Esa mañana, Arthur no se había levantado de buen humor. Seguía preocupado aunque lo negaba. Gwen todavía no se había levantado y dormía plácidamente en su lado de la cama. Arthur la observaba desde donde se encontraba. Estaba feliz por haberse casado con ella. Se vistió lo más rápido que pudo y con él máximo sigilo. Se puso sus botas y se encaminó hacia la puerta.
- ¿A donde vas?- Preguntó una risueña y adormilada Gwen. Arthur sonrió. Se olvidó de que tenía un sueño ligero y que era dificil que se quedara dormida. No quería involucrarla en aquello, pero necesitaba su consejo. No se lo iba a preguntar recien levantada, por que posiblemente lo crea loco de atar, así que decidió no cargar con el muerto aunque en aquella situación le gustaría dejarle algún que otro ojo morado al tal Jhonny.
- Tengo que decirle una cosa de nada a Merlín.- Dijo y se acercó a su cama dandole un beso a ella de bueno días. Ella sonrió.- Ya mismo vuelvo.- Le aseguro su marido y se fué en busca de su sirviente, que lo encontró en las cocinas como siempre. Al verle tan temprano levantado supo que él tampoco había dormido mucho.-¡Buenos días, Merlín! ¿A que me vas hacer un favor?- Merlín levantó la ceja intrigado y Arthur sonrió como un niño suele hacer en una tienda de chuches. Merlín le temió.
Avanzó a regañadientes por los charcos que había dejado la lluvia allí, aquella noche. Trató de recordar la casa en la que "dormía" Morgana. Pero todas les parecía iguales. Se acercó a ellas e intentó reconocerla. Avanzó una tras otra pero sin darse cuenta uno de sus pies se metió en un hoyo poco profundo. El hoyo estaba desenterrado a proposito. Allí era donde Morgana había enterrado el dinero la noche anterior así que su mente supuso que aquella era la casa en la que se hospedaba. Se acercó a la ventana y miró adentro. Vacía. Miró a los alrededores y no vió ni rastro de ella. Recordó que Arthur le dijo que trabajaba como pastora y camarera. Volvió al bar preguntando por ella pero todos dijeron que hoy Morgana tenía el día libre. A juzgar por la cantidad de gente que le dijo eso, posiblemente la hubieran despedido. Ahora tendría que buscar a Morgana en los prados donde los animales solían pastar. Pero antes de continuar subiendo la ladera la vió. Casi no la reconocía. Tenía un vestido rojo puesto, roto y lleno de barro, al igual que el de todas las mujeres y hombres que en ese momento estaban trabajando la tierra junto a ella. El pelo estaba semi recogido, y lo decía así porque aunque se fuera echo un moño la mitad de los mechones se le habían caído. No sabía como acercarse a ella. Se quedó parado mirándola en silencio. Se dió media vuelta. No sabía como acercarse y ahora se moría de verguenza, aunque nunca le hubiera pasado eso. Se detuvo y se volvió a girar cargado de valentía y dispuesto a encararle a la cara lo que Arthur hubiese metido en la mochila y que le había ordenado no abrir. Morgana había desaparecido. No estaba. Había perdido su oportunidad, otra vez. De pronto una mano se acercó a su cuello portando un puñal y le rodeó con su brazo. Mientras lo hacía lo arrastraba hacía un lugar menos visible, detras de una casa, al parecer la más grande y la que mejor los cubriría.
-¿Qué haces tu aquí?- Dijo una voz a su espalda.
- ¿Es así como tratas a tus viejos amigos?- Quiso saber Merlín al reconocer la voz de la bruja.
- Tu no eres mi amigo, Merlín.- Contestó ella friamente. Sus palabras le dolieron como siempre lo hacían.- No me has contestado a mi pregunta. ¿Qué haces aquí?- Igual que Arthur, pensó Merlín.
- Si me sueltas te lo dire.- Dijo él intentando defenderse.
- No necesitas que te suelte para hablar.
- Lamentablemente el cuchillo está demasiado cerca de mi garganta y de mis cuerdas vocales y se te podría ir la mano.- Inventó Merlín.
- Eso no pasará.- Dijo ella. Merlín sabía que estaba de puntillas y que aún así no llegaba. Sentía su aliento en la espalda y vió que su mano se apartaba de su cuello lentamente, aún dudando de si era lo mejor. Merlín se volvió quedando cara a cara.
- Arthur me entregó esto para vos.- Dijo él tendiendole la mochila. Morgana dudó en abrirla.
- ¿Qué hay dentro?- Preguntó.
- No lo sé, me ordenaron no abrirlo-, contestó Merlín observando la duda de Morgana, la cual no abría todavía la mochila-, pero pesa bastante.
Ella aún mirándolo de reojo y dudosa abrió la mochila. La volvió a cerrar tras echarle un vistazo al interior y se la entregó a Merlín, negando la cabeza. Merlín la abrió y observó el interior. Estaba lleno de monedas de oro, que valían el cuádruple de las que Morgana ganaba en un día, creyó ver tambien algunos trozos de tela que supuso que eran mudas de ropa.
- No puedo aceptarlo. Es demasiado.- Dijo ella y se volvió dispuesta a irse pero Merlín la cogió del brazo.
- Tienes que aceptarlo, Morgana. Aquí vives muy mal, con esto podrías comprarte una casa solo para tí, ropa y calzado adecuado. Podrías encontrar un trabajo mejor en el que no te exploten continuamente.- Ella miraba la mano por la que Merlín la tenía prisionera y luego a sus ojos y negó nuevamente.
- No puedo. Yo elegí esta vida y yo tengo que llevarla a cabo, sin penas ni limosnas de nadie.
- Ni siquiera las de tu hermano que está preocupado por tí.- Merlín lo dijo como si fuera una idea ya concebida, aunque sonaba a pregunta.
- No tiene que estar preocupado por mí. Se cuidarme por mí misma.-Contestó ella a la pregunta indirecta del mago.
-Y él no cree lo contrario pero quiere ayudarte de alguna forma.- Dijo él triste hablando de Arthur pero que en verdad eran suyas todas las palabras que decía.- ¿Por que no vuelves al castillo?
- ¿Para ser qué?- Preguntó ella con una ceja alzada.
- Lo que tu quieras ser.- Contestó él. Morgana pensó un segundo mientras el brujo la soltaba del brazo.
- ¿Una sirvienta?
- Créeme no es nada bueno ser sirviente y menos cercano a Arthur.- Comentó él y por primera vez en aquella conversación vió a Morgana sonreir.
- ¿Entonces qué?- Preguntó la bruja sin sopesar la idea de sirvienta.
- La tía del futuro príncipe.
- ¿Gwen está embarazada?- Preguntó asombrada.
- Todavía no. Pero todos esperamos así sea muy pronto.- Ella asintió tristemente. No podía negar la ilusión que le hacía ser tía. Así se quedaron en silencio durante minutos que parecían horas.- Morgana.., ¿Por qué no utilizas la magia para que el trabajo no te sea tan duro?
- No puedo, Arthur sigue prohibiendo la magia en el reino y mis jefes no saben que soy Morgana Pendragón y que tengo esa habilidad mágica.
- Sé lo que es tener que negar lo que eres pero tienes que utilizarla de vez en cuando o acabarás descontrolandote.- Dijo él
- ¿Cómo sabes eso?- Preguntó ella desconfiando.
- Gaius me lo enseña.- Se inventó él al ver que había metido la pata.
- Me refiero a, ¿cómo vas a saber lo que se siente?- Preguntó otra vez la bruja. Él no contestó abrió un par de veces la boca intentando hablar pero las palabras no salían de su boca.- Merlín.., ¿tu no..,- Empezó a decir Morgana pero cuando iba a descubrirle Jhonny se acercaba a ellos.
- ¡Estúpida! ¿Qué haces que no estas trabajando?- Gritó Jhonny al aire pues no veía a Morgana por ningún lado.
Mientras el grandullón se acercaba con un cuchillo de cortar el pescado, Merlín ideaba un plan. Vió un montón de cajas apelotonadas en el tejado y sin pensarlo mucho extendió la mano hasta allí y con unas palabras mágicas hizo que todas calleran encima de Jhonny, que gritaba con furia y daba cortes al aire con su cuchillo. Merlín pronunció unas palabras que solo Morgana y él entendian y una cuerda que parecía andar sola se anudó a los pies del hombre, haciendo que cayese de bruces. Merlín cogió rapidamente a Morgana de la mano y la empujó a moverse mientras ella empezaba preguntas que no llegaba a terminar. La hizo correr hasta que llegaron a la casa en la que Morgana se había hospedado. La puerta estaba abierta y ambos entraron corriendo.
- ¡Recoge tus cosas! ¡Nos vamos!- Le apresuró él.
- ¿A donde?- Preguntó ella mientras cogía sus dos vestidos y una bolsa llena de pequeñas monedas de bronce que Merlín reconoció como las que le habían dado ayer.
-Todavía no lo sé.- Acertó a decir él. Pero antes de que ella pudiera reprocharle nada, un hombre de larga melena blanca y con algunas berrugas en la cara se plantó delante de ellos.
- Ya se marcha, Morgana.- Preguntó aquel hombre. Ella asintió y le dió un abrazo de despedida.- Corre antes de que Jhonny te encuentre. ¡Vamos! ¿A que estas esperando?
Morgana miró una vez atrás y luego salió de la estancia. El viejo miró a Merlín y sonrió. Cuida de ella, Emrys, escuchó en su cabeza y antes de salir, él asintió seguro.
Cuando salieron vieron a Jhonny con la cabeza cubierta de pescado y un líquido grasiento mientras se quitaba con una mano los restos de los ojos y con otra sostenía el cuchillo. Merlín cogió otra vez a Morgana de la mano y tiró de ella, corriendo pero Jhonny ya los había visto y corría detrás de ellos.
- ¡Te vas a enterar de lo que es bueno, mujer!- Vociferó aquel hombre con pinta de jorobado Notre Dame mientras corría tras ellos.
Morgana se sorprendió de ver que Jhonny podía hacer dos cosas a la vez, insultarla y correr. Parecía que era atletico pues los estaba alcanzando y sus pies les fallaban. La bruja, con su mente, hacía aparecer objetos pesados frente a Jhonny para frenarlo. Él no era muy listo y siempre o casi siempre daba algún traspie o chocaba contra todo lo que Morgana le enviaba. Eso le estaba frenando y haciendo perder potencia.
Merlín la hizo entrar en el bosque, pues era el único tramo en el que no tendría que girar y encontrar a Jhonny. Corrieron hasta entrar dentro del bosque que estaba lleno de niebla aquel día. Morgana se pisó su propio pie y casi cae, pero Merlín la levantó antes de que tocase el suelo, luego la llevó al árbol más ancho que vió y la escondió allí. Ella no se había dado cuenta de que estaba cogeando y de que Merlín le cogía el pie para ver que era lo que le pasaba. Morgana no llevaba zapatos y se había clavado varios trozos de cristal en el pie. Merlín se arrodilló y se los quitó uno a uno, mientras Morgana se apoyaba en el árbol y arrugaba la camisa del mago, cada vez que este le arrancaba trozos de cristales pequeños de sus heridas. Merlín la cayó con el dedo, pues escuchó la respiración ahogada de Jhonny tras ellos. Apresó a Morgana con su cuerpo para que ocuparan menos espacio y aquel hombre no los viera. Se quedaron así durante aproximadamente diez minutos que transcurrieron largos, mientras Jhonny rastreaba el bosque en busca de su criada desobediente. Merlín notaba que las mejillas le ardían por estar en aquella posición con Morgana, tan cerca. Al principio los dos respiraban pesadamente pero al cabo del rato habían recuperado el aire.
Merlín escuchó como Jhonny se fué y se asomó para comprobarlo. Nadie. Vacío. Se quedaron unos segundos más así hasta que Merlín se separó del todo. Ahora tuvo frío al no sentir el cuerpo de Morgana contra el suyo. Pero ni se le ocurrió decir nada.
-¿Y ahora? ¡Nos estará esperando ahí fuera hasta que salgamos!- Dijo una Morgana muy asustada.
- Tiene que haber otra forma de salir.- Conjeturó Merlín. Observó a Morgana que negaba con la cabeza.
- No. Llegaríamos a otras ciudades. Ya lo he intentado.- Confesó ella. -¿Por qué no me lo dijiste?
- Tuve miedo. Todo el mundo me dijo que no dijese nada a nadie y yo he cumplido. Solo lo sabe Gaius.- A Morgana no le dió tiempo a pensar mientras corrian y por eso asimiló toda la información de golpe. Era una chica lista así que tardo poco en adivinarlo.
- ¡Tú eres Emrys!- Dijo ella alejandose de él, presa del pánico. Él no lo negó y tampoco dejó que ella se alejase mucho de él.- ¿Entonces quieres matarme?
- ¡No!- Contestó mecánicamente él.- ¿Por qué iba a querer hacerlo? Eres mi amiga.
Ella le sonrió dulcemente y asintió con la cabeza. Confiaba de alguna forma en él así que lo cogío de la mano y la apretó levemente.
- Entonces, ¿a donde vamos, Emrys?- Dijo ella mientras le sonreia. Él se encogió de hombros mientras le devolvía la sonrisa.
Merlín buscó leña mientras Morgana encendía el fuego con la mirada. Tras hacerlo vió que Merlín traía pescado en las manos, le sonrio. Cuando terminaron de comer, Morgana cogió la mochila que llevaba el mago en las espaldas. La mochila era grande y en ella había cientos de bolsillos más pequeños. Abrió el más grande y dejó caer su contenido al suelo. Tras contar con ayuda de Merlín todas las monedas que había, descubrió tres vestidos. Los tres hermosos. Le preguntó a Merlín cual le gustaba más. Cogió el que Merlín había señalado y se escondió tras un arbol, para ponerselo. Morgana llevaba un vestido ligero de color azul marino, de espalda descubierta y con algo de escote. Merlín sabía elegir muy bien los vestidos provocativos, pensó en voz alta Morgana. Él se rió y empezó a sacar más cosas de la mochila. Sacó tres capas del mismo color que los vestidos y un peine. Morgana sonrió y sacó una carta de la mochila y miró el remitente, Arthur. Le leería más tarde. Pero tras volver a meter todo en la mochila otra vez y dejar solo fuera la capa azul marino, le entró sueño y se quedó dormida sin querer en los brazos de Merlín. Este le acariciaba el pelo mientras dormía, sonriente. "Emrys" "Emrys" escuchó el muchacho en su cabeza. Reconoció la voz, Mordred. Su cuerpo se tensó. ¿Qué quieres? Preguntó él psiquicamente. "Tráela a casa. Nosotros la cuidaremos".
Tras tomar el desayuno, Morgana se subió a lomos de Merlín que la había obligado a subir, al ver que la chica seguía coja. Merlín cargó con Morgana y Morgana con la mochila, por lo que ella temió que Merlín se fuese a caer por el peso. Andaban lento y así evitaban el riesgo de caerse.
- Todavía no me has dicho a donde vamos.- Quiso saber Morgana con interés.
- Anoche recordé la noche en la que me dijiste que tenías mágia.- Ella sonrió y lo recordó tambien.- Te llevé con los druidas, ¿recuerdas?
- ¿Es ese tu plan?
- Ellos te cuidarán mejor de lo que yo he hecho.- Respondió él sintiendose terriblemente culpable por todo lo ocurrido, tras aquella noche cuando Morgana vino llorando preguntandole si ella tenía mágia.
Llegaron a un río y Merlín se atrevió a llevarla en brazos mientras lo atravesaba. No se calleron pero él si se empapó de agua. Ella se rió y él se vengó balanceandola y asustandola, la bruja por miedo a caerse se agarraba más fuerte a Merlín. Al cruzar el río empezaba una empinada cuesta de dos metros. Merlín la miró y ella asintió la cabeza como si hubiesse captado la idea y puso su cabeza en los hombros de su amigo, que con un poco de carrerilla consiguió subir. A Merlín se le subió la sangre a la cabeza, ya que los labios de Morgana estubieran tan cerca de su cuello. Se quitó aquellas ideas acaloradas sobre ella y llegó a un pequeño claro del bosque donde se encontraban Mordred y otro hombre que ya había visto en otras ocasiones, una cuando devolvieron al niño druida y otra cuando este les entregó la copa de la vida. El hombre de pelo canoso tenía una mirada amable, al igual que Mordred, cosa que era difícil en él. Merlín bajó a Morgana de su espalda y al bajar se colocó bien la capa y aceptó la entrega que Emrys le hacía de la mochila.
-¡Morgana!- Gritó el niño al verla mientras corría para abrazarla. Ella lo recibió con los brazos abiertos como siempre y Merlín tuvo cierta envidia del muchacho, que lo miraba con lo que él parecía ver por primera vez en él, gratitud. Le sonrió y se giró a su tutor que le estaba hablando.
- ¡Vamos Mordred!- Dijo el hombre y Mordred se acercó a él cogido de la mano de Morgana.- Deja que se despidan. Posiblemente no se vuelvan a ver.
Mordred lo miró extrañado y soltó la mano de Morgana que se quedó en el sitió. Ellos siguieron andando y Mordred giraba en varias ocasiones la cabeza, como si esperaba que ella iba a desaparecer. Tras haber desaparecido de vista Morgana se acercó a Merlín hasta quedar enfrente de este. Cuando lo tuvo enfrente no supo que decirle.
- Gracias, Merlín.- Dijo ella no muy segura, pues eso no resumiría todo lo que sentía en aquel momento. Se acercó y le pasó las manos por detrás del cuello y lo abrazó con fuerza, como si así impidiese que se marchase. Merlín le pasó insconcientemente las manos por la cintura e inspiró el olor a turrón que desprendía su cabello.- Eres un buen amigo.- Susurró ella a la oreja mientras le abrazaba.
Eso es lo que era para ella, un amigo, siempre lo supo pero no quiso admitirlo. Cuando se separaron estuvo lo suficientemente cerca como para besarla pero no tuvo el valor suficiente y ella se escapó de sus brazos.
Morgana comenzó a andar en dirección a donde Mordred había ido, sabiendo que allí estaba el campamento druida. Tambien sabía que iba a llorar por que mientras estuvo en el castillo como una noble nunca se lo dijo, pero ahora que estaban de igual a igual tampoco maifestó sus sentimientos, más allá de la amistad. Se paró en seco y se volvió hacia Merlín y lo besó. Temió que no respondiese al beso pero no fué así. Al principio solo fué un simple roce pero luego Merlín no quiso dejarla escapar y la apretó más contra si y la besó fuertemente, recorriendo cada parametro de aquella suculenta boca que siempre quiso degustar. Solo cuando se quedaron sin respiración fué cuando se separaron. Los dos sonreían, pero Morgana además soltó una pequeña lágrima que descendió por su cara y que además Merlín limpió con un beso.
- Prométeme que volveremos a vernos.- Dijo ella entre lágrimas.
- Claro que volveré. ¿Quien crees sino que va a llevarle la respuesta a la carta que Arthur te escribió?- Dijo él y la besó de nuevo, luego inevitablemente se separaron y Morgana continuó su camino sin volver la vista atrás.
