La hora de la verdad ha llegado, estallando en mi cara como una bomba de relojería. No he tenido ni veinticuatro horas, ni siquiera doce, para tramar mi estrategia, para pensar en lo que debo hacer... en lo que quiero hacer. Todo parece derrumbarse a mi alrededor y solo se mantiene en pie la mirada entristecida de Sasha que me exige una explicación al daño que ahora arremete contra ella.

Cruzo los brazos sobre mi pecho, adquiriendo la postura más defensiva que aprendí durante las múltiples negociaciones que tenido que hacer en mi vida. Esto no escapa de eso, una negociación donde debo tener igual cuidado como si estuviese invirtiendo millones de dólares. «Pero, ¿por qué siento como si pudieran romperme con un simple golpe de su mirada; como si ahora fuese solo de papel que en vez de rasgarse pudiera quebrarse?».

—¿Por qué dices eso? —pregunto, tratando de mostrarme más serena de lo que en realidad estoy.

—¿Es así? —insiste Sasha, con la voz temblando, pero no sé si por la rabia o la decepción que se refleja en sus ojos.

Mi cabeza trabaja apresuradamente para fabricar una respuesta coherente. Por eso me tomo mi tiempo para no contestar de inmediato o de forma precipitada algo que pueda hacer arrepentirme.

—¿Evony? —vuelve a insistir, pero yo rehuyo de su mirada inquisidora bajando mis ojos al suelo

Me quedo callada durante unos segundos, sabiendo que esta no es la más idónea solución en este momento. Por eso me armo de valor para afrontar sus ojos verdes que me imploran la verdad, pero al mismo tiempo con el deseo oculto de que le mienta.

—¿A qué viene esto ahora, Sasha? —inquiero porque sigue pareciéndome mentira que Sasha se haya enterado tan pronto de lo que ocurrió entre April y yo—. ¿Qué ha pasado para que ya no confíes en mí?

Mis palabras crean un nuevo gesto de dolor en su rostro, pero intento disimular con una ligera bocanada de aire en forma de suspiro. Por más que estoy esforzándome por mantener la calma, estoy empezando a sentir como todo se va desplomando. «¿Por qué me duele tanto y me molesto en buscar una manera para no hacerla sufrir? No, no, no, no... ¿Estoy enamorada de Sasha?». El simple pensamiento que cruza por mi cabeza me destroza y una extraña humedad se fija en mis ojos. Esa extraña humedad no es otra cosas que las lagrimas que jamás quise derramar porque se me había olvidado lo que es llorar de verdad.

—¿Admites que hay alguien, Evony? —murmura controlando cualquier muestra de dolor en su voz.

Me quedo callada, porque no puedo ni me atrevo a mentirle y mis ojos comienzan a traicionarme nublando mi vista con las lagrimas. No quiero llorar, porque eso sería la prueba irrefutable de que la he engañado. Ante la negativa de pronunciar alguna palabra, Sasha interpreta mi silencio como la peor de las traiciones que pude haberle hecho, porque ni siquiera tengo la bondad de mentirle.

Recoge su camiseta que estaba sobre la cama y se la pone de prisa. Yo la sigo con la mirada, sintiendo como con cada segundo voy desfalleciendo, y sigo sin reaccionar como ella espera que lo haga. «Pero ¿es que Sasha no entiende que esto es nuevo para mí? ¿Qué ahora mismo estoy paralizada porque siento que la estoy perdiendo y que por primera vez en mi vida no sé qué hacer para detenerla?».

Sasha termina de calzarse la bota que le faltaba y se pone la chaqueta, limpiándose las lagrimas con los puños y con rabia. Al fin logro moverme. Voy acercándome a ella con suma cautela, pero manteniendo una distancia prudente entre nosotras.

—Puedo arreglarlo, Sasha —digo casi susurrando y arrastrando las palabras fuera de mis labios.

—¿Qué vas a solucionar, Evony? —inquiere tirando su móvil en el bolso y se gira para mirarme con aún más impotencia—. ¿No te das cuenta qué ni siquiera te atreves a admitir que me has engañado como siempre lo haces con todos los que están a tu alrededor? Fui una idiota en pensar que yo sería diferente para ti.

Me mira a los ojos, donde yo puedo leer con claridad su tristeza, o tal vez es mi propia tristeza reflejada en sus hermosos ojos verdes. Pero lo que más cala hundo en mí, es que me ha dicho la verdad. He cambiado, pero no lo suficiente para estar con ella.

—Hay una mujer... —confieso a media voz, notando como el aire apenas puede circular por mi atorada garganta—. Y te lo puedo explicar... Por favor.

Cierra los ojos con fuerza, dejando que dos lagrimas resbalen por sus mejillas en completa libertada. Me estoy muriendo de verla así, no puedo soportar el dolor que me golpea con cada latido acelerado de mi corazón. Esto nunca me había pasado antes porque jamás quise querer a nadie como ahora quiero a Sasha. Me acerco un poco más y, cuando abre los ojos, estoy casi sobre ella. En un acto reflejo, Sasha se echa hacia atrás y seguro puede ver el dolor que ese simple acto causa en mí.

—¿Me has engañado? —masculla entre dientes y frunce el ceño—. ¿Desde cuándo, Evony? ¿Desde cuándo me estás viendo la cara de idiota y burlándote de mí?

Me muerdo los labios para no decirle que llevo esperando a April desde hace siglos. Que fui una idiota en intentar estar con ella sabiendo que en cualquier momento mi destino me alcanzaría y que he sido una jodida egoísta al pensar que podía burlar un sentimiento soterrado en el fracaso de nunca haber encontrado esos ojos verdes casi azules y que esta noche por primera vez me miraron.

Sasha solo necesita unos segundos más para saber la respuesta en la derrota de mi mirada antes que en mis palabras. Hace una mueca de dolor como si le estuviese haciendo añicos el corazón y se gira para salir por la puerta. Pero como soy una estúpida egoísta, la sujeto del brazo tratando de impedir que salga de mi vida.

—Déjame que te lo explique, Sasha —murmuro notando como mi voz se va apagando con las últimas sílabas.

—No hace falta que me explique nada, Evony —susurra llorando y con los labios temblando—. Puedo percibir lo que sientes por ella y no necesito que me rompas más el corazón con tus palabras.

En un movimiento lento aparta su brazo de mi mano y ya entiendo el por qué de su flirteo de antes o de sus caricias más intensas. Sasha había leído en mi alma mis sentimientos, como la valkiria que es, pero esos sentimientos no son por ella.

—Por favor, no te vayas —le suplico con la voz y la mirada empañada por el fracaso—. Podemos...

—No digas nada, Evony —corta mis palabras y acrecienta mi dolor con sus lagrimas—. Necesito irme y pensar en todo esto. —Me mira unos segundos y después niega bajando la cabeza, evitando seguir contemplando como lo que pudo haber sido un nosotras se está destruyendo—. Adiós...

Esas cinco letras quedan flotando en este silencio entre nosotras. La observo caminar fuera de la habitación y tal vez también de mi vida. Barro con mis manos las lagrimas que no me había dado cuenta de que estaban deslizándose por mis mejillas y me dejo caer sobre la cama. «¿Por qué me duele tanto? ¿Por qué no puedo hacer como siempre y olvidarme de ella como lo he hecho con mis antiguos amantes durante toda mi vida? Porque ahora lo sé, la quiero. Por eso me duele saber que la he perdido».

El portazo que da al salir de mi casa me produce un escalofrío. Quiero seguirla, buscar la manera de solucionar todo este desastre, pero no lo hago porque sé que no puedo evitar lo inevitable. Me quedo unos minutos con la mirada perdida en uno de los cuadros que decora mi habitación, sintiendo como dos lagrimas solitarias trazan una húmedo camino por mis mejillas. Ahora me doy cuenta de que Sasha se está llevando algo mío consigo. Algo que había estado muy dentro de mí hasta este momento. Algo que ella me dio y es justo que sea Sasha quién me lo quite.

Paso varios minutos en el más absoluto silencio, pero sin llorar. No me siento capaz de derramar más lágrimas cuando he perdido hasta el derecho de hacerlo. Me levanto de la cama arrastrando los pies y el alma para buscar el móvil en mi bolso. Como una idiota veo la pantalla para saber si Sasha me ha escrito, aunque sea para insultarme, pero no hay nada. Suspiro mientras me despojo de la ropa y camino hacia el baño con el móvil en la mano. Veo la bañera llena, las luces de las velas derritiendo la cera aromática, pero no quiero imaginarme lo que hubiese sido el haber compartido ese momento con Sasha porque, inexplicablemente, me duele.

Sin pensarlo demasiado, dejo el móvil en la mesilla, me recojo el cabello en una coleta y entro en la bañara como si buscara la forma de quitarme de encima el remordimiento, deseando limpiar la culpa que ahora parece estar manchando cada poro de mi piel. Cierro los ojos cuando el agua tibia recibe a mi cuerpo, intentado poner mi mente en blanco, pero es imposible. Estoy preocupada por Sasha. Salió de casa llorando y no sé lo que ahora puede hacer.

Como soy una masoquista redomada, recreo en mi cabeza todo lo que ocurrió esta noche, intentado descifrar lo qué debo hacer. Es cierto que April me besó, pero yo le respondí. «Claro que le respondí al beso porque lo deseaba, casi hasta lo necesitaba, pero ¿fue todo mi culpa?». Me separé de ella cuando recordé a Sasha, cuando me sentí mal por lo que le estaba haciendo, algo que jamás había hecho antes en mi vida. No me arrepiento de lo que hago, quizás sí me arrepiento de aquello que alguna vez dejé de hacer, pero no puedo arrepentirme de los besos que compartí con April, solo me gustaría que hubiesen pasado cuando Sasha no estaba en mi vida de esta manera.

Medito durante un tiempo indefinible si debo llamarla, escribirle un mensaje o simplemente ponerme en contacto con ella para explicarle lo que pasó. Sasha es fae, sabe lo que significan las predicciones de las Oráculos y como es imposible cambiar lo que ellas nos revelan. Cojo el móvil para llamar a Skyler, porque ella iba a dejar las flores en casa de Sasha. Tal vez con un poco de suerte ella todavía esté en su casa, pero también sé que tendría que darle explicaciones de lo que ocurrió y no me apetece. Además, sería darle la oportunidad perfecta para que le confiese a Sasha lo que siente por ella. Ambas son súcubos, por lo tanto la idea de que estén juntas me carcome de mala manera.

Cambio de opinión sobre la marcha. Marco el número de Bruce para que él vaya hasta la casa de Sasha a comprobar que ella está bien... y sola. Solo cruzo un par de palabras con él antes de colgar. Salgo de la bañera, me seco con una toalla justo antes de enfundarme mi albornoz de seda negra.

—Necesito una copa —susurro rompiendo el silencio y cojo mi móvil.

Antes de salir de mi dormitorio, busco mi bolso que adentro están mis cigarrillos. No tardo nada en bajar las escaleras y al pasar por el salón dejo mi bolso sobre la mesilla de centro junto con el móvil. Camino hacia la bodega que hay en la parte de atrás de la cocina, selecciono un vaso corto perfecto para beber whisky y una botella de Macallan treinta años. Vierto el whisky en el vaso para darle un primer y largo trago. Siento el ardor del licor descender sin contemplación por mi garganta, pero no es suficiente para adormecer la desagradable sensación de culpa que parece no desaparecer de mi cuerpo. «Ahora entiendo por qué jamás me permitir sentir remordimientos».

Agarro la botella mientras con mi mano derecha vuelvo a guiar el vaso hasta mis labios. El whisky que me he servido no llega ni a la puerta de la cocina, porque me lo bebí en dos tragos. Me dejo caer en el sofá como un saco de huesos rotos, colocando sobre la mesilla el vaso para servirme un poco más de licor. Al terminar, abro la pitillera llevándome un cigarrillo hasta los labios y lo enciendo mirando el móvil, esperando que Bruce me llame en cualquier momento. Le doy un par de caladas a mi cigarrillo, observando como perezosas volutas de humo azul se levantan desde la punta del cigarrillo y empañan mi vista. Lo coloco en el cenicero para después apoyar mi espalda al completo sobre el respaldo del sofá. Echo la cabeza atrás, posando mi mirada en el techo y queriendo no pensar, pero parece que hoy eso es imposible.

En mi mente aparece los ojos de April mezclándose con el dolor en la mirada cristalina de Sasha y siento que en cualquier momento voy a vomitar. «Joder, es que no lo hice con la intención de herir a Sasha. Simplemente pasó y no pude hacer nada». Abro los ojos con ese pensamiento rondando por mi cabeza, tal vez engañándome a mí misma y al buscar de vuelta el cigarrillo, mis ojos se posan en mi bolso. Dentro está el papel donde April anotó su número de teléfono y a pesar de la culpabilidad que sigue arremetiendo en mi contra, una sonrisa débil, tenue y sin premeditación, surca mis labios al recordar el sonido de su voz, el calor de su cuerpo, la suavidad de sus labios moviéndose contra los míos y el sabor a tortitas con chocolate que aún creo sentir en mi boca. «Esto de tener sentimientos es una mierda».

Cojo el móvil y titubeo un instante si llamarla o mandarle un mensaje. La conozco lo suficiente para saber que no va a contestarme, así que me decido por la opción del mensaje:

Evony.F.M: "Tenemos que hablar, por favor."

Miro un segundo la pantalla, pero presiono en la pantalla el botón de enviar. Sé que está despierta porque en el estado que estaba al salir de aquí es imposible que ahora esté dormida. El sonido de mi móvil unos instantes después me lo confirma. Desbloqueo mi teléfono y leo su mensaje:

Sasha: "No hay nada más que decir, Evony. Ya todo lo que tenía que saber me ha quedado claro."

Resoplo entre dientes porque mi mandíbula está enteramente tensa. Comienzo a escribir una respuesta, intentado enmascarar mi frustración.

Evony.F.M: "Solo te pido una oportunidad para explicarte lo que pasó. ¿Te llamo y hablamos?"

Envío el mensaje y me quedo con el teléfono en la mano. Recojo el vaso dedo vacío de whisky con mi mano libre y bebo un poco sin dejar de mirar el móvil. Sasha tarda lo suyo en contestar, pero lo hace.

Sasha: "¿Quieres otra oportunidad para seguir mintiéndome? No, gracias. Una imagen vale más que mil palabras, Evony. Lo peor es que Tamsin tenía razón y no debí confiar en ti."

Leo el mensaje casi al instante y no puedo evitar insulta a Tamsin a viva voz. Empiezo a sentir como la sangre me hierve, al darme cuenta de que no puedo seguir así. «¿Qué imagen? ¿De qué me está hablando?». Da igual, porque con solo recordar a la valquiria, se me olvida todo lo demás.

Evony.F.M: "Está bien, Sasha. Lo que dice Tamsin es la única verdad y debes hacerle caso porque es lo que ella espera de ti. Si quieres hablar de nosotras, pero sin pedirle permiso a Tamsin, ya sabes donde encontrarme."

Ni miro cuando le doy a enviar y lanzó el móvil en la mesilla, gruñendo de rabia. Pero un nuevo mensaje hace vibrar mi teléfono y sin pensarlo demasiado lo busco para leer lo que Sasha tiene que decirme.

Sasha: "No, no hagas esto. No culpes a Tamsin por algo que tú hiciste. Evony, te he visto en las fotos. ¿No es eso lo que querías? Te estoy dejando el camino libre. Ya pasé por esto y no quiero volver a repetir."

Mantengo la mirada fija en lo que aparece en la pantalla, con la ira retorciéndose en mi interior. «¿Qué fotos? ¿Qué carajo está pasando?» Es entonces cuando a mi mente llega el recuerdo de ese momento durante el segundo beso que me dio April y como el flash junto con el sonido de una cámara me perturbaron. «¡Malditos paparazzis!».

Paso de seguir con el cruce de mensajes, porque esto lo tengo que resolver cara a cara y no como una cría de quince años. Me levanto del sofá para ir a mi habitación, pero el sonido del móvil me saca de mi ensimismamiento temporal y respondo la llamada de Bruce. El corazón me da un vuelco, pero suspiro antes de hablar.

—¿Sasha está en su casa? —inquiero rápidamente.

—Sí, está en casa, mi señora —responde Bruce con el asombro reluciendo en su voz por mi actitud de desmedida preocupación.

—¿Está sola o hay alguien más con ella? —pregunto, pero no solo con la preocupación sino también con celos.

Aprieto mi puño izquierdo de solo pensar que Sasha esté con Skyler. «¿Qué diablos pasa conmigo

—Creo que está sola, mi señora —vuelve a responder Bruce, pero con cierta duda en sus palabras.

Comienzo a subir las escaleras, casi de dos en dos. Mi corazón late como si en vez de estar subiendo las escalares estuviese corriendo la maratón de Nueva York.

—¿Crees o lo está? —pregunto una vez más, mascullando entre dientes.

—No... no lo sé, mi señora —tartamudea algo nervioso.

—¡Maldita sea! Eres un inútil. —vociferó sujetándome con fuerza de la barandilla. Hago una pausa para no perder todo mi aliento.

—Lo siento, mi señora.

—Ve a comprobarlo y me avisas... —me quedo callada porque no me atrevo a decirlo en voz alta lo que creo que puede estar haciendo Sasha.

—Sí, mi señora.

—Déjalo, Bruce —relajo un poco mi tono. Al fin y al cabo soy la jodida Morrígan que no puede estar dando muestras claras de remordimiento o falta de control enfrente de mis empleados—. Ya iré yo a comprobarlo por mí misma, pero tienes diez minutos para buscar a dos orcos y llevarlos a casa de Sasha sin levantar sospechas.

—Mi señora... —murmura dudando como decir lo que piensa—. ¿Está segura?

—Claro que lo estoy, subnormal. Haz lo que te ordeno y rápido.

Cuelgo la llamada al entrar en mi dormitorio, avanzando hacia el vestidor. Enciendo la luz mirando todos mis vestidos mientras voy escogiendo el que más me gusta, pero al mismo tiempo despojándome del albornoz. Deambulo rápidamente por el armario completamente desnuda. Extraigo un vestido rojo de Armani y lo dejo a un lado entre que busco en la cómoda mi ropa interior. Cuando estoy casi lista, entro en mi segundo armario dedicado en exclusiva a mis zapatos. No tardo nada en escoger unos tacones a juego con mi bolso y me dirijo al baño poniéndome los tacones para luego maquillarme. En menos de quince minutos estoy lista y bajando por las escaleras. Cojo las llaves de mi coche, casi saliendo por la puerta. Al meter el móvil en el bolso, veo el ticket donde April escribió su numero, pero cierro el bolso porque necesito aclararme antes de joder más la situación.

Abro las puertas del coche con el mando a distancia, me subo y no le doy casi tiempo al motor para calentarse cuando ya estoy pisando a fondo el acelerador. Aprieto con fuerza el volante mientras cruzo la ciudad a toda prisa, esquivando los pocos coches que circulan por las calles encharcadas de la lluvia que se cernió sobre la ciudad. Durante el trayecto no puedo dejar pensar en como Sasha y yo nos conocimos. Fue durante la gala de las sombras para celebrar la Shoshain. Yo había escuchado algo sobre la nueva valkiria que rondaba por mis territorios y que no había jurado lealtad a ninguno de los dos bandos, algo que me generaba más preocupación que curiosidad. El sistema Fae cada vez está más débil gracias la manía que tienen todos los nuevos faes en seguir los pasos de la súcubo sin bando. Por eso, le envié una invitación expresa para que asistiera a la celebración y mostrarle un poco lo que significa nuestra cultura. Pero al final terminamos en mi despacho sin nada de ropa y haciéndolo en el sofá.

Después de esa noche, nuestros encuentros se fueron sucediendo cada vez con más frecuencia hasta que comenzó a gustarme estar a su lado, compartir más cosas que un simple polvo a medianoche o en el escritorio de mi oficina. Pero es ahora cuando me doy cuenta de que durante estos meses jamás le dije lo que siento por ella. Pensaba que, con el tiempo, entendería que mis besos, mis caricias sobre su cuerpo, las miradas furtivas o aquellas veces en que la contemplé sin decir nada, significa algo que yo no sé cómo pronunciar. Me conformé a esta sensación tácita, sin explicaciones u obligaciones, porque en el fondo no quería ser responsable de su dolor. Pero, aun así, sé que Sasha había tratado de decírmelo, suspirando sobre mis labios las palabras que yo no fui capaz de decirle. Y aunque en sus besos y sus caricias también sonaban la duda, yo tenía la certeza de que con el tiempo nuestra relación llegaría al punto de hacerme olvidar la predicción de la Oráculo, o quizás algo mejor, que fuese Sasha la mujer que cambiaría el rumbo de mi destino. «Soy una maldita egoísta, pero está vez no ha sido mi culpa y voy a luchar aunque tenga que olvidarme de esos ojos verdes casi azules».

Freno en seco cuando llego a mi destino. Al salir del coche me doy cuenta que Bruce ha cumplido con mi orden y dos orcos me esperan mientras Bruce los sujeta con dos cadenas que llevan amarradas al cuello. Son unos subfaes, por lo tanto pueden llegar a ser peligrosos, pero necesito su fuerza bruta en caso de que algo no salga bien. Me planto ante la puerta y la aporreo con fuerza.

—Sasha, abre. Y no hagas tu truquito de transmutación, porque tú tendrás a tus paparazzis, pero yo soy una mujer con recursos. —Respiro profundo y vuelvo a aporrear la puerta—. Sasha, necesitamos solucionar esto.

Pasa casi un minuto, y al no escuchar respuesta, le ordeno a los orcos que tiren la puerta abajo, mirando a Bruce para que los mantenga controlados. Los orcos solo necesitan dos golpes secos, fuertes y sin misericordia para que la entrada se venga abajo. Apenas la puerta yace en el suelo, me aventuro a cruzar el umbral para encontrarme a Sasha empuñando una espada. Sus ojos se encuentran con los míos y os aseguro que ahora mismo todo se ha detenido, incluso las partículas de polvo que ha levantado la puerta al caer vencida, flotan inmóviles en el aire. Siento como mi alma se convierte como un papel arrugado al ver sus hermosos ojos verdes mirándome con rabia.

Me atrevo a moverme muy despacio acercándome a Sasha hasta que la punta de la espada me detiene posándose sobre mi pecho. La miro fijamente esperando su reacción, pero ninguna de las dos nos movemos, ni cesamos ese duelo de miradas fijas. Llevo mi mano derecha hasta su hombro para después deslizar mis dedos lentamente por la tibia piel de su brazo hasta llegar a la empuñadura de la espada. Sé que Sasha jamás me haría daño, por lo menos no de manera física.

Desvío la hoja de metal de mi pecho, sin apartar mi mirada de sus ojos verdes claros, avanzando hasta que nuestros cuerpos se rozan. Guío mi otra mano hasta su nuca, acariciando con delicadeza su suave piel con las yemas de mis dedos y cuando ella cierra los ojos me apodero de su boca con un beso urgente, ardiente, crudo y casi desesperado.

Pasan unos minutos dentro de ese beso que parece alargarse hasta el infinito, pero no me importa quedarme sin aliento, solo quiero besarla hasta conseguir hacerla olvidar todo lo que ha pasado, como si mis labios fuesen ese mágico instrumento para hacer un borrón y cuenta nueva entre nosotras. Pero Sasha se separa de mí, dándome un empujón y vuelve a empuñar la espada.

—¿Qué crees que estás haciendo, Evony? —inquiere con el enfado impregnado sus palabras—. ¿Era necesario destruir la entrada y la puerta de mi casa solo para besarme?

No puedo evitar que una sonrisa se asome por mis labios. Me encanta ver la cara de enfado de Sasha, pero creo que ahora mismo no es el mejor momento para que yo sonría.

—Quizás lo de la puerta fue un poco exagerado, pero el beso ha merecido la pena —contesto en un tono suave, pasándome dos dedos por los labios para disfrutar más de ese beso—. Además, lo que vengo a decirte no puede esperar más.

La sonrisa se borra de mis labios mientras mi corazón comienza a desbocarse sin remedio. «¿Estoy segura de lo que voy a decirle? ¿En verdad seré capaz de olvidar lo que me dijo la Oráculo por estar con Sasha?». La valkiria con mezcla de súcubo, aparece para mostrarme su lado más indiferente, pero no me puede engañar. Me mira con desconfianza mientras deja la espalda sobre el sofá y se cruza de brazos.

—Vale —murmura sin ganas, resoplando o suspirando, ahora mismo no lo sé—. Te escucho.

Busco mi bolso que cayó en el suelo mientras nos besabamos y camino hasta el sofá sacando mi chequera. Le extiendo un cheque con una suma considerable para pagar los desperfectos que he causado.

—Espero que esto sea suficiente para arreglar la entrada —murmuro mientras termino de escribir el cheque bajo su atenta mirada. Lo arranco con cuidado para después dejarlo sobre la mesilla y ganar un poco de tiempo—. Lo siento, Sasha.

Sin moverse de su sitio, mira el cheque quitándole toda importancia. Sus ojos vuelve a prestarme su atención, ladeando la cabeza y suspira como si necesitara fuerzas para terminar de liquidarme allí mismo.

—Jamás me ha importando tu dinero, Evony —réplica desviando sus ojos hacia el cheque y hace una mueca—. He escuchado tantas veces eso que me cuesta creer en un simple "lo siento".

Bajo la mirada con una sensación de derrota recorriendo mi cuerpo, pero no tardo en ponerme en pie y acercarme a ella, aunque guardando las distancias. Sé que esas palabras no es más que el amargo recuerdo que le dejó su enfermiza relación con Rachel Duncan. Una ráfaga de cólera me recorre de solo pensar en esa zorra estreñida a la cuál he logrado destruir solo por herir a Sasha de una manera que quizás yo lo estoy haciendo ahora mismo.

—Pero jamás lo habías escuchado de mí. —Le mantengo la mirada, esperando cualquier tipo de reacción por su parte—. No te mentí cuando te dije que me gustas porque eres especial, pero no sé lo que quieres o querías de mí.

Intento mantenerme calmada, pero lo único que pienso en este momento es besarla y observar fijamente sus labios no me ayuda en nada. Sasha desvía su mirada, pero mis ojos la siguen notando como algo ha cambiado en ella.

—Lo que yo quería ya no tiene importancia —dice con absoluta frialdad y eso me desarma por completo—. ¿Para que nos vamos a engañar, Evony? La Morrigan no quiere novias, quieres amantes que te calienten la cama y yo no voy formar parte de tu colección de personas que utilizas hasta que te aburres y después las deja tiradas.

Doy gracia de que ella aún tenga la mirada extraviada en algún punto entre la nada y la realidad, porque lo que acaba de salir de sus labios me ha dolido hasta el punto de dejarme vencida. «Tengo que luchar». Me repito un par de veces mientras vuelvo a acercarme a ella. Coloco mi mano en su mejillas y regreso su mirada hasta la mía.

—No estaría aquí, rompiendo puertas en mitad de la noche, si no fueras importante para mí, Sasha —murmuro, pero ella huye de mi mirada. Coloco un mechón de su rubio cabello detrás de su oreja y la acaricio sabiendo que esto tiene el cariz de una despedida—. No estaría aquí así no fueras tú.

Aparta su cara de mi mano y me mira con desdén. Quizás es su mecanismo de defensa o que de verdad lo siente, pero ahora no quiero averiguarlo. Solo deseo salir de aquí, porque el decirle que la quiero no cambiará ese atisbo de rencor que ahora brilla en sus ojos verdes.

—Eso se lo dices a todas, Evony —rebate con indiferencia y a mí me deja de piedra—. ¿Cómo esperas que te crea si me has engañado?

Doy un par de pasos hacia atrás, dándome por vencida. No tengo nada más que hacer aquí y lo mejor es que me vaya. Mi relación con Sasha, o lo que sea que fuese, acaba de terminar. Ningún sacrificio que pueda hacer será suficiente, cuando la realidad es que no estamos destinadas a ser.

—Haré todo lo posible por ayudarte en tu carrera y espero que algún día sepas perdonarme —musito bajando la mirada y suspiro largamente, zanjando el tema de alguna manera.

—Me iré mañana a París y cuando vuelva decidiré si sigues siendo mi representante —sentencia con dureza y me hunde cada vez más en este sentimiento de culpa del cuál siempre le he sido esquivo en el pasado.

«¿Tanto he cambiado en tan poco tiempo?». Levanto la mirada y nos quedamos unos segundos debatiendo en silencio. Me concentro para no sentir nada que ella pueda leer en mi alma. Bastante vulnerable me he mostrado esta noche como para generar en ella un sentimiento de pena.

—Lo que quieras, Sasha —replico con la misma firmeza que utilizo en mis negociaciones—. Pero no olvides que soy una profesional que sabe separar una relación del trabajo.

—Me da igual —dice con más indiferencia si es posible alzándose de hombros, pero me atraviesa con una mirada y su expresión cambia por completo—. Ahora mismo no puedo estar cerca de ti porque me haces daño.

El tono de su voz ha cambiado totalmente y también puedo vislumbrar un rastro de suavidad en su mirada. Trago saliva, encontrándome cada vez más desamparada.

—Te entiendo y lo siento —murmuro con un hilo de voz, separándome cada vez más de ella y enrrubándome hacia el hueco donde antes había una puerta—. Buena suerte en París, little Valki.

El sabor de la despedida se mezcla en mi boca con aquello que no me permito decirle. Estoy convencida de que he cometido un error en seguir tensando una cuerda que se rompió mientras yo no supe como mantenerla unida.

—¿Sabes qué leo en tu alma, Evony?

Me detengo muy cerca de la puerta al escuchar su pregunta. Niego con la cabeza, pero sin mirarla.

—No quiero saberlo, por favor —murmuro cerrando los ojos.

—Me dice que esa mujer es preciosa —replica casi gritando y con rabia—. Me dice que ella llegará para quedarse y que por más que yo me empeñe en quererte, tú no me dejas porque ella significa algo más, pero no puedo descifrar lo qué es para ti. —Asiento lentamente, pero sin querer mirarla por miedo a encontrar en sus ojos algo que no sabré olvidar.— Evony... —Pronuncia mi nombre y me sujeta del brazo, girándome hasta que consigue volver a besarme intensamente. No tardo en responderle colocando mis manos en su rostro y el beso se dilata en el tiempo. Sasha me aparta con firmeza junto con esa mirada de indiferencia brillando en sus ojos—. Ahora si puedes irte, solo quería de regreso mis besos.

«¿Qué coño ha dicho? ¿Sasha está jugando conmigo? ¿Qué hago yo ahora?» El calor de sus labios siguen en los míos, ardiendo como si acabara de marcarme para que jamás llegue a olvidarla. Avanzo hacia ella, pero sin llegar a tocarla.

—Lo siento, Sasha, pero los besos que me diste no se pueden devolver porque me pertenecen —pronunció cada palabra con firmeza y mi típica seriedad—. Con tal, tú te has quedado con algo de mí que va más allá de besos o caricias y que no podré recuperar jamás.

Una mueca aparece en su rostro, porque sé que ha vuelto a leer en mi alma lo que mis palabras parece que han dejado a medias. Me giro caminando los pocos metros que me separan de la puerta y salgo sin mirar atrás. Ya no hay nada más que perder, porque todo se lo ha quedado Sasha. Suspiro al sentir el frío de la noche golpearme sin clemencia. Pero continuo caminando, diciéndole a Bruce que se lleve a esas dos bestias a las mazmorras de las Sombras.

Entro en mi coche, pongo mi mente en blanco y conduzco por la ciudad sin rumbo fijo durante un tiempo que no sabría definir. En un acto reflejo he encendido el reproductor del coche y la música de Fleetwood Mac me hace compañía en este trayecto hacia ningún sitio. Canto cada canción que suena, dejándome la voz y sintiéndome más vacía que nunca, pero cuando suena Silver Springs algo dentro de mí me hace recordarla. Canto cada estrofa, esperando que en algún sitio ella me escuche y la ultima parte de la canción la grito a pleno pulmón con las lagrimas haciendo de las suyas y sin mi permiso.

Time casts a spell on you, but you won't forget me
I know I could have loved you, but you would not let me
I'll follow you down til' the sound of my voice will haunt you
You'll never get away from the sound of the woman that loves you...

Repito la canción hasta que me quedo sin voz, hasta que mi garganta implora un descanso, hasta que mi respiración desaparece y las lagrimas se cansan de brotar. Sigo sin detenerme, vagando por una ciudad cada vez más desértica. Me doy cuenta que el piloto de la gasolina se enciende, avisándome que debo repostar, pero sigo conduciendo hasta que llego a mi casa. Una parte de mí no quería volver porque no deseo que los recuerdos me acechen como una panda de monstruos en la oscuridad. Pero no sé a donde ir a estas horas.

Entro en casa, arrastrando los pies y con un dolor en la garganta que no se asemeja en nada al que siento en mi interior. Camino hasta el sofá, dejando mi bolso sobre la mesilla donde aún permanece la botella de whisky escocés junto con mi pitillera de cigarrillos ingleses. Me quito los tacones, dejándome caer de vuelta en el sofá. Agarro la botella sirviéndome un vaso tras otro hasta conseguir reducir considerablemente el liquido en su interior. Cuando abro el bolso para sacar mi móvil, el ticket con el número de April resbala sobre la mesilla. Lo observo un rato largo, sin atreverme a cogerlo, mientras enciendo el cigarrillo. No aparto la vista de ese trozo de papel arrugado, memorizando los números de manera plenamente inconsciente.

Me sirvo un poco más de whisky bebiendo para olvidar o recordar, todavía no lo he definido, pero sigo haciéndolo de manera sistemática sin dejar de mirar el papel con el número de April. Dejo el vaso sobre la mesilla, cojo el ticket con la letra de la chica misteriosa y pensando en ella, en sus ojos verdes casi azules, por fin el sueño mezclando con el cansancio logran vencerme hasta quedarme dormida.


Notas: He sacrificado un poco el casi inexistente humor del capitulo pasado, porque en este punto era necesario mostrar como los remordimientos han conseguido formar parte de Evony. Sigue siendo superficial y fría, pero en la intimidad se deja llevar por su lado más que vulnerable.

Espero que os haya gustado y, si os apetece, me lo hagáis saber.

Annie, muchas gracias por la review, me encantó. :*

Muchas gracias por leer este fic y hasta la próxima.