Summary:
–¡Este no es mi cuerpo! ¡Mi nombre es Bella Swan y vivo con mi tío Emmett en una isla! –Grité al reflejo del espejo sintiendome una loca. ¿Desde cuándo un reflejo no se parecía a ti? Y ahora tenía que salir a trabajar, echar al hombre semi desnudo más atractativo jamás visto con aquellos ojos verdes y ¡volver a mi cuerpo! Y ayer apenas tenía 17 años...
Disclaimer: Sí todo es de Meyer, gracias a ELLA Edward ha elevado las expectativas de un chico perfecto, Jasper es un amor, Emmett el hermano que jamás tendré... Y perdida entre mis desvaríos se me ocurre escribir fanfics para entretener. ¿Hay gente cuerda en el mundo, todavía?
¡Regrésame a mi cuerpo!
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Capítulo II: Chapuzón a la irrealidad.
"Nunca, una palabra de cinco letras, n, u, n, c, a. Nunca. Nunca faltes el respeto, nunca niegues algo que quieres, nunca dejes de bañarte... ¡Nunca pidas un maldito deseo! ¡Nunca jamás!"
N/A: ¿Que tal, ah? Bueno, andabo con el segundo cap desde hace un tiempo, So... Lo dejo sin mucho vuelta, este empieza con APOV aunque espero que les guste el BPOV, sigo diciendo que no me acostumbro a esta locura jaja. PD. Mcuhas gracias a dannacullen.s.m – beatriz20 – ElizabethCullen.21 – por el apoyo con esto :) .. Sin más... ¡Capi 2!
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APOV
Embullí un cucharon más del extraño cereal de colores en mi boca, sin demasiado cuidado. La vida de la tal Bella no era nada emocionante, Emmett –su tío– estaba hablando entusiasta sobre lo que haría hoy agregando algún chiste incomprensible para mí. Aún continuaba con mala cara, y él no preguntaba nada, creo que tenía demasiado claro el hecho de que, ayer había sido una mala noche y eso lo comprobaba el sucio vestido que seguía utilizando. Un Federico original de hace cuatro temporadas, podría estar de moda en cualquier momento pero, la niña –como había decido llamar a Bella– lo había arruinada en su gran escapada la noche anterior.
En señales de nada bueno que hacer en el día subí a la habitación, de inmediato me encontré con ocho llamadas de una tal Ang en un soso teléfono rosa. Suspiré frustrada no quería repetir la adolescencia. Según lo que entendía el lunes próximo iría a un instituto cercano, ver libros, recibir clases, los recesos y cosas así me deprimirían más de lo normal. Porque desde luego, cada vez que un ambiente escolar avecinaba, yo no podía más ver un solo rostro nublar la belleza de lo consideraba una centro de estudio. Volvía a los días en lo que la vieja yo saltaba y bailaba entre casillero y casillero hasta los únicos brazos que la recibían fielmente.
Y así fue en exactitud, después de un aburrido fin de semana en el que me dediqué a confeccionar y mejorar el aspecto del armario de Bella, llegué a una cálida institución ubicada en la parte central de la población. Las rejas blancas alrededor cubiertas de la abundante fauna verde vivo y las banquetas de concreto sin detalle me recibieron cuando llegué bajando de una vieja camioneta en la que Emmett había insistido llevarme. Era un gran tipo si me ponía a pensarlo, era muy bueno y especialmente atractivo con diversión pensé en presentarle a Rosalie si estuviéramos en una situación más o menos normal. Enfurruñada, por el calor, la incomodidad y las naturales hormonas adolescentes vueltas locas, entré por una puertas de vidrio y metal blanco en cuadros, todo de acuerdo al lugar.
Un largo pasillo lleno de casilleros me recibió, para nada se parecía al Richmond College en Londres pero era una escuela de cualquier forma. No sabía porque cada vez que pensaba en las palabras escuela, adolescencia, estudio, 17 años... todo se venía aunado al mismo tiempo con el mismo sujeto en cuestión. El único hombre que merece considerarse tal, al único que amaré por siempre y que, por desgracia no era para mí. Me encogí de hombros cuando encontré el casillero correspondiente a Isabella Swan, la chica era algo responsable ya que en la primera hoja de su carpeta apuntó cada detalle como si fuera una alumna nueva y perdida, para mi fortuna yo lo era.
– ¡Bella! –Escuché un gritó a lo lejos, un día antes no hubiera respondido, sólo que ayer a la nana se le había ocurrido enseñarme una tediosa receta en la que gritaba "Bella, esto no..." "Bella... ¡hazlo bien!"
Girándome hacia una chica un poco más alta que yo, con una piel blanca aunque algo asoleada, un cabello largo, oscuro y extremadamente lacio –algo para promocionar un buen champú– que me miraba con precaución y recelo.
– ¿Tú estás bien? –Preguntó más precavida, agachándose un poco para ver mi rostro de cerca, luego mi atuendo y sonrío–. Estás más que bien –comprobó finalmente–, pensé que estarías en depresión por lo de Jasper –soltó tranquila emprendiendo marcha.
Me quedé estática, hace tanto que no escuchaba ese nombre... Jasper... Jazz... Jazzy. Con una mueca de dolor me quedé pasmada sin que mis pies respondieran, entonces la chica regresó a mi lugar con cara de comprensión y tranquilidad como si esa hubiera sido la reacción que esperaba de mí, pasó un brazo por mis hombros y me hizo caminar.
–Vamos que ya esta tarde, me cuentas todo luego –asentí sin comprender, ¿qué podía saber esta extraña?
Luego casi me doy de golpes, podían haber muchos Jaspers, recordé que un sobrino de Jane había hecho bromas hablando sobre un tal Jasper de los Simpsons y tal vez varias personas le llamarían así a sus hijos, en acuerdo a que era el nombre más hermoso de todos. Original, único y encantador como el dueño al que yo me refería.
– ¿Qué es lo que sabes? –Quise saber para no verme expuesta, en esta situación podría hacer cualquier cosa menos perder la poca cordura.
La chica entrecerró los ojos un poco y habló calmada.
–Tú sabes lo rápido que corren los chismes, y Simón el de último grado llegó con los estúpidos de sus amigos a contar lo que le gritaste a Jasper en la fiesta, él también estaba ahí acompañando a su novia la mayor y bueno... –dejó de hablar y me miró no queriendo herirme, casi suelto una cruel carcajada, este era cualquier problema adolescente, recordé que a mis amigas e incluso a mí alguna vez me había pasado algo similar. Al ver mi humor continuó confundida–. Nadie esperaba que Jasper se casara tan pronto con Sheila...
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Suspiré derrotada después de salir del purgatorio/escuela. Todo apestaba, desde mi primera hasta la última clase e incluyendo cada tiempo libre tenía la mirada de cada alumno sobre mí, incluso algunas administrativas susurraban. ¡Pueblo chico, infierno grande! Algunas chicas con Jessica Stanley se burlaron de mí, pero Ángela –quien supe que era la tal Ang y la chica buena de la mañana– me apoyó hasta el final de las horas. Era una buena chica, justo ahora me ayudaba sobre un proyecto del que no tenía la menor idea, sin pudor había tomado toda clase de libros e información, recordaba que ser estudiante podía ser pesado y prefería tener mis narices en los trabajos que en la monótona vida de Bella Swan.
–No voltees, no te muevas... ni se te ocurra reí o hacer alguna expresión –me pidió la joven Webber tras la gran carga de libros que compartía conmigo.
Sonreí divertida, tal vez estaba un poco más relajada ahora con esto de no estar a la defensiva –cierto que chicas como Lauren o Jessica podían ser crueles, pero nada comparado con Liza Simons o Laurent Denali, o un edificio repleto de personas que te quieren fuera...
– ¿Qué pasa Ángela? –me reí un poco más de su cara, obedeciendo sin embargo. Podía intuir que se trataba de ocultar nuestra atención hacia alguien, ¿algún pretendiente de ella?
–Es Jasper –y confirmado, era el chico de Bella como había decidido llamarlo, el joven al que ella grito porque él se iba a casar, bufé, nada era peor que un rechazo y ahora ya odiaba al tipejo aquel que jugó con Bella.
Con toda confianza y en un solo giro estuve de frente a la dirección que Ángela –fallidamente– hacía el amago de ignorar, y mi respiración se entrecortó, mi corazón se detuvo para empezar una marcha rápido después –hace tanto que eso no pasaba–, y mis ojos parpadearon cobrando vida. Después de tanto tiempo buscándolo, él estaba ahí delante de mí, luciendo como todo un hombre que hacía reaccionar a cada parte de mi cuerpo. Y haciendo que cada célula de mi cerebro o alma –o lo que sea que era de Alice Brandon y no de Bella Swan–; lo amara con intensidad.
« Así es Alice, después de tanto tiempo ahí está el único hombre al que has amado: Jasper Whitlock en todo su mágico esplendor. Ahora sí que el estúpido cambio de cuerpo cobraba sentido. »
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BPOV
Suspire derrotada después de pensar muchas veces que nada era cierto, más estaba ahí, se extendía a la vista y todo cobraba un sentido ilógico que para mi mala fortuna era real. No quería llorar, no quería gritar y tampoco quería arrancarme la cabeza aunque mi interior lo propusiera una y otra vez. Después de mi caos mental que duró apenas minutos salí de la habitación demasiado rápido, aún con la bata puesta y con el rostro en una expresión inescrutable. Fije mi atención en el chico de cabellos cobrizos que me miraba receloso después de haber dejado su celular a encima del desayunador.
–Tienes que irte –intenté con todas la fuerzas no sonar descortés; fracase garrafalmente.
Arrugó el ceño pero continuó sonriendo como si todo le causara gracia.
– ¿Tan mal acompañante he sido?
Torció un poco su sonrisa volviéndola picara y me miró con sus característicos verdes divertidos, ¿estaba coqueteando? Mis piernas temblaron de repente, ¿y si Jasper alguna vez lo hubiera hecho? Claro, yo pensaba que lo hacía... pero este extraño ¡me hacía sentir gelatina!
– ¿Qué sucede contigo? –Lejos de sonar como ofensa lo preguntó en un leve susurro de intensa curiosidad, había estado tan distraída que él ya estaba enfrente de mí–. Pareces tan perdida.
Tragué pesado el lamento interior, tenía tantas ganas de todo, de gritarle una y otra vez que yo era Bella Swan, que no vivía ahí y rogarle que me llevara a casa. Era un chico de ciudad, seguramente me trataría de tonta, seguramente intentaba aprovecharse de mí y, sin embargo hacía las preguntas correctas.
– ¿Edward? –Dudé su nombre en mis labios, sonaba tan... extraño escucharme con otra voz. Estaba tan desesperada. Él asintió mientras me sonreía mirándome de nuevo demasiado confundido, estaba segura que pensaría que estaba loca, y no tenía la menor idea de lo que pensaba–. Tienes que irte.
Rodó los ojos con diversión, retrocedió dos pasos y caminó hacia la puerta. Pensé que de verdad se iría hasta que me di cuenta que sólo fue por su abrigo. Observé cada movimiento como una tonta, aparte del shock sobre estar en otro lugar tenía que estar con un hombre tan extraño. Me di cuenta que intentaba decirme algo cuando me mostró un celular en una funda rosada, ¿un blackberry tal vez?
–Soy un hombre muy curioso Alice –habló caminando de vuelta hacia mí con la mirada baja en el aparato sin borrar su maldita divertida sonrisa–, y después de haber creído que por mi culpa tu celular no encendía... tenía que verlo por mi mismo –se encogió de hombros y alzó su mirada de nuevo mientras sacaba el aparato de la funda y luego quitó la tapa del teléfono señalando con su níveo dedo el espacio vacío donde debería ir una pila–. Entonces –continuó confundido cuando me vio ignorante a sus palabras–, me interesa saber, ¿cómo la misma mujer que me engañó para estar conmigo ayer luche hoy por echarme de su departamento?
Lo entendí, mi cerebro estaba demasiado alerta ya, una cosa caía con otra. Celular sin pila y Alice culpando a Edward... sentí un poco de vergüenza, yo era Alice ahora. Supongo que las reacciones, estuviera en el cuerpo que estuviera no cambiarían ya que Edward sonrío victorioso cuando mis mejillas comenzaron a arder.
–Yo... esto... –le arrebaté el aparato y lo guardé en una de la bosas de la bata casi por instinto–, no tengo la menor idea de lo que hablas, mejor so...
–Entras a trabajar en quince minutos, ¿llegarás ahí con el tráfico de la hora?
Arrugué el ceño, no me importaba llegar a trabajar. ¡Yo no era Alice! Yo no tenía que hacer nada de eso, yo... suspiré derrotada, si no encontraba mi vida anterior mantendría esta lo mejor que pudiera y... ¿yo trabajando? ¿Qué sería? De la nada una emoción pareció crecer, la tal Alice no tenía tan mala vida, y parecía emocionante seguirle los pasos.
Estaba muy nerviosa, había entrado a la habitación para darme cuenta de que no sabía con que debía de ir, ¡no sabía que era! Me fijé en lo tirado en el suelo, una falda algo corta, una camisa y un chaleco. Pero cuando busqué en el armario de nuevo me sentí perdida, ¿Alice era una especia de tienda? Cuando salí Edward no dijo nada sobre mi vestimenta así que lo tomé por bien aceptado.
– ¿No pondrás llave? –Cuestionó con una pequeña arruga en la frente.
Claro, iba a poner llave porque sabía dónde estaban y... ¡No sabía siquiera si Alice tenía una bolsa u algo!
Negué con la cabeza antes de contestar con la mayor convicción posible–: La zona es segura.
Continuamos caminando por un pasillo alfombrado en tonos crema y paredes con paneles oscuros, todo era muy bonito y lujoso, ¿cómo Alice consiguió todo esto? Nota mental: investigar sobre Alice Brandon. Al llegar a la recepción vi a varias personas saliendo y entrando a los elevadores con total naturalidad, hablando por teléfono y tomando un café. Con abrigos largos y guantes, otros con lentes, tacones altos... Cuanto extrañaba los shorts, sandalias, lentes de sol, colores vivos... Y Edward volvía a verme con aquellos verdes sin disimular, parecía ejercer toda su concentración en mi y eso era aún más incomodo que... ¡Despertar a miles de kilómetros tu hogar!
Me pregunté donde estaría, edificios, época invernal... mis pensamientos se detuvieron de pronto al fijarme en la cálida sonrisa de un alto botones.
– ¿Pedirás un taxi hoy, cariño? –se ofreció solicito alzando el brazo en anticipado.
Giré hacia Edward, quien continuaba observándome como si fuera alguna clase de experimento, negué con la cabeza.
–Me iré con él –le seguí fielmente, pensando que si hubiera querido hacerme daño ya lo hubiere hecho hace bastante. Era el único en quien podía confiar–. Gracias de todos modos –fije mi vista en la plaquita que descansaba sobre su pecho leyendo con un sonrisa–, Wisley.
El tal Wisley quedó un poco sorprendido pero asintió regresando a la sonrisa y se agachó un poco para despedirse, justo cuando Edward me tomó del brazo como si fuese una niña pequeña y me guió hasta su auto. Abrió la puerta, casi hizo que me sentara bajó sus términos aunque lo quedara viendo molesta, cerró y giró para entrar por su lado. Arrancó en un segundo y no volvió a verme en todo el camino, algo parecía tener ahora toda su concentración, eso pensaba e hizo que me tranquilizara un poco el hecho de no tenerlo observándose hasta que en uno de todos los semáforos paró.
– ¿Qué cambio? –Me giré hacia mi acompañante de auto con una expresión confundida. ¿Solía hacer preguntas todo el tiempo?
–Anoche amabas cada canción en la radio, hablabas sobre la próxima temporada y después del alcohol mencionaste ser traicionada en el trabajo, aparte claro de cachetear cinco veces al mismo portero al que hoy ibas a despedir con cariño... –rayos, Alice era bocona y cabrona, no encajaba nada ahí–.
Tenía serios problemas.
–Anoche estaba alcoholizada –intenté excusarme recordando que jamás había bebido en mi vida–. Lo que hice o dije es algo totalmente distinto a quien soy.
Y en parte no era mentira, él volvió a girarse hacia el camino. Tomé eso como una invitación a asunto olvidado, en vez de eso me fijé en todo a mi alrededor, era grandioso, había uno de aquellos postes color verde en las esquinas que rezaba West Abbey, y luego pasamos por varias calles parecidas, Alice vivía casi contra esquina de St. James, todo era tan lindo, las calles, el adoquín, los letreros... me sentía en alguna película viendo todo ello, hasta que Edward tomó una calle estrecha y pasamos por una glorieta, pude ver el palacio de Buckingham en todo su esplendor. En Londres, ¡estaba en Londres!
Luego de bastante tiempo asimilando la noticia, apenas divisé un enorme edificio algo se retorció en mi estomago y el arrepentirme era lo más aceptable para mi seguridad. ¿Qué esperaba? Tal vez que Alice trabajara en una tienda de ropa por todo lo que había visto en su armario, tal vez en una peluquería, o podía creer que sería ¡hasta bailarina exótica! Pero esto... ese edificio demostraba tanta seriedad burlándose de mi intento razonable en una situación tan loca.
Edward me observó de nuevo con irritante atención, con una mano en el volante y con la otra detuvo el auto. Solo entonces me fije que el auto era americano, ¿cómo podía ser? Con el seño fruncido me giré hacia él.
– ¿Aquí trabajo? –Él asintió detenidamente, al parecer la diversión ya había abandonado cada parte de su insoportable y perfecto rostro.
–Bien, gracias –hice todo el intentó de bajarme del auto de la manera más normal pero no pude, casi tropiezo con el suelo y después aterrizo de mala manera delante del poste.
Esto andaba muy mal. Estuve apenas dos segundos sostenida fuertemente del frío metal hasta que me cercioré de estar bien parada, me desquegué de la antigua posición. Edward ya había bajado y estaba cruzado de brazos recargado sobre su auto justo por delante de mí.
–Trabajas en el edificio de la derecha –señaló una vieja construcción por donde un señor sacaba una canastillas de panes calientes y frotaba sus manos entre el frío.
Suspiré aliviada, eso era mejor que la entrada de Vogue. Sí, ya había visto el nombre y me daba terror pensar que yo no sabría nada sobre que hacer ahí, aunque podría presumirle a Jessica Stanley que estuve ahí, si regresaba a mi cuerpo. Asentí con una sonrisa agradecida y me preparé para cruzar la calle, me detuvo de la cintura cuando pase a su lado. Observé confundida su serio rostro.
– ¿Qué estás jugando? –soltó en un susurró, al ver que no respondía hizo más fiel su agarré a mi cintura, estaba incomodándome–, anoche sabía que todo era una treta y acepté sólo porque me caíste bien, hoy... ¡hoy eres totalmente distinta! Y me frustra llegar a esa conclusión con ni siquiera haberte conocido... es peor que me interese más por ti esta mañana que hace horas.
Fruncí más el seño, Alice tenía que elegir mejor a sus amistades, todas –al igual que ella probablemente– estaban locas, y eso que apenas conocía a dos.
–Tú estás loco –murmuré sin intimidarme por la cercanía de su rostro aunque tuviera que aceptar que su aliento embriagaba... ¿todos los ingleses serían así?–. Te lo repito Edward, déjame en pa...
– ¡Edward! –Un grito eufórico nos interrumpió por detrás, me giré sobresaltada a una rubia postiza que parecía brincar entre cada paso para poder avanzar con rapidez en los enorme tacones que adornaban sus pies. Edward rodó los ojos y me sentí confundida con la mirada envenenada que ella me dirigió al estar a tres metros, saliendo por el edificio en el que antes creí tener un trabajo.
–Alice –llamó mi atención Edward aunque fue difícil responder a un nombre que no era mío, en un segundo ya me tenía a su lado sin soltar mi cintura parecía abrazarme y susurró muy bajito solo para que yo lo escuchará–: ayúdame en esto y te dejo en paz, lo prometo.
Asentí confundida por el sonido de su voz antes de que la misma mujer que caminaba hacia nosotros terminara por acortar distancia y fijarse en el brazo que Edward pasaba por mi cintura.
– ¿Ustedes... ustedes vienen juntos?
Abrí la boca para negarlo, aunque fuera cierto debía defender la reputación de Alice, ya que tal como lo había dicho antes esta sería mi vida ahora y no me sentía demasiado bien entre las miradas asesinas que ella me mandaba. En desgracia, Edward tuvo que hablar:
–Así es, Liza –asintió conforme.
La tal Liza quiso ahora sí, asesinarme en cada manera que su mente parecía calcular. Lo entendí, Edward y Liza... O mejor dicha Liza quería algo con Edward, arrugué el seño, nunca me ha gustado ser un cebo. Menos después de lo de anoche con Jasper, Jasper... no lo volvería a ver. En instinto me alejé de Edward estando delante de él y sin tener cuidado de darle la espalda a Liza. Le expresé viéndolo que no seguiría con la mentira, para mi sorpresa él lo entendió y asintió con una torcida sonrisa. Me quedé un rato prendada del gesto, Edward era muy guapo, y algo se retorció en mi estomago... ahora como Alice yo era bonita, tenía el cuerpo de una mujer y aquella independencia que atraía a los hombres. Ahora podría atraer a Jasper como podría con Edward.
–Alice –llamó Liza desde atrás casi escupiendo mi nombre–. Haz llegado tan tarde que tu cabeza corre riesgo si no entras ya.
Me giré solo para ver como señalaba la entrada del edificio al que temía, de refilón vi al señor de la panadería comenzar a vender los panes con su esposa sin busca del algún empleado. Oh, oh, no podía ser. ¡Yo trabaja en Vogue! Me sentí tan grande como pequeña. Giré hacia Edward con toda la intención de matarlo, me había engañado y él sin embargo, dibujó una divertida sonrisa como si todo aquello le causara gracia de nuevo.
Aprovechó tener aún a cada lado sus manos en mi cintura para atraerme a su pecho sin cuidado–: No sé qué es lo que me pase a mí, o a ti –murmuró volviendo una tenue nota sus palabras–, pero, te aseguro que lo descubriré aún así mis intenciones hayan cambiado apenas esta mañana–. Antes de poder repetirle que estaba loco y que me dejara en paz. Acortó toda distancia entre nuestros rostros y atrapó mis labios en un solo rocé.
Era la primera vez que besaba a alguien, siempre había esperado que fuera Jasper. Con decepción dejé que los labios de Edward se fueran, había dado mi primer beso en un cuerpo que no era el mío, a alguien que no conocía. Sólo que, de alguna manera aquello no estaba tan mal, no cuando cerré mis ojos y me volvía a sentir yo. Inexplicablemente –como todo– volví a sentirme en mi cuerpo, volví a sentir la temperatura cálida de mis manos, me sentí un poquito más alta y hasta podía jurar que si me veía en un espejo volvería a ser Bella. Ahora que respiraba era la misma sensación, y Edward... de alguna manera lo notó, ya que justo cuando se había separado regresó a mi boca para atrapar mi labio inferior algo tembloroso y anhelante. Suspiré, se sentía demasiado bien, ¿cómo los besos de un extraño podían volver a hacerme sentir yo de nuevo? Pensé en Jasper y todo... volvía a ser Bella, la dulce Bella. Y aquel beso... no podía quedar en el olvido, aunque me sintiera más loca después y sin un poco de aire atrapé ahora yo su labio inferior sin poder evitar morderlo por la presión de no querer dejar escapar esta sensación, solo alargarla un poco más antes de suspirar derrotada.
Al tiempo que recuperaba el aire sin abrir los ojos pero alejándome del único par de labios que me había proporcionado mi vida de vuelta... la misma que se desvanecía tras mis parpados y escurría entre cada sentido. Volvía a sentirme extraña en el cuerpo de una extraña, con la opresión en el pecho y el miedo a todo lo desconocido. Volvía a sentirme Alice, abrí los ojos fastidiada mirando hacia abajo solo para ruborizarme porque hubiera tomado las solapas de su camisa entre mis manos... las manos de Alice. Hace segundos podía asegurar que eran mis manos... ¡Que era yo! Sobre mis pestañas le miré aún más atractivo con sus ojos fijos en mí totalmente confundido; y lo dijo, dijo algo que por segundos –sólo por segundos– me hizo sentir yo de nuevo.
–Bella –susurró mi verdadero nombre como jamás alguna vez alguien lo había hecho.
21/10/10
¿y? .. ¿Merezco Review? ¡Vamos, no sean malas! Ando en periodos de examen y toda estrezada jaja... con mis enfermedades de viejita so... Lo deo a su consciencia! En fin... más que nada si les ha gustado y si no... encantada de conocer el porque. Y claro, muchas gracias por leer, por quienes agregaron a favoritos y alertas!.. Sin más gracias por ser tan linda y dar con el botoncito de abajo xD
Besos!
