Título: Fell On Black Days

Autor: aeren76

Rating: NC-17

Fandom: Supernatural

Pairing: Dean Winchester/Sam Winchester

Disclaimer: Por supuesto, ellos no me pertenecen y esta historia es pura ficción.

Palabras: ~8.100~

Resumen: (AU a partir del 9.13 The Purge) Cuando Sam descubre lo que Dean ha hecho para salvarle, siente que su mundo se destruye a su alrededor. Sam y Dean tienen que luchar con las consecuencias de la decisión del mayor de los Winchester.

Warnings: Angst/sexo explícito/violencia (al mismo nivel que en la serie)/ muerte (por el momento) de uno de los personajes principales/Incesto/ Dub-NonCon

Notas de Autor: Gracias por el trabajo de beteo a hermione_drake y a aura_dark sois las mejores, que los sepáis.


2

Cuando entras en tu cuarto evitas mirarte al espejo. Desde lo de Gadreel hay momentos en los que no te reconoces del todo y la sensación no es nada agradable. Imaginas que a estas alturas de tu vida ya deberías estar acostumbrado, pero no, es imposible hacerse a la idea de que tu cuerpo no es tuyo, de que una vez más te han usado. Estás tan enfadado con Dean que no sabes qué hacer contigo mismo.

No pretendes hacerle daño pero, al mismo tiempo, necesitas verle sufrir, quieres tener pruebas de que su dolor es real, tanto como lo es el tuyo. No te sientes orgulloso de esa compulsión que tienes de retorcer un poco más el puñal, pero a pesar de todo lo has hecho. Tú, tu misma existencia, es la única arma que posees en su contra y no has dudado en usarla. No es lo más noble del mundo, ni te ha reportado siquiera un mínimo de consuelo, ¿cómo podría? Dean es lo peor y es lo mejor. Dean es todo, es lo que más amas y es a lo que más temes. Le quieres y le necesitas de formas que te espantan. Sabes que lo que hay entre vosotros va más allá de la cordura y, por mucho que tus actos te lleven en otra dirección, dentro sientes la misma enfermiza necesidad que él. Sabes que nunca vas a estar preparado para dejarle ir, así que te imaginas que, en el fondo, eres sólo un hipócrita. Sólo que esta vez… esta vez, eres incapaz de pasar página.

Te metes en la cama, el cuarto está a oscuras y lo único que pides son unas horas de descanso. Sólo quieres que todo lo que ha pasado sea un mal sueño. Necesitas dejar de ver a todos esos extraños que te miran con pupilas aterradas. Estás sucio, más que nunca, y tienes que culpar a tu propio hermano por eso. Te hace falta dejar de sentir la piel de Kevin incinerándose bajo tu palma. Le odias; mientras te encojes bajo las mantas, le odias por violar lo único real y verdadero: tu fe en él.

Y, sin embargo, no puedes evitar que la bilis se te revuelva en el estómago cuando recuerdas la expresión de aquellos ojos cuando has hablado. Sabes que no has sido sincero, que la mitad de lo que has dicho es simple basura, que sólo es respirar por la herida. Lo que de verdad te urge es oír que lo siente, que comprende que lo que ha hecho es inaceptable. Hundes la cabeza en la almohada y respiras el olor del algodón recién lavado, quisieras dejarte llevar por la lástima hacia ti mismo, pero estás tan harto. No sabes cómo digerir todo lo que te bulle dentro o cómo apaciguar esa ira hacia Dean.

La negrura del cuarto parece espesarse con cada una de tus inspiraciones, es como si la luz se estuviese consumiendo junto con el oxígeno, de forma lenta pero incansable. Algo parecido al pánico se te ha alojado en la base del cráneo, es algo gélido pero te hace empezar a sudar, notas las palmas de las manos viscosas y el aliento pesado en los pulmones. Crees que te ahogas de nuevo, como cuando no eras tú. Aprietas los párpados gimiendo con suavidad, no quieres que te oigan. No quieres que él te oiga y al mismo tiempo, darías lo que fuese por que te reconfortase, por apoyar la mejilla contra su pecho y dormirte escuchando el latido de su corazón.

De pronto, precisas salir de allí, hay algo que te impulsa a levantarte y apartar las sábanas. Descalzo, te aventuras por el pasillo. El silencio te oprime, es como una presencia más a tu espalda, ominosa, casi burlona. Te giras con el corazón desbocado, sintiendo que te miran, deseando no haber entrado en la cocina una hora antes. No estás bien y sabías que acabarías siendo el bastardo resentido en el que te conviertes siempre que tienes miedo o estás herido. Por un segundo, las sombras se juntan aún más, parecen vivas, te rozan, atrayéndote, zarcillos helados que caracolean a tu alrededor, susurrándote cosas que pretendes no oír. Te preguntas si has acabado por volverte demente de una vez. Casi desearías estarlo, casi esperas ver a Lucifer en la esquina, contemplándote con esos ojos sin fondo con los que a veces todavía sueñas.

Te clavas las uñas en la palma, tan fuerte que sabes que eso caliente que te moja las yemas es tu sangre. No te importa, lo único necesario es seguir adelante y ver con tus propios ojos a Dean. No sabes si lo que buscas es seguir torturándole y, de paso, fustigarte con su dolor o simplemente quieres comprobar que esa noche duerme, que no va a seguir autodestruyéndose. Te gustaría tener el valor para confesarle que lo único que de verdad quisieras es que te asegurase que vais a salir de aquel bucle infinito. Estás harto de teorizar, vas a llegar y vas a verle con tus ojos, a esas alturas ya estará ebrio; seguramente el alcohol y el cansancio le habrán hecho dormir. Si tienes suerte, podrás llevarle hasta su cuarto y regresar a la cama.

Estás tan cansado que la posibilidad de llamar a Cass te parece aceptable, aunque odies dejar que nadie se entrometa. No es como si no le apreciases, es tu amigo, pero esa vena posesiva que se desató en ti cuando supiste sobre Benny siempre te impulsa a guardar silencio. Vuestros problemas son algo íntimo, no quieres que nadie intervenga, ni siquiera Cass. Te pasas la mano por la nuca, ignorando esa voz que te dice que ese es otro problema del que no quieres darte por enterado. Dios, como dijiste a Dean, eres un puto desastre.

Te paras en el umbral, Dean no está, así que te imaginas que se ha ido a dormir, te estás girando cuando ves algo en el suelo, hay cristales manchados de sangre.