LA MELODÍA QUE GUÍA TU CORAZÓN
Nota 1: Este fic esta basado en la película Escucha tu destino.
Nota 2: Este fic cambia el rumbo de la historia original, en el capítulo "Una alumna envejecida" Martha O'Brian le enseña a Candy cómo tocar el violín y la abuela se da cuenta de que la rubia tiene un don natural para tocar aquel instrumento. Candy ofrece el concierto a Elisa y sus amigas sin ayuda de Patty, pero la amistad de ellas se fortalece gracias a la abuela.
Capítulo 2: El paisaje del alma
El sol, aunque tímido, se dejaba ver entre las nubes frías que cubrían aquella cabaña, donde dos jóvenes dormían entrelazados, sintiendo que al soltarse se perderían para siempre. Él abrió primero los ojos, acostumbrado a madrugar, pero no pudo moverse, sabía la razón y sonrió, feliz, en su pecho se extendía una rubia cabellera y una respiración tranquila, no podía creer su suerte, él que jamás fue digno de ser amado, era correspondido por la persona a la que, sin si quiera proponérselo, le había entregado su corazón una noche de año nuevo.
Klin se estiro llamando la atención de Terry, el animalito pareció regresarle la sonrisa que se dibujaba en el rostro masculino, pero aquel movimiento provoco que la rubia abandonara el mundo de los sueños.
Mmmm... – gimió entreabriendo los ojos - ¡buenos días, Terry, Klin! – tallaba sus ojitos verdes como un pequeño niño.
¡Buenos días, pecosa! – le beso la frente y un ligero sonrojo pinto las mejillas femeninas. Klin, también saludo a su amiga.
¿Cómo has dormido? – preguntó mientras ambos se estiraban cuan largos eran.
La verdad... – Candy tenía sus ojos cerrados, pero abrió uno para mirarlo – creo que de haber dormido con un oso, lo hubiese hecho mejor, Candy, tendré que acostumbrarme a tu manera de roncar – y una carcajada salió de los labios de Terry, ella lo empujo fuera de los abrigos.
¡Terry! – Klin parecía burlarse también de ella - ¡Klin!
Es broma, Candy, dormí como jamás pensé que lo haría, es la primera vez que siento paz y descanso, gracias.
Los verdiazules ojos se iluminaron y ella sonrió satisfecha y halagada. Tenían que llegar al hogar lo antes posible, así que rápidamente levantaron su pequeño campamento y abandonaron la cabaña que fue testigo de su confesión amorosa.
Una capa gruesa de nieve cubría las montañas, el paisaje era de una blancura casi celestial. Era una mañana soleada, pero el aire soplaba frío. La dueña, de aquel lugar que abrigaba en su cálidas paredes a muchos niños sin padres, estaba sentada en el pórtico, su cansada vista luchaba por bordar correctamente lo rosa marcada sobre la tela blanca y fina, con dedos ágiles movía la aguja en pequeñas y elaboradas puntadas. Su socia y muy querida amiga, en esos momentos estaba dando las últimas lecciones de historia a los pequeñitos, pronto saldrían a jugar y ella correría a la cocina a preparar la comida.
El crujir de la madera la distrajeron de su tarea, el primero en salir fue Jimmy, ese travieso, a pesar de que el señor Cartwright lo adopto seguía visitando y asistiendo a las clases del hogar, detrás de la avalancha de inquietos pasos, unos delicados pasos femeninos se escucharon, segundos después la gran puerta se volvió a abrir.
Pronto será Navidad, hermana María.
Lo sé, los niños están muy emocionados por las fechas, a... – hubo un suspiro de añoranza - ... a Candy le encantaba esta fecha.
Ambas mujeres rememoraron aquellas fechas en que Candy estaba con ellos, la extrañaban, amaban con especial cariño a cada niño que había pasado por su cuidado, pero sin duda Candy era la hija prodiga del hogar de Pony.
¡Señorita Pony, hermana María! – gritó Jimmy bajando del gran padre árbol.
Jimmy, por favor ten cuidado – suplico la menor de las mujeres con notoria preocupación, ambas se encaminaron a la colina
¡Es Candy! – dijo cuando sus pies tocaron el suelo.
¡Dios mío, Jimmy! ¿Qué dices? – preguntó exaltada la hermana María.
Estoy seguro, es Candy, es el jefe – los niños, liderados por Jimmy corrieron al extremo del hogar, las damas avanzaron de igual manera.
Candy y Terry caminaron casi medio día, tenían hambre y sus cuerpos estaban fríos, pero ninguno dejaba ver su estado, caminaban, conversaban y reían. En un momento Candy se detuvo y miro un punto en el horizonte, a pesar de que la niebla y una próxima ventisca estaban cada vez más cerca ella reconocía la punta del padre árbol, su amigo, su confidente, sonrió imperceptiblemente, Terry también miro en esa dirección.
¿Ya estamos cerca? – preguntó emocionado. Siempre que la escuchaba hablar de ese lugar tan querido trataba de imaginarlo, conocer donde creció la mujer de su vida, qué magia escondía ese lugar que había quedado grabada en Candy y que ella había esparcido a todos los que conocía.
Como impulsada por un imán, Candy hecho a correr seguida por Terry y Klin, solo unos metros más los separaban del hogar.
Fuera de éste una pequeña multitud se había formado. Jimmy estaba trepado en la barda para tener más visibilidad. La hermana María y la señorita Pony, se tomaron de las manos esperanzadas.
Candy llego a tres metro de la barda que cubría al hogar, se detuvo de golpe.
¡Candy! – exclamaron.
¡Hermana María, es nuestra Candy! – grito emocionada la señorita Pony, su voz se corto por las lágrimas de felicidad que comenzaron a brotar de sus cansados ojos. Los pequeños corrieron para reunirse con Candy, la abrazaron, ella aún no podía creer la efusividad de aquel recibimiento.
Terry también llego y se detuvo a unos pasos de Candy, quien saludo y abrazo a cada carita conocida, cuando fue el turno de Jimmy, Candy y él se miraron, el pequeño jovencito trataba de no llorar, de alguna manera aquella rubia era su amor platónico, tenerla tan cerca de nuevo le causaba una enorme emoción, quería abrazarla, decirle que la había extrañado, pero su cuerpo no reaccionaba, Candy, más madura y efusiva, le tendió la mano, sabía que a Jimmy no le gustaba los afectos en publico, él choco su mano con la de ella.
Bienvenido, jefe – dijo con verdadera emoción, detrás de ellos, Terry sonrió burlón.
¡Jimmy! – exclamo Candy avergonzada.
Algunos pequeños que no tuvieron la oportunidad de conocer a Candy, la miraban admirados, pues las hazañas de la rubia eran bien conocidas por cada uno de ellos. Candy de igual modo los saludo, cuando terminó, camino lentamente a las dos figuras mayores, ambas mujeres lloraban emocionadas. Sus verdes ojos se llenaron de lágrimas, tantas veces había soñado con ese reencuentro, los rostros sonrientes y comprensivos de sus madres, las miradas tiernas y llenas de amor. Había extrañado a esas mujeres que la habían criado, que la amaban y que de igual manera ella amaba con todas sus fuerzas desde su tierna infancia, sabía que les había fallado, sin embargo en los ojos de las mujeres no vio desaprobación, no, lo que Candy vio en esos dos pares de ojos fue un "bienvenida, Candy"
Señorita Pony, hermana María – gritó Candy mientras corría a los brazos de sus madres como una niña pequeña, sus ojos estaban llenos de lágrimas.
¡Candy! - gritaron las mujeres - ¿eres tú? ¡Nuestra Candy! – dijo la señorita Pony una vez que la joven llego a su encuentro. Terry pudo ver a Candy en otra faceta, la niña pequeña e indefensa que se abrigaba en brazos de sus madres, jamás la había visto tan vulnerable y tierna, un pinchazo de envidia le recorrió la espalda, cómo era posible que ese hermoso ángel amado por todos, correspondiera sus sentimientos, no, Candy merecía solo lo mejor, él se lo daría, fue una promesa silenciosa.
¡Señorita Pony, hermana María! – exclamó de nuevo Candy, no podía decir nada más, había estado tanto tiempo lejos del hogar que aprendió a valorar más lo que era, lo que amaba.
El reencuentro de las tres mujeres fue estremecedor, permanecieron abrazadas largo tiempo, después de varios minutos las tres se soltaron del abrazo. La señorita Pony se alejo unos pasos para contemplar a Candy, sin duda era más alta y desarrollada. El gélido invierno había robado color a sus mejillas, acentuando la blancura de su rostro. Sin embargo aún conservaba ese aire vivaz en su bello rostro, algo que llamo seriamente la atención de la hermana María fue el fulgor en los ojos de la rubia, si de por si ya eran bellos ahora resplandecían con mayor intensidad, por un segundo se preguntó a qué se debía.
Luces hermosa, mi niña – exclamó la mujer mayor.
Gracias – fue todo lo que dijo, pero la hermana María un poco más repuesta fue quien inició el interrogatorio.
¿Candy, qué haces aquí?
Hermana María no me reproche nada, es solo que quiero descubrir mi camino, ser quien se me antoje ser por mí – su respuesta había sorprendido a las mujeres, pero no de una forma mala, al contrario, algo les decía que Candy había madurado.
Con paciencia y en silencio, la señorita Pony y la hermana María escucharon toda la historia, incluso la trampa para deshonrar a Candy, comprendieron, de alguna manera, los sentimientos que habían comenzado a crecer entre ese par que tenían enfrente, Terry se mostró calmado.
¿Qué piensan hacer ahora? – los interrogó la hermana María.
Yo quiero ser actor – contestó simplemente Terry, pero con una vehemencia que sorprendió a las mujeres.
¿Y tú, Candy?
Aún no lo decido, pero sé que pronto encontraré mi camino – una linda sonrisa se dibujo en su rostro, aquella que infundía seguridad.
La señorita Pony le pidió a Terry que se quedará para Navidad, él estuvo renuente a aceptar, pero al final la rubia lo convenció, faltaban solo dos semanas. En ese tiempo, Candy llevo a Terry al rancho de Tom, su amigo, su hermano.
Terry pudo montar uno de los magníficos ejemplares de rancho Stevenson, Silver, un purasangre de color gris con blanco, era hermoso. Candy lo vio embelesada, sin duda Terry parecía un príncipe. Se miro de arriba abajo en un rápido vistazo, ese día usaba una vestido azul cielo y había liberado su cabello, para protegerse del frío vestía un abrigo un tono más fuete que el vestido, se sintió tan común y sin embargo, cuando Terry la miraba se sentía la chica más hermosa sobre la tierra, solo él tenía ese efecto sobre ella. Durante su estancia en el hogar de Pony, Candy le mostró cada lugar que significaba un recuerdo para ella, no importaba si era doloroso, él quería conocerla, porque cada que ella bajaba la mirada, Terry se prometía que nunca dejaría que nada volviera a entristecer su hermoso rostro.
Terry era un chico desesperado por naturaleza, el tener a Candy tan cerca y no poder disfrutar de su atención lo torturaba. Así que cuando estaba seguro que ningún niño los seguía por el pasillo hacía el gran comedor, tomaba a Candy de la mano y seguía su conversación como si nada, pero no solo él tenía esas muestras de afecto, Jimmy y Tom se habían dado cuenta de las miradas y sonrisas especiales y amorosas que Candy le dirigía a Terry, esas risas continuas y el sonrojo permanente en las mejillas de la rubia. El joven castaño, no perdía la ocasión de robarle un fugaz beso a su novia, quizá no lo dijeron, pero en ese lenguaje silencioso que solo ellos conocían había quedado pactado.
El día antes de Navidad llego y con ello felicidad y nuevas esperanzas, Candy estaba feliz de poder disfrutar esa fecha en su hogar, Terry por su parte no recordaba una Navidad tan perfecta, él que lo tuvo todo nunca pudo sentir ese calor de hogar, de familia, lo que en verdad representaba la Navidad. Candy estaba radiante, satisfecha, era un ángel a la vista de todos. Nadie sabía a qué se debía, pero Terry tenía una ligera idea.
Durante las semanas que estuvieron el hogar, Terry se sintió preocupado, Candy no había tomado una decisión sobre su futuro; sabía que no debía presionarla, pero él pronto se marcharía y quería saber los planes de la rubia. Sin embargo, cuando Terry preguntaba, la rubia siempre rehuía a la pregunta. Pero días atrás, Candy había tomado la decisión de su vida, sabía que sería difícil porque no contaba con los recursos para realizar su sueño, esto la llenaba de desdicha, no quiso compartir su plan con nadie por temor a que los demás sintieran lastima, ella vería cómo resolver su pequeño problema, si Terry y Albert lo habían logrado, ella por qué no habría de hacerlo.
Steve y Tom Stevenson, así como Jimmy y el señor Cartwright se unieron a la celebración del hogar, por un momento Candy se sintió nostálgica por no estar con Archie, Stear, Patty y Annie, pero le reconfortaba el hecho de poder compartir ese día con Terry, el hombre que ella amaba con todo su ser
Como otros años, el hogar se lleno de una calidez y alegría que llegaba al corazón más duro. Terry disfruto ver a Candy, ayudando en la cocina para preparar el relleno del pavo, el puré, la tarta.
Candy... – le había dicho Terry - ¿qué haces?
Ayudo a preparar la cena – contestó inocentemente.
Mmmm... es Navidad, Candy, ¿no crees que al menos este día nos merecemos no sufrir? – hizo un mohín y toco su estomago.
¿Qué estas insinuando. Terry? – cuestionó la rubia mientras aplastaba las papas con mayor fuerza.
Bueno, que será mejor ir al pueblo a comprar algunos remedios.
¡Terry! – y a continuación el instrumento de cocina se convirtió en un arma para espantar al intruso.
Como Candy no salió más de la cocina, Terry y los demás niños adornaron cuidadosamente el árbol que el señor Cartwright les había regalado.
La reunió fue de los más estremecedora para Terry, aquellas personas no tenían mucho y sin embargo, en ese momento nada importaba, solo estar con las personas que quieres y te quieren. Candy sabía muchas historias y los niños del hogar disfrutaban escuchándola, él también lo hacía en silencio, mientras los centellantes ojos de Jimmy lo miraban receloso. Pero conforme avanzaba la noche, Terry se unió a las anécdotas de Candy y él también contó algunas propias, su forma de hablar trasportaba a todos al lugar y momento que el castaño describía, ]Jimmy notó que cuando Teryr miraba a Candy eran innegables los lazos que los unían, estaba completamente seguro y convencido de que nadie podría amar con tan evidente pasión e intensidad.
La noche terminó, los niños fueron a la cama temprano por recomendación de la hermana María, todos con la ilusión de que a la mañana siguiente recibirían un agradable regalo. Candy y Terry recogieron la mesa y almacenaron la comida que había quedado.
Por un momento el chico se imagino la escena, un par de años más tarde, él sería un gran actor y compraría una linda casa para Candy, en vísperas de Navidad, recibirían a las personas que eran importantes para ellos, cuando la velada terminará, él le ayudaría a Candy a recoger, la abrazaría y besaría a su antojo y después...
¿Me oyes, Terry? – Candy estaba frente a frente con él, se había perdido en su fantasía.
Disculpa, ¿me decías algo, pecas?
¡No me digas así! – le recriminó, dio un suspiro mientras guardaba los últimos platos – pregunté si te habías divertido – él la miro profundamente.
No, Candy, no solo me divertí – tomo asiento mientras ella le ofrecía un vaso con ponche – gracias – continuó – creo que nunca había disfrutado de una Navidad como la de hoy. No tengo muchos recuerdos felices, lo sabes – ella puso su mano sobre la de él – y los pocos que tengo se ven empañados por el correr de los años. Pero no importa, estoy decidido a construir nuevos recuerdos con las personas que amo – Candy sintió un mariposeo y un sonrojo que invadió su cara – recuerdos imborrables, felices. – A continuación la beso, ligera y tiernamente. Amaba amar a esa hermosa rubia y de alguna manera pensaba que las palabras no eran suficientes, pero con cada mirada, con cada tacto, con cada beso sentía que la hacía consiente de su infinito amor.
Había llegado el momento que tanto había temido Candy: la partida de Terry. Ese día sería el último que estarían juntos en mucho, mucho tiempo, pero así debería ser, cada uno lucharía por hacer realidad sus sueños
Pero sin imaginárselo siquiera, ese día recibirían una visita que cambiaría sus vidas.
Mientras ayudaba a Terry a empacar sus cosas, John entró a la habitación.
Candy – la llamó – la señorita Pony te espera en su despacho.
¿Al despacho? – repitió la rubia - ¿para qué será?
También Terry puede ir, hay alguien que los quiere ver.
Sin hacer más preguntas los dos salieron en silencio y caminaron despacio, quién querría verlos y con qué motivo.
Tocaron y la señorita Pony les permitió la entrada. En una de las sillas que estaban frente al escritorio de la dueña del lugar, una persona, conocida por Candy hizo su aparición.
¡George! – gritó emocionada y asustada, sabía que aquel amable señor estaba ahí por una razón, una muy poderosa: el apellido Andley.
Señorita Candy, me da tanto gusta verla con bien. Estaba muy preocupado, ¿cómo ha atravesado el Atlántico?
Por algunos minutos Candy le narró su historia, Geoge estaba verdaderamente preocupado.
Señorita Candy, se ha arriesgado mucho – miró al joven que estaba sentado en la otra silla.
Lord Terrence Granchester.
Solo Terrence Granchester, mi padre me ha desheredado – contestó simplemente.
No creo que eso sea probable - reflexionó el hombre mayor - por derecho...
George - interrumpió la rubia - me siento muy avergonzada por lo que hice, el señor William debe estar furioso conmigo, sé que le debo más que una carta, pero yo no sé... George yo no podía ser algo con lo que no me siento cómoda.
Señorita Candy, no se preocupe. El señor William entiende, él se siente responsable, cree que por obligarla a asistir a ese colegio usted huyo.
George, qué pena. A pesar de que me dices que lo entiende debe sentirse humillado por lo que hice, he manchado el nombre de su familia, lléveme con él, necesito darle las gracias y decirle que me desprecie como su hija.
¡Candy! – exclamó la señorita Pony
¡Señorita Candy, qué cosas dice! – George también estaba sorprendido.
Sí, quizá sus deseos son que yo regresé al colegio y me convierta en una dama, pero no pudo, ya he elegido mi camino y quiero seguirlo.
George la miro serio, ella estaba de verdad muy excitada y avergonzada, pero su mirada reflejaba seguridad, un brillo que no supo descifrar nadie en esa habitación.
Señorita Candy, el señor Andry me ha pedido que la ayude en lo que necesite – la rubia no entendía – quiere que continúe con sus estudios, pero no porque él se lo imponga, la orden que tengo es saber qué camino quiere seguir y apoyarla en todo.
¿Apoyarme en todo? – Candy de verdad estaba confundida, no se esperaba aquella respuesta.
Usted es la heredera de los Andley, y es importante que tenga la mejor educación, pero el señor William quiere que usted decida qué y dónde estudiará.
Candy se acercó a la ventana y miro el horizonte, ella creía en los milagros, sin duda, pero aquello era pedirle demasiado a la vida, al alcance de sus manos estaba la oportunidad para llegar a su meta, sin embargo, ella quería hacerlo sola, pero sentía que tenía un deuda con el bisabuelo William, sin siquiera proponérselo él le había dado más de lo que jamás imagino, aún así, no estaba segura, ¿cuándo llegará al final de la meta sentiría que es solo su éxito o tendría que compartirlo con alguien más? Ella sabía que sería muy complicado hacerlo sola, pero estaba dispuesta, pero estaba el señor Andley, se lo debía.
George, esta bien, no regresaré al San Pablo, seguiré llevando el apellido Andley, prometo que no volveré a ensuciar el apellido. Quiero estudiar música, ser una violinista profesional.
Nadie dijo nada, Terry al fin comprendió por qué Candy no les había dicho nada, ella ni siquiera tenía un violín, Candy siempre pensaba más en cómo se sentirían los demás. La había escuchado tocar solo en una ocasión, era muy hábil y sin duda triunfaría. Suspiro aliviado, podría irse tranquilo sabiendo que ella podría realizar su sueño, sería egoísta y pensaría en cómo cumplir el suyo.
Candy sentía que estaba usando su nombre para conseguir algo, eso era egoísta, como si George leyera sus pensamientos la miro paternalmente.
El seños Andryse siente muy avergonzado con usted por obligarla a ir a un colegio donde conoció los prejuicios de las clases, él mismo lo vio con sus ojos porque también asistió al San Pablo, pero entienda que solo quiere lo mejor para usted. No es egoísta por aceptar algo que por derecho le corresponde, usted es una Andrylo acepte o no y debe llevar en alto el nombre de la familia, pero no porque así lo exija la sociedad sino porque así lo desea usted, es libre de elegir, ya se lo he dicho.
Gracias, George, tienes razón, esta vez no ensuciaré el apellido Andley.
La despedida estaba más próxima de lo que hubieran deseado los chicos, aquélla noche sería la última que podrían platicar y disfrutar la mutua compañía.
¿Estas segura de tu decisión, Candy? – le dijo Terry, ambos estaban sobre las ramas del padre árbol. La rubia suspiro largamente y lo miro con un semblante sereno.
La única persona que podría entenderme eres tú, Terry – poso su mano sobre la de él – aquella vez que toque para Elisa y sus amigas, sucedió algo mágico en mi interior, algo que no puedo describir, era como si pudiera trasmitir un mensaje a aquellos que me escuchan, un mensaje por medio de las notas que salían del violín, es una extraña sensación, pero por un momento sentí que el mundo desaparecía y solo estaba yo, tocando y siendo yo misma.
Entiendo, el escenario es increíble y cautivante, regalarle al público algo de ti es la sensación más gratificante que puede existir, te llena el alma – Candy no se equivoco al decir que Terry la entendería, porque él mismo se sentía así – Sé que lo harás bien, Candy, confío en ti.
Yo también confío en ti, Terry y sé que llegarás muy lejos – se quedaron un momento mirando el cielo negro lleno de estrellas – hagamos un pacto, Terry – sugirió Candy y él la miro – Sin importar cuántos obstáculos se crucen en nuestro camino, cumpliremos nuestros sueños – Terry sonrió y juntaron sus dedos cerrando la promesa, después ella descanso su cabeza en el hombro masculino y permanecieron en silencio, un silencio encantador y reconfortante. Cuando bajaron del árbol, Terry acompañó a Candy a su habitación, la beso ligeramente y acarició su mejilla.
Te voy a extrañar, pecosa.
Y yo a ti, Terry – otro beso cerro aquella despedida, les dolía, pero sabían que era por le bien de ambos.
La mañana siguiente, muy temprano, Tom y Candy acompañaron a Terry a la estación. El amigo común se mantuvo alejado para no incomodar a la joven pareja.
Candy suspiro profunda y largamente, sintiéndose extraña. Despedir a Terry no era algo que deseara hacer, habían pasado días tan alegres en el hogar de Pony, sin embargo comprendía que debían seguir el camino que había elegido.
Terry miro a Candy, aún si poder creer lo que habían vivido los últimos días. Estaba feliz porque sabía que se llevaba hermosos recuerdos que lo hacían sentir completo, a pesar de saber que pronto tendría que decirle adiós a su pecosa. Y siguiendo adelante con su plan, mantuvo una actitud positiva. Aún así, sintió como una filosa daga atravesaba su corazón cuando escucharon al empleado de la estación avisando la inminente partida del tren.
Te escribiré seguido, Candy – le aseguro mientras la abrazaba con fuerza – prométeme que serás feliz.
Lo haré... tú también... haz tu mejor esfuerzo – trataba de no llorar, pero las lágrimas ya cristalizaban sus ojos.
No te preocupes, pecosita, ambos cumpliremos nuestros sueños, recuerda siempre la promesa – dijo él, la aparto un momento de su pecho y la miro a los ojos – Escucha, Candy... el teatro y todo ese ambiente esta relacionado con los escándalos, si conquisto ese mundo, me veré envuelto en ellos. No los creas. Jamás dudes de mi amor por ti... Porque yo jamás podré amar a nadie más. Prometo hacerte feliz, confía en mí.
Siempre, Terry, siempre confiaré en ti.
Aquellas palabras no fueron dichas al viento, sin embargo la vida giraría para probar el amor que esos dos jóvenes se profesaban.
El empleado, de nueva cuenta, urgió a los pasajeros para que abordaran el tren.
Terry... – estaba conteniendo las lágrimas.
Toma, Candy... – sobre el cuello de la joven coloco una hermosa piedra, un zafiro, en la forma de un perfecto corazón – cuando llegamos los compre – le mostró el que llevaba en el cuello, una esmeralda, también tallada en forma de corazón – prueba de que regresaré a ti. Cuando me sienta desesperado, miraré la piedra que tiene exactamente el hermoso color de tus ojos y sabré que todo lo que hago es por ti y por mí...
Candy no pudo articular ninguna palabra, solo atino a contemplarlo a los ojos.
Yo también tengo algo para ti – le dijo y saco una pequeña cajita – es algo sencillo, pero pronto será tu cumpleaños. Espero que te sirvan en el frío de Nueva York.
¡Te amo, Candy! – le dijo y segundos después se besaron sellando una promesa no dicha, pero implícita.
¡También, te amo, Terry! – pudo exclamar al fin, mientras se lanzaba a sus brazos.
El tren comenzó su marcha y antes de que la velocidad aumentará salto a él, Candy corrió tras él.
Soy completamente tuyo, Candy – dijo Terry, ella no le pudo contestar debido a que el tren aumento su velocidad dejándola a la orilla de la plataforma.
Con su mano todavía sobre el aire, vio como, en pocos segundos, el tren se hacía un punto en el horizonte.
Candy... – la llamo Tom, había contemplado la estremecedora despedida y sabía que su amiga estaba a punto de desmoronarse.
Tom... – gritó y se dejó abrazar por su amigo, mientras las lágrimas al fin encontraban la salida.
Llora, Candy, el tiempo no detiene su andar y veras que él pronto regresará a ti.
Lo sabía, Candy sabía que todo aquello era por el bien de ambos, ella también daría su máximo esfuerzo, juntos lucharían por su futuro, por lo que en verdad querían.
Continuará...
Espacio para charlar
Esta es otra de las historias que terminé pero no alcancé a publicar cuando mi laptop se daño. Mi esposo recuperó los archivos y hasta hace unas semanas me lo comentó, espero que les guste, la historia ya esta terminada y sólo le daré alguna edición.
Gracias por leer a...
Kamanance, HaniR y Yoliki
30 - may - 2017
Ceshire...
