Te mataré! Parte 2:

Horrorizada, Shunrei miraba el cuerpo desmembrado en su cocina. Sus ojos pasaban de Shiryu al asustado y desesperado Ikki que pedía perdón de rodillas en el piso.

-He llegado demasiado lejos... sacarle los ojos... ¡Pero si es sólo un niño! - gimió Ikki.

-No exageres, Ikki – murmuró Shiryu, colocándose al lado de Ikki y tratando de levantarlo – Shunrei tiene más de esos.

-Me avergüenzo de mí mismo. ¿Cómo he permitido que esto me suceda? Yo era un caballero poderoso, mi única preocupación era servir a la diosa Athena y luchar contra las fuerzas del mal. Y ahora... ahora no soy más que un sádico que destruye osos de juguete.

-Chen tiene montones de esos, Shiryu, no es necesario que te pongas así – dijo Shunrei, sonriéndole nerviosa, mientras el pequeño le sacaba la lengua al atormentado caballero.

-Y ni con eso me hubieras convencido de decirte quién es Xoxo – repuso el chiquillo sin pensar. Entonces, al darse cuenta de que todos lo quedaron mirando, se tapó la boca.

-¿De qué estás hablando? - le preguntó Shunrei. El niño la miró con expresión inocente y le dedicó su más dulce sonrisa.

-¡Eso es lo que me hizo! - dijo Ikki, levantándose – Ël sabe quién es Xoxo, sabe cómo puedo salvar a mi hermano y no quiere decírmelo. ¡En otros tiempos, el solo nombre de Ikki el Fénix hubiera bastado para que cualquiera temblara ante la posibilidad de ocultarme información! Y ahora, ahora que únicamente soy un burgués empleado de la Fundación Graude, ya nadie me respeta. Con razón las amazonas quieren matar a mi hermano, y con razón se burlan de nosotros diciendo que ellas no han intentado nada.

-Y por eso desmembraste a su oso – comentó Shiryu, entendiéndolo todo.

-¡Y ni aún así él me dijo nada! Me cansé de todo esto. Mataré a todas las amazonas y asunto arreglado.

-¿Sólo porque un niño de seis años no quiso decirte quién es Xoxo? Mira, Ikki, es obvio que Chen no sabe nada, seguramente nos escuchó alguna vez comentar de esto e inventó que conocía a Xoxo, pero...

-Vas a decirle la verdad al tío Ikki, cariño – le dijo Shunrei a su hijo – Y esta vez no quiero otra de tus bromas.

Chen miró al piso y murmuró que él no estaba inventando nada. Shunrei le acarició la cabeza.

-Querido, es muy feo mentir...

-Yo no miento casi nunca – se defendió Chen – lo que pasa es que no vale la pena hablar si los adultos no nos creen.

-Entonces no sabes nada – bufó Ikki, saliendo molesto de la cocina.

Estaba decidido a comenzar una masacre, para poner el nombre del Fénix nuevamente en alto y lograr que las amazonas temblaran al oír hablar de él. Claro que no lo pensaba en serio, pero era agradable soñar con vengarse de esas malvadas que molestaban a su hermano.

Su hermano. Había prometido cuidar de él, pero jamás pensó que llegaría al extremo de amenazar a un niño de seis años.

Maldito Shun, pensó, quién sabe qué rayos les hiciste a las amazonas. En una de esas te mereces que te maten, pero lo harán sobre mi cadáver.

Pobre Shun. Desde que se metió en el podrido mundo de Hollywood, su hermanito había cambiado. Saori le había explicado pacientemente que Hollywood no había tenido nada que ver, que nadie con la magnífica apariencia de su hermano podía haberse mantenido puro y casto mucho tiempo, pero Ikki sabía, en su fuero interno, que si Shun se hubiese quedado encerrado en la Mansión Graude sin ver a nadie ni comunicarse con el mundo, aún sería el chiquillo inocente de siempre.

Sintió escalofríos al recordar la vez que se le cayó la venda de los ojos. Y lo peor es que se enteró por Jabú. Estaba en el orfanato tomando té, cuando éste le mostró un recorte del diario donde hablaban del famoso video "subido de tono" de Shun Kido la estrella de cine. Jabú se reía malignamente y Miho lo miraba con compasión.

Claro que había viajado a Hollywood de inmediato, decidido a darle un par de palmazos al inmoral de su hermano, y deseando en su fuero interno que todo fuera sólo un malentendido. Y se encontró con que Shun estaba muy satisfecho de como estaban saliendo las cosas, pues le dijo que toda publicidad era beneficiosa.

Y cuando Ikki le exigió que dejara su incipiente carrera de actor para volver con él a Japón, Shun le respondió algo que aún le dolía.

Y tuvo que dejarlo ahí, alejándose de él, pero vigilándolo de lejos.

Al menos seguía siendo buena persona, pues las ganancias del video "subido de tono" las donó para el orfanato de Miho.

Más tranquilo, se dirigió al salón donde había dejado a su hermano con Hyoga. Podía oír los canturreos de las niñas que aún jugaban con los cabellos de oro de Hyoga, que dormía a pata suelta. Pero Shun... ¿dónde estaba su hermano?

-¡Ikki, cuida de Shun! - Las palabras de su madre retumbaron en sus oídos, recordándole el deber que había asumido desde el nacimiento de su hermano.

-¿Y Shun? - preguntó, tratando de no parecer desesperado.

-En el baño – murmuró Mei, la hija mayor de Shunrei. Ikki no notó que la chica se mordía los labios y miraba de reojo a su hermana pequeña.

Ikki se dirigió al baño y se paró frente a la puerta cerrada.

-Shun, me voy – dijo – no me interrumpas hasta que termine, por favor. Shun, sé que hemos tenido nuestras diferencias, pero eres mi hermano y significas lo más importante para mí. Por eso, hermano – tragó saliva – por eso me voy. Me di cuenta recién que estar acá, contigo, convertido en un simple ciudadano me está volviendo loco. Necesito averiguar lo que está pasando contigo, el origen de tu maldición, y sólo lo lograré volviendo a ser el temible y poderoso Fénix. Me dispongo a comenzar un nuevo viaje de autodescubrimiento, Shun, y quizás no volvamos a vernos en mucho tiempo.

La voz se le quebró un poco, sólo un poco. Ikki descubrió que tenía ganas de llorar.

-Tan vez no me extrañes, Shun, tienes tu vida tan llena de actividades, pero en el fondo sé que sigues siendo el dulce e inocente niño que lloraba por todo y le temía al mundo. Dime, Shun, ¿no crees que esa actitud tuya tan... tan libertina frente a la vida es tan solo un escudo que protege tu sensible alma del mundo exterior?

Un sollozo se ahogó en su garganta.

Pensó en su hermano cuando aún era un niño inocente, que disfrutaba con las cosas simples de la vida. Cuando se separaron a tan corta edad y se reencontraron como enemigos.

-Aún no es tarde, hermano... sabes bien que nuestra madre no querría esta vida de disipación para ti. Ven conmigo, entrenaremos, meditaremos y castigaremos nuestros cuerpos olvidándonos de todos los placeres mundanos. Nos haremos fuertes y encontraremos una forma de vencer tu maldición. Estoy aburrido de huir de esas amazonas de que quieren masacrar. ¿Qué opinas?

No hubo respuesta.

Ikki pensó que su hermano recordaba todas las veces en que él desaparecía.

-Sé que no tengo derecho a pedirte que te vayas conmigo, porque muchas veces tú me pediste que yo no me fuera de tu lado y yo... yo desaparecía. No me gustan los grupos, hermano, y ser parte de este grupo tanto tiempo me ha hecho sufrir. Pero tú eres mi familia y eres el único grupo al que quiero pertenecer. No es tarde para ti, deja esta vida de pecado y ven conmigo a buscar el verdadero sentido de la vida.

Nuevamente no hubo respuesta. Ikki se enfureció, pero cuando recordó que su hermano padecía ataques de narcolepsia sonrió con ternura. Golpeó la puerta.

-Despierta, dormilón, o se te va a enfriar.

No se sentía ni un ruido en el baño. Ikki, preocupado por la salud de su hermano y recordando que los baños son muy incómodos para dormir, forzó la manija de la puerta y entró...

...descubriendo que el baño estaba vacío. Y la ventana, abierta.

Una sensación de pánico le subió por la espina dorsal y lo dejó sin respiración y sin habla, al menos eso creyó él, pues no se dio cuenta del grito que atrajo a todos los habitantes de la casa.

Cuida de Shun. Cuida de tu hermano, le repetía la voz de su madre incesantemente en su cabeza, y él sólo podía ver el baño vacío, qué forma tan ridícula de desaparecer. Hyoga fue el primero en llegar, hasta lo abrazó, luego llegaron Shiryu y Shunrei, que entró al baño y lanzó una exclamación ahogada de horror al comprobar que alguien no había tirado la cadena. Solucionó rápidamente el problema.

-¡No! - gritó Ikki, pero ya era demasiado tarde.

-Tendríamos que haber hecho analizar esos restos – dijo Shiryu – nos darían una idea de cuánto tiempo pasó desde la desaparición de Shun.

-Fue mi culpa – se lamentó Hyoga – si no me hubiese quedado dormido...

-De nada vale lamentarse – repuso Ikki – porque es hora de hacer algo – Esa nueva desgracia lo hacía sentirse más vivo que nunca. Al fin había sucedido algo. Ahora podía demostrar todo su poder contra esas amazonas que habían secuestrado a su hermano.

En eso, llegaron los niños. Chen miró a su madre con rostro culpable.

-Mamita, se me olvidó tirar la cadena, lo siento – dijo, poniendo su mejor carita de disculpa. Mei le pegó un pisotón, pero era demasiado tarde.

-¿No dijeron que Shun estaba en el baño? - preguntó Ikki. Las chicas se miraron con cara culpable.

-Él nos pidió que te dijéramos eso – murmuró Mei, después de un leve instante de vacilación.

-Se fue con una chica rubia – dijo rápidamente Chang.

Hyoga dejó de abrazar a Ikki.

-¿Me quieren decir que mi hermano se fue con una chica mientras yo sufro por su bienestar? - musitó.

-Al menos sabemos que está bien – trató de defenderlo Hyoga.

-¿Y mientras ese pu%$& mari$#&% desgraciado estaba forni%#/& con una de sus pu%$# , yo me estaba devanando los sesos pensando cómo salvarlo de las amazonas de m&%$%#? ¿Que me degradé al punto de amenazar a un niño, y ese m%&$#% de mi hermano está sumergiéndose en el pecado? ¡Maldita sea!

-¡Ikki, reacciona y deja de usar ese lenguaje! ¡Estás frente a unos niños! - le recordó Shiryu.

-¡Sí, maldita sea! - dijo Chen, feliz.

Rato después habían sacado en limpio lo siguiente: cuando Hyoga se hubo dormido, Shun se levantó y mandó un mensaje de texto. Les guiñó un ojo a las chicas y entró al baño a atusarse el pelo. Luego salió y se sentó a jugar con su teléfono móvil. Chen entró al baño y salió para dirigirse a la cocina y hablar con Ikki. En eso tocaron el timbre y Shun abrió de inmediato. Una chica rubia las saludó desde la puerta y se fue con Shun. Era bajita, regordeta y tenía un ojo azul y el otro verde. Shun se despidió de las chicas con la mano y salió de la casa.

-Y eso fue lo que pasó – terminó de contar Mei. Chang y Chen asentían a todo lo que la chica decía.

-Se te olvidó contar que volverá en tres días más – dijo Chen.

Hyoga, Ikki y Shunrei dieron un suspiro de alivio. Si Shun estaba con una mujer, entonces no había problema. Ya regresaría o los llamaría en caso de tener algún problema.

Pero Shiryu movió la cabeza, molesto.

-Eso no fue lo que pasó. Nunca pensé que ustedes mentirían, niños. Y menos lo hubiera creído de ti, Mei. Ahora, dinos la verdad.

Mei enrojeció violentamente y miró a sus hermanos que bajaron los ojos, avergonzados. Entonces, Chang se decidió a confesar la verdad.

-Se lo llevaron las hadas – dijo.

Nota de la autora: Hola! Este fic lo tenía muy abandonado, la idea estaba pero faltaba la voluntad para escribirlo porque estos días he tenido que escribir demasiado y no tenía tiempo para la diversión.

Y quedan más preguntas...

¿Existe Xoxo?

¿Qué quieren las hadas con Shun? (Lo que queremos todas?O sólo yo soy la una pervertida?)

¿Cómo averiguó Shiryu que era mentira lo que contó Mei? (Hay pistas, a ver si las pillan, la respuesta en el próximo capítulo, jajajjaja, parezco detective Conan)