Capítulo 2
Para la semana siguiente, Hermione ya estaba muy tentada en llamar a Severus y pedirle un caldero de esa supuesta poción de invisibilidad.
En los últimos fines de semana, su casa había estado repleta de niños bulliciosos. Había necesitado una gran cantidad de hechizos de limpieza para acabar con los restos de azúcar que habían sido esparcidos por toda la casa, cuando una gran bolsa reventó en el suelo de la cocina.
En el suelo del baño, habían sido dibujados unos garabatos de flores y soles con rayos desparejos, con tinta china negra, la cual provenía de un frasco, que Hermione juraba y perjuraba que había estado escondido en el fondo del cajón de su escritorio.
Habían pequeñas huellas marrones de manos, (ella había sobornado a los mocosos con sus galletas de chocolate favoritas, y se habían acabado la caja entera), marcaban las limpias superficies de sus paredes y muebles. Y Hermione temía aventurarse y ver el florero azul con flores blancas, que había sido torpemente escondido bajo la mesita de café.
Todo el asunto del cuidado infantil había provocado que se bebiera una botella entera de vino, una vez que los niños ya no estaban en la casa, mientras juraba que jamás se reproduciría, y que se encargaría de hacer que sus trompas de Falopio fueran unidas, cortadas y laminadas. Ni siquiera quería arriesgarse a tener sexo. De hecho, se pondría un cartel sobre las piernas que proclamara 'La tienda de bollos está cerrada…indefinidamente.'
El fin de semana que siguió, los padres de Hermione la habían visitado inesperadamente, llevando de visita a una de sus más molestas tías, quien no dejaba momento sin preguntar por qué su sobrina no se había casado aún, y si la chica no era una de esas jóvenes liberales, a las que les gustaban otras chicas, en lugar de gustarle los chicos.
Hermione trató de revolear los ojos, luchando con las ganas de decirle que no, no era lesbiana, y que la homosexualidad no era nada nuevo ni liberal.
El Sr. Granger casi se atraganta con su filete, mientras la Sra. Granger trataba de dirigir la conversación hacia aguas más tranquilas, mientras que Hermione, se terminaba su copa de vino tinto de un solo trago.
En la mañana del lunes, y a pesar de que la casa estaba adorablemente vacía, el solo pensar en arrastrase fuera de la cama para ir a trabajar, casi la hace llorar.
Al cabo de algunos minutos de seria consideración, llamó al Ministerio, vía Floo, para avisarles que ella no iría a trabajar ese día. Por supuesto, eso no evitó que su jefe la contactara a cada rato para preguntarle puras estupideces.
"Si me llama una sola vez más, juro que voy a…"
Se quejó Hermione a las once de la mañana, al escuchar que la chimenea se activaba de nuevo. Ella estaba a medio camino, en el pasillo a su habitación, y se detuvo para gritar a viva voz. "¡HERMIONE GRANGER YA NO VIVE AQUÍ! ¡EMPACÓ TODO LO QUE TENÍA Y SE MUDÓ A CHINA! ¡POR FAVOR, NO DEJE NINGÚN MENSAJE!"
"¿En serio?" Se escuchó una voz familiar responder desde el otro lado. "Entonces debería rastrear a esa pequeña desgraciada y castigarla, por irse sin despedirse."
Sonriendo, Hermione regresó corriendo y sonrió ampliamente al ver a Severus, aparecer en medio de las verdes llamas. "Creí que estabas…"
"Sé que lo pensaste, pero no. No soy tan idiota." Dijo Severus cortante. "¿No deberías estar en el trabajo? ¿Salvando a los unicornios o algo así?"
"¿Y no deberías estar tú trabajando? ¿Preparando más veneno?"
"Me cansé de tanto planeamiento y tanta preparación, por hoy, claro." Dijo Severus secamente. "¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás todavía en piyamas?"
Hermione se miró los viejos pantalones y la camiseta. "Porque me niego a salir de mi casa hoy." Anunció ella desafiante. "Estoy cansada. Jodidamente cansada. Fue suficientemente malo que tuviera que cuidar niños por un mes, pero lo peor, fue que vinieron mis padres de visita, sin avisar y con mi tía Heloise. Tuve que entregar mi habitación y la de invitados, y tuve que dormir en el sofá. Estoy muy vieja para dormir en el sofá de cualquiera, mucho más, en mi propio sofá. Mi trasero necesita acolchonamiento adecuado. Como sea, estaba tan destrozada, que el mismo Merlín podría haber venido a golpear a mi puerta, y yo le hubiera preguntado si no quería pasar más tarde."
"En ese caso, no te entretengo más." Replicó Severus, listo para cortar la conexión floo en cuanto Hermione gritara.
"¡No! ¡Aguarda! No…no me molesta verte a ti. Si no estás ocupado, claro." Trató de asegurarle, esperando que Severus quisiera quedarse con ella. Siempre había gustado de la compañía de Severus, sobre todo últimamente, cuando empezaba a resentir la soledad.
"¿Qué quieres almorzar? Iré a buscar algo."
"¿Qué? ¡No! Yo puedo preparar algo para los dos."
"Mujer, ni siquiera te has molestado en peinar ese nido de ratas que llamas cabello." Saltó Severus. "Eso solo puede significar que no estás de humor para cocinar, así que solo dime qué quieres e iré a buscarlo."
"¡Está bien! Comida china, y tartas jaffa. Y un poco de choco Leibnitz. ¡Y deja de gritarme!"
Severus le siseó como una cobra enojada antes de desaparecer, dejando atrás las llamas verdes.
Treinta minutos después, él estaba de regreso, en el umbral de su puerta, con el almuerzo de ambos y el postre que ella había pedido.
"¿Es que tienes cinco años?" Preguntó Severus, una vez que habían terminado la comida. Él y Hermione estaban sentados en el sofá, con Severus con un libro en el regazo y ella con un libro balanceándose en una mano.
Ella había puesto las galletas en un plato y comía cada una con tal placer, que el deleite de su rostro se hacía palpable cada vez que mordía una, porque sacudía los dedos de los pies, pintados con barniz rosado.
"Gracias Severus." Farfulló ella, con la boca llena de galletas. "Ahora me siento mucho más relajada."
"Te ves más relajada, incluso con tu cabello viéndose como si estuviera petrificado." Comentó Severus desde atrás de su libro. "Por cierto, también bloqueé la chimenea. Justo ahora, nadie puede contactarse contigo."
Eso hizo que Hermione dejara de masticar.
"¿¡Qué!? ¡¿Qué tal si hay alguna emergencia?!" Chilló ella, desparramando migajas por todas partes.
"Entonces que se las arreglen por sí mismos." Replicó él, como si no tuviera importancia, bajando su libro para sacudir una migaja que se le había quedado atrapada en la manga.
"Estabas a un paso de abordar el tren de la demencia. Lo que necesitas justo ahora, es comerte tus galletas, leer tu libro, y tratar de aferrarte a la poca sanidad mental que te queda."
Hermione sabía que Severus tenía razón, pero aun así, estiró una pierna y picó el muslo cubierto de tela negra de Severus, con el dedo gordo del pie, pero él atrapó el tobillo y tironeó de él hasta que tuvo todo el pie en su regazo.
"Vaya, vaya…si la gente nos viera ahora, las lenguas se caerían de las bocas." Dijo Hermione sugestivamente, tragándose el último pedazo de galleta, y flexionando los dedos que Severus sostenía con firmeza. "No solo te acusarían de pedófilo, también de pervertido, con un fetiche por los pies."
Él alzó una ceja y le sonrió de lado a Hermione, quien se estiró un poco más para poder poner su otro pie en su regazo.
"No te detengas, por favor, se siente tan bien."
"Srta. Granger, comienzo a creer que no solo me mantiene usted aquí para que le prepare pociones excelentes, si no que para que también le dé masajes de pies."
"Si escucharas a los demás, dirían que estuviste jugando con algo más." Se rió ella, recordando cómo Harry y Ron se habían burlado de su amistad con Severus.
Molly, por otro lado, insistía que Severus estaba detrás de su virtud, y Hermione había tenido que morderse la lengua para no decirle que su hijo ya se había encargado de eso, pobremente, eso sí.
"Lo que dicen los idiotas…"
Hermione comenzó a reír, pero el sonido fue reemplazado por un gemido, cuando Severus hundió sus dedos en el arco del pie.
"Eso se siente tan bien." Murmuró ella, hundiéndose más en los almohadones del sofá y haciéndole señas a él para que prosiguiera.
"Hey, ¿no se suponía que me ibas a preparar una poción de invisibilidad?" Preguntó ella, al cabo de algunos momentos. "¿O es que ya te cansaste de tener que preparar pociones para cada persona con la que te cruzas?"
"Pequeña mocosa atrevida…" Replicó él con suavidad, pero se tomó su tiempo para llevar su mano hasta el bolsillo interno de su chaqueta, de donde extrajo un frasquito que contenía un poco de líquido blanco brillante.
"¡No puede ser!" Exclamó Hermione, llena de excitación, sentándose con mucha prisa y quitándole el frasco de la mano. "¿De verdad esto me va a hacer invisible?"
"No. Pensé en toda la amplia gama de complicaciones que pudieran surgir, en caso que tú de verdad te vuelvas invisible. Lo que esto es, es una poción para empequeñecer, temporalmente, claro. Mira por ti misma a ver qué resulta. Dura un par de horas."
Hermione se preguntó qué diablos podía hacer con una poción para empequeñecer, pero viendo cuántas molestias se había tomado Severus para prepararla, y su tarde, definitivamente se había vuelto mucho mejor desde que él había llegado, así que decidió arriesgarse y destapó el frasco.
"Así que…si bebo esto, ¿qué pasará después? ¿Qué tan pequeña me volveré?"
"Solo hay una forma de averiguarlo."
"¿Y a dónde iré? ¿Me mantendrás en tu bolsillo?"
"Haces demasiadas preguntas, demasiadas." Replicó él, levantando el libro del suelo y buscando la parte en la que se había quedado. "De acuerdo, la beberé." Dijo Hermione resueltamente. "Pero no aquí. Iré a mi habitación."
"Oh, no. Mejor, voy contigo." Replicó Severus, poniéndose de pie y siguiéndola por el pasillo. "Porque si aún no has limpiado allí, entonces es posible que te extravíes en medio de esa jungla de pelusas, y no tengo ganas de tener que explicarles a tus amigos y familia sobre tu desaparición."
Pero Hermione, sí había limpiado la habitación, e incluso, había empujado la casa de muñecas contra una pared, dejando la abertura posterior expuesta.
"Qué gracioso Severus." Retrucó ella, llevándose la poción a los labios. "Un momento, ¿dónde está la tuya? ¡No voy a beber esto yo sola!"
"Si eso significa que te calles, la beberé también. ¿Te callarás?" Preguntó él, sacando un segundo frasco con brusquedad.
"Tal vez, pero solo hay una forma de saber." Dijo ella con suficiencia, y tratando de entonar como la voz de Severus, esa voz que él usó cuando dijo exactamente la misma frase.
Hermione insistió en contar hasta tres antes de que ambos bebieran la poción. Tardó unos minutos en hacer efecto, pero de pronto, se oyó un sonido y el ruido de la ropa al caer al suelo, formando un montón de género en el lugar en donde habían estado paradas dos personas.
"¡Mmmmmmhhhhppphh!"
Luchando y maldiciendo en su contienda contra unas bragas gigantes, unos pantalones y una camiseta, Hermione finalmente logró emerger desde una prisión de tela, hasta quedar de pie sobre la alfombra, las fibras de la misma, casi tan altas como ella misma, en ese momento.
"¿Pero qué…?"
N/T: jejeeeeee a ver qué hacen ahora que están los dos del tamaño de un pitufo...jeeeeeee
