Buenas noches, mi gente!
Aquí reportándome por segunda ocasión y trayéndoles el primer capítulo de este multichapter XD. Así mismo, les aviso que encontré una web en donde pueden ver la película en la cual está inspirado y basado este fic XD. Aquí les va el link (sust. la palabra punto por su símbolo representativo "."):
nobufferpuntoinfo/scpuntophp?url=A79F4BB0BFD8BC3A.
Sin más preámbulos, les presento el capítulo uno.
Saludines!
Vicka.
I.
El día en que se pierde todo...
La vida.
La vida es para algunos un mundo vasto en donde puedes esperar de todo y de todos; para otros, la vida es un infierno en el que todos los días uno trata de huir de él y desplegar las alas de una libertad que es más un sueño que una realidad. Para otros más, la vida es tan sólo el fin de todo lo que se conoce y el inicio de todo lo desconocido…
Para Leopold "Butters" Stotch, de escasos 15 años, la vida llegó hasta un punto final.
Las lágrimas salían de sus ojos a raudales; sentía la respiración muy pesada, como si algo obstruyera sus pulmones y le impidiera respirar. Con él estaba solamente una mochila los libros de la escuela y 20 dólares en los bolsillos para pagar su almuerzo en la escuela.
Eran las 9 de la mañana, si mal no recordaba, y faltaban 30 minutos para que llegara al pueblo. Afortunadamente había pedido permiso en la escuela para llegar tarde, por lo que no tendría ningún problema en pedirle a Kyle Broflovski, uno de sus compañeros, los apuntes de las clases de Biología y Matemáticas.
No obstante, aquél retorno no era nada grato.
Una hora antes había ido a Denver a visitar a un médico neumólogo para que le diera los resultados de los análisis que se había hecho a raíz de que su estado de salud estuviese en constante precariedad. Por un momento había pensado que podría tratarse de una infección mal atendida o de una reacción nerviosa, pero el resultado fue muy inesperado y muy lúgubre.
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::Flashback::
Butters sintió que su mundo derrumbaba con tan sólo escuchar aquella sentencia de muerte.
El doctor Silas, comprendiendo la sorpresa de su joven paciente, le comentó:
- Lamento mucho tener que darte esta noticia, Leopold. En verdad lo lamento.
- P-pero, doctor Silas… ¿E-es curable lo que tengo? ¿Es posible que me someta a alguna cirugía? Por favor, doctor, dígame que es posible, que es…
- Me gustaría decirte que sí, Leopold. Honestamente me gustaría darte esperanzas, pero eso sería faltar a mi ética. El cáncer que tienes está ubicado en la laringe, justamente cerca de la tráquea, lo que lo hace inoperable.
- ¿N-ni siquiera con medicamentos?
El médico negó con la cabeza solemnemente.
Butters comprendió entonces que tenía todas las de perder, como siempre había sido durante toda su vida.
Si sus padres y su novio estuvieran con él, tal vez ellos estarían llorando amargamente al escuchar tan impactante noticia y lo estarían llenándole de mimos y cariños con tal de que se lleve de ese mundo tan cruel al menos un lindo recuerdo de ello. Incluso sus compañeros de la escuela, especialmente los amigos de su novio, podrían sentir al menos un poco de condescendencia con él y hacerle sentir más cómodo.
Claro, si es que realmente todos ellos le hicieran eso, aunque lo dudaba.
Agarrando valor, Butters le sostuvo la mirada al médico y le preguntó:
- ¿Cu-cuánto tiempo me queda de vida?
Suspirando profundamente, el médico le respondió:
- A juzgar por el avance del tumor, puedo calcularte un mes o dos…
- Dios… ¿Hay algo que…?
- Leopold – le cortó el médico -… Te aconsejo que vayas a casa, arregles tus cosas y luego regreses aquí. Un tanatólogo amigo mío te proporcionará toda una serie de consejos sobre cómo afrontar mejor la muerte y ayudará a tu familia a asimilarlo mejor…
::Flashback::
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- ¿Butters? – le llamó alguien.
El rubio se volvió hacia su interlocutor y, con una sonrisa, exclamó mientras lo estrechaba entre sus brazos:
- ¡Stan!
Stan Marsh, su compañero de clases y su novio desde hace dos años, se separó trabajosamente del fuerte agarre de Butters y, sentándose juntos en la mesa del comedor de la escuela, le dijo:
- Butters…
- Stan, tengo que…
- Tenemos que hablar.
Butters se quedó con la palabra en la boca al escuchar aquella frase. Stan, por su parte, añadió:
- Buttercup… Te quiero mucho y lo he pasado lindo contigo…
- S-Stan…
- Pero creo que ha llegado un momento en que…
- ¿Qué…?
- Creo que llega un momento en que uno de los dos ya no sabe qué es lo que realmente siente respecto al otro…
- …
- Butters, lo que trato de decirte es que… Tengo sentimientos encontrados, ¿ok? Yo… Yo ya no estoy seguro de lo que siento por ti…
- P-p…
- Y sinceramente, siento que lo mejor para los dos es terminar con esta relación.
Stan… Tú no sabes cuánto te necesito en este momento pensó el muchacho con tristeza mientras veía cómo su ahora ex novio se levantaba de la mesa y se iba hacia dónde estaban Kenny, Kyle y Cartman, sus amigos, y se sentaba a comer con ellos como si nada.
Nada podría empeorar su día.
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Butters corrió hacia su lócker, en donde guardó su mochila y sacó de ahí su camisa blanca y su delantal, ambos ropas de su trabajo temporal en la cafetería de los Tweak. El muchacho, quien había llorado durante todo el camino por perder a Stan y enterarse de que iba a morir en un solo día, trató de no sacar más lágrimas de lo debido, ya que eso afectaría la imagen alegre con el que siempre se presentaba para trabajar.
Sin embargo, al terminar de vestirse e ir a ocupar su puesto, se topó con el señor Tweak, quien, con una mirada seria, le dijo:
- Leopold.
- ¡Señor Tweak…! ¡Oh, hamburguesas! ¡Lamento mucho llegar tarde! En serio, lo lamento…
- Estás despedido.
- ¡¿Q-q-qué?! ¡Señor Tweak, le juro que trabajaré más…!
- Leopold, has trabajado aquí durante cinco meses como empleado temporal. Eres buen trabajador, muchacho, de eso no lo dudo, pero tengo que hacer un recorte de personal debido a las bajas ventas.
- Señor, por favor…
El hombre sacó de su saco un sobre con un fajo de billetes y, entregándoselo al Stotch, añadió:
- Esta es tu liquidación, hijo. Son tus otros cinco meses de salario.
- Dios…
- Lo siento mucho, Butters…
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Buena suerte, fueron las últimas palabras del señor Tweak justo antes de abandonar el establecimiento corriendo con lágrimas en los ojos.
Ser diagnosticado con cáncer terminal, perder el novio y el trabajo era demasiada pérdida para él. Fue un día bastante malo y bastante deprimente, pero lo peor era que en ninguna de las dos últimas situaciones había tenido la oportunidad de decirles que él era un enfermo terminal que necesitaba más que nunca su apoyo y su comprensión.
Tras caminar un buen rato por la calle, llegó hacia su casa, en donde seguramente caería rendido en su lecho y dormiría plácidamente. Ya al día siguiente trataría de poner orden en sus pensamientos y les diría a sus padres su situación actual.
- ¡Jovencito! – exclamó su padre muy molesto al verle entrar a la casa - ¡¿Qué horas son estas de llegar?!
- ¡¿Dónde estabas?! – añadió su madre mientras dejaba su libro de lado y se levantaba.
- Papá… Mam-
- El señor Tweak nos dijo que fuiste despedido – le cortó Stephen muy tajante.
- Bueno, sí, me despidió por recorte de personal – se defendió Butters -, p-pero eso no es lo i-importante en estos momentos…
- ¡¿Cómo que no es importante?!
- ¡Butters, ¿tienes idea de cuánto trabajo nos ha costado conseguirte ese empleo?! - exclamó Linda
- L-lo sé y se los agradezco mucho…
- ¡Pensamos que ibas a conservar ese empleo y así te volverías más responsable!
- ¡Y lo soy, mamá, pero ahora -!
- ¡Pero vemos que no lo has sido, jovencito! – le interrumpió su padre al mostrarle la boleta de calificaciones - ¡¿Ves esto, Butters, eh?! ¡¿Ves esto?!
- P-papá…
- ¡Han bajado tus calificaciones en todas las materias, Butters! ¿Se puede saber a qué se debe eso?
- B-bueno… P-puedo explicarlo…
- ¡No hay nada de qué explicar, chamaco irresponsable!
- ¡Papá, por favor…!
- ¡Ya está decidido! ¡Te irás de la casa!
- ¡¿QUÉ?! ¡Papá, por favor!
- ¡Ve y empaca tus cosas! ¡Tienes cinco minutos para hacerlo, así que ve!
- ¡Papá! ¡Mamá, por favor!
- Haz lo que tu padre dice, hijo - le replicó la mujer con frialdad.
¡Esto no podría ser peor!, pensó el joven con tristeza mientras subía por las escaleras y empacar sus cosas en la mochila así como guardar todos sus ahorros en su bolsillo.
Luego de bajar por las escaleras, se dirigió hacia la cocina, en donde, al ver a sus padres cenando, les dijo:
- Tenía una cuestión importante qué comunicarles respecto a mi salud, mamá, papá… El doctor me dijo esta mañana que tengo…
- Deja de perder el tiempo y vete ya, Butters… – le cortó su padre con indiferencia.
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Lo que suceda contigo ya no es nuestro problema…
Eso sí que fueron las palabras más dolorosas que había recibido de la boca de su padre. Eran palabras que le habían demostrado una vez más que él jamás había sido querido o amado como se suponía, palabras que definitivamente terminaría por llevar a alguien hacia la más grande de las tristezas ó, en el caso de Butters, hacia el suicidio en el puente.
Solo y sin tener a donde ir tras haber intentado pedir asilo en las casas de todos sus compañeros sin otra respuesta más que rechazos y las típicas frases "yo no te conozco", Butters había tomado la triste resolución de quitarse la vida…
- ¡Oh, mierda! ¡¿Qué demonios estoy haciendo?! – exclamó el joven mientras se bajaba de la orilla del puente y empezaba a caminar por las calles del pueblo.
Con el frío a punto de tornarse severo, Butters pensó por un momento en ir a Denver y refugiarse en un asilo, no obstante, algo ocurrió…
Algo que cambiaría su vida para siempre.
