Summary: Días grises que jamás iban a poder olvidar. Que eran Weasleys, que eran Blacks... que eso era lo de menos. Este fic ha sido creado para los "Desafíos" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Disclaimer: Nada de esto es de mi propiedad, dado que si así fuera, a la pobre Cedrella no la hubieran desheredado.
N/A: La palabra que tocó para esta viñeta fue "traición".
A jugar.
–¡Mami, mami! -sollozaba la pequeña Charis, mientras observaba a través de la ventana, cómo jugaban sus hermanas mayores a través de la ventana–. ¡Mami, yo también quiero jugar!
–¿Hace falta recordarte, Charis querida, que te acabas de quebrar una pierna? –interrumpió su padre, que leía tranquilamente en su sofá favorito. La niña lo miró en un intento de parecer tan adorable como su madre le suplicara que fuera, pero él ni siquiera dirigió su vista hacia ella.
–Pero ya no me duele, papi, ¡ya estoy mejor! –trató de argumentar la pequeña, pero nuevamente fue ignorada por el hombre. Sus hermanas seguían saltando y correteando bajo la lluvia, ahora con un hechizo antideslizante en sus zapatos hecho por su madre: no quería que les ocurriera lo mismo que a la menor.
–Hija –llamó Lysandra al entrar a la sala, con un amplio vestido con corsé puesto–, ve con cuidado y llama a tus hermanas, me estoy por ir y no quiero que estén afuera sin vigilancia.
–Pero yo quiero jugar...
–Haz lo que te digo, Charis –la interrumpió antes que terminara, severa.
–Está papi para vigilarnos, mami. ¡Por favor! –continuó insistiendo, mientras abría muy grande sus ojos grises, y la miraba fijamente.
–Te reitero, Charis, que vayas a buscar a tus hermanas, y vuelvas enseguida –recalcando esta última palabra, se sentó en el sofá junto a su marido, para acomodarse los zapatos. La niña estaba dispuesta a quedarse allí sentada y no moverse de su lugar, pero al ver la forma en que Lysandra la miraba, se levantó resignada y casi corrió hasta la puerta del jardín.
–¡Callidora! ¡Cedrella! –llamó con su tierna vocesita aguda–. ¡Mamá dice que entren!
Las dos mayores, d años respectivamente, dejaron el juego en el que estaban, y caminaron con una delicadeza abandonada horas antes hacia la puerta. Entraron, se acomodaron el cabello, y recién ahí se presentaron en la sala para ver a sus padres.
–... traición. Eso es lo que es, pero... –los adultos hablaban con voz de circunstancia, aunque al entrar sus hijas se detuvieron repentinamente, y adoptaron una expresión más cálida.
–¿A dónde vas, mami? –quiso saber Cedrella, mirando con curiosidad el vestido de Lysandra.
–Tengo que salir. Y su padre va a estar trabajando en su estudio. ¿Es mucho pedir que se queden jugando con tranquilidad?
–No, mami –respondieron las tres Black a coro, y una sonrisa traviesa se formó en el rostro de Charis. ¿Quién le impediría ahora salir a jugar?
