Disclamer: vaya, vaya, vaya. Una continuación a un fic, si se puede llamar así. Sois afortunados, no suelo hacerlo. Percy Jackson sigue sin ser mío, no os preocupéis. ¡Disfrutad!
El hijo de Hades entró en la enfermería a paso calmado. Desde la última gran batalla, había hecho algunas visitas voluntarias, por lo que ya ninguno de los campistas se sorprendían de verlo por allí, siempre iba directo al área de trabajo de Will Solace.
Éste estaba en ese momento algo ocupado con uno de sus pacientes, por lo que el menor se sentó en una banqueta sin decir nada a nadie. Llevaba una camiseta naranja del campamento que era varias tallas más grande que él, aunque tampoco nadie se impresionaba por eso (y eso que Nico di Angelo llevando algo que no fuese negro y deprimente era digno de admirar).
–No te quedes ahí mirando al vacío, dame las vendas, Nico –reprendió el rubio, mirándole con algo de queja y estirando la mano hacia él. Éste se sorprendió un poco, pero obedeció al instante. Comenzaba a comprender, a esas alturas, lo inútil que era intentar llevarle la contraria– por cierto, tu collar está en mi mesa, cógelo.
El chico si se extrañó ante esto. ¿Su collar? ¿Qué collar? Sólo por contestar las preguntas, fue hacía la pequeña mesa que le servía de despacho al coordinador de la enfermería, y lo vio allí. Tenía tres cuentas sólamente, la del año del laberinto y la de los dos años que siguieron a ese. En resumen, las batallas en las que había participado. Al escaparse del campamento, no le habían dado el collar característico.
–No me lo voy a poner, tolero la camiseta, pero esto ya es demasiado –sabía que de alguna forma acabaría colocandoselo, pero no podía no protestar, sería una deshonra a su reputación aceptar a la primera.
–Cómo que lo he hecho con estas manos que vas a ponertelo –le intimidó, siguiéndole el juego. Despachó entonces a su paciente y se encaró a Nico– además, olvidas que esa es mi camiseta.
El chico se sonrojó un poco, lo que no evitó que Will se fijase en sus ojeras. Se acercó aún más a él, hasta apoyar ambas frentes juntas y entornando los ojos con un aire amenazador.
–¿Qué te he dicho sobre tus noches en vela?
–No lo hago a propósito. No sé, estar en el Tártaro es lo que tiene, que ves cosas que no te dejan dormir. A Percy y Annabeth no les dices nada, y eso que también tienen ojeras.
El mayor ignoró ese último comentario y agarró la mano del chico. La posó sobre su nuca, ante lo cual el otro enredó sus dedos en los cabellos rubios y rizados, antes de darse cuenta de lo que hacía. Aún con las frentes apoyadas, comenzó un cántico en griego antiguo, una canción de cuna escrita por el mismo Apolo, que revitaliza al cansado.
Como ocurría siempre que hacía eso, Will se tambaleó un poco y tuvo que sentarse un momento. Solía decir que ya que Nico no podía dormir por sí mismo, él dormiría por los dos hasta que se fuesen las pesadillas. No era la primera vez que asumía el cansancio del chico del inframundo, inclusive le había pedido que acudiera con regularidad para hacerlo, pero se negaba en rotundo a la vista de que ese simple ritual cansaba al mayor sobremanera.
–Última vez que te aviso, Di Angelo. Como vuelvas a desobedecer mis órdenes de venir a verme cuando no hayas podido dormir, te juro que estarás hablando en rima dos meses.
–No serías capaz –retrocedió, porque bien sabía él que sí lo era.
Solace se levantó, tras comer una barrita proteínica que él mismo elaboraba, y salió de la enfermería hacia la cabaña de Zeus, donde Nico y él habían quedado con los demás chicos del Argo II.
–¿Ya habéis estado dandoos besitos en la enfermería y por eso llegáis tarde? –bromeó Percy. Desde que se había enterado de que flirtreaban, no dejaba pasar una sola oportunidad de meterse con ellos.
Will sonreía un poco con ese aire de chico guay que le caracterizaba. Nunca se quejaba ante las bromas de los demás, pero el otro era totalmente distinto a él.
–¡Percy! –gritó, con la cara más roja que un tomate. Nico había comenzado a aceptar que se estaba pillando irremediablemente de Solace, y tenía alguna sospecha de ser correspondido, pero por si las moscas, no iba mostrando sus cartas.
–Venga, ya. Vamos a ver la película –protestó Hazel. Se había enterado recientemente de los gustos de su hermano, y aunque lo aceptaba y apoyaba, no podía salvar en dos semanas la forma de pensar de su época respecto a la homosexualidad.
Fueron todos a la cabaña 13, en la cual Nyssa había instalado un televisor y un reproductor de DVD para que pudieran ver películas. Como era la más oscura, les había parecido adecuado adaptarla como cine improvisado. Se colocaron todos, como siempre, en parejitas. Percy y Annabeth estaban acurrucados en una de las camas y Hazel y Frank en la otra.
Piper y Jason se sentaron delante de la tele, y por otro lado, y algo apartado del resto, Nico se sentó apoyado en la pared del fondo, por lo que Will le siguió para sentarse a su lado. Por suerte, la película ya estaba decidida, por lo que no tuvieron que discutir sobre cual ver. Los chicos habían ganado la discusión entre acción o romance, por lo que eligieron la más lógica. Romance, para poder acurrucarse y hacer mimitos con sus chicas, de la forma más cursi que pudieran. Total, todos los que habían acudido a la sesión eran pareja. Si, Will y Nico contaban por defecto.
La película dio comienzo. Exceptuando a Frank, a los demás chicos no les iba demasiado ese género, por lo que comenzaron bien pronto la sesión de mimos. Enseguida se olvidaron todos de la parejita del fondo, hasta que Jason fue a pedirle a Annabeth que dejase de mover los pies, le estaba dando golpecitos. Cuando se giró, vio algo que le dejó tan descolocado que olvidó sus quejas.
Nico había acabado de alguna forma sentado en el regazo de Will, que acariciaba distraídamente su cabello. El pequeño jugaba con la otra mano del rubio, concentrados totalmente en la película y comentando alguna cosa, en un volumen muy bajo.
–Piper –susurró, en su oído– no hagas movimientos bruscos, pero mira hacia detrás de mí –ésta siguió su orden, al voltear la cabeza y ver la escena que se estaba desarrollando, abrió los ojos como platos y miró de nuevo hacia delante, con la peli ya olvidada.
En pos de esparcir la noticia, Jason se apoyó en la dichosa pierna inquieta de Annabeth, y le hizo una seña en cuanto ella quiso protestar. Las nuevas corrían como la pólvora y pronto dejaron todos la película de lado, ver a esos dos era más entretenido.
Casi les pillan cuando llegó la escena aburrida de la película y Will despegó la mirada del televisor. Por suerte, estaba tan distraído por los estímulos que Nico le proporcionaba, que no tuvo oportunidad de notar cómo todos sin falta giraban bruscamente la cabeza, fingiendo seguir la trama ávidamente.
La siguiente vez que Percy se atrevió a devolverles la mirada, se quedó inmovilizado. Will cubría la mejilla del otro con una mano y había apoyado ambas frentes juntas. Parecía estar diciéndole algo, ante lo cual el otro negaba con la cabeza. Antes de que el mirón se diese cuenta, ambos estaban besándose.
El ejemplo de Percy fue seguido por los demás, que se giraron para acabar tan inmóviles como el hijo de Poseidón. Ante eso sí que se dieron la vuelta para no mirar, mejor dejar que esos dos resolvieran solos sus asuntos
