NOTA: Bla bla bla... ni Steve, ni Danny, ni ninguno de los que aquí aparecen me pertenecen. No busco lucrarme con todo esto.

interdictum est paradisus

La suave luz del amanecer se coló por las ventanas, la brisa marítima movió suavemente las cortinas blancas. Ambas cosas, brisa y luz, acariciaron el rostro de los dos hombres que yacían dormidos y desnudos sobre la cama. Poco después uno de ellos empezó a parpadear hasta que los ojos se entreabrieron dejando vislumbrar un azul que rivalizaba con el que coloreaba el cielo de esa isla que antaño tildara como infesta roca llena de piña y ahora consideraba su hogar.

Danny Williams se sorprendió gratamente al comprobar que su compañero, no estaba seguro de sí por primera vez en su vida, no había madrugado más allá de lo que era humanamente posible para ir a correr y nadar, y le tuviera a su lado dormido. Con uno de sus brazos sobre su abdomen, estrechándolo como sino hubiese querido romper la unión que tanto se fortaleció la noche anterior.

Suspiró. Si lo hubiese sabido antes, si a veces no se dejase llevar tanto por sus precauciones. Sentirle como lo había sentido fue tan sencillo. Tan embragiador pero a la vez tan natural. Como si de alguna manera las piezas de aquel rompecabezas que eran las vidas de ambos comenzaran a formar la imagen de lo que siempre habían sabido, en lo más hondo, el único y verdadero amor de cada uno.

Elevó una mano para comenzar a acariciar el rostro masculino y, por fin, relajado de Steve. Quizá en un intento de asegurarse de que aquello no era un sueño. Que era real. Y, su sonrisa se acentuó al sentir como al pasar por los labios del moreno este atrapaba sus dedos para comenzar a besarlos.

- Buenos días, sexy. - Murmuró el líder del 5.0 cuando liberó su boca.

- Buenos días también para ti, soldado. - Steve rió por lo bajo mientras le respondía.

- Marine, Danno, marine.

- ¡Cómo si fuera diferente! - el rubio se incorporó apoyándose sobre uno de sus antebrazos. Con una sola mirada a los ojos del otro, éste comprendió.

- ¿Voy a tener que castigarlo, inspector?

- ¿He hecho algo malo? - se acentuó el brillo pícaro en el de Jersey.

- ¡Oh, sí! ¡Ya lo creo! - Y con un sólo movimiento , Steve se colocó sobre el cuerpo de su chico al que, al mismo tiempo tumbaba de nuevo sobre el colchón. - Muy muy malo… haloee… - el final de la despectiva palabra murió en el interior de la boca del otro.

Y el baile comenzó de nuevo. Ó iba a hacerlo, cuando la música de ambos móviles vino a romper la burbuja que les había preservado durante unas horas de la vida real del exterior.

Un gruñido de queja escapó de los dos. A veces odiaban hacer lo que hacían y tener las obligaciones que tenían. Hoy más que nunca.


Lou Grover les vio llegar tan sólo media hora después de llamar a McGarrett. Le había oído serio cuando le avisó de que tenían un nuevo caso. Serio y, ¿algo enfadado? como si estuviera molesto por haber sido interrumpido en algo importante.

Y, sin embargo, ahí le tenía ahora. Con una radiante sonrisa asomando en sus labios, mientras intercambiaba algún comentario con Danny. Se sorprendió, aunque intentó ocultarlo, cuando se detuvieron frente a él y le vio pasar el brazo por encima de los hombros del rubio atrayéndolo hacia él en un gesto posesivo que nunca le había visto.

Al volverse para llamar a Tani, no le pasó por alto la mirada divertida que la chica dirigía a sus dos recién llegados compañeros. Y cómo cuando se aproximó a ellos le dijo: "me debes 50 dólares". Soltó un bufido. Hasta que no hubiera una confirmación de los propios protagonistas de aquella apuesta no soltaría la pasta. Aunque empezaba a estar cada día más convencido de que los iba a perder.

- ¿Y bien… ? - le llegó la voz de McGarrett. Se encogió de hombros y comenzó a acercarse mientras les hablaba. - Hay dos cadáveres en el interior del coche pertenecen a dos jóvenes de unos veintipocos. - mientras hablaba se habían acercado al vehículo. Loelani, La forense del equipo, ya se encontraba allí haciendo su examen preliminar. La sangre manchaba profusamente los asientos, el salpicadero y todo lo que estuviera más o menos cerca.

- Han sido degollados. - informó la mujer sin abandonar su posición. - A uno de ellos le han… - y ahí sí que levantó la mirada hacia los cuatro miembros del equipo. - le han extraído el corazón. No hay rastro, por ahora, de él. - Danny se arrodilló a su lado mientras se acaba de poner guantes, parecía haber visto algo. Cómo así era, extrajo de debajo de la alfombrilla del asiento del conductor una hoja de papel manchada, al igual que todo lo que estaba en esa área, de sangre. La sostuvo en alto mientras fruncía el ceño y con una fugaz mirada hacia su compañera le hacía saber que necesitaba una bolsa de pruebas. Luego frunció aún más el ceño,interdictum est paradisus, - leyó en voz alta. Para luego añadir - Prohibido vivir en el jardín de las delicias pero en latín… - añadió.

- ¿Desde cuándo sabes latín? - inquirió Steve. Danny nunca dejaría de sorprenderle.

- Desde que me educaron en un colegio católico y fui monagillo desde los 8 a los 11 años. - A Lou se le escapó una breve carcajada.

- Le pega mucho a un italo-irlandés del norte.

- Debías estar de lo más mono vestido de monagillo todo rubio y angelical. - se unió el ex Seal.

- Siempre voy mono y jamás he sido angelical…

- Eso último no me ha podido quedar más claro, te lo aseguro. - Y Tani volvió a sonreír ampliamente al ver el inusitado color rojo que cobró la piel de su compañero ante las palabras del jefe. Se giró hacia Lou y le golpeó en el hombro mientras se alejaba hacia el quinto miembro del grupo, Junior que la llamaba desde unos metros más allá. Antes de separarse de los tres más mayores habló al hombro de color.

- Cada vez estoy más próxima de ser 50 dólares más rica.

- ¿Lou… - inquirió McGarrett.

- Nada de lo que debas preocuparte, McGruff… ¿entonces qué… - Steve miró a su alrededor. A la solitaria y poco transitada carretera donde había sido encontrado el vehículo.

- Es difícil que nadie aquí viera nada. Habrá que revisar las cámaras que hay en las cercanías para ver si podemos averiguar por donde pasaron y así poder empezar…

- ¿Han visto si tiene sistema de navegación? - preguntó Danny.

- Sí, en cuanto se lleven los cuerpos la científica analizará el vehículo. Ya he enviado los móviles a la central.

- De acuerdo, Lou, pues vamos, habrá que comenzar a analizar las pruebas para intentar saber quienes son, de dónde vienen y porqué han acabado así. - Lou y Steve se alejaron hacia sus respectivos vehículos sin percatarse que el rubio volvía a agacharse junto a la forense.

- ¿Has visto eso Loelani? - señaló una marca en la palma de la mano de uno de los chicos.

- Parece un sello, ¿no? Pero no he visto ninguno así, o por lo menos a mi no me lo han puesto para entrar a alguna de las salas a las que he ido en ocasiones. - Danny sonrió divertido a su compañera.

- ¿Vida secreta, doctora?

- ¿No la tenemos todos en algunos aspectos, inspector? - le respondió ella devolviéndole la sonrisa y alargando la mano para depositarla sobre la muñeca del rubio y apretársela con cariño. Le guiñó un ojo. - Quizá no sea el escenario más adecuado pero me alegra ver que empiezas a ser feliz. No sé porqué pero algo ha cambiado en ti, Danny. - desde hacía unos meses, la forense y él habían desarrollado una bonita amistad fruto de haberse encontrado en alguna de esas salas a intempestivas horas de la noche. La mujer ahogando un desamor en daiquiris y el de Newark haciendo lo propio en cervezas. - En fin…

- Déjame un segundo que saque una foto del sello para cotejarla con la base de datos. - ella asintió, le ayudó cogiendo la muñeca de la víctima y sosteniéndola para que tuviera mejor ángulo. El rubio se incorporó y se iba a alejar cuando la joven volvió a hablarle.

- Muy perceptivo… apenas se podía ver, está casi borrado.

- Por algo me gané mi fama. - exclamó echándose a reír. - Nos vemos, guapa. - ella asintió riendo también por lo bajo. Y se rió más aún cuando le volvió a oír a hablar pero no dirigiéndose a ella. - No pongas esa cara de estriñido, Don Nunca Me Retraso Por Nada Porque Me Despierto Con Las Gallinas. Estaba siendo un buen policía.

- Sube al coche, Danno… ya te enseñaré yo lo que pasa por hacer esperar a tu líder.

Desde su posición Loelani les vio alejarse en el camaro. Sí, Tani tenía razón aunque aquello no era nada que no supiera todo el mundo. Aunque ni ellos se hubiese percatado. Tan avispados para unas cosas y tan inocentes para otras.

Y, acentuó su suave sonrisa. Max también había acertado. Los acabaría queriendo aunque prefiriesen usarla a ella para reparar sus descosidos que ir a un hospital y evitarse tener que rellenar mil y un papel. Aunque a veces la volviesen loca cuando irrumpían en la sala de autopsias. Sí, poco a poco la habían hecho parte de su ohana y ella se sentía orgullosa de ello.

E inmensamente orgullosa de la incipiente amistad que estaba naciendo entre ella y el rubio detective. Su discreción la desarmó, su confianza la conquistó.


Mientras esperaban los resultados del teléfono, Danny se metió en su despacho a buscar en la base de datos de sellos. Algo le rondaba por la cabeza y cuando era así sabía que debía hacer caso a su intuición Interdoctum est paridus, Prohibido vivir en el paraíso. La imagen era un pequeño ángel con alas de demonio y cola. Frunció el ceño porque aunque borrosa parecía estar abrazando otra figura.

Tecleó en el buscador de la policía pero de repente dejó de hacerlo. Levantó su teléfono, marcó para pasar a saludar efusivamente a su interlocutor.

- ¡Walter! Soy Danny Williams… - sonrió efusivamente al oír a su interlocutor. - Sí, este lugar sigue lleno de piñas y arena. - se echó a reír. - ¿Qué tal todo por Newark? - asintió. - ¿Meggan y las niñas bien? ¡Estupendo! Oye, te llamaba por un antiguo caso… ¿recuerdasuna serie de asesinatos de chicos y chicas, parejas, que hubo en Trenton? Que aparecieron con el cuello cortado y uno de los dos sin algún órgano. - Estuvo unos minutos escuchando. - ¿No se llegó a detener a nadie, no? Bueno te lo pregunto porque han aparecido dos cuerpos aquí en circunstancias similares, ¿podrías enviarme los informes para no tener que recurrir a los canales oficiales y que el asunto se eternice? No querría encontrarme con otros siete escenarios. - Sonrió. - Genial, estupendo, muchas gracias Walt. - Se levantó para unirse a Jerry, Steve y Tani frente a la mesa central. - Tengo algo… - McGarrett hizo un gesto a Lou y Junior que llegaban de la morgue. Una vez juntos Danny depositó su móvil sobre la mesa para conectarlo con el ordenador y lanzar las imágenes a la pantalla frente a ellos. Aparecieron fotos de siete escenarios de asesinatos. Un año antes de venirme a Hawaii, en Trenton, aparecieron 14 cadáveres. Todos eran parejas y en todos los casos a uno de los cuerpos le faltaba un órgano. También se descubrió que a la otra víctima le había sido inyectada una sustancia paralizante en los ojos para impedir que los cerrase, y se supuso, obligarle a ver como el acompañante moría desangrado delante de él. - Sus compañeros le escuchaban atentos. - Nunca se llegó a tener una pista clara sobre quién o quiénes podrían ser los autores pero sí se sabía que debía ser oriundo de New Yersey porque aparecieron en áreas poco conocidas y apartadas de siete condados distintos. De hecho durante casi dos meses se instaló cierto toque de queda y, apartir del anochecer estuvieron restringidas las salidas en Capital City.

- ¿Y, de repente, los asesinatos pararon? - inquirió Lou.

- Hubo un intento fallido de un octavo ataque pero fue interrumpido cuando uno de los chicos que estaba siendo atacado escapó y avisar al único coche que debía pasar por la zona en ese momento desde hacía horas. Según lo que contó el atacante era un hombre de mediana edad con aspecto gris… - contestó el inspector mirando a su ahora novio.

- ¿Gris? ¿Cómo puede ser nadie gris? - volvió a preguntar el antiguo capital del SWAT.

- ¿Es posible que quisiera decir que tenía un aspecto tan común que difícilmente podría destacar por algo? - Danny asintió a las palabras de Junior.

- Sí, a esa conclusión llegaron los analistas de conducta del FBI.

- ¿Piensas que podemos estar ante el mismo asesino Danno? - Preguntó Steve poniendo su mano sobre la del rubio que estaba apoyada en la mesa, en un gesto que no pasó desapercibido a nadie e hizo enarcar una ceja a Jerry.

- Sí y por otra coincidencia más… - Volvió a escribir en el tablero para hacer aparecer en cada una de las fotos una frase en latín.

Ingrati enim lux et lumina temperat os: Ingratos que destestáis la luz que os alumbra y calienta.

Et incorruptionem quaerunt interficere invida: Envidiosos que acabáis con la inmortalidad.

Spiritus oppido lassus: Muertos de hambre de espíritu.

Vermis merito et gloria: Gusanos de méritos y gloria.

Mors proditores: Traidores de sonrisas.

Pacem non ad pauperem: Sin paz para los mediocres.

Ut iaceat inter serpentes pusillum: Serpientes que os arrastráis entre mezquinos.

- Latín de nuevo… - murmuró Tani.

- Steve, deberías llamar a Alicia Brown. Quizá nos pueda iluminar más el camino. - Y ahí estaba de nuevo pero esta vez en el inspector que dejó sin reparos y casi sin percatarse, o eso parecía, que Steve dibujase suavemente, sin ser consciente de ello, círculos en el dorso de su mano con el pulgar. En ese simple gesto había tanto significado que sí, definitivamente Lou supo que había perdido 50$.

- Sí, la llamaré. Buena memoria, Danny. Aunque sean recuerdo tan oscuros…

- Bueno eso a veces se contrarresta con la luz de este puñetero lugar y con la de algunos tipos muy especiales. - y el detective le guiñó un ojo a su jefe para luego hacerle un gesto a Grover para que le siguiese a su oficina. - ¿Te han llegado ya los datos del GPS?

Sí, ese era Daniel Williams, un policía excepcional capaz de dejar sin palabras y temblando a todo un héroe americano condecorado.

Steve les vio entrar en su despacho sintiendo como su corazón ardía orgulloso. Su pareja era brillante, profesional e increíble.

- Jefe… - le llamó Tani. - Han llegado también los archivos de los móviles. - El ex Seal sacudió la cabeza y se centró en los datos que veían junto a él, Junior, la chica y Jerry.

- McGruff… - le susurró éste último. El marine le miró interrogativamente. - Enhorabuena… Ya iba siendo hora… - Y le sonrió afablemente con cariño.

- ¿De qué demonios…

- Hay cosas, señor, que por su propio peso y por ser tan evidentes no hace falta mencionarlas. - intervino Junior. - Ah, y sí, yo también estoy de acuerdo con Jerry… enhorabuena, capitán. - Steve vio sonreír a Tani con dulzura.

Supo que estaba perdido. Aunque no sabía bien cómo ni cuándo era evidente que ya todos se habían percatado. Y sí, se le escapó a él también sin poder evitarlo la sonrisa de enamorado más tonta del planeta.