El peliazul se quedó en shock, contemplando a aquel vendedor de máscaras. ¿Cómo había sobrevivido? ¿Había permanecido oculto en un agujero, al igual que él?
-Q-Quién... -Al notar cómo le temblaba la voz ante estas palabras, se vio obligado a morderse el labio, frustrado al escuchar un tono tan infantil saliendo de su garganta.
Parpadeó, y el hombre ya no estaba allí. Miró a ambos lados, confuso, y escuchó su voz tras él. ¿Cómo se había movido tan rápido con semejante mochila a su espalda?
-Si cierto personaje hubiese traído mi máscara A TIEMPO...-Remarcó esto último. Cuando Kafei se giró, pudo comprobar que su sonrisa se había transformado en una mueca de ira. Una mueca que había aparecido de repente, con la misma velocidad con la que aquel hombre cambió de sitio.-Fíjate en el desastre que ha provocado... ¡Qué estúpido!-Extendió los brazos hacia el cielo y levantó la voz, como si hablase a alguna entidad superior, o a la lluvia misma, que disminuyó su intensidad como si aquel berrido hubiese asustado a las nubes de tormenta.-¡Ha acabado con la vida tal y como la conocéis...!-Hizo una breve pausa tras la cual recuperó su semblante calmado y en cierto modo, inquietante.-...En este mundo.
Kafei entornó los ojos ante aquellas extrañas palabras. Quiso preguntarle tantas cosas en ese momento... el pensamiento de pérdida, no obstante, le hizo imposible poder formular las preguntas: su cabeza estaba en ebullición en ese instante.
El vendedor echaba la culpa de aquello a alguien que debía recuperar cierta máscara "a tiempo"...
A tiempo...
Si Kafei hubiese llegado a tiempo, si hubiese muerto junto a Anju...
La expresión del vendedor volvió a transformarse en una fracción de segundo, tornándose en una inquietante sonrisa.
-Bueno, bueno, Kafei...-El peliazul dio un respingo, apretando los puños. ¿Cómo sabía su nombre?-Como ves, ya no hay ciudad a la que volver... ni nadie a quien... buscar para cumplir una promesa.-Al ver la expresión de sorpresa en el rostro del chico, dejó escapar una débil carcajada.-Sé muchísimo más de lo que cualquier habitante de est... de Termina hubiese podido imaginar. Aunque, como puedes comprobar...-Miró alrededor, sin borrar esa enigmática sonrisa de su rostro.-Ya nadie puede imaginar nada.
Lo último que necesitaba Kafei era recordar que estaba solo en aquella amalgama de destrucción. Incluso con la presencia de aquel hombre, las esperanzas de que hubiesen sobrevivido más personas se le hacían nulas... y la esperanza de ver a Anju de nuevo.
Antes de darse cuenta, una lágrima acababa de resbalar por su mejilla. No obstante, el joven con apariencia de niño no tardó en limpiársela con la manga, apretando la mandíbula con rabia.
-¿Mm?-El vendedor utilizó un tono, algo infantil, como si estuviese tratando con un simple niño.-¿Es una lágrima eso que te acabas de limpiar?-Ladeó la cabeza al terminar la frase, haciendo esa sonrisa todavía mayor. Dios, casi parecía que sus mejillas no eran de carne con semejante expresión.
-N-no es asunto tuyo... -Volvió a morderse el labio al notar que su voz aun temblaba, que aun no estaba en condiciones de hablar. Tras frotarse un poco la mejilla, desvió la mirada y se cruzó de brazos. Normal que le tomasen por un crío, no solo por su aspecto.-Es la lluvia...-De todos modos... ese individuo sabía cosas.
Demasiadas cosas. Lo más probable es que también supiese de su desafortunada condición.
El inquietante individuo negó con la cabeza. Luego, miró al cielo; la lluvia estaba amainando poco a poco, como si se alejase de la presencia de aquel extraño personaje.
-...La máscara de la que te estoy hablando... tiene la capacidad de conceder cualquier deseo a su portador, por imposible que este pueda ser...
Al principio, Kafei se mantuvo silencioso... pero aquello no tardó en llamar poderosamente su atención. Levantó la mirada y la dirigió a aquel individuo, esperando averiguar más sobre aquel objeto.
-Una máscara... ¿que concede deseos...?
Cuando el vendedor notó que empezaba a prestarle atención, empezó a reír por lo bajo. Casi parecía que lo había planeado desde el principio.
-La máscara que me fue robada pertenecía a una antigua tribu que la usaba para toda clase de rituales y conjuros... era tal su poder maligno que fue sellada para siempre por los antiguos... Incluso después de ser sellada, los miembros de la tribu la adoraban, como si de alguna clase de deidad se tratase. Y todo porque la temían...-Se encogió de hombros, como si estuviese contando algo realmente superficial.-Yo la encontré hace algún tiempo, y me la llevé... pero un estúpido Skull Kid me la arrebató.-Los ojos del niño se abrieron como platos, y varias imágenes cruzaron su mente a toda velocidad.-De hecho... el poder que la máscara le concedió fue el que hizo posible que pudiese estrellar la luna contra Ciudad Reloj...¡Imagina qué cantidad de poder debe albergar en su interior...!
Tras haber dicho el nombre de Skull Kid, Kafei había sido incapaz de prestar atención a la conversación, si no que había estado recordando el día que, tras celebrar con algunos amigos su inminente boda con Anju, fue asaltado por Skull Kid.
"¡Ahora serás un niño para siempre!" Aquellas habían sido las palabras de aquel ser justo antes de apuntarle con un dedo, haciendo que todo su cuerpo ardiese, como si estuviese sufriendo la mayor de las fiebres. Se desmayó poco después de eso, siendo despertado horas después por un trabajador del carnaval.
"Oye, ¿te encuentras bien, pequeño?" Tras escuchar aquella frase y escuchar la aguda voz proveniente de su garganta, fue cuando se dio cuenta de que había sufrido algo más que un desmayo...
Aquella criatura, aquel Skull Kid... le convirtió en un niño.
En un patético niño que no pudo hacer nada cuando le robaron su máscara del Sol.
Un niño ridículo que no podía presentarse así frente a su prometida ni ante sus seres queridos.
Un niño consumido por la vergüenza.
Un hombre atrapado en el cuerpo de un niño, que ahora, también estaba atrapado en aquel mundo decrépito.
El vendedor chasqueó la lengua y empezó a hacer gestos con la mano ante los ojos rubí de Kafei, tratando de llamar su atención. El joven, con un nudo en la garganta, se vio obligado a apartar los recuerdos y centrarse en la dolorosa realidad. Así que Skull Kid tenía aquella máscara que concedía deseos...
¿Acaso causarle aquel mal fue un deseo? ¿Es que iba a beneficiarle estropear la vida de un completo desconocido?
-Eh, que aun no he terminado.-Dijo el vendedor con un tono amargo, asegurándose de que Kafei prestaba atención. Eso sí, su expresión seguía indicando que algo le hacía asquerosamente feliz... el joven no podía evitar encontrarlo repulsivo.-Skull Kid debe seguir vivo... o la máscara sin Skull Kid. Quién sabe. Lo que sí es seguro es que sigue en Termina, y debo recuperarla a toda costa.
Los ojos de Kafei se dirigieron inmediatamente a los del vendedor, entrecerrados debido a la amplitud de aquella sonrisa. Ambos se mantuvieron la mirada en silencio unos segundos. El vendedor, con una desmesurada alegría que salía de ninguna parte, y el joven, con la mirada triste y apagada de aquel que ya no tiene nada por lo que seguir luchando.
-...La máscara de la que habla...¿Puede revivir a los muertos? ¿Reconstruir cosas? ¿Retroceder en el tiempo?
La sonrisa de aquel individuo no hizo sino aumentar, haciendo que el joven sintiese ganas de vomitar. No podía tenerse bien en pie, sus piernas iban a fallarle en cualquier momento... y, aun así, se propuso no mostrar debilidad alguna frente a aquel sujeto.
-Debo recordarte que esa máscara, la máscara de Majora, ha hecho que la luna caiga sobre Termina... ¿Qué NO puede hacer la máscara, es la pregunta?-Se frotó las manos y luego acercó su rostro al de Kafei, inclinándose. El peliazul se echó un poco hacia atrás, sintiendo la respiración pesada del siniestro individuo sobre su rostro.-Pues no puede hacer... qué digo, ¡Puede hacerlo TODO! Te podría venir bien si todavía albergas esa chispa egoísta de esperanza sobre tu... prometida.-El peliazul no parecía demasiado sorprendido por ver que aquel hombre también sabía acerca de Anju. Asumió que no se trataba de un hombre normal en el momento en el que mencionó la promesa.
-Señor.-Kafei le miró con seriedad; se cruzó de brazos y dio un largo suspiro antes de empezar la frase, como si, en el fondo, no estuviera del todo seguro de lo que iba a decir a continuación.-Si encuentro la máscara para usted... ¿me permitirá usarla...?
Como respuesta, el vendedor le agarró de los hombros y empezó a sacudirlo alocadamente. Tras la sacudida, el niño sintió que todo daba vueltas a su alrededor, siendo su único vínculo con la realidad la estridente voz de aquel hombre, que parecía... ¿eufórico? Las naúseas habían vuelto a su cuerpo, y con fuerzas más que renovadas... y el cargado ambiente no ayudaba en absoluto.
-¿Eso es un sí? ¿¡Es un sí!? ¡Te lo agradezco, Kafei, te lo agradezco mucho, mucho, mucho!
El chico se vio obligado a sentarse en el suelo y cerrar los ojos, tratando de controlar a su revuelto estómago, que encima, llevaba varias horas vacío. El vendedor guardó silencio y se quedó mirándolo, expectante. De haber abierto los ojos y visto su sonrisa, Kafei habría acabado vomitando finalmente.
Después de dos minutos aproximadamente, logró domar a su estómago y concentrarse en lo que debía hacer. Había aceptado realmente rápido por una buena razón: haría cualquier cosa por ver a Anju de nuevo y evitar aquella catástrofe... si es que podía evitarse.
No obstante, una terrible revelación le hizo abrir los ojos de par en par, mirando alrededor: Desolación. ¿Cómo iba a encontrar él solo una máscara que, seguramente, siguiese en manos de Skull Kid? Era probable que estuviese muerto, y las palabras del vendedor acerca de que la máscara podía estar sola, sin Skull Kid portándola, le hacían pensar que, en efecto, era posible que no hubiese podido protegerse con la máscara. Lo más lógico era que si Skull Kid hubiese muerto, la máscara siguiese entonces donde murió aquella criatura, en Ciudad Reloj... o lo que quedaba de ella.
Pero si aquel hombre había estado allí antes y no la había encontrado... ¿quería decir eso que acabó en alguna otra parte? No tenía sentido: después de todo, podía haber sido destruida fácilmente. Era solo una máscara, al fin y al cabo... aunque tampoco tenía mucho sentido que ellos siguiesen vivos, ¿verdad?
-...En fin, me parece que tendré que ayudarte.-El vendedor interrumpió el flujo de pensamientos de Kafei con esa frase, al tiempo que colocaba su pesada mochila en el suelo, justo frente a él. De ella colgaban todo tipo de máscaras: rostros hilarantes, facetas perturbadoras... todas tenían un exquisito nivel de detalle, y casi parecían emanar alguna clase de energía al estar cerca de ellas. El hombre de perenne sonrisa introdujo las manos en uno de los amplios bolsillos de aquella bolsa. De entre ellas, sacó una en especial; era una máscara parecida a la de Keaton que Kafei había estado usando hasta hace poco para ocultarse, pero era blanquecina, con unos ojos grandes y amarillos, además de marcas parecidas a colmillos.
-...¿Una careta de Wolfos?-Sostuvo el objeto que le ofreció el vendedor, intrigado por su naturaleza. Éste puso el tono que pondría cualquier dependiente a un cliente que quisiera atrapar entre sus redes para que cayese ante una venta.
-Esta máscara es especial, Kafei. Se llama la Máscara de Rastros... seguramente hayas oído hablar de la Careta de Aromas...-El peliazul negó con la cabeza lentamente, haciendo que el vendedor chasquease la lengua, eso sí, sin abandonar la sonrisa que siempre lucía en su repulsiva cara.- Bueno, básicamente cumplen la misma función: rastrear cosas usando el olfato. No obstante, mientras que la Careta de Aromas solo funciona con setas mágicas... esta máscara funciona igual que el fino olfato de un Wolfos para localizar una presa... solo tienes que visualizar lo que quieres encontrar y el rastro aparecerá ante ti, como un fuerte olor... solo tienes que pensar en la máscara de Majora y...
-Necesitaré algo con lo que defenderme.-Añadió antes de que el Vendedor terminase la frase. Este torció el gesto por primera vez en toda la conversación.
-Bien... -Tras un bufido, rebuscó en su mochila y sacó un escudo de madera realmente simple. Alguien había pintado alguna clase de figura en el centro: un triángulo formado por tres triángulos más pequeños. Del conjunto salían un par de alas, aunque costaba distinguirlo debido a que quien quiera que dibujó eso, lo hizo con un trazo tembloroso y con una pintura negra ya bastante desgastada.-Usa este escudo para defenderte... que yo sepa, llevas ahora mismo una daga oculta bajo la camisa, en la parte de la cintura, así que supongo que no necesitas un arma...-Señaló dicha parte del cuerpo de Kafei que, de nuevo pensando que aquel hombre era una caja de sorpresas, retrocedió cuando tomó el pequeño escudo. Era imposible que hubiese visto el cuchillo desde donde estaba... aunque como con lo que dijo acerca de su prometida, ya apenas le impresionaba.-Recuerda que no tienes límite de tiempo alguno: Ya no hay tiempo en estas tierras. Ya no hay nada que conservar.-Volvió a soltar una carcajada al tiempo que empezaba a retroceder y su figura se difuminaba en la tenue niebla que envolvió los alrededores una vez finalizó la lluvia. El olor a muerte y cosas quemadas ahora se mezclaba con el olor de la tierra mojada, una extraña combinación un tanto desagradable.
-...Prometo traerle la máscara.-Antes de que terminase de desvanecerse, gritó una última frase, ahora habiendo cambiado su impotencia por un rayo de luz que le dio determinación: ¡todavía quedaba esperanza!-¡Pero la usaré antes de dársela! ¡Lo ha prometido...!
Kafei pudo comprobar que la figura asintió al tiempo que se perdía entre la bruma que había precedido a la lluvia.
Tras aquella extraña conversación, y con un pequeño atisbo de esperanza en su interior, saltó sobre los escombros y empezó a correr.
Apenas unos metros después, se detuvo y dejó caer el escudo, llevándose ambas manos al torso y vomitando.
El vendedor se encontraba envuelto por la más absoluta oscuridad, siendo la única fuente de luz dos pequeñas velas alejadas de él. Parecía ser un cuarto amplio, y a pesar de ello, al vendedor no le molestaba en absoluto la oscuridad, al contrario: la apreciaba enormemente. Jugueteaba con algo entre sus manos, algo suave y pequeño.
-Es hora de comprobar... si es cierto que cada habitante de Hyrule tiene una contraparte en Termina...
Una risita escapó de sus rígidos labios al tiempo que elevaba el objeto que estaba toqueteando, a la luz de una vela lejana.
Una ocarina de color azul.
