Fandom: Final Fantasy VI (Square-Enix)

Personajes: Kefka Palazzo y Terra Branford

Prompt: Cuddling somewhere

+ No es bueno +

Sin salirse de lo ya habitual, Kefka y los soldados que le acompañaban habían traído a la chica, con éxito, hasta las instalaciones en que todos los experimentos e investigaciones científicas eran llevadas a cabo. Un sujeto de estudio debido a su singular naturaleza híbrida, oculta bajo su apariencia una vez dentro aunque fuera siguiese siendo una presa del Imperio.

Una satisfacción para el militar de mayor rango en durar poco. Avistando a lo lejos uno de los soldados procedentes del edificio acercarse al lugar asignado para esperar la vuelta de Terra, siendo altamente limitado el acceso al área usada como laboratorio. A juzgar las veloces zancadas de dicho soldado, deteniendo su incansable paseo en círculos por el espacio que conformaba la sala, presumiblemente una de las pocas usadas entre trabajadores y los individuos por encima de ellos para reunirse, Kefka presintió antes de que tuviese oportunidad de abrir la boca que algo había fallado.

-Señor… -Entre jadeos, el muchacho frente a él comenzó. Una mano enguantada colocada sobre su pecho cubierto por una solida pieza de armadura. -… Me temo que la chiquilla ha escapado, no hay rastro de ella… -

Tras el más absoluto y tenso de los silencios, meramente roto por los jadeos finales del informante recomponiéndose, el rubio abrió la boca, manifestando inicial incredulidad.

-¿Qué? ¿Estás de coña? -

Que pasaría a rabia al escuchar la negación del soldado.

-…No señor. Me temo que no. -

Inhalando fuerte por la nariz y apretando las manos que se cerraron al instante, Kefka se giró para dirigirse a sus hombres. De ser así habría que actuar lo antes posible. Las instalaciones eran grandes, cada planta vasta en extensión para alojar toda lo que componía los laboratorios divididos seguramente acorde a diferentes funciones, aún tenían oportunidad de alcanzarla se convenció negándose a perder la compostura ante soldados de rangos inferiores.

Aunque no les correspondía recorrer la zonas superiores, dada la ineficacia de los propios vigilantes, soldados comunes, guiado puramente por su instinto el general seguido de los suyos se aventuró en los laboratorios.

La zona a explorar con mayor dedicación, sin duda la mayor extensión por revisar, no podía ser otra que el laberíntico lugar en que los especímenes hacía años capturados permanecían conservados y bajo el control de los científicos cuyos estudios y pruebas habían llevado a los humanos a su explotación, contenidos en contenedores conectados a maquinas con la primordial función de mantenerlos vivos, sumidos cierta inconsciencia al otro lado del grueso cristal. La visión de semejante existencia captaba la atención del soldado rubio, el primer privilegiado en recibir su magia, disminuyendo el ritmo de sus pasos hasta pararse en uno de los sofisticados tubos. De no ser por una necesidad mucho más imperiosa, Kefka podría haber continuado con su observación, obnubilado cual contemplador de arte ante una pieza en una sala de museo oyendo el sutil pero continuado ruido de la maquinaria funcionando.

Como si aquel detenimiento, fijo en los rasgos más salvajes en el rostro de uno de los seres sumergidos en el colorido fluido hubiese despertado algo en su mente, al reencontrarse con el grupo de soldados de su boca sólo brotó una orden:

-Traed a los perros. -

Los alargados y descubiertos dedos que se chascaron transmitieron magia, iluminando el fugaz instante la mano provocando que los ceños fruncidos en clara contrariedad se desfrunciesen.

Sus sentidos más desarrollados que los humanos serían superarían las limitaciones con las que se estaban encontrando en tan sencilla tarea.

Antes de liberarlos a fin de que realizaran la misión para la que se les había instruido, Kefka los observó. Por la complexión de su cuerpo y los colores de su pelaje no había duda que se trataban de bestias también usadas para la caza. Acercando previamente a sus hocicos algo que contuviese la esencia de la chica, fueron liberados. Los soldados sólo tendrían que seguirlos, llegando hasta un rincón realmente apartado y oscuro, habiendo apenas especímenes entubados que ofrecieran algo de su insólita luminosidad.

-Señor, los perros la han encontrado. -Informó uno de sus hombres lo que forzó al rubio a girar su cabeza para observarle mientras recibía la preciada información. El objeto de tela cedido a los perros presionado entre sus dedos cerca de su pecho.

-Llévame ante ella. -Fue todo lo que brotó de sus labios, sus finas y doradas cejas elevándose implicando lo que su voz no necesitaba marcar.

Con toda prenda retirada y cambiada por un sencillo camisón blanco que Terra apenas llenaba quedándole grotescamente ancho y sus rizos de desigual tamaño cayendo libres por delgados hombros hasta alcanzar casi su torso entero tanto por delante como por detrás, la chica no parecía la misma que caminaba a su lado. Cadenas de contención, más pensadas para contener a los especímenes que a una niña, le habían sido colocadas limitando sus movimientos hasta que el general Palazzo llegase aunque la presencia de los robustos animales ya la mantenían bastante a raya. Todavía junto a los soldados.

Con su llegada, los vigilantes pronto fueron libres de retirarse y retomar sus deberes en otras zonas llevándose los perros con ellos, trayendo algo de alivio al tenso cuerpecito de la rubia, cuya boca no se abrió en ningún momento incrementado la ira acumulada de Kefka.

-¡Maldita sea! -Acabó por estallar, abofeteando con fuerza a la niña. -Y después de semejante acción, de hacernos perder tiempo en este juego del escondite tuyo, ni siquiera vas a decir una palabra, ni siquiera una disculpa hm? -Continuó diciendo, cruzando el otro lado de su rostro, aplicando mayor fuerza.

Arrodillándose, o mejor dicho, dejándose caer de rodillas, tomando el rostro abofeteado de Terra por su propia mano entre sus manos obligándola a mirarle a los ojos, cuando toda su ardiente rabia dio paso a una consumida desesperación, apartando gruesos bucles de cabello rubio a medida que su frente se arrugaba y sus dientes se apretaban, llevándola contra su pecho en un abrazo que se intensificaba, incluso haciendo difícil la respiración siendo oprimida. Kefka susurró recobrando una escalofriante suavidad tras besar su cabeza.

-No te haces una idea de lo preocupado que me has tenido… -

Liberándola lentamente se encargó de retirar las lagrimas que se acumulaban listas para rodar por sus mejillas. Poniéndose en pie recuperando una sonrisa indicó a sus hombres que se encargasen de que se vistiese pues una vez encontrada era hora de volver.