Amor de Padre

Edward Porta La Voz

Renesmee corría por el prado de la casa, y Jacob correteaba detrás de ella como un tarado. Ella se subió a un árbol, y él se estiró y la recogió de la rama a la que se sostenía. Ella rió y le tocó la mejilla, y él vino hacia la casa.

- Renesmee dice que tiene sed, pero no quiere avisarles porque no quiere ir de casa –me comentó.

- La idea no era que se lo dijeras precisamente... –le espetó ella enfadada.

- No era que la imprimación te impulsaba a darle todo lo que ella deseaba, chucho? –le pregunté en plan sádico. Todavía no me gustaba nada esa relación, pero el hecho de llevarme bien con Jacob desde la batalla había mejorado un poco la situación.

Solo un poco.

Sabes perfectamente que la prioridad es su salud, chupasangres, dijo mentalmente, si ella quisiera morir tirándose de un acantilado, no la dejaría. Esto es algo parecido.

Lo del acantilado me hizo recordar cuando Bella "quizo jugar a un juego que consistía en saltar del acantilado" y casi pierde la vida en ello. No pude evitar una mueca de dolor, y el licántropo se dio cuenta.

- Ups, lo siento Edward –se disculpó.

- ¿Qué pasa aquí? –preguntó Bella, entrando en la habitación.

Renesmee le tendió inmediatamente los brazos. Jacob la dejó en el suelo y ella corrió hacia su madre, quien la recibió con ternura.

La única que le podía ganar a Jacob en un mano a mano con Renesmee era mi Bella, aunque la niña nunca desearía tomar una decisión como aquella.

- Estábamos discutiendo sobre la caza –le contestó Renesmee con su aguda voz de soprano-, y papi estaba a punto de dejarme tomar sangre donada... –sonrió ante la broma.

Todos reímos.

- ¡RENESMEE CARLIE CULLEN! –la llamaron desde la habitación contigua- ¡VEN AQUÍ EN ESTE MOMENTO!

Llego la hora del álbum familiar, pensó Alice con entusiasmo.

Puse los ojos en blanco.

- ¿Otra vez? –preguntó Renesmee, resignada.

- Maldita la hora en la que sacaste la renuencia de tus padres para la moda –susurró Alice, entrando en la habitación, y volvimos a reir- ¿Vamos?

- De acuerdo –dijo ella, tendiéndole los brazos a su tía.

Alice la tomó y le susurró:

- Tengo un vestido perfecto para tu salida de caza...

Vimos a la pequeña poner los ojos en blanco antes de que desapareciera por la puerta, y volvimos a reír.

Ella siempre estaba radiante, y vivía irradiando alegría. Esa pequeña radiante era mi hija... esa palabra todavía me sonaba extraña, aunque ya debía de haberme hecho a la idea de que era padre.

Mi pequeña Renesmee...

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La idea con estos capítulos tan cortos es demostrarles lo que siente cada personaje en esta nueva etapa en la que entra Renesmee en sus vidas, que comprende de su nacimiento en adelante.