Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi, claro excepto Yukiko y Nanami que son mías al igual que la historia.
Advertencia: Naaaa, ninguna, solo unos suaves insultos (?)
Nota: Miren, modifique el capítulo porque sinceramente no me gusto el anterior, recibí un RW de mi amiga Yesei No Hana quien me comentó que el fic le gustaba pero que el cap. 2 se vino como para abajo. Yo lo volví a leer y concuerdo con ella, es más hace un tiempo que hice este capítulo editado pero no estaba segura de remplazar el otro, y con el review de Yesy me di ánimos así que por eso lo cambie xD
¡Gracias por la sinceridad, YNH! Y tranquila guapa, no me enoje xD. Aunque tenemos que seguir con nuestra charla pendiente por PM ewe
Dejo de molestarlos.
¡Espero que este cap. esté mejor! :3
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[Capitulo 2]
[Miedo]
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—Nanami, si estás ahí dame una señal— invoco por undécima vez en eso… ¿diez minutos? No lo sabía con exactitud, pero aun a pesar de que estuvo todo el tiempo con los ojos cerrados, y rezando mentalmente, sus sentidos le decía que llevaba ahí abajo un buen rato ¿o era su imaginación?
—"Vamos Yukiko solo abre los ojos"— se alentó mentalmente.
Respiro hondo y abrió primero un ojo y luego abrió otro y así se encontró cara a cara con la otra pared de la estructura.
—"No fue tan difícil"
Suspiro y, ahora con un poco más aliviada, se levantó.
¿Ahora qué?
Miro hacia arriba y luego miro las raíces que colgaban por las paredes del pozo.
¿Esas raíces siempre estuvieron ahí?
Se encogió de hombros. Con el poco cuidado en el que se encontraba la capilla le sorprendía no hallar un mutante a dentro.
¿Dónde estaba la puta escalera por la que subió su amiga?
Miro por todos lados y nada, ni una chingada escalera. Puede que mientras ella trataba de recuperarse de la saltada al pozo, lo cual consistía en estar encogida y rezando, Nanami se había llevado la escalera.
Se mordió el labio, esto comenzaba a asustarla… mucho— ¡Nanami, esta broma ya no me gusta, quiero salir!— grito mirando el cielo.
¿WTF?
¿Qué carajo? ¿Cómo era posible que se viera el cielo si el pozo estaba dentro de una capi…?
Abrió los ojos como platos ante una muy loca idea que paso por su mente.
¿Sería acaso que…?
—"Mierda, mierda, mierda, nooooo"
Lanzo un chillido inaudible antes de que un viento helado llegara dándole un escalofrió.
—Chuuuuuui, hace frio— mascullo dejando escapar un poco de aliento viendo como este se transformaba inmediatamente en una pequeña nube de vapor.
Todo esto comenzaba a recordarle a la película The Reg.
Oh, uh. —Mierda, quiero salir.
Seee.
Ya estaba asustada.
De repente se le había olvidado de Nanami, el cielo nublado, el abuelo loco, la leyenda del pozo, todo se le había esfumado de la mente. Ahora lo único que ocupaba su lugar era que estaba sola en un escalofriante agujero como el de la película.
Y sin contar que en cualquier momento podía aparecer la chica de la llamada y dios sabes que le haría.
¡Caray, que imaginación tan de mierda que poseía!
¿Por qué no podía ser como las chicas normales de quince años que no creían en monstruos y putos viajes a través de los tiempos?
¡Toda la culpa era de su tía Rumiko! desde que tenía memoria ella siempre le estaba contando historias de yōkais, hanyōs y mikos que se enamoraban, luchaba y un sinfín de cosas locas.
Por eso ella tenía tanta imaginación, y creía en demonios y monstruos (aunque ahora si lo pensaba mejor ambos eran lo mismo).
¿Por qué no tenía una tía normal? Una que la sacara de compras, le diera concejos de moda o simplemente le regalara maquillajes.
¡Pero nooooo, ella debía tener una tía loca!
Y que Kami la perdonara, pero su tía Rumiko era rara, se atrevía a decir que era casi idéntica al abuelo de Sōta, solo que un poco menos loca y más joven, ¡Pero de ahí era idénticos!
Los dos creían en demonios, viajes de tiempos, leyendas, etc. Apostaba a que si juntaba a su tía, su papá y el loco Higurashi, los tres se la pasarían todo el día hablando locuras. See su papá también estaba algo loco, comenzaba a creer que todos los Takahashi (contándola a ella) tenían la locura inyectada en las venas.
—"Yukiko no es momento para pensar en lo loco que es la familia"— se regañó.
Sacudió su cabeza alejando sus pensamientos, ¡Ahora todo sonaba taaan enredoso!
Bufo y pateo el suelo. Solo quería salir de ahí, pero no sabía cómo, y el ponerse a trepar las raíces era una idea muy poco tentadora.
¿Por qué de entre toda la cantidad de habitantes en Tokio, justo ella debió saltar el pozo? ¡No era justo! El mundo era estúpido, ¡Hasta ella era estúpida por el solo hecho de haber caído en la jugarreta de Nanami!, a la cual le esperaba una paliza cuando saliera, si es que salía.
Respiro hondamente y se acercó decidida a las enredaderas, lianas o lo que fuera que colgaba de las paredes. Las tomo fuertemente y tironeo de ella.
Joder, parecían frágiles.
Pero bueno, no es como si ella pesara doscientos kilos, solo pesaba cincuenta y cinto ¿resistiría, verdad?
… Ok, esperaba que sí.
Volvió a mirar hacia arriba.
Bufo, ¡Ella odiaba trepar cosas, es que simplemente era pésima en los deportes!
Jamás había logrado trepar la puta cuerda en clase de educ. Física (materia en la cual estaba desaprobada), pero esas eran lianas, no sogas…
¿No podía ser tan difícil, verdad?...
¡Por fin había logrado escalar el puto pozo!
Y conste que era algo muy difícil; le había costado medio testículo, que por cierto ella no poseía, cualquier joven, parecida a ella, jamás lograría hacerlo.
Y joder, valla que no había sido tan fácil como había pensado. Se había caído dos veces, la primera a causa de una mal pisada y la otra por una puta oruga.
¡Malditos insectos, ojalas se extinguieran!
Y no es que ella fuera muy delicada pero ¡Se había roto dos uñas! ¡No una sino dos! ¿Saben lo importante que son las uñas para las mujeres? ¡Eran importantísimas! Y dos se le habían roto en la caída.
Además para sumarle a su desgracia se había ensuciado su uniforme y sus manos con moho y tierra.
— ¿Qué más quieres de mi Kami-sama?—mascullo con voz agitada.
Salió completamente del pozo y, muy exhausta, se dejó caer boca arriba. Sus manos jugaron con la hierba bajo ella y…
¡Momento!
Abrió los ojos, los cuales curiosamente siempre los mantuvo cerrados, y observo petrificada el cielo nublado sobre ella, por el cual un pájaro pasó cantando encima de ella, casi con burla.
—Puto pájaro de mierda…
Se enderezo lentamente, confirmando temerosa como un amplio pastizal se extendía a lo largo y ancho del bosque.
Seee, un bosque.
Esos como los que salen en los cuentos.
¿Qué loco, no?
De repente el templo Higurashi era puro árboles y preado. Apretó los dientes.
—"Mierda, mierda, mierda, esto no me puede estar pasando"
La sola idea de haber viajado al pasado le daba ganas de pegarse un tiro. No le pregunten porque. Ella era muy rara.
Se levantó con un temblor en sus desnudas piernas, debido al miedo y nerviosismo, aunque también al frio.
Uh, mal momento en haberse puesto falda.
Dio un giro sobre si misma observando todo a su alrededor. Mágico. Esa era la palabra que describía lo que veían sus ojos. Jamás en sus quince años había contemplado un lugar tan tranquilo y bello.
El bosque tenía un toque antiguo.
—"Dah, es obvio, tonta"
Rió ante sus pensamientos. Comenzó a caminar, dejándose guiar por su curiosidad y el paisaje, abandonando a tras los miedos y el nerviosismo.
Sip, ella era muy bipolar.
No supo cómo, pero llego frente a un árbol grande y majestuoso. Supo reconocerlo como el que vio momentos antes de entrar en la pagoda.
Era el Goshimboku. Un árbol milenario.
Acaricio casi sin darse cuenta el tronco de este, en especial la zona donde se hallaba una gran cicatriz. Era extraño pero una sensación invadía su pecho al tocar la planta.
Mmh, ¿Qué era?
¡A sí!
Calidez y Paz.
Esa era las dos palabras que describía lo que trasmitía el árbol. Cerró los ojos, tratando de olvidarse de sus temores y miedos al saber dónde estaba.
—Pero que apetitosa te ves— murmuro una vos ronca entre gruñidos.
Y entonces todo se fue a la mierda.
Giro su cuello, tan rápido que pudo escuchar claramente un 'craak', y entonces el alma se le cayó a los pies. No sabía si era una jugarreta de su mente o qué, pero ahí frente sus narices había una bola violeta de grandes colmillos y un solo ojos negro, que la observaba fijamente.
—Te ves deliciosa— pronuncio esta ves relamiéndose los labios, con una lengua negra y larga.
Muy, muy larga.
Un escalofrió se extendió por todo su cuerpo e hizo lo que cualquier Takahashi aria. —Pues créeme, tengo sabor a mierda—. Decir algo estúpido.
Y huir, como si su vida dependiera de ella. Como en este caso pasaba. Para ser más claros ella ahora se encontraba corriendo por su vida, esquivando ramas, arbustos y más cosas verdes.
¡Maldita naturaleza que se metía en su camino!
Se erró de caer al tropezar con una raíz. Pero logro recuperarse antes de tocar el suelo. Quería correr más fuerte, valla que quería, pero el miedo le hacía temblar las piernas, además ella muy mala corriendo, bueno no era mala, simplemente corría muy lento. Sus oídos podía captar las pisadas del monstruo tras suya, dándole más miedo.
— ¡No huyas!— grito molesto, odiaba tener que corretear a sus presas.
— ¡Vete a la mierda, no dejare que me comas!— ¿ese monstruo era tonto o qué? ¡Ella no dejaría de correr, se negaba a morir siendo virgen!
Y valla que ese no era su día, porque cuando pensó que el bosque había acabado, se dio con una gran bajada… y callo.
Grito.
Y miren que había gritado mucho ese día, pero esta vez lo hizo demasiado fuerte… y exagerado.
Comenzó a rodar colina abajo, y esto no era para nada divertido como cuando lo hacía en el jardín de infantes, no, ahora era doloroso y temeroso. Doloroso por que más de una roca la había golpeado y echo cortada en los brazos y piernas, aunque también en la cadera y la cara, solo rogaba a dios que no la dejara deforme. Y temeroso porque el monstruo la perseguía de cerca.
Cuando termino de rodar lanzo una queja y se quedó tirada estaba muy adolorida y cansada como para levantarse. Observo borrosamente y con terror como el demonio sediento de sangre se lanzaba hacia ella.
—"Mamá, papá"— cerro fuertemente los ojos, dándose por muerta.
— ¡Kirara!
El grito la sorprendió y abrió los ojos observando como un borrón amarillo se lanzaba hacia el monstruo, qué, de un segundo a otro, quedo tirado en el suelo… completamente muerto.
No sabía si agradecerle a todo los dioses o maldecir a los cuatro vientos. Pues, a pesar de que se había desasido de un demonio ahora otro la miraba fijamente.
Sip.
Ahí frente a ella había un gato enorme, casi como un puma, tenía unos colmillos como sables que brillaban al contacto de la luz y unos ojos rojos. Parecía muy calmado, mirándola con recelo, aunque ella lo interpreto como si la mirara con hambre.
— ¿Por qué a mí? —pensó encogiéndose, casi como una bolita, tratando de desaparecer.
Más el demonio respiro, moviéndole el flequillo, y mostro sus dientes… gruñéndole y ella, tirada ahí, muerta de miedo, sollozo.
— ¡Kirara, no!
De un segundo a otro el demonio había sido consumido en fuego, se tapó la cara como reflejo por temor a quemarse. Entreabrió los dedos para poder ver mejor, cuando el fuego se apagó espero ver al demonio carbonizado pero solo se halló con una gatita.
Si, una adorable gatita.
—Mau.
— ¡Kirara!
La gatita miro fijamente sobre su cabeza en la dirección de la voz y ella también lo hizo, con mucho esfuerzo pero lo hizo.
¡Y valla con lo que se encontró!
Una figura o mejor dicho un chico corrían hacia ella.
Era guapo.
Tenía el cabello castaño, atado en una cola, sus ojos eran de un marrón brillante, tenía un porte alto, a simple vista dos cabezas más que ella, su piel era bronceada y portaba un traje extraño.
Si bien, no era un chico del otro mundo, ¡Era aun así muuuuy guapo!
Más que los descerebrados de sus compañeros.
La gata, o gato, maulló sacándola de sus pensamientos. El chico se acercó a ella (si a ella, ¿pueden creerlo?), y el gato se trepo a su hombro.
El oji-marrón miro al gato y luego la miro a ella, le sonrió. Y le extendió una mano. Ella la acepto gustosa. Tratando de levántese a duras penas, pus cuando intento pisar el tobillo le dolió mucho.
— Lo siento si Kirara te asusto, ¿Dime, te encuentras bien?— interrogó aunque a simple vista se notaba que la chica estaba todo menos bien.
Ella parpadeo y la sensación de miedo se apodero de ella… nuevamente.
Y digamos que desde esa mañana hasta ahora se podía decir que Yukiko era como una bomba de nervios y sentimientos. Que acababa de estallar.
Comenzó por soltar una lágrima y luego otra, seguida de una más y después de muchas, dejando que su cara se transformara en una cascada. Que soltaba sollozos.
—O-Oye… ¿E-Estas bien? —tartamudeo asustado por la reacción de la niña.
Estuvo así un buen rato, hasta que el felino se cansó y maulló… entonces ella lloro más fuerte.
— ¡Espera ya no llores!— le sobo la espalda tratando de tranquilizarla, desesperado.
Los sollozos pasaron a hipos débiles y suaves. Se sorbió la nariz con la manga de su uniforme y luego se secó los ojos con la misma, aun cuando pequeñas lagrimillas seguían asomándose por ellos.
— ¿Y-Ya estas mejor?— inquirió despacio, con temor a que la pelinegra volviera explotar el llanto.
—S-Si— hipo.
Suspiro, ¡Dios, por fin se había callado! Y no es que él fuera malo pero el llanto comenzaba a desesperarlo.
¡Y ni sabía por qué lloraba!
Aunque pensándolo bien, viendo que la chica casi era comida por un demonio era normal que llorara del susto, ¿verdad?
—Siento si Kirara te asusto, ella es una gatita tranquila, solo trataba de ayudarte con el yōkai…—murmuro, ella lo miro— no eres de por aquí, ¿Verdad?— inquirió.
Se mordió el labio—En realidad no, no soy de por aquí— contesto tímidamente.
— ¿De dónde eres?— volvió a inquirir, esa chica usaba ropas muy raras.
—No sabría cómo responder eso— musito, bajando la mirada y sollozando.
—Mmh, estas lastimada— cambio de tema apresurado, "Por favor que no se largue a llorar otra vez" rogó.
Se tocó la cara rozando con una cortadura, luego vio sus piernas y brazos, ambos con cortes, no eran taaan profundos pero si ardían.
—Duelen.
—Kaede-sama, puede desinfectarlos —la gata salto de su hombro, se transformó en un puma enorme y se agacho, como ofreciéndole su espalda para que subieran.
Por supuesto ella se alejó temerosa— ¿Quién es Kaede?
—La sacerdotisa del pueblo.
—Ah. — se refería a una miko curandera. Esas que salían en los libros de historias o leyendas.
El joven se subió a la enorme gata y le extendió una mano.— ¿Subes?
Ja, ja, ja, ese era un chiste muy malo.—Es broma, ¿verdad?
Él la miro confundido— ¿Disculpa?
— ¡No voy a subirme en eso! — se quejó espantada.
—Tranquila, Kirara es buena, no te hará daño— le sonrió, ella dudo mucho pero dándose por vencida se acercó, cojeando, y la monto, sentándose atrás del chico.
El felino alzo vuelo y Yukiko espantada se abrazó a la espalda de castaño. ¡Nadie le dijo que el animal volaba, ella pensaba que era algo así como un caballo!
Chillo.
—"Kya, voy a morir"
— ¿Estas bien?— la miro por el rabillo del ojo, confundido por el aturdidor chillido.
— ¡Me dan miedo las alturas!
Uh, él no lo sabía. Kirara rodó los ojos, esa humana era muy molesta, ¿estaría mal si la tiraba?
—Lo siento, no lo sabía— se disculpó.
—Ugh— comenzaba a sentir arcadas.
—Trata de distraerte— recomendó.
— ¿Y con qué?
—No lo sé.
Hundió su rostro en la espalda del chico, eso no ayudaba mucho. — Me llamo Yukiko.
— ¿Eh?
—Qué me llamo Yukiko, ¿Y tú? Aun no sé tu nombre y eso que eres mi héroe.
Él sonrió nervioso—Mi nombre…—comenzó— es Kohaku.
\(^∀^)メ(^∀^)ノ\(^∀^)メ(^∀^)ノ
N/A: como verán modifique casi todo, así que dejo en decisión vuestra cual capítulo era mejor, si este (miedo) o el otro (notas mentales).
¡Saludos! (◠‿◠)
