados; los países latinoamericanos todos juntos riendo de forma sonora y desenfadada; los africanos algo callados hablando en distintas lenguas entre sí... y sobre todo, Feliciano sentado al lado de su hermano y Japón. Si hubiese girado la cabeza, le hubiese visto sonreír al verme como hacía siempre en una reunión. Si yo también hubiese sonreído, habría levantado la mano para saludarme. Si lo hubiese hecho, le habría reñido con la mirada por comportarse así en una reunión, aunque muchos otros países pareciesen niños pequeños. Si todo hubiese seguido como siempre, él habría bajado la cabeza, arrepentido para después darse cuenta de que a mí, en el fondo, me gustaba que me saludase. Pero no le miré, por lo que nada de eso sucedió. Si hubiese mirado, habría visto como dejaba de sonreír para dar paso a la preocupación. Pero no miré, por lo que no me di cuenta.
Subimos al estrado con dos asientos vacíos, uno para cada uno. Él se sentó mientras yo me quedé de pie, apoyando los papeles en atril. Poco a poco, las naciones pararon de moverse y hablar. La sala quedó en silencio, como pocas veces antes había sucedido sin que yo gritase. Quizás intuyeron que esa reunión no sería como las demás o que nuestro destino quedaría sentenciado con esas hojas.
Empecé el discurso sin fijarme en lo que leía. ¿Para qué? si yo sabía perfectamente lo que sucedería. No podría ver a Feli hasta que acabase la guerra o nunca más, si después de la guerra no quería volver a verme. Debería haber hablado con él, despedirme, pedirle que tuviese cuidado. Parecía que habían pasado años desde el desayuno por la mañana.
Titubeé. Solo quedaba una línea, una mísera línea; pero solo esa hacía falta para separarme de Italia. Me arrepentí de no aceptar la propuesta de mi hermano, pero ya no podía dar marcha atrás. Cogí aire y acabé:
"...Declaramos la guerra a la Repubblica Italiana."
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Decidme ¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Os gustaba más como era antes o como es ahora la historia? Personalmente me gusta más ahora, pero me encantaría saber vuestra opinión.
¿Algún personaje me ha salido oc? Hay varios que es la primera vez que escribo sobre ellos, así que decidme si hay algún fallo, de verdad, apoyo la crítica constructiva.
Bueno, no tengo mucho más que decir, así que... ¡Hasta luego! ^^
