DIVISIONES
II: REGRESO
Templo de Capricornio, Santuario de Athena
Shura puso los ojos en blanco cuando Camus bajó a su templo. En su defensa, el santo de Acuario había cruzado junto con Liliwen por el templo de Capricornio porque irían a visitar a Milo y a Cathy, quienes habían sorprendido a todo el Santuario diciendo que que se casarían en un par de semanas. A Shura no le sorprendía: desde que Cathy había llegado al Santuario, el pobre Milo se la pasaba volando bajo y cacheteando banquetas. Sonrió levemente al imaginar aquello. Esa chica sacaba el mejor lado de Milo.
El problema con Camus era que Shura estaba cocinando su platillo favorito, patatas bravas, y cuando pasaron por el templo de Capricornio, ambos comenzaron a toser violentamente. El aroma a picante en la comida que Shura estaba cocinando había llenado todo el templo. Liliwen tenía los ojos llorosos, y Camus no podía decir dos palabras sin toser.
-Shura… cofff…¿se puede saber…. cofff coff… qué estás coff… cocinando?- dijo el santo de Acuario.
-¿Qué se te ofrece, Camus?- dijo Shura, entrecerrando los ojos.
-Solo quiero poder pasar… cofff… por tu templo sin morir en el intento…- dijo Camus, aún tosiendo violentamente y con los ojos llorosos también.
-Entonces será mejor que se apresuren- dijo Shura- el olor a picante no se va a ir a ningún lado-
Camus frunció el entrecejo, bajando un poco la temperatura en el décimo templo, y tras tomar el brazo de Liliwen, la ayudó a caminar hacia la salida del templo de Acuario, ya que la pobre chica tenía los ojos inundados de lágrimas y no podía ver nada. Una vez que se quedó solo, Shura se echó a reír. Esos dos no aguantaban nada, y eso que esta vez Dio no había cocinado.
Shura se encogió de hombros, y continuó revolviendo la salsa con la cuchara de madera mientras se cocinaba. Sonrió: olía bastante bien. Lástima que ninguno de los santos apreciaran la cocina española. Bueno, nuevamente, quizá solo Dio, pero él no contaba, sobre todo después de que Shura vio las cosas que solía comer. Suspiró.
Quizá podía invitar a Aioros y a Sofi. Pero casi de inmediato, Shura se arrepintió y sacudió la cabeza, desechando la idea. A veces olvidaba que la chica estaba embarazada, y estaba con una dieta muy cuidadosa, ya que tenía diabetes y tenía que cuidar muy bien sus niveles de glucosa. Además, no sabía como estaba su estado de antojos de embarazo, y no quería encontrarse de pronto a Aioros a las tres de la mañana al pie de su cama pidiéndole que prepare algo para ella.
Shura rió en voz baja y apagó la estufa. Se sirvió la comida en un plato y se sentó a la mesa tras sacar del refrigerador una botella de cerveza. Comió en silencio, pensando en lo agradable que sería estar acompañado de vez en cuando.
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Casa en Atenas, Grecia
Mackenzie apagó la computadora, sonriendo aliviada, y se volvió hacia su habitación. Ella y sus dos compañeros acababan de mudarse a Atenas hacía dos meses, donde trabajarían para la fundación Starfish creando prótesis biónicas para los refugiados sirios que llegaban a Grecia, y ya estaban más o menos instalados en su nuevo hogar. Y ya habían entregado dos prótesis, y acababan de recibir una solicitud para una nueva prótesis de brazo derecho para una niña de seis años.
Mac, Charlotte y Derek funcionaban como una máquina bien aceitada. Primero que nada, Derek, que desde la universidad de había vuelto un aliado y buen amigo de Mac, se encargaba de conseguir y gestionar los materiales necesarios: comprar el plástico para la impresora 3D y las viejas piezas de celulares para los circuitos. Después de ello, Charlotte creaba el esqueleto plástico de la prótesis usando un software que Mac había diseñado, usando la impresora 3D. Y finalmente, Mac se encargaba de producir los circuitos necesarios para que la extremidad mecánica funcionara a la perfección, como una normal.
Mac puso a Toto sobre el escaso espacio que había en su escritorio y suspiró.
-¿No has pensado en conseguirte un escritorio con más espacio, Mac?- se escuchó la voz metálica proveniente del perro mecánico- o cuando menos limpiar este un poco-
La chica sonrió y se volvió a mirar su escritorio. Toto tenía razón. Sobre el mueble tenía un teclado y dos joysticks de tres ejes, uno de cada lado del teclado, un mouse y un hub con diez puertos USB. También tenía cuatro pantallas: una al frente, una arriba de ella y dos a los lados. Cables, conexiones y luces por todos lados. Un ipod que hacía sonar música de The Beatles. Un porta-vasos con un vaso de plástico. Unos enormes audífonos. Y a ambos lados del escritorio había un par de enormes brazos robóticos.
-No, sabes que necesito todo esto- dijo Mac- tenemos una prótesis nueva en proceso-
-Charlotte aún no ha impreso el esqueleto de plástico- dijo Toto. Su voz robótica había cambiado varias veces conforme pasaban los años. Ella había escogido para Toto la voz de Morgan Freeman o Alan Rickman: le daba risa que su invento tuviera la voz de Snape de Harry Potter. Finalmente se había conformado con la voz de Tom Hiddleson, cosa que la ponía de muy buen humor- tienes tiempo de hacer otra cosa-
-Estoy pensando en que puedo seguir trabajando en el prototipo Icarus 2.0- dijo la chica.
-Entonces estoy de acuerdo con lo que dijo tu madre la última vez que hablaste con ella- dijo el robot- necesitas un novio, y pronto…-
Mac rió en voz baja. Cuando era pequeña, su madre había pensado que era autista, o que estaba loca. Ahora decía que necesitaba un novio para que éste la hiciera alejar su mente de los mecanismos, circuitos y prototipos. Ja. Como si eso fuera posible. Su padre, en cambio, siempre la había animado a seguir sus sueños, y sobre todo a desarrollar sus habilidades.
-No necesito ningún novio, necesito probar el Icarus, Toto- dijo Mac mientras sonreía- tú eras el que querías dejar de ser un pug, y ser un dragón, ¿no? Por eso necesito probar las alas primero-
-Pueden ser solo alas ornamentales- dijo el pequeño robot, señalándose a sí mismo- sabes que solo quiero estar en un cuerpo más grande que éste-
Mac rió de nuevo. Había perdido la cuenta del número de veces en que Toto le había pedido que lo transportara a otro cuerpo: no le gustaba ser pequeño y abrazable como era en su forma actual. Mac estaba planeando un prototipo en forma de dragón, pero tenía muy poco tiempo entre un proyecto y el siguiente para para tener tiempo de terminar de armarlo.
Un ruido interrumpió sus pensamientos. Tanto Mac como Toto se volvieron a la puerta. Resignada por la interrupción, Mac se levantó y abrió. Era Derek.
-Buenas tardes, Canadá- dijo el chico- quería avisarte con tiempo, que el material para la impresora 3D está escaso en Grecia. Lo mandé traer de Munich, pero tardará dos días al menos en llegar-
-¡Vacaciones!- dijo la voz mecánica de Toto desde su sitio sobre el escritorio.
-Gracias, Derek- sonrió Mac, señalando la mochila que estaba tumbada en el suelo- eso significa que podré trabajar mientras en mi prototipo-
-No te esfuerces demasiado, Canadá- dijo Derek, echándose a reír, y guiñándole un ojo antes de salir de su habitación- necesitas salir, tomar algo de sol, en vez de estar todo el día aquí encerrada. El día está agradable-
-Planeo salir mañana, a probar mi prototipo- sonrió ella.
Derek se encogió de hombros, algo decepcionado de que su amiga fuera tan huraña, y salió de ahí, diciendo que iría a comprar algunos víveres. Una vez que se quedaron solos, Toto se volvió a Mac, y alzó sus cejas mecánicas.
-Tu amigo quiere que salgas de la casa para avanzar a segunda base con Charlotte- dijo Toto. Mac puso los ojos en blanco.
-No me hagas arrepentirme de descargarte ese programa de comportamiento humano- dijo la chica, mientras cerraba la puerta, se daba media vuelta y caminaba de regreso a la silla de su escritorio- además, no creo que…-
-Mac, si sigues por tu curso actual, tienes 90% de riesgo…- comenzó a decir Toto, pero fue demasiado tarde. Mac tropezó con zapato que estaba tirado en el suelo, y cayó sobre su asiento, tirando el vaso de plástico que estaba en el escritorio al suelo. El objeto y la caída de la chica hicieron un fuerte ruido. Toto completó la frase cuando ya era muy tarde- …de caer-
-¿Mac?- se escuchó la voz de Charlotte, entre preocupada y algo fastidiada.
-¡Estoy bien!- grito Mac a su vez, incorporándose y mirando su rodilla golpeada. Hizo un puchero y se frotó el golpe- auch… esto va a dejar un moretón-
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Templo de Géminis
Kanon y Satu se miraron entre sí, sonriendo y esperando impacientemente a que Saga regresara. Llevaba dos semanas desde que había pedido licencia al Patriarca y se había ido de vacaciones a Chile, y ambos sospechaban que esas supuestos días libres tenían algo que ver con cierta chica que preparó un pie de manzana.
-¿Cómo se pudo haber ido así de pronto, sin avisar ni decir nada?- dijo Kanon, algo ofendido- ¡soy su hermano gemelo!-
-Avisó al maestro Shion y a la señorita Athena- dijo Satu, y esbozó una sonrisa un poco torcida- y no es que estés preocupado por él. Querías acosarlo para preguntarle sobre esa chica, ¿verdad?-
Kanon sonrió levemente.
-Por supuesto que no- dijo Kanon, cruzando los brazos- aunque ahora que lo mencionas, es lógico que me preocupe por mi hermano, ¿no? De hecho, quería seguirlo para ver quien es y…-
-Ya, pero la señorita Athena te prohibió seguirlo- dijo Satu, sonriendo y pensando que quizá Saori sabía algo que ellos no.
-Ah, ¿porqué tardará tanto?- dijo Kanon, un poco impaciente. Como respuesta, Satu solamente lo abrazó por la cintura con mucho cariño. El gemelo no se resistió, al contrario, la abrazó con fuerza y le besó el cabello. Hacía dos semanas, justo antes de que Saga se fuera a Chile, que Kanon había pensado que jamás volvería a ver a Satu, y viceversa. Desde entonces, ambos se habían vuelto mucho más aprensivos con el otro, con Elsita y con Kostas.
Pronto, ambos escucharon pasos, y Saga apareció en el templo de Géminis, a la mitad del pasillo, y los miró alzando las cejas. Llevaba sobre su hombro una mochila negra que había comprado en Chile, llena de algunas prendas de vestir.
-¿Me perdí de algo?- dijo el gemelo mayor al verlos abrazados- ¿aniversario o algo por lo que los tenga de felicitar?-
Kanon besó a Satu en la mejilla y la soltó.
-Nos da gusto verte de nuevo, Saga- dijo Kanon, volviéndose hacia su gemelo- que extraño que te hayas ido de vacaciones tan inesperadamente, sin previo aviso, y justo después de que…-
-¿Necesitas algo, Kanon?- dijo Saga en un tono que no admitía tonterías.
-¿Cuándo nos vas a contar como te fue en tus vacaciones?- dijo el gemelo menor, poniendo su mejor cara de inocencia- ¿queríamos preguntarte quien es esa chica que…?-
-Mantén tus narices fuera de este asunto- lo interrumpió Saga, hablando aún en el mismo tono, tranquilo pero firme- te agradecería que la dejaras en paz-
La verdad era que hacía dos semanas había llevado a Cecilia a Chile a visitar a su mamá enferma, y había aprovechado para tomarse unas vacaciones, y pasar tiempo con ella. Esas vacaciones habían sido clases avanzadas para Saga, pues nunca había hecho algo así. La chica lo había llevado a conocer tanto la capital como Puerto Varas, entre otros sitios. Ambos habían pasado tiempo juntos haciendo nada, solo pasando tiempo juntos, charlando y comiendo. Una vez que la mamá de Cecilia salió del hospital, no paró de decir que ambos (Saga y Cecilia) estaban muy delgados, y los hizo ingerir cantidades industriales de comida.
Por primera vez en su vida, Saga sintió algo extraño cuando estaba siendo acosado por la mamá de Cecilia para que comiera. Él mismo había perdido a su madre el día que nació, y jamás se había sentido cuidado por una mamá como hacía la señora Hernández: una sensación cálida y agradable en su corazón y en su estómago, aunque quizá era la sopa calientita más que otra cosa. Era lindo.
El gemelo mayor solo tenía un pequeño problema. Apenas conocía a Cecilia, pero algo en su corazón le decía que era la chica con la que tenía que estar. Y el asunto que estaba dando vueltas en su cabeza era que tenía que hablar con Kostas para explicarle quien era Cecilia y qué era para él. Por supuesto, no podía sustituir a Casandra, pero deseaba que se pudiera llevar bien con ella.
Y sí, Saga se portaba un poco agresivo con su gemelo porque sabía que a Cecilia la iba a poner muy nerviosa al conocerlos, sobre todo si se ponía tan fastidioso como se había comportado en esas últimas dos semanas, insistentemente preguntando por ella.
-¿Saga?- dijo Kanon, notando que la mente de su hermano había comenzado a divagar.
-Nada- dijo el mayor, sacudiendo la cabeza- estoy cansado por el viaje, Kanon, me voy a descansar. Luego hablamos- dio un par de pasos a su habitación, pero se detuvo- ah, y cuando Kostas regrese, por favor díganle que me despierte-
Y sin esperar la respuesta de su gemelo, Saga pasó entre su hermano y cuñada, y entró a su habitación, cerrando la puerta tras de sí. Kanon y Satu se miraron y se encogieron de hombros.
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Embajada mexicana en Grecia
Al mismo tiempo
Saga había dejado a Cecilia a la embajada antes de regresar al Santuario. La chica cenaría con su hermano y cuñada, y pasaría ahí la noche. Santiago se emocionó de ver a Canuto, y obviamente Diego casi se desmaya de alegría cuando vio que Cecilia llevaba con ella comida preparada por la mamá de ambos.
-¿Cómo hiciste para traer toda esta comida, Cecy?- dijo Beatriz, alzando las cejas- las aduanas son muy estrictas en cuanto a los alimentos. Yo quisiera traer varios tipos de chiles de México, pero siempre me los quitan- se lamentó.
-Usé un método alternativo de transporte- sonrió Cecilia, recordando la manera en la que había regresado a Atenas vía portal a otra dimensión.
-No importa como lo hizo, Bea, esto es genial- dijo Diego, contento al ver los tuppers con comida de su madre- ¿cómo está mamá?-
-Salió del hospital unos dos días después de que llegue- dijo Cecilia, sonriendo- y nos dio cantidades industriales de comida-
-Me imagino- sonrió Beatriz, recordando a su suegra y su manía de darles de comer. Las madres latinoamericanas solían ser así, pero la mamá de Cecy y de Diego era un poco exagerada al respecto.
-Tía Cecy, ¿puedo darle chocolate a Canuto?- dijo Santiago.
Canuto movió la cola animado y sacó la lengua, pero Cecilia sacudió la cabeza.
-No, cariño, no debes darle chocolate, le hará daño- dijo la chica, y frunció el entrecejo al ver al Canuto, quien comenzó a aullar- vamos, no seas llorón, sabes que es malo para ti-
Diego y Beatriz se echaron a reír.
-¿Cómo está tu amigo del Santuario de Athena?- dijo Diego de pronto, sonriendo levemente y mirando a su hermana con interés- se llama Saga, ¿no?-
Cecilia frunció el entrecejo mientras sentía que sus mejillas estaban un poco enrojecidas. Desde que llevaba ya un mes más o menos tomando sus medicinas, se había desinhibido un poco, y ya no tenía reparos o filtros para decir directamente lo que pensaba.
-No metas las narices, Diego, si sabes lo que te conviene- dijo Cecilia, haciendo reír a Beatriz.
-Deberías invitarlo a cenar un día con nosotros- dijo su cuñada distraídamente, mientras servía un plato de comida para Santi- cena mexicana. Prometo no ponerle demasiado picante-
Cecilia miró sospechosamente a su cuñada. Diego ya le había explicado que jamás podía confiar en un mexicano con el tema del picante. En todo caso, Cecy llegó a la conclusión de que era mucho mejor evadir el tema, al menos por el momento.
-Será mejor que me vaya a descansar- dijo la chica, fingiendo un bostezo- mañana es mi primer día de regreso al trabajo, y será mejor que duerma bien-
Cecilia se levantó de la mesa, tomó a Canuto y se apresuró a salir del comedor. Una vez que la chica desapareció, Diego y Beatriz se miraron entre sí.
-Nunca la había visto así de contenta- dijo Diego a su esposa en voz baja, sonriendo- tengo una buena corazonada sobre ese chico-
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Recinto de las Amazonas
Esa noche
Marín acababa de terminar sus tareas diarias. Desde que había quedado a cargo del recinto de las amazonas, usualmente terminaba su día cuando la mayoría de las amazonas ya estaban dormidas. Incluso Shaina ya estaba dormida para cuando la amazona de Aguila regresó. Solo Lena y Edith estaban aún despiertas, y entrenando cerca de la entrada del recinto.
La amazona pelirroja se quitó la máscara, la dejó en la mesita de noche, ponderando si valía la pena tomar un baño antes de dormir, o solo caer muerta sobre su cama y tomar ese baño en la mañana.
Cuando Marín estuvo a punto de tumbarse sobre su cama, vio que no era la única que estaba despierta. Anika también estaba con los ojos bien abiertos, con una expresión preocupada. La chica estaba mucho mejor físicamente, su cuello se había desinflamado gracias a los medicamentos y los cuidados que Marín le había proporcionado.
-¿Anika?- dijo Marín, alzando las cejas- ¿qué sucede?-
-Marín- dijo Anika en voz baja, mucho menos ronca que hacía dos semanas, cuando el ataque acababa de suceder- tengo… tengo que hablar contigo-
Marín alzó las cejas, sin estar segura de qué se trataba, pero parecía ser algo serio. Un par de amazonas dijeron "shhhh", Shaina incluida, así que las dos salieron de la habitación y caminaron a la estancia para poder charlar.
-¿De qué quieres hablar?- dijo Marín con mucha paciencia, a pesar de que estaba completamente agotada por todo su trabajo del día.
-Del día en que me atacaron- dijo Anika, señalando su cuello.
-¿Qué sucedió?-
-Verás, cuando me atacaron, alguien vio mi rostro- dijo Anika en voz baja, bajando la mirada- alguien además de los atacantes, quiero decir-
Marín alzó las cejas. Ah, el viejo argumento de las amazonas. Si bien Athena había abolido la ley de que las amazonas tenían que amar y/o matar al hombre que viera sus rostros, algunas amazonas de larga carrera aún practicaban esa antigua ley, y eran sumamente cuidadosas con su máscara, como la misma Marín. El ejemplo del otro extremo era Lydia, que no usaba su máscara más que para pelear o entrenar, pero inmediatamente se la quitaba como si fuera la peste.
-¿Quién fue?- dijo Marín, intentando recordar vagamente lo que había sucedido aquel día: habían ocurrido muchos eventos y ataques al mismo tiempo, y no recordaba los específicos- ¿un guardia?-
Anika sacudió la cabeza, ruborizada, aún con su mirada en el suelo.
-¿Un santo de bronce?- dijo Marín, y de nuevo su compañera sacudió la cabeza- ¿de plata?-
-No, ninguno de ellos- dijo Anika, y tomó aire- fue Shura de Capricornio-
-Oh…- fue la única respuesta que Marín pudo darle.
La amazona de Aguila meditó la información que tenía. Si bien la regla había sido abolida, Anika era una de las amazonas más antiguas que aún estaban activas. Si bien no tenía armadura, seguía las reglas al pie de la letra. Por otro lado, Shura era un santo dorado.
-Según recuerdo, Shura lo hizo para salvar tu vida- dijo Marín- no podías respirar, y…- se aclaró la garganta- además, Shura es un santo dorado, no puedes pelear con él a matar: te ganaría fácilmente-
-Lo sé- dijo Anika- no estoy diciendo que lo quiera matar… yo…-
Marín alzó las cejas, curiosa. Ahora entendía. A Anika no le preocupaba eso. El problema era que le gustaba Shura. La amazona suspiró.
-No te preocupes por la regla de las amazonas, Anika- dijo Marín- esa regla está obsoleta, y fue cancelada por órdenes de la señorita Athena. Y si te sientes… atraída por algún santo dorado, estás en tu derecho en hacérselo saber, supongo-
Anika sonrió.
-Gracias, muchas gracias, Marín- dijo la chica, abrazándola rápidamente y disponiéndose a irse a dormir- que pases buenas noches-
-Igualmente- dijo la amazona pelirroja. Ambas regresaron a la habitación común. Marín solo se dejó caer sobre su cama, y se quedó dormida incluso antes de que su cabeza tocara su almohada.
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Templo de Escorpión
Camus y Milo miraban de reojo a Cathy y a Liliwen, quienes estaban charlando animadamente. Esas dos se habían vuelto muy buenas amigas desde que la última llegó al Santuario huyendo de su tía, y ambos santos dorados las dejaban pasar todo el tiempo que quisieran juntas.
-Bueno, chicas, yo me retiro- dijo Milo, sonriendo y poniéndose de pie- ya casi son las diez, y me tocan las rondas de esta noche-
-Buenas noches, Milo- sonrió Liliwen, tomando la mano de Camus y volviéndose hacia él- quizá nosotros deberíamos regresar a Acuario-
-Quizá- dijo Camus, y asintió levemente.
Milo, por su parte, besó a Cathy en la mejilla y tras susurrarle "buenas noches", bajó hacia los terrenos del Santuario con una enorme sonrisa, estaba muy feliz por las expectativas de los próximos meses. Mientras salía de los doce templos, parecía que nada podría arruinar el buen humor del santo de Escorpión.
Pero parecía que eso pronto iba a cambiar.
Lo primero que sucedió cuando llego a los límites del Santuario fue que los guardias le reportaron que, durante el día, un par de turistas habían entrado por accidente a los límites del Santuario, y ya había visto en otros turistas cruzando los límites de nuevo, a pesar de las señales o los enormes guardias que estaba en las entradas.
-¿No podemos pedir ayuda a la policía de Atenas, señor Milo?- sugirió uno de los guardias- quizá así no tendremos tantos problemas, y los turistas no llegarían tan lejos.
-Quizá- dijo Milo pensativo. Finalmente, el santo de Escorpión se encogió de hombros, resignado, y continuó organizando a los santos y guardias.
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Templo de Capricornio
Esa noche, Shura estaba mortalmente aburrido. Ya había cenado, leído por un rato, y estaba pensando en irse a dormir de puro aburrimiento. Pero esa no era la razón. La verdad era que tenía algo extraño dándole vueltas en su conciencia.
Esa amazona de hacía un par de semanas. Durante la fuga cuatro prisioneros una noche bajo su supervisión, la amazona que había estado vigilando esa zona había sido atacada, y los enemigos casi la matan estrangulándola. Shura había llegado apenas a tiempo para evitarlo, pero había pasado algo muy serio: El santo dorado había tenido que quitarle su máscara para ayudarla a respirar, así rompiendo la regla de las amazonas.
Shura bufó. Sabía que esa regla era ya obsoleta. Lydia, la aprendiz de Piscis, jamás usaba su máscara, pero Anika era una chica que llevaba casi tantos años en el Santuario como él y, a pesar de no haber ganado una armadura, nunca se quitaba su máscara. Era como Marín y Shaina, de la vieja escuela.
El santo de Capricornio suspiró. Estaba metido en un gran problema. De hecho, casi desde ese incidente, Shura había evitado salir de los Doce Templos excepto cuando tenía rondas, o cuando era estrictamente necesario. No quería meterse en problemas.
Shura se dejó caer en la cama, completamente derrotado. Anika. No la conocía bien. Realmente no había charlado mucho con ella antes de ese incidente. Cierto, la había visto a veces en los entrenamientos, y también la había visto cuando peleó contra Marín por la armadura de Aguila. Le llamaba la atención, por supuesto. Anika era una mujer fuerte y hermosa. Y…
Y solo eso. La había visto pelear contra Marín, y la había animado un par de veces cuando la notó un poco deprimida por como sucedieron las cosas. Pero solamente eso.
El santo de Capricornio se encogió de hombros y se giró sobre la cama. Se puso finalmente una almohada en la cabeza y cerró los ojos. Al otro día tenía que cubrir a Milo en las rondas al Santuario.
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FLASHBACK
Caína, Inframundo
Cinco meses antes
Radamanthys tenía un gesto de fastidio. Valentine y los demás espectros bajo su mando habían comenzado a molestando con el hecho de que Victoria había comenzado a vivir en el Inframundo hacía unos seis o siete meses. Aunque ambos estaban juntos y pasaban la mayor parte del tiempo libre de Radamanthys haciendo cosas en común, al final del día se despedían en la puerta de la habitación de Victoria.
Un día, Valentine terminó con una gran, gran paliza, por haber insinuado algo que no le gustó mucho al juez de Caína.
En fin, esa tarde, Radamanthys estaba muy cansado, había tenido mucho trabajo, y mucho estrés. Habían sido los meses de invierno, y hubo un brote de influenza en los Estados Unidos, cortesía de los antivacunas, y el flujo de almas que llegaban a ser juzgadas iban aumentando.
El juez de Wyvern cerró los ojos y se frotó la frente. De pronto, sintió un par de pequeñas manos sobre sus hombros, masajeándolos con delicadeza, lo que hizo sonreír al espectro. Sonrió al ver a Victoria de pie detrás de él, y extendió la cabeza para mirarla.
-Hola- dijo Victoria con una sonrisa tierna- ¿cómo te sientes?-
Radamanthys bufó. ¡Se sentía cansado, derrotado, fastidiado y…!
Victoria adivinó lo que estaba pensando, y se inclinó y lo besó en la mejilla. Radamanthys sonrió y se sonrojó levemente. Tomó con suavidad las manos de la chica y tiró de ellas, haciendo que se sentara en su regazo y que ella se sonrojara en esta ocasión. El espectro esbozó una sonrisa un poco traviesa. La rodeó con sus brazos, impidiéndole levantarse, y la besó.
Una vez que se separaron, Radamanthys sonrió de una manera extraña. La tomó de las mano, y Victoria lo siguió hacia su habitación. Una vez que ambos entraron, el espectro cerró la puerta y puso el seguro.
FIN DEL FLASHBACK
Radamanthys se sacudió la cabeza para deshacerse de ese pensamiento, aunque aún estaba sonriendo levemente. Era una de las pocas veces que se permitía sonreír en privado. Se giró hacia su derecha sobre su cama, donde Victoria ya estaba dormida. Acentuó su sonrisa y extendió los brazos, para rodearla con sus brazos y atraerla hacia sí mismo. La besó en la frente, y la chica sonrió en sus sueños.
El espectro la miró y le quitó un mechón de cabello de la cara. Cosa rara, esos últimos días Victoria había estado durmiendo un poco más de lo normal. No pensó mas en ello pues Dash, el corgi que había pertenecido a Victoria, se paró en dos patas, como si intentara subirse a la cama también. Radamanthys sacudió la cabeza, y lo acarició detrás de las orejas. Todo estaba perfecto, y parecía como si nada malo pudiera llegar a pasar.
Estaba muy equivocado.
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Espero que les esté gustando esta historia. Muchas gracias a Misao-CG por aguantar todas mis preguntas. Gracias a todos por seguir leyendo mis locuras. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.
Abby L.
