Hola. Aquí os dejo el siguiente capítulo. Quiero darle las gracias a Guest y a Petit Nash, vuestros comentarios me ayudan a seguir. Disfrutad!

Capítulo 2 Álex Blake y las lenguas del mundo

La noche en que Álex Blake (Miller de soltera) nació, llovía torrencialmente en Kansas City. Era un 20 de Diciembre y el frío amenazaba con congelar al que se atreviera a salir de casa. Su madre, Lisa, se había puesto de parto a las siete de la tarde, y su padre, el capitán de la policía Damon Miller pidió un taxi para llevarlos a todos al hospital. El pequeño Danny de cinco años lloraba inconsolable porque lo habían despertado de su apacible sueño, y el taxista, un cincuentón con una barriga que le llegaba al volante, juraba por lo bajo en francés porque le molestaba el llanto del niño.

La niña tenía ganas de salir, las contracciones habían empezado hacía una hora y ahora eran cada cuatro minutos. Su esposa parecía a punto de estallar, su hijo seguía llorando y las maldiciones que no entendía del taxista lo hacían perder los nervios, algo poco normal en el capitán Miller. Tenía el coche en el taller, y eso lo había obligado a pedir el taxi, y tampoco tenía a nadie con quién dejar a Danny. Por fin llegaron al hospital, y en menos de dos minutos, todos estaban fuera.

Menos de media hora después, la hija deseada del capitán Miller y su esposa Lisa llenaba sus pulmones con oxígeno. Lo primero que escuchó la niña al nacer fue un: "Bienvenida al mundo, pequeña" en español, de la doctora que la ayudó a nacer. Su primera sonrisa fue para ella.

Álex era una niña risueña, alegre, curiosa, que lo quería saber todo. Su primera amiga, con tres años, fue una niña india que le enseñó sus primeras palabras diferentes al inglés. Ahí fue cuando la pequeña Alexandra se empezó a interesar por los otros idiomas.

Cuando tenía seis años, estuvo casi un mes ingresada con meningitis en el hospital, y su madre no se separaba de ella ni un instante, mientras el capitán Miller cuidaba de Danny y el pequeño Scott, de un año de edad. Para pasar las horas, Lisa se llevaba crucigramas, y Álex, curiosa, cuando tenía fuerzas, le pedía a su madre que le enseñara. Así fue cómo la señora Miller introdujo poco a poco a su hija en el mundo de los crucigramas y del vocabulario, algo que a la niña le apasionaba.

A los ocho años, y después de descubrir en la televisión un canal en español, convenció a sus padres para que la apuntaran a clases de español. Quería conocer ese idioma. En el colegio privado al que iban, el segundo idioma que estudiaban era el francés, y según sus profesores, tenía una habilidad especial para las otras lenguas.

Había descubierto todo un mundo, y solía juntar sus dos pasiones. Se inventaba palabras, creaba sus propios crucigramas, hablaba fluidamente tres idiomas con diez años y ya había decidido que quería dedidacarse a eso cuando fuera mayor.

A los once años, tres veces por semana después del colegio, ella y sus hermanos pasaban la tarde en la comisaría con su padre. A Álex le encantaba sentarse en una de las mesas y empaparse del ambiente de trabajo de los agentes. Era tan curiosa que siempre estaba preguntando e interrogando a la gente, y su padre tenía que recordarle que sólo era una niña y que no debería preguntar esas cosas. Pero a ella le encantaba, y también sabía que quería dedicarse a eso, ser como su padre, ayudar a la gente. Podría combinar sus dos pasiones ¿verdad?

A los dieciseis años, hablaba perfectamente cuatro idiomas, y estaba empezando con el chino, aunque era difícil y no le gustaba mucho. Tenía amigos con los que practicaba, y podía hacer un crucigrama en menos de quince minutos. Era una chica feliz, que confiaba en todo el mundo, a pesar de que su padre intentaba inculcarles a sus hijos de que no todo el mundo es lo que parece.

Cuando salió de casa de su amiga Cassie aquella noche, soplaba una suave brisa. Sólo había unas pocas manzanas hasta su casa, y cuando se puso la chaqueta, se colocó el bolso y levantó la cabeza, se dio cuenta que algo no iba bien. Los tres hombres enfrente de ella, mirándola de arriba abajo, le decían que no iba a salir bien. La vida de la dulce Alexandra Miller estaba a punto de cambiar para siempre.

Desde ese día, y durante un año entero, y a pesar de todos los idiomas que hablaba, Álex no pronunció ni una sola palabra.

Continuará...